En el lugar menos esperado: capítulo 8 – Tinta eterna

Muy buenos días, ¿cómo os está tratando el domingo? El mío especialmente bueno y tranquilo, dos términos que encajan a la perfección durante el fin de semana. Por fin traigo el último capítulo de En el lugar menos esperado, no me lo puedo creer ni yo U_u’, al final llegué a pensar que esta historia sería interminable, se complicó de tal manera que ni me creeríais. Eso me ocurre cuando mi imaginación avanza demasiado, así que terminé tirando de razonamiento y escribiendo algo plausible. En realidad estoy dramatizando, el final-final que leeréis más abajo lo escribí justo al principio de empezar la historia, así soy yo, las historias me vienen con principio y fin aunque lo que pase por medio tengo que buscarme algo más la vida pero oye, algo es algo y no puedo quejarme. Ya no me alargo más, vamos a por el décimo y último capítulo. Cómo disfruté escribiendo FIN, no porqué quisiera que terminara, en realidad adoro a los protagonistas, sino porque eso significa una nueva historia. Feliz lectura, besos.


EN EL LUGAR MENOS ESPERADO

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Capítulo- 8: Tinta eterna.

Lo próximos días Selene no tuvo apenas oportunidad para conversar a solas con Itzel, sólo se mandaban sus ya usuales mensajes. Ella necesitaba urgentemente aclarar su relación cuanto antes pero se negaba a hacerlo por móvil. Sus amigas ya habían empezado a mandarle miraditas y a guiñarle un ojo cuando se encontraban juntos,  algo que a Selene la estaba incomodando cada vez más. Todo resultó mucho más extraño cuando no fue hasta el sábado, a altas horas de la madrugada y después de algunas copas de más, cuando por fin se encontraron a solas. Itzel a esas horas tenía poca faena y se la pasó hablando con ella, en realidad, más bien provocándola.

—Te he dicho que pasó eso.

—No me creo que fueras capaz de hacerlo.

—De verdad, pregúntaselo a Rebeca —él se rió a carcajadas.

—Está bien, te creo —en ese momento a Selene se le soltó un mechón rebelde de su informal recogido y antes que ella pudiera devolverlo a su sitio, él alargó su mano colocándoselo detrás de la oreja. Selene levantó la vista y lo miró a los ojos, unos ojos completamente negros de nuevo, como los de su primer encuentro. Ambos se quedaron observándose como si el tiempo hubiera dejado de fluir, ella aún podía notar sus dedos acariciándole su mechón de cabello y percibió ese olor tan suyo, a esa particular fragancia con su absorbente mirada.

—Selene —le susurró él peligrosamente cerca. En ese momento estuvo a punto de perderse para siempre en ese hombre de ojos oscuros. Por suerte, mantuvo la poca fuerza de voluntad que aún sentía y salió disparada hacia el baño.

—Necesito ir al baño —le dijo escapando.

Necesitó refrescarse varias veces en el baño para centrarse, se observó en el espejo y se preguntó qué estaba pasando entre ellos. Itzel debería centrarse en otra chica, ellos eran amigos, al menos habían empezado a serlo y no quería fastidiarlo así. Aunque para él fuera algo normal, Selene sabía que no podría seguir tratándolo igual si al final terminaban acostándose. Salió del baño con las ideas renovadas, y donde antes había encontrado niebla y confusión, halló claridad y templanza. Pero a veces, las emociones son tan fugaces como puede serlo un fuego artificial, estallan, explotan y lo arrasan todo. Pasaron tan solo un par de minutos, el tiempo exacto que tardó en llegar de nuevo a la barra, para que toda su serenidad emocional se evaporase de nuevo, otra vez no, pensó.

Ante ella se encontraba Itzel, justo donde lo había dejado, besándose con una morena de larga melena oscura. En ese momento lo que sintió fue muy distinto que aquella primera vez, el dolor dejó paso a la rabia y al odio. Fue a buscar su bolso al guardarropa sin despedirse de nadie y después, con la máxima dignidad posible, volvió hacia la barra, sacó un billete de su monedero y lo dejó con furia notando la fría madera en sus dedos. Él le había dicho que esa noche lo invitaría a las copas, ahora ya no le apetecía absolutamente nada de ese hombre. Mirándolo fijamente sin prestar atención a la morena del corto vestido le dijo.

—Sigues siendo un capullo, buenas noches —le soltó exasperada y marchándose casi a la carrera de ese lugar. Llegó hasta la escalera cuando de nuevo él la atrapó tirando de su fina muñeca.

—Sel, deja que te lo explique.

—No necesitas explicarme nada.

—Esa chica —ella intentó no escucharlo, le hervía la sangre nada más recordar a esa morena de mini vestido negro besándolo.

—No me importa lo que hagas con ella —en ese instante él se acercó a ella y la besó. Esta vez fue un cálido roce, la besó con dulzura y solo un mínimo instante. Selene se sorprendió sin entender qué estaba haciendo hasta que Itzel se apartó de ella mirándola sin decir nada y esperando su propia reacción. Ella se cargó de rabia de nuevo y lo abofeteó con todas sus fuerzas. En toda su vida jamás se había atrevido a pegar a nadie, pero se sentía tan dañada e insultada.

—No soy el segundo plato de nadie —le dijo cabreada. En un principio pareció sorprendido casi incrédulo pero después algo en sus facciones cambió.

—Lo entiendo —contestó abatido, sin atisbo de una sonrisa burlona ni insinuante. Selene siguió descendiendo por esas escaleras casi a la carrera y se maldijo por la expresión de su rostro. Parecía como si estuviese dolido, como si su rechazo le hubiera afectado más allá de la simple vanidad. Eso no era posible se consoló, Itzel no era así, jamás se sentiría enamorado de ella.

Esa misma noche, como si su propio cuerpo reconociese por su perturbación emocional, Selene enfermó con un intenso resfriado. Se pasó una semana entera metida en la cama de su habitación viendo series y programas de todo tipo. Cualquier película, sonido o imagen con el fin de evadirla y mandarla a vivir otras realidades, para huir de la suya propia. El viernes, su amiga Sam pasó a verla para llevarle todos los apuntes de la universidad.

–¿Cómo te encuentras?  –le preguntó su amiga con un rostro de preocupación.

–Ya estoy recuperada.

–Creo que has adelgazado –le dijo observándola detenidamente.

–Eso en una semana es imposible –la verdad es que se había sentido toda la semana sin apetito porque Itzel no le había mandado ni un solo mensaje preguntándole cómo se encontraba. Lo que más lograba desanimarla eran esas ansias y esperanzas que seguía depositando en él, cuando Itzel era todo lo que se suponía que no debería ser.

–Necesitamos hablar, Sel –le dijo su amiga seriamente cerrando la puerta de su habitación–.Sobre Itzel y tú –así que ese había sido el motivo real de su oportuna visita.

–No existe tal cosa –Sam puso los ojos en blanco.

–Sois tan cabezotas, él es un idiota pero tú eres desesperante. Sé porqué estás enfadada con él.

–Si lo sabes entonces entiendes que es imposible.

–Lo malinterpretaste.

–Claro, los vi besándose y lo entendí mal.

–Ella es una de las camareras.

–¡Como si es la mismísima reina! —no le apetecía hablar de esa morena, rubia, pelirroja o de cualquiera que se besara con él. Sólo necesitaba meterse en su cama, esconder su cabeza bajo su almohada y rezar mucho para que todo ese dolor desapareciese de una maldita vez.

—Ellos normalmente —su amiga tosió un poco, parecía que le costase encontrar las palabras exactas—.Ya me entiendes, ese día ella lo besó como siempre pero él la rechazó, yo lo vi todo desde el sofá.

—Él la rechazó cuando me cabreé.

—No es así Sel, él desde que dejó a Claudia no ha estado con nadie.

—¿Y tú cómo sabes eso? —su amiga se cayó un segundo como si sopesara algo y finalmente siguió.

—Héctor me lo contó, me hizo prometerle que no te lo contaría —Sam puso una expresión de culpabilidad.

—Seguro que te perdona, Héctor te quiere —la animó Selene, necesitaba conocer toda la historia. Itzel podía resultar alguien demasiado críptico en esos temas y ella era demasiado insegura.

—Me contó que llevas tiempo gustándole, al principio creía que era un capricho, ya sabes como es. Pero poco a poco se dio cuenta que no lograba apartarse de ti, empezasteis a hablar más y te trataba de forma distinta al resto. Héctor cree que empezó a tontear con Claudia por miedo, sencillamente se asustó de sus propios sentimientos.

—Menuda forma de demostrarlos.

—Era su manera de protegerse, no está acostumbrado a algo tan serio, Sel. Deberías intentar comprenderlo. Sé que se ha equivocado mucho pero al menos ahora está intentado hacer las cosas bien.

—La otra noche le dije algo horrible.

—Él cree que no te merece.

—Tengo miedo, Sam.

—Todos tenemos miedo al amor.

—Tú lo conoces, somos tan distintos.

—Quizá los polos opuestos se atraen —Selene se rió.

—Eso me dijo él una vez.

Ese lunes por la mañana Selene se sentía tremendamente nerviosa. No había recibido ningún mensaje de Itzel en todo el fin de semana así que imaginaba que le costaría bastante lograr conversar con él a solas. No quería mandarle un mensaje cuando era obvio que la estaba evitando premeditadamente así que se armaría de paciencia hasta la hora de comer y lo afrontaría de cara, sin acobardarse.

Para exasperación de Selene esa mañana resultó casi eterna pero al final, no sabía muy bien cómo, el reloj llegó a marcar la finalización de sus clases. Se se encaminó en silencio con Sam hacia la facultad de medicina, consciente que Itzel le ofrecería pocas oportunidades para explicarse. No llegaron a la entrada de la facultad cuando escucharon a un par de voces masculinas tremendamente familiares. Sam detuvo a Selene en silencio y le hizo una señal para que no hablase. Eran Héctor e Itzel justo en la puerta de la universidad.

—Enséñamelo —le decía Héctor.

—Sujétame los libros —Itzel le tendió unos pesados libros a su amigo y se subió un poco la manga de su jersey izquierda mostrándole su muñeca. Héctor dijo algo que no lograron escuchar y a ellos llegó también Víctor.

—¿Qué hacéis? —preguntó intrigado.

—Ver su nuevo tatuaje —contestó Héctor riéndose. Víctor observó su muñeca aún expuesta con curiosidad.

—No entiendo porqué te has tatuado su nombre —le dijo con desagrado y a Selene no le pasó desapercibida la expresión de sorpresa e incredulidad de Víctor. En ese momento Sam escapó del lado de su amiga sin poder evitarlo más, quería descubrir de qué tipo de tatuaje se trataba.

—¡Enséñame el tatuaje! —le exigió a Itzel con una sonrisa. Héctor tiró un poco de su novia para apartarla.

—En otro momento, te lo prometo —le contestó alejándose del grupo para acercarse a Selene.

—¿Podemos hablar? —esa pregunta la tomó desprevenida. Selene había esperado encontrarlo de peor humor, incluso distante pero encontrarlo ante ella, preguntándole si podían hablar, jamás se lo hubiese imaginado.

Mientras ambos se alejaban para conversar, Sam no dejaba de quejarse porque todos habían visto su tatuaje menos ella. Héctor le susurró algo al oído y ella aplaudió y chilló emocionada “Es tan romántico”, le pareció escuchar que decía.

—Héctor me dijo que estás mucho mejor.

—Si querías saberlo sólo deberías habérmelo preguntado —nada más pronunciar ese reproché se arrepintió, se sentía aún dolida por no haber recibido ningún mensaje del que ella creía, era uno de sus más cercanos amigos. Debería apartar esa rabia para otro momento se dijo, si esperaba hacer las paces con él.

—Creía que ya no querrías hablar conmigo.

—Te debo una disculpa por eso, Sam me lo explicó.

—No tienes que disculparte, siempre he sido un verdadero capullo pero por una vez quiero hacer las cosas bien, Sel —para Selene no pasó desapercibida esa forma de llamarla, era la primera vez que lo hacía y no la disgustó en absoluto—.Desde el día que te conocí me maravillaste —le dijo él acercándose a ella.

—Terminarás cansándote de mi, lo sé —ella intentó apartarse de él, seguía asustándola tanto todo lo que él le despertaba. Sabía que Itzel podría alborotar su calma en cualquier momento, devastándola por completo.

—Para mí esto también es nuevo. He intentado tanto olvidarte —parecía decirlo con cierto dolor, como si fuese una pesada carga de la que hubiera intentado deshacerse—.Mire donde mire siempre termino encontrándote —esas palabras lograron que ella se sincerara, si apostaba por ellos juntos debería empezar por el principio.

—Todo este tiempo me he sentido tan celosa, resultaba ridículo.

—Nunca te avergüences por eso, el único ridículo soy yo. He tardado demasiado en darme cuenta de mis propios sentimientos —hizo una pausa—.Te quiero, Selene, desde el momento que apareciste en esa discoteca y me pediste una coca cola.

—No te creo —le contestó ella emocionada. Entonces él le mostró su muñeca donde se podía leer tatuada, con una impecable caligrafía, Selene. Ella se tapó la boca asombrada.

—Estás loco —logró decirle.

—Loco por ti —le contestó acercándose a ella lentamente. Esta vez Selene lo vio venir y aceptó ese cálido roce tan suyo. Olía a esa fragancia tan peculiar y sus labios resultaban tan suaves. Al principio la besó con dulzura, un beso completamente distinto al beso en esa fría discoteca. Este era un beso sin prisa, tan delicioso y sensible como si intentase saborearla por completo. Ella entreabrió lentamente su boca y ambas lenguas llegaron a unirse, su lengua resultó cálida y excitante a la vez. Por primera vez pudo dejarse llevar por él. Itzel sabía besar a la perfección pero para ella ese beso representó mucho más, por fin pudo dar rienda suelta a sus sentimientos y sincerarse consigo misma.

—Voy a demostrarte que te amo de verdad —le dijo él acariciándole la mejilla.

—Te quiero —contestó ella, atreviéndose a decírselo. Asumir de una vez por todas sus sentimientos y ser correspondida era lo mejor que le había ocurrido jamás.

—Bésame otra vez, Sel —le susurró roncamente al oído. Ella lo obedeció sin protestar, el primero de muchos, pensó.

FIN


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Acerca de: Clover

Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

2 Comments

  1. Fátima 28/07/2015
  2. Clover Clover 28/07/2015

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