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Chaebol: qué es y por qué está en todos los doramas

Skyline con rascacielos corporativos en el centro de Seul, sede de los grandes chaebol

Respuesta corta: Un chaebol (재벌) es un gran conglomerado empresarial surcoreano controlado por una misma familia durante varias generaciones, como Samsung, Hyundai, LG, SK o Lotte. La palabra combina «riqueza» y «clan», y sirve tanto para nombrar el imperio de empresas como a la familia que lo dirige desde arriba. En los doramas, el «heredero chaebol» es el hijo o hija de una de estas dinastías: frío, forrado y, tarde o temprano, enamorado de alguien sin un euro.

Trajes a medida, coche con chófer, un padre —o abuelo— que dirige media economía del país y una lista de matrimonios «convenientes» esperando turno: si has visto más de tres doramas, ya conoces al personaje. Ese arquetipo no lo inventó ningún guionista desde cero, viene directo de un fenómeno muy real de la sociedad surcoreana, y entender qué es de verdad un chaebol ayuda a leer estas historias con otros ojos.

De dónde viene la palabra «chaebol»

Chaebol (재벌, se pronuncia algo así como «che-bol») es una palabra compuesta: 재 (chae) significa «riqueza» o «propiedad», y 벌 (beol) se traduce como «clan» o «facción». Junto, viene a significar algo como «clan del dinero». El término tiene un pariente muy cercano en japonés, zaibatsu (財閥), que designaba a los grandes grupos industriales de Japón antes de la Segunda Guerra Mundial: de hecho, ambas palabras se escriben con los mismos caracteres de origen chino, solo que se pronuncian de forma distinta en cada idioma.

Los chaebol modernos nacieron en las décadas posteriores a la Guerra de Corea, cuando el gobierno impulsó a un grupo reducido de empresas familiares para reconstruir el país a toda velocidad, con créditos baratos, contratos públicos y bastante mano libre para crecer. Décadas después, el resultado es que un puñado de estos grupos está metido en prácticamente todo lo que se compra, se alquila o se contrata en Corea del Sur: el móvil, la nevera, el seguro del coche, la gasolinera de la esquina y, muchas veces, hasta el piso en el que vives.

Los cinco grandes chaebol que dan nombre al fenómeno

Hay decenas de chaebol registrados en Corea del Sur, pero cinco nombres concentran la mayor parte de la conversación —y de los guiones de dorama—: Samsung, Hyundai, LG, SK y Lotte. Todos empezaron siendo negocios modestos de posguerra y hoy son imperios repartidos entre generaciones de la misma familia.

ChaebolFundadorAñoSector de origen
SamsungLee Byung-chul1938Comercio (hoy electrónica y semiconductores)
HyundaiChung Ju-yung1947Construcción (hoy también automóvil y naval)
LGKoo In-hwoi1947Cosmética y química (hoy también electrónica)
SKChey Jong-gun1953Textil (hoy energía y telecomunicaciones)
LotteShin Kyuk-ho1948Confitería (hoy retail, alimentación y hostelería)

Fíjate en un patrón: casi ninguno empezó en el sector por el que se le conoce hoy. Samsung vendía pescado seco y fideos antes de tocar un chip, y LG fabricaba crema facial antes que televisores. Esa capacidad de saltar de un negocio a otro sin soltar nunca las riendas familiares es, precisamente, uno de los rasgos que distingue a un chaebol de una empresa cualquiera.

El «heredero chaebol»: la cuchara de oro que lo cambia todo

En coreano, al hijo o nieto que va a heredar uno de estos imperios se le llama 재벌 2세 o 재벌 3세, literalmente «segunda» o «tercera generación chaebol». Y aquí entra en juego una expresión que quizá te suene si has curioseado sobre cultura coreana: la teoría de las cucharas (수저 계급론). La idea, que se popularizó sobre todo a partir de 2015 entre los jóvenes coreanos, clasifica a la gente según la riqueza en la que nace, con categorías muy concretas: cuchara de tierra, de bronce, de plata, de oro (금수저, «gold spoon») y hasta de platino para los casos más extremos.

El heredero chaebol es, por definición, una «cuchara de oro»: nace con la universidad pagada, el puesto directivo reservado y un apellido que abre puertas antes incluso de llamar a ellas. Al otro extremo está la «cuchara de tierra» (흙수저), la persona que tiene que ganarse cada cosa desde cero, sin ninguna red debajo. Esa distancia —económica, casi de dos mundos distintos— es exactamente el motor que hace funcionar tantos romances de dorama.

Por qué el arquetipo funciona tan bien en pantalla

El heredero chaebol no es solo rico: normalmente también está muy solo. Detrás del ático con vistas suele haber un padre que trata la sucesión de la empresa como si fuera un examen eterno, hermanos o primos compitiendo por el mismo sillón, y una vida entera decidida por otros —incluido, muchas veces, el matrimonio «conveniente» con otra familia chaebol que aparece a mitad de temporada. Cuando ese personaje se cruza con alguien que no tiene ni idea de quién es su familia y que le trata como a una persona normal, el contraste hace el resto: la frialdad se derrite, la arrogancia se convierte en vulnerabilidad, y el resultado es el clásico cuento de Cenicienta, solo que con un conglomerado de fondo en vez de un castillo.

Es, en el fondo, una fantasía de rescate mutuo: el rico aprende a valorar lo que el dinero no compra, y el personaje sin recursos gana, de golpe, una vida que nunca hubiera imaginado. Y detrás de la ficción hay algo real que cualquier espectador coreano reconoce enseguida: esas familias existen, tienen nombre y apellido, y de verdad manejan buena parte de lo que hay a su alrededor.

Doramas para ver el arquetipo en acción

Si quieres ver el arquetipo trabajando a pleno rendimiento, estos son algunos de los ejemplos más reconocibles. En Crash Landing on You, Yoon Se-ri no es solo rica: es la heredera y CEO de un imperio de cosmética que termina, por accidente, aterrizando en Corea del Norte. En What’s Wrong with Secretary Kim, Lee Young-joon es el vicepresidente narcisista de un grupo familiar que se desmorona el día que su secretaria de toda la vida decide dejar el puesto. Y en Itaewon Class el heredero chaebol no es el protagonista sino el villano —Jang Geun-won—, la prueba de que el mismo arquetipo también funciona del lado equivocado de la historia.

El molde se repite en clásicos como The Heirs, la serie que quizá popularizó el término fuera de Corea, y en títulos más recientes como Business Proposal, protagonizado por un vicepresidente que se hace pasar por un simple empleado para escapar, precisamente, de las citas a ciegas que su familia le organiza con otras herederas.

La próxima vez que un personaje de dorama entre en escena con traje oscuro, cara de pocos amigos y un apellido que todo el mundo reconoce, ya sabrás exactamente de dónde sale: de una de estas dinastías reales que llevan décadas moviendo la economía surcoreana entre bambalinas. Y si el vocabulario de la cultura coreana te engancha tanto como sus tramas, en el blog tienes más términos como oppa o aegyo esperando a que los descubras.