La tarta de Navidad: capítulo 1 – Ella

Muy buenos días lectores, ¿alguno ya es millonario XD? Hoy os traigo la historia navideña que os prometí, un especial de navidad que arranca hoy y nos ocupará unos cuantos días. Espero que os apetezca leerla en estas fechas tan especiales y mágicas, la verdad es que me divertí muchísimo escribiéndola y en realidad, de eso trata El cuaderno de Clover, de felicidad, diversión y amor. Os deseo a todos Feliz Navidad, que estos días en familia, amigos o seres queridos os sirva para recargar las pilas ya un poco desgastadas al final de año y que el domingo nos vemos con el segundo capítulo que se titula “ÉL”. Besosssssss.♥♥


LA TARTA DE NAVIDAD

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Capítulo- 1: Ella.

Nala se encontraba en la cola de la pastelería esperando a su torno, miró su reloj de pulsera, ya eran las ocho en punto de la tarde. A este paso y dado la gente que aún se encontraba delante de ella haciendo cola, estaba prácticamente segura que llegaría tarde a la fiesta de Navidad. Resopló recolocándose su melena rizada, al final tendría que darle la razón a Raquel, debería haber acudido a por el pastel por la mañana pero como siempre, era demasiado perezosa para ello.

Hasta las ocho y cuarenta Nala no logró salir de la pastelería, al menos ya había mandado un mensaje a sus amigos avisando que llegaría media hora tarde, aunque ahora más le valdría que se diera prisa si no quería recibir una buena reprimenda. Como era la noche de Navidad, la ciudad se encontraba preciosa, completamente alborotada y repleta de gente como para poder tomar un taxi aunque no le importó. El piso de Marta se encontraba apenas unas cuantas calles más abajo, así aprovecharía el paseo para disfrutar del ambiente, los villancicos de fondo de las tiendas y todo el marketing navideño en su máxima esplendor.

Nala se dirigía con paso firme y cargada con su tarta hacia la casa de su amiga cuando encontró un niño llorando en la acera, entonces ella se acercó preocupada.

—¿Estás solo? —le preguntó al niño de apenas cuatro años de edad. El niño no dejaba de llorar sin escucharlay Nala aún cargada con su tarta de Navidad, se arrodilló a su lado—.¿Cómo te llamas precioso? —pero como el niño no dejaba de llorar y sollozar desconsolado, decidió dejar su tarta en el escalón de entrada del piso de al lado para tranquilizarlo—.No te preocupes, pequeño—le dijo abrazándolo y el pequeño se aferró a ella y lloró aún más si era posible. Después de unos minutos que a Nala le parecieron eternos, una mujer empezó a gritar desde la otra esquina.

—¡Marcos, Marcos! —ella la miró y miró al niño, y se imaginó esa sería su madre.

—Creo que te están buscando —le susurró al niño mientras la preocupada mujer los alcanzaba.

—Gracias a dios que te encuentro.

—¡Mamá! —solo le contestó el niño agarrándose a su madre como si fuera el mejor salvavidas del mundo.

—Muchas gracias —le dijo la mujer a punto de llorar.

—No ha sido nada, feliz navidad —les deseo a ambos.

En ese momento se quedó observando al pequeño niño agarrado a su madre y en la forma en que ambos se perdían calle abajo. Imaginaba que para ese niño la Navidad resultaría mágica, como para todos. Ella recordaba las suyas, tan mágicas, fascinantes y deslumbrantes, con luces allí donde miraba y días llenos de secretos, ilusión y familia, entonces se acordó de sus amigos y que Raquel la mataría definitivamente cuando llegara. No logró alcanzar su tarta cuando del piso salió un chico elegantemente vestido, seguramente también saldría de cena de Navidad pensó, pero entonces lo observó horrorizada. El desconocido salía hablando con el móvil sin fijarse que enfrente de él se encontraba su tarta, antes que pudiera gritarle, el chico pisó su paquete envuelto en cartón dorado, dejándola en un santiamén a ella y a sus amigos, sin postre navideño.

—Mierda —masculló el desconocido —.Nos vemos ahora —guardó su móvil y observó su zapato de piel marrón manchado de algo que se parecía a la nata —.Mis zapatos nuevos —se lamentó. Nala se quedó helada sin poder creerse su mala suerte, el karma se suponía que no funcionaba así, por cada buena acción eras recompensado con otra. De hecho ya no pedía tanto pero que al menos no le ocurrieran semejantes desastres—.¿Esto era tuyo? —le preguntó el desconocido advirtiendo su presencia por primera vez.

—Tú lo has dicho, era.

—¿A quién se le ocurre dejarla en medio de la puerta? —ella no le hizo caso y se acercó a ver la magnitud del destrozo. Al instante pudo sentenciar que aquello resultaría incomible.

—Me matarán —dijo para sí misma.

—Lo siento pero yo tengo que irme.

—Menudo espíritu navideño —le dijo ella molesta—.Podrías al menos disculparte.

—Fuiste tú que dejaste tu tarta donde no debías, no voy a disculparme —y tan rápido como aplastó su tarta, ese chico rubio y de ojos verdes volvió a meterse dentro el piso. Nala recogió la tarta disgustada y la tiró a un contenedor cercano, ahora sí, con o sin tarta, se iría a casa de Marta.

—Feliz navidad.

—Por fin, llegas. ¿Y la tarta? —le preguntó Raquel.

—Ha sufrido un percance, un maleducado la ha pisado.

—¿Qué? —le preguntó Marta con los ojos como platos.

—Tuve que dejarla en el suelo un momento para ayudar a un niño perdido.

—¿A quién se le ocurre dejarla allí?

—En realidad era el escalón de la salida de un piso, el niño estaba llorando —se justificó.

—Ay, Nala ¡qué vamos a hacer contigo! En fin, pasa, te presentaremos a los amigos de Marta.

Nala se presentó ante Oscar, Javier y Pablo, tres amigos que su amiga Marta decidió invitar en el último momento para intentar emparejarlas.

—Falta Eric, que me ha dicho que vendrá en un momento —y en ese momento el timbre de la puerta sonó—.Debe ser él.

—Marta me ha dicho que vives cerca —le dijo Oscar, de hecho era el más guapo de los tres, moreno, de cabello corto y ojos color avellana.

—A un par de manzanas, a ambas nos gusta el barrio.

—Chicas —las interrumpió su amiga—.Os presento a Eric —Nala no pudo creerse lo que vio nada más levantar su vista. Ante ella apareció el desconocido pisa tartas vestido con su camisa negra y elegantes pantalones.

—Tú —dijo Nala acusándolo.

—¿Lo conoces? —preguntó Marta.

—Es el culpable que esta noche no tengamos tarta —sentenció ella con furia, aún no se le había pasado el cabreo y conocer que pasaría la noche de Navidad con él, no la ayudó en absoluto.

—Si no la hubieses dejado en la puerta de entrada de mi casa —le contestó él arrogantemente de nuevo.

Al resto le pareció graciosa la situación aunque a ella le resultó sumamente frustrante. Al final, una íntima y agradable cena de Navidad con sus amigas, resultó ser un auténtico infierno. Eric era el tipo de persona acaparadora, opinaba y hablaba de todo llevando la conversación por donde deseaba, por supuesto, a Nala no le apetecía conversar ni lo más mínimo con ese impertinente, chulo y mal educado, así que al final terminó hablando poco o nada.  Después de una cena sin postres que Marta arregló con algunos turrones, todos se sentaron en los sofás del salón para conversar un poco mientras se tomaban una última copa y Nala ya estaba harta por haberse pasado la noche escuchando a ese repelente sabelotodo. Cuando entendió que esa noche tampoco conocería al hombre de su vida, se dio por vencida.

—Ven conmigo —le dijo Marta llevándosela a la segunda planta del piso. Sabía donde la llevaría, donde siempre ambas terminaban sus visitas, ante su negro y precioso piano—.Deberías ser algo más amable.

—No me cae bien —su amiga se rio un poco.

—Tenéis más en común de lo que pensáis —ahora la que se burló fue ella, algo en común con Eric, imposible.

—Toquemos algo juntas —le propuso Nala, eso siempre las animaba.

—Esta noche no, tócame tú algo, me encanta cuando lo haces —Nala pensó en alguna pieza que en ese momento le apeteciera tocar y recordó una dulce melodía. Desde pequeña, le encantaba el piano, adoraba tocar y era muy buena memorizando melodías con un oído excelente. A lo mejor por eso era una pianista reconocida a su corta edad. La hacía inmensamente feliz que su pasión real en la vida se hubiera transformado en su trabajo.

Ella se sentó en el piano y tocó unas notas suaves para calentar un poco, como siempre Marta tenía el piano afinado. Entonces empezó a tocar su suave y alegre melodía que se complicaba un poco más en cada nota. Nada se aisló por completo en esa habitación y se sumió en su nube, siempre le ocurría cuando tocaba, se sentía otra persona en algún lugar lejano. Al mismo tiempo las notas empezaron a fluir a través de toda la sala inundándola de una hermosa melodía, ella la tocaba desde dentro, sintiéndola hasta el último acorde. Después de lo que para Nala era el trance más hermoso que podría sentir nunca, la última nota escapó de sus dedos finalizando la melodía.

—Impresionante —le dijo su amiga.

—Gracias —le contestó ella algo avergonzada, siempre le ocurría lo mismo, a Nala no le gustaba demasiado ser el centro de atención pero una vez empezaba a tocar se olvidaba de todos.

—¿Estabas tocando tú? —le preguntó Eric desde la puerta muy sorprendido. Ella se sobresaltó tanto que no pudo contestarle.

—Nala es pianista profesional —le confirmó su amiga.

—Tocas maravillosamente. ¿Podrías tocar otra pieza, por favor? —le dijo él acercándose a ella. En ese momento se sintió incómoda, en esa situación no lograría interpretar nada. Toda la calma, el clímax y el ambiente de felicidad con el que había estado tocado hacía unos segundos se evaporó al instante, ese tío la ponía de los nervios.

—Lo siento, pero tengo que irme. Gracias por la cena, Marta —dijo escapando de Eric.

—¡Nala, espera! —la llamó él, pero ella ya corría escaleras abajo escapando. Había tocado algo tan íntimo y especial para su amiga que se sintió ultrajada cuando lo descubrió espiando, no quería regalarle a él esa parte tan suya, menudo aguafiestas. Encima el muy estúpido intentó alabar su destreza, como si ese hombre tuviera idea alguna de lo que significaba tocar un piano.

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Acerca de: Clover

¡Bienvenida a mi mundo plagado de soñadoras! Llámame CLOVER, soy la autora de este cuaderno, una ovejita más del rebaño, #cloveradicta, escribo historias románticas sin parar, atípica por convicción y amante de la libertad por fanatismo. ¿Te unes al rebaño de las que soñamos despiertas? (¡Desde este lado el mundo es un poquito más bonito!).

3 thoughts on “La tarta de Navidad: capítulo 1 – Ella”

  1. R. Crespo dice:

    ¡Guau! Recién acabo de encontrar esta historia corta (de la que me quedan dos capítulos, no sé si podré esperar para leer porque estoy cansada y no puedo >.<) y ¡debí haberla leído antes! Me gusta mucho el personaje de Nala y me la entiendo perfectamente. Eric no fue muy educado y, aunque ella dejara en mal sitio la tarta, solo por ser Navidad debió haberla ayudado o algo. No sé… Pero veo que Eric no es tan malo como parece y seguramente termine muy enamorada de él. ¡Ya verás!

  2. Clover dice:

    Eric tiene poco espíritu navideño, ¿verdad? Lo más gracioso es que él me recuerda a un amigo, así que yo no puedo verlo con malos ojos (es uno de esos antipáticos que te terminan encantando jajaja)

  3. R. Crespo dice:

    De eso no me cabe la menor duda jaja.

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