En el lugar menos esperado: capítulo 7 – Poco a poco más cerca

Feliz, feliz, feliz miércoles… hoy os mando este capítulo desde la distancia y lo digo así porque literalmente os lo estaré mandando a unos cuantos quilómetros lejos de mi casa. Me voy uno días a la tierra de mi pareja, nuestra querida Galicia,  calculo que a estas horas estaré metida en el coche en un larguísimo trayecto de unas ocho horas U_u’. El Cuaderno seguirá con sus publicaciones habituales domingo y miércoles así que por fin tendremos el final para esta tan entrañable historia. Si no leísteis mi post de ayer os invito a leer el FAQ podréis conocer mejor como organizaré a partir de ahora el blog. Llevo poquito tiempo en él pero me he dado cuenta que si no empiezo a poner un poco de orden terminaré en un caos (risas). A disfrutar del día y de una hermosa lectura, besos.


EN EL LUGAR MENOS ESPERADO

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Capítulo- 7: Poco a poco más cerca.

Pasaron un par de días hasta que finalmente los deseos de Selene se vieron cumplidos, en realidad no todos, sólo parcialmente.

—¿Qué te pasa Claudia? —le preguntó Sam tomándose su café.

—Itzel me ha dicho que no quiere seguir más conmigo.

—Vaya, se ha cansado muy rápido de ti —le dijo con ironía.

—¿Tú también lo crees verdad? Tampoco esperaba mucho pero tan pronto —parecía más ofendida porque Itzel se hubiese cansado de ella que por el hecho que la hubiesen dejado.

—Habrá encontrado una nueva diversión —la picó Marta. Claudia no se sentía triste, de hecho su sentido práctico la llevaba a lamentarse solamente por el fin de su diversión. A lo mejor sentía su ego algo resentido pero nada que no pudiese compensar con una noche de fiesta desenfrenada.

—Qué lástima, era un hombre tan fantástico, ya me entendéis.

—No hace falta que nos lo cuentes, podemos imaginarlo —le contestó Sam.

—Estoy segura que no podéis, es el mejor en la cama con diferencia —Sel se atragantó con su café, escuchar esas intimidades precisamente de Itzel a esas horas de la mañana le provocaría una indigestión. Como ya empezaba a imaginarse ese hombre era extraordinario en todo, maldita genética, volvió a lamentarse.

—¿Estás bien? —le preguntó Claudia pasándole una servilleta.

—Si, gracias.

—En fin, adiós al mejor sexo de toda mi vida —Selene se preguntó quién sería su próxima diversión. Si se deshacía de Claudia tan pronto sería por alguien realmente espectacular. Su amiga Claudia era perfecta en todo, guapa, alta y delgada, muy segura de sí misma con carisma y un gran magnetismo hacia el sexo contrario. No era para nada tonta, le encantaba la ciencia y la lectura, era alguien tan apasionada y vital que contagiaba a todos con su energía. Para Selene la conducta de Claudia e Itzel constituía una tremenda estupidez, estar con alguien de una forma tan vacía y débil le parecía inútil pero por supuesto, para Claudia era justo al contrario, esperar pacientemente que nada ocurriese como hacía Selene, era la verdadera pérdida de tiempo. Así que habían llegado a una especia de acuerdo, se respetarían mutuamente aunque jamás llegarían a entenderse.

Ese día se alegró cuando a la hora de comer Claudia no corrió a los brazos de Itzel, aunque ambos se mostraban cordiales, hablando y bromeando. Parecían haberse olvidado que hacía tan solo veinticuatro horas se habían acostado juntos. Definitivamente había cosas que Selene jamás comprendería.

Víctor por primera vez también pareció entender sus sentimientos y se apartó de Selene sin agobiarla, se alegraba por él. Merecía ser feliz con alguien y Selene sabía perfectamente que ella no lo sería nunca. Esta vez para su sorpresa le tocó sentarse en el sitio que anteriormente había ocupado Claudia, no quiso hacerse conjeturas y aceptó el puesto sin más. Como siempre, se fijó en Itzel que iba impecablemente vestido. Hoy lucía especialmente elegante y sofisticado, llevaba su cabello desigual alisado y bien colocado, con una camisa oscura de manga corta mostrando sus tatuajes y unos pantalones vaqueros a juego.

—¿Cómo te han ido las clases? —le preguntó él.

—Bastante soportables, ¿y las tuyas?

—Algo aburridas —seguramente se sentiría aburrido por otro motivo especialmente ahora que había decidido deshacerse de uno de sus juguetes de la universidad.

Todos pidieron sus platos y por primera vez Selene se dio cuenta que Itzel era zurdo al comer. Sin querer, se rozaron algunas veces con sus codos durante la comida.

—Lo siento —se disculpó él.

—No te preocupes —entonces ella se fijó en su brazo y se preguntó por sus tatuajes. En ese brazo pudo ver algo parecido a un dragón, pensó.

—Es un dragón —le respondió mostrándole todo el brazo. Parecía un ser místico que se enroscaba peligrosamente en su antebrazo con la boca abierta como gritando. Era un tatuaje en blanco y negro realmente excepcional, y después le mostró el otro brazo donde llevaba un tatuaje con distintas figuras geométricas y en el centro pareció apreciar un rostro.

—Es un tatuaje maorí —le explicó pero ella no supo qué significaría exactamente, sólo le pareció bonito.

—¿Tienes más tatuajes?

—¿Quieres verlos? —le pregunto acercándose a ella. Ella se atragantó un poco y bebió precipitadamente un sorbo de agua. Itzel se rió descaradamente—.Tranquila, no tengo más, al menos de momento.

—¿Quieres tatuarte algo más?

—Quizá un nombre.

—¿Cuál?

—Es un secreto, ¿tú tienes tatuajes?

—Yo solo tengo uno en mi hombro —ese había sido su primer y último tatuaje, de hecho se lo hizo a los dieciocho años junto a sus amigas. No sabía si significaba el inicio de una vida adulta o el inicio de alguna tipo de rebeldía frustrada.

—Una mariposa —le dijo él.

—¿La has visto?

—Me parece muy sexy —ella no supo cómo interpretarlo, se sonrojó y clavó su vista en su plato.Itzel siempre lograba agitarla tanto, era un seductor nato, lo hacía todo tan natural y fácil. En ese momento miró su reloj y se dio cuenta de lo rápido que se le había pasado el tiempo a su lado.

—Tengo que irme ya a clase —dijo levantándose precipitadamente y él le acarició la mano.

—¿Podemos quedar después para hacer un café? —Selene desconfió, ella no sería su juguete, ya se lo había dejado claro.

—No creo que pueda.

—Iré a esperarte a la salida de clases —le dijo muy seguro.

Selene se pasó sus clase pensando si iba en serio o no su invitación, jamás la hubiera esperado viniendo de él. Dudaba realmente que a la salida de clase él estuviera esperándola, pero se equivocó. Nada más salir Sam la empujó susurrándole al oído.

—Ni se te ocurra rechazar el café —ella miro a través del pasillo y lo encontró apoyado contra la pared. No era la única en fijarse en él pues parecía un ángel así colocado. Uno oscuro y malvado al que vendería su alma con gusto.

—Creía que huirías corriendo.

—Lo he pensado.

—¿Y qué es lo que te retuvo? —verte allí tan sexy, evitó decirle.

—Imaginé que eres rápido corriendo.

—No sabes hasta qué punto —le pareció como si estuviese hablando de otra cosa.

—¿Por qué esta invitación tan repentina?

—Curiosidad.

—¿Curiosidad? —le preguntó escéptica.

—Por conocerte.

—No te entiendo.

—Quiero que me lo cuentes todo sobre ti —esa frase encendió todas las alarmas de Selene. Conocerse más los uniría irrefrenablemente. Sabía que se estaba arriesgando demasiado pero su corazón seguía sintiéndose demasiado emocionado ante la expectación.

—Creo que necesitaremos más que un simple café, entonces.

—Me gustan los desafíos —ella no dudó en absoluto de sus palabras.

Itzel y Selene pasaron una agradable tarde en la cafetería. En un principio se sintió muy nerviosa, se había acostumbrado tanto en verlo junto a sus amigos que estar a solas seguía incomodándola pero una vez logró romper el hielo, se dio cuenta que el Itzel que estaba sentado frente a ella con un cortado, era el mismo con el que había hablado por mensajes. En un principio le resultó extraño, aun no había asociado su rostro a ese otro Itzel. En su mente recordaba la imagen del hombre atractivo sirviendo copas en una discoteca de moda: se besaba con alguna chica, sonreía a sus clientes o el que ligaba con su amiga Claudia.

—Creo que deberíamos irnos ya —le dijo Selene cuando el camarero empezó a recoger las sillas.

—Tienes razón o terminaran echándonos, ¿quedamos mañana?

—No puedo, he quedado con mi hermana para ir de compras.

—Lástima —contestó. Ella no supo si fue por su triste expresión o por la pequeña sacudida que sintió en su corazón, cometió su primer error fatal, seguir por el sendero espinoso.

—Si quieres pasado mañana estoy libre.

—Perfecto —le contestó despidiéndose de ella. Selene no entendía exactamente lo que estaba ocurriendo entre ellos. Debería ir con cuidado y entender de una vez por todas que lo suyo se llamaba amistad. El pitido de su móvil la devolvió a su habitación.

[¿Has llegado bien? Deseo que ya sea pasado mañana para verte. Itzel.]

Ella se sofocó sintiéndose nuevamente nerviosa, su corazón debería dejar de martillearle el pecho de esa forma. Tendría que hablar muy seriamente con él, lo suyo era imposible, sencillamente buscaban cosas incompatibles.

[Estoy en casa perfectamente, buenas noches. Selene.] Pero su inconsciente la traicionó de nuevo y no pudo evitar contestarle, ¿podría ser más ilusa?

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Acerca de: Clover

¡Bienvenida a mi mundo plagado de soñadoras! Llámame CLOVER, soy la autora de este cuaderno, una ovejita más del rebaño, #cloveradicta, escribo historias románticas sin parar, atípica por convicción y amante de la libertad por fanatismo. ¿Te unes al rebaño de las que soñamos despiertas? (¡Desde este lado el mundo es un poquito más bonito!).

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