La tarta de Navidad: capítulo 2 – Él

Feliz domingo, tal y como os prometí publico el segundo capítulo del especial de Navidad que consiste en la historia desde la perspectiva de él. Siempre me ha gustado leer la misma historia desde distintas perspectivas, parece que se puede profundizar más en los personajes y uno se da cuenta de cómo cambian los hechos según la visión de cada uno. Espero que estéis disfrutando de las navidades y nos vemos el miércoles con el último post del año, ¡abrazos! ♥♥


LA TARTA DE NAVIDAD

ÍNDICE


Capítulo- 2: Él.

Eric se encontraba frente el espejo terminando de arreglarse para su cena de Navidad, en realidad, esa sería la primera vez que la pasaría con unos amigos. Hacía ya unos meses que se había mudado de Estados Unidos para trabajar en el conservatorio de música de Barcelona y al final le resultó imposible volver junto a sus padres en esas fechas. En su lugar, este año sus tres amigos lo habían invitado a una cena de Navidad con algunas chicas. A él a esas alturas poco le importaban las mujeres pero una cena con unos amigos era mucho mejor que quedarse en casa solo. Así que terminó de abrocharse su camisa negra asegurándose que estuviera bien metida bajo sus pantalones y el móvil empezó a sonarle. Salió hacia el ascensor de su casa aceptando la llamada, eran casi las nueve y llegaba tarde.

—¿Si?

—¿Eric dónde estás? —le preguntó su amigo Oscar sin saludarlo.

—Estoy saliendo de casa.

—Date prisa, estamos esperándote para cenar. Eso de ser un invitado y llegar tarde no es muy bonito —en realidad, él hubiera llegado puntual pero ese día le resultó imposible escaparse antes de su reunión de trabajo.

Eric abrió la puerta del portal de su casa y se alegró de llevar su bufanda puesta, era una noche helada. Nada más poner el pie en el escalón de su portal notó algo blando beso sus pies.

—Mierda —susurró al ver algo blanco pegado en su zapato marrón.

—¿Qué has dicho?

—Nos vemos ahora —Eric colgó el teléfono y se lamentó—.Mis zapatos nuevos —se encontraban completamente manchados por algo blanquecino que le pareció nata. Levantó un poco la vista preguntándose quién en su sano juicio dejaría una tarta en el escalón de su entrada y una mujer menuda, de melena rizada y rubia no apartó la vista del bulto aplastado —¿Esto era tuyo?

—Tú lo has dicho, era —le contestó ella furiosa. A Eric le pareció preciosa y se avergonzó, se la veía tan elegante y sofisticada. Se fijó en que era muy bajita y que le destacaba su larga melena rubia, entonces se preguntó cómo sería meter sus dedos en ella. Su cara también era delicada, con unos grandes y expresivos ojos azules que parecían tan claros que lo intimidaron un poco. Ella llevaba un bonito y costo abrigo negro de diseño, entonces Eric recordó su costoso calzado estropeado y se enfadó. Esos zapatos le habían costado una fortuna.

—¿A quién se le ocurre dejarla en medio de la puerta? —ella apartó sus ojos de él como si fuera poco importante y se acercó a la destrozada tarta.

—Me matarán —dijo ella pero él no la creyó, con esa cara de ángel nadie querría dañarla. Eric notó vibrar el móvil en su bolsillo, seguramente el pesado de Oscar estaría impacientándose.

—Lo siento pero yo tengo que irme.

—Menudo espíritu navideño, podrías al menos disculparte —le dijo molesta. Se la veía bastante disgustada pero era tan menuda que le resultó graciosa, parecía una pequeña fiera lista para atacarlo inofensivamente.

—Fuiste tú que dejaste tu tarta donde no deberías, no voy a disculparme —Eric regresó a su piso y se cambió de calzado rápidamente y al bajar de nuevo al portal se decepcionó un poco al descubrir que la fierecilla ya había desaparecido llevándose su estropeada tarta. Entonces empezó a andar con prisa hacia la casa de Marta.

—Hola Eric —lo saludó Marta abriendo la puerta.

—Feliz Navidad —le contestó él entregándole un par de botellas de vino.

—Gracias, ven te presentaré a mis amigas.

Cuando Eric entró en el comedor no pudo creérselo, su pequeña fierecilla se encontraba en ese salón conversando con su amigo Oscar e iba vestida con un delicioso vestido corto granate que contrastaba perfectamente con su melena rubia.

—Tú —le dijo ella fijándose por primera vez en él. Eric sonrió un poco sin poder evitarlo, esa mujer lo miraba con una energía y carácter que le gustaba.

—¿Lo conoces? —le preguntó Marta.

—Es el culpable que esta noche no tengamos tarta.

—Si no la hubieses dejado en la puerta de entrada de mi casa —ella lo ignoró y siguió conversando con Oscar. A él le molestó que la ignorase y le sonriese a su amigo de esa manera.

—¿Qué te parece Nala? —le preguntó su amigo Oscar mientras las chicas se encontraban preparando la mesa.

—No la conozco —le contestó él, aunque era cierto que no la conocía su opinión sobre Nala iba mucho más allá.

—Me gusta —le dijo repentinamente Oscar—.Creo que le caigo bien.

—¡A cenar chicos! —los llamó Raquel.

Eric se quedó sorprendido, su amigo era carismático y bastante mujeriego, por lo poco que entendía a las mujeres sabía que lo consideraban guapo, pero eso le cabreó él también era atractivo y guapo, al menos las mujeres siempre se lo decían. ¿Por qué esa menuda mujer no era capaz de verlo?

La cena resultó un verdadero fracaso, aunque él intentó parecer simpático y conversar con Nala, ella se negó a hablarle. Le respondía a sus preguntas con monosílabas y cuando no, lo ignoraba abiertamente. Así que al final decidió rendirse y hablar con Raquel y Marta que se mostraban muchos más receptivas. Bien pasada la medianoche todos se encontraban tomando una última copa en el sofá y por el rabillo del ojo vio como Marta se llevaba a su amiga al piso de arriba. Se preguntó qué harían ambas allí arriba solas y al cabo de unos minutos escuchó unas lejanas notas de piano.

—¿Es un piano? —preguntó él sorprendido.

—Sí, Marta tiene uno arriba —él ya no escuchaba a Raquel completamente fascinado por esas notas. Como si esa música lo guiase siguió la melodía hasta su habitación. Quien fuera que tocase era excelente, no solo técnicamente y en ritmo, sino en sentimiento. Era una melodía tan pura que lo impactó pero mucho más impactado se sintió al descubrir quién la estaba interpretando. Ante él se encontró a Nala sentada frente un negro piano. Estaba preciosa, se dijo, con los ojos cerrados sintiendo su música. A él le pareció que en ese momento las notas salían de su diminuto cuerpo y no del piano. La melodía se terminó antes que lo deseara y la sala se quedó en silencio como si esas cuatro paredes saboreasen los últimos acordes.

—Impresionante —le dijo Marta aplaudiendo.

—Gracias.

—¿Estabas tocando tú? —le preguntó Eric sin poder evitar expresar sus pensamientos en voz alta. No podía creerse que esa melodía saliera de ella aún después de verlo con sus propios ojos. Era tan brillante y perfecta.

—Nala es pianista profesional —le aclaró Marta pero para él, Nala era mucho más: una pianista excelente con un don inmenso.

—Tocas maravillosamente. ¿Podrías tocar otra pieza, por favor? —necesitaba escucharla de nuevo, asegurarse que ese talento era real.

—Lo siento, pero tengo que irme. Gracias por la cena, Marta —dijo levantándose nerviosamente. Eric intentó llamarla en vano hasta que escuchó la puerta de entrada cerrarse de un portazo. Él se quedó tan sorprendido e impactado por sus sentimientos, por primera vez en toda su vida había conocido a alguien con quien le gustaría compartir su piano.

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Acerca de: Clover

Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

2 Comments

  1. R. Crespo 31/10/2015
  2. Clover Clover 04/11/2015

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