Hay doramas que se quedan grabados a fuego en la memoria colectiva del fandom coreano. Pinocchio es uno de ellos. Emitido en SBS entre noviembre de 2014 y enero de 2015, este drama mezcla periodismo, injusticia, secretos de infancia y una historia de amor construida a fuego lento que todavía hoy engancha a quien lo descubre por primera vez.
Si alguna vez te has preguntado de qué trata Pinocho dorama, o si merece la pena verlo después de tantos años, aquí tienes mi respuesta: sí, y con pocas reservas.
La trama: periodismo, mentiras y una infancia rota
Dal-po creció fingiendo ser menos listo de lo que era. Tras una tragedia familiar que lo dejó marcado de por vida —y que tiene mucho que ver con una reportera sin escrúpulos—, terminó siendo adoptado por un anciano bonachón. Con él convive también In-ha, su nieta, que padece el llamado «síndrome Pinocho»: cada vez que miente, le entran unos hipos que la delatan sin remedio. Una condición curiosa para alguien que quiere ser periodista, y que da nombre al drama entero.
Lo que parece al principio una comedia romántica con chispa adolescente se convierte, episodio a episodio, en algo bastante más denso y ambicioso. La serie habla de cómo los medios de comunicación pueden destruir vidas con una información mal contrastada, de la culpa heredada, de la identidad que uno construye sobre las cenizas del pasado. Y lo hace sin renunciar al romance ni a los momentos ligeros que hacen más llevadera la carga emocional.
Lee Jong-suk y Park Shin-hye: por qué funcionan tan bien juntos
Lee Jong-suk interpreta a Gi Ha-myeong / Choi Dal-po con una naturalidad que desarma. El personaje oculta una inteligencia afilada detrás de una fachada de simplón, y Jong-suk navega ese doble registro con solvencia. Es de esos actores capaces de hacer mucho con poco: una mirada, un silencio, una pequeña vacilación que dice más que un monólogo entero.
Park Shin-hye como Choi In-ha tiene la parte ingrata de encarnar a alguien que no puede mentir en un mundo donde mentir parece la norma. Lo que en manos de otra actriz podría resultar pesado o naif, aquí tiene ternura y determinación a partes iguales. La química entre los dos protagonistas es innegable, y la relación que construyen juntos —dos personas con heridas distintas que se eligen con los ojos abiertos— es de las más bien escritas que recuerdo en un dorama de esa época.
El reparto secundario también aporta lo suyo. Kim Young-kwang como Seo Beom-jo añade capas al triángulo romántico sin caer en el estereotipo del rival odioso, y Lee Yoo-bi como Yun Yu-rae tiene una energía que alegra cualquier escena en la que aparece.
Lo que hace especial a Pinocchio
Hay varios elementos que separan este dorama de la media de los dramas románticos de su tiempo.
El primero es la estructura temporal. Pinocchio empieza en la infancia de los protagonistas y salta al presente sin que la transición resulte forzada. Esa base construida durante los primeros episodios hace que todo lo que viene después —los conflictos adultos, el peso de los secretos— tenga mucho más fuerza emocional.
El segundo es el trasfondo periodístico. La serie no lo usa como decorado: lo convierte en el eje central del conflicto. Qué responsabilidad tienen los medios cuando se equivocan. Qué pasa con las personas que quedan destrozadas después de una cobertura irresponsable. Son preguntas que, si cabe, resuenan todavía más hoy.
Y el tercero, el que más me importa: Pinocchio no trata a sus protagonistas como arquetipos. Dal-po tiene razones reales para su resentimiento. In-ha tiene razones reales para sus inseguridades. Los antagonistas —incluida la madre de In-ha— tienen motivaciones comprensibles aunque sus actos sean difíciles de perdonar. Esa ambigüedad moral es lo que le da profundidad real al drama.
¿A quién le va a gustar?
Pinocchio es para ti si disfrutas de los dramas que mezclan romance con algo más sustancial. Si te gustan los protagonistas con historia y heridas propias, y no te importa que el ritmo sea pausado en algunos tramos para construir bien la relación entre los personajes.
No es el mejor punto de entrada si buscas algo desenfadado y sin carga emocional: hay episodios que pesan, y el trasfondo de injusticia familiar puede resultar duro si no estás en el momento adecuado para recibirlo. Pero si estás dispuesta a dejarte llevar, Pinocchio recompensa con creces la inversión.
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