En el lugar menos esperado: capítulo 6 – Existen otras opciones

Buenos días a todos, ¿qué tal se presenta el domingo? El mío será un día dedicado a cambios para el blog^^. El viernes estuve en el Salón del Manga de Barcelona y aquello fue un auténtico caos de felicidad, así que hoy me toca volver a mis obligaciones y pelearme con el diseño del blog. Si no lo sabéis, os cuento que ayer cambié por completo el diseño del cuaderno, espero que la nueva estética os guste mucho y os resulte más agradable (a mí me parece fantástica).

Hoy os traigo otro capítulo de En el lugar menos esperado, os avanzo que le queda muy poco a la historia y pronto tendremos el final, pero nada de ponerse triste porque vendrán otras muchas historias nuevas. Espero que paséis un feliz domingo y como siempre os deseo una feliz lectura. Nos leemos muy pronto con muchas novedades (nervios), ¡ciau!


EN EL LUGAR MENOS ESPERADO

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Capítulo- 6: Existen otras opciones.

Había pasado toda una semana desde que se habían visto por última vez, Itzel le había mandado algunos mensajes para saber cómo se encontraba y Selene le había respondido que mucho mejor. Poco a poco habían pasado a otros temas de conversación hasta terminar manteniendo charlas a diario. No eran grandes conversaciones, solo pequeños detalles cuotidianos: ahora estoy en clase, el profesor x es aburrido, hoy me apetece comer espaguetis, etc. Pero cada uno de esos mensajes lograron mostrarle a otro Itzel, uno más humano y normal. Seguía siendo extremadamente brillante en apariencia pero sabía con seguridad que bajo ese cascarón se encontraba algo más. Cada vez se alegraba más de haberlo rechazado, de no haberlo hecho estaba prácticamente segura que jamás lo hubiera conocido con tal intensidad.

Ese día Selene se dirigía sola a su siguiente clase porque Sam llevaba un par de días enferma. Andaba con paso rápido a través de uno de los pasillos de la universidad cuando observó una pareja besándose. Ella también deseaba eso para sí misma, esperaba encontrar a alguien pronto de la misma forma que parecía estaban logrando sus amigas. Todo llegaría a su debido tiempo, se consoló, el problema era que quizá ese “debido” fuera más tarde de lo que le apetecía. Siguió andando hacia esa pareja intentando apartar su mirada de ellos pero el problema era que su aula se encontraba justo al lado. Parecía que esos dos no se detendrían ante nadie y estaban ausentes de todos, no dejaban de besarse apasionadamente en medio del pasillo lleno de alumnos. A Selene algo en la chica le resultó familiar y se paralizó por completo al reconocerla. Esa era su amiga Claudia junto a Itzel, ella le envolvía el cuello con sus brazos y lo atraía para besarlo. Él tan solo le correspondía con una sonrisa burlona en su rostro dejándose besar por ella. Le pareció una escena absolutamente teatral, como podía actuar de esa forma tan…a Selene se le cayó su carpeta como si en ese instante acabase de comprender algo monstruoso. El ruido de la carpeta impactando contra el suelo los alertó a ambos y la miraron, Claudia le sonrió satisfecha saludándola, para ella Itzel seguramente supondría un bonito trofeo. Siempre había sido ese tipo de persona, jamás se complicaba la vida y cualquier cosa que deseaba la tomaba sin más. No hacía valoraciones ni juicios, era pura esencia. A veces Selene la envidiaba un poco, su despreocupado instinto, sus ganas por el ahora y por actuar sin remordimientos, tan absolutamente libre. Selene la entendía a la perfección, desde el momento que conoció a Itzel para Claudia supuso un reto. Su amiga no era una tonta, era perfectamente consciente del tipo de relación que esperaba Itzel de ella: una pareja perfecta, con dos atractivas personas en una relación puramente física.

Lo que más sorprendió a Selene fue la expresión sorprendida de Itzel al verla, le pareció avergonzando y triste. Ella recogió su carpeta del suelo preguntándose porqué le mostraba ese rostro cuando él había buscado a Claudia. Se había pasado los últimos días tonteando abiertamente con ella, así que no dejaría que la engañara. Itzel no era ningún niño y mucho menos uno inocente, pasó por su lado saludando a Claudia como si nada aunque en realidad estaba descolorada. Entró rápidamente en el aula sin atreverse a mirarlo, e intentó calmarse, esa era la prueba definitiva para alejarse de Itzel.

Pero a esas alturas de su vida, Selene ya debería saber lo caprichoso que podría llegar a ser el destino. Cada vez que ella tomaba una firme decisión allí se encontraba el cosmos para rebatirla. Todo empeoró cuando a la hora de comer Claudia se presentó junto a Itzel claramente en actitud cariñosa, ahora no sólo se pasaban las noches de fiesta juntos sino que encima debería aguantarlos por la facultad. Pero ese no era su problema, se dijo, si ambos querían divertirse ella no se interpondría. Que le molestase ese juego y estuviera celosa no significaba nada, ella no tenia ningún derecho en interferir y tampoco lo tenia en sentirse molesta. Si estaba celosa, enfadada o triste debería aguantarse y asumirlo. Asumiría esa maldita broma y se olvidaría de Itzel.

—Estás muy seria —le dijo Víctor.

—No me pasa nada —contestó metiéndose una pata frita en la boca. Ver a Claudia pavoneándose de esa forma la cabreaba mucho.

—El fin de semana queremos ir a la playa —explicó Héctor—.¿Os animáis? —la primera en contestar efusivamente fue Claudia y después el resto se animó. Claro, pensó amargamente, seguramente querría lucir palmito ante su chico.

—Creo que yo no podré ir.

—Ohh venga Selene, hace tanto que no vamos a la playa —le dijo Rebeca animándola.

—Lo siento, debo irme ya a clase o llegaré tarde.

—¿Qué le pasa?  —preguntó Rebeca.

—No lo sé, está tan rara desde esta mañana —le comentó Marta.

Por desgracia de Selene el fin de semana llegó más rápido de lo esperado y a una tempranísima hora de la mañana se encontraba frente al portal de su casa cargada con una mochila y con el bañador puesto. Al final no había logrado sonar convincente con sus múltiples excusas pero al menos había lograda convencer a Sam para ir con ellos en su coche. Moriría si tuviera que compartir el mismo coche que Itzel y Claudia. Mientras esperaba un coche negro asomó por la avenida de su casa reduciendo la velocidad. Imaginó que se trataría de algún conductor perdido preguntando por alguna dirección pero rápidamente entendió su error cuando Claudia sacó su cabeza por la ventanilla gritando.

—¡Buenos días! —la saludó con una gran sonrisa. Para ella ese día podría calificarse de muchas formas distintas menos de bueno. El coche deportivo negro se detuvo y su conductor bajó de él. Todo un caballero, pensó, cuando le recogió su pequeña mochila guardándola en el maletero.

—Hola —lo saludó incómoda.

—El coche de Héctor va demasiado cargado —le explicó Itzel intentando justificarse. Perfecto, ahora tendría que aguantar un trayecto de casi dos horas con ese par. Podría salir algo peor, se preguntó resignada. Pero nada más meterse en el coche lamentó habérselo preguntado pues su mala suerte le demostró convincentemente que todo podría ir a muchísimo peor.

Selene se encontraba sentada en el asiento de atrás mientras su amiga no dejaba de sonreírle y bromear con Itzel. Lo que realmente le molestaba era la forma tan despreocupada y natural que tenía de tocarlo. El rostro, el hombro o la mano, roces sutiles demasiado íntimos y confiables. Ella se centró en su ventana observando el paisaje y en la forma cómo éste iba cambiando hasta perderse en él. Apenas prestaba atención ya a su conversación cuando se encontró completamente absorbida por el paisaje.

—¿Tu qué prefieres Sel, mar o montaña? —le preguntó su amiga devolviéndola a esa pesadilla.

—Jamás entendí esa pregunta, existen otras opciones.

—Baah —puso los ojos en blanco—.Te tomas las cosas demasiado en serio.

—Esa es una respuesta interesante —contestó él. Desde su asiento pudo observar su rostro a través del retrovisor, aunque llevaba unas oscuras gafas de sol le pareció que le sonreía. Ella lo vio y apartó la vista rápidamente avergonzada y regresando a su habitual calma por la ventana.

Después de un par de horas de viaje en el que Claudia e Itzel no dejaron de hablar por fin habían llegado. En realidad ella se había pasado el trayecto fingiendo estar muy interesada en algo que se encontraba fuera aunque había escuchado absolutamente toda su conversación. Estaba tan interesada en conocerlo que había terminado escuchando en silencio todo lo que le contaba a Claudia. Al final se sintió estúpida, fuera de lugar y como si sobrase.

Todos se dirigieron cargados con sus mochilas a la playa para tender sus toallas en la fina arena y pasar un soleado día metidos en el mar. Apenas habían logrado desempacar sus cosas cuando los chicos ya se habían lanzado al agua empujándose entre ellos.

—Chicos —dijo Marta poniendo los ojos en blanco. Las chicas en cambio, fueron algo más cobardes, la primera en animarse fue Sam. De hecho, Héctor la vino a buscar y la arrastró entre gritos y risas hasta el agua salada. Selene se lo tomó despacio quedándose junto a Rebeca en la orilla y Marta había decidido quedarse bajo la sombrilla declarando que el agua se encontraba demasiada fría. Claudia en un despiste de ellas, ya se encontraba revoloteando en el agua con los chicos sospechosamente cerca de Itzel.

—A la de tres nos metemos —la desafío Rebeca, ella asintió y empezaron la cuenta atrás. Selene al escuchar el tres se armó de valor y se sumergió por completo en esa agua helada. Estaba condenadamente fría y notó como empezaba a temblar sin poder evitarlo. Sacó su cabeza del agua y buscó a su amiga que se encontraba en la orilla completamente seca.

—¡Traidora! —le gritó enfurruñada mientras Rebeca reía a carcajadas. Ella empezó a nadar para entrar un poco en calor.

—Hola —Lle dijo Itzel nadando a su lado. Se le veía muy atractivo con el cabello mojado y bajo toda esa luz del sol sus ojos parecían del color de las avellanas. Mucho más claros que de costumbre y con una mirada más nítida. Notó sus labios más rojos de lo normal, seguramente por el frío y la sal, en ese momento quiso tocarlos—.Parecías ausente en el coche.

—No me gusta entrometerme —Itzel frunció un poco el ceño.

—No te estabas entrometiendo.

—A mí no me pareció eso —le dijo intentando escapar de él. Pero Selene no logró irse muy lejos porque notó unos dedos expertos acariciándole la cintura. Entonces Itzel la agarró sin decir nada atrayéndola hacia su cuerpo. Bajo el mar nadie podría saber lo que le estaba haciendo y parecía absurdo que esa agua que hacía unos segundo le había parecido tan helada ahora la estuviese quemando. Le acarició un poco la zona de la cintura y ella se sofocó, esa era una zona extremadamente sensible e íntima. Él mantuvo su mano allí sin soltarla como si le perteneciese ese lugar.

—Deja de ignorarme —le susurró al oído. El corazón de Selene empezó a martillear desbocado, sin articular palabra.

—No te ignoro —le dijo ella girándose para mirarlo a los ojos. Esa había sido una mala idea, Selene había esperado librarse de su abrazo pero en su lugar él la sujetó más fuerte acercándosela. En ese momento sus rostros se encontraban muy cerca el uno del otro. Ella pudo observar esos ojos de nuevo sin decir nada, se veían tan brillantes bajo el sol y sus respiraciones empezaron a ser irregulares, no supo si era por el ejercicio, el frío o algo más. Un instante que no supo cuánto duró hasta que un nombre los devolvió a la realidad.

—¡Itzel! —escucharon ambos a la vez. Una voz gritona, concretamente la de Claudia, los separó. Selene nadó rápidamente en dirección contraria mientras pudo ver por el rabillo del ojos como su amiga se colgaba de él como si fuera un mono y empezaba a abrazarlo. Que eso no le molestaba no se lo creía nadie, pero debería empezar a encontrar la forma de controlarse, estaba empezando a experimentar un sentimiento de posesividad hacia Itzel muy peligroso. Jamás lograría monopolizarlo, él no era ese tipo de chico, aun así su corazón seguía insistiendo tanto. Metió su cabeza bajo el agua y buceó intentando aclarar su mente. A ella llegaron los gritos y risitas estúpidas de Claudia. ¡Basta! Pensó para sí misma, pero esa mierda no se terminaría nunca. Salió del agua cabreada consigo misma y por dejar que le afectase tanto, y se dirigió junto a Marta bajo la sombrilla.

—¿Que tal el agua? —le preguntó.

—Muy fría —contestó secándose un poco.

—Sabes cómo es Claudia —Marta a veces era condenadamente perspicaz.

—No me importa.

—A él le gustas —ella se rió sin ánimo.

—Venga Marta, no puedes decirlo en serio cuando se está morreado con Claudia. A él le gusta cualquier mujer con la que pueda acostarse —en ese momento no quería hablar más de ese tema absurdo y sin sentido—.Voy a buscar un refresco, ¿quieres algo?

—Una tónica.

Selene se encontraba haciendo cola en el bar para conseguir un par de tónicas cuando llegó a su lado el pesado de siempre, ya le extrañaba que hubiese podido librarse de él toda la mañana.

—Menuda cola —le dijo colocándose a su lado. Sí y tú te estás colando, pensó—.¿Que tal el viaje?

—Bien, gracias.

—Supongo que te pareció incomodo en medio de esos dos.

—La verdad es que fue bastante divertido —en realidad había sido terrorífico pero eso a él no le importaba.

—Después si quieres puedo ir con vosotros —eso resultaría aún más terrorífico.

—No hace falta.

—Sel —le dijo agarrándole de la mano.

—¿Qué haces?

—Sabes que yo estoy aquí para ti —no podía creerlo, volvería a sacar el tema otra vez mientras hacían cola en un chiringuito de playa. ¿Ese hombre no entendía que ese era un mal momento?

—Ya te he dicho que no quiero que lo estés.

—No lo entiendo, me he pasado un año esperándote. Te he demostrado que voy enserio contigo.

—A veces hace falta algo más Víctor, no es tu culpa. No tengo los mismos sentimientos por ti.

—Te gusta ese guaperas. Lo sé —sabía perfectamente que se refería a Itzel, desde que se había unido al grupo Víctor lo miraba con recelo y odio.

—Eso a ti no te importa —se ofendió, era una chica libre y no le apetecía hablar precisamente con él, sobre el chico que le gustaba.

—Desde que te besó esa noche estás tan rara —Selene se sorprendió, no esperaba que Víctor los hubiera visto besándose en la escalera del Paradise.

—No quiero mantener esta conversación aquí y menos contigo —ahora mismo ese idiota estaba estropeando la poca diversión que podría encontrar en su día de playa.

—Ese tío sólo quiere acostarse contigo.

—Por favor, Víctor, estamos en una cola con gente —no estaba dispuesta a entrar en el tema y empezar a hablar de cosas tan íntimas. Pero él pareció no importarle.

—No lo entiendo, prefieres a un tío que se pasa el día morreándose con otras.

—¿Quién te ha dicho que me gusta él?

—Venga ya —le contestó con sarcasmo—.¿Eres consciente que está con Claudia, tu amiga?

—Lo sé perfectamente —contestó secamente. Le ofendió la forma que pronunció “amiga” como si su conducta dejara mucho que desear en temas de amistad.

—Deberías madurar, Sel —y aquella frase fue la gota que colmó el vaso. Que él le dijera esas palabras tan duras cuando no tenía idea de nada. Era una buena amiga y se había comportado correctamente con Claudia, la única que estaba sufriendo era ella misma negándose todos sus sentimientos.

—¿Sabes qué? Ya no tengo sed, pide una tónica para Marta.

Selene dejó a Víctor en la cola huyendo, en realidad se sentía tremendamente dolida en ese momento. Víctor le había dicho la pura y cruda verdad, y no pudo contestarle nada cuando lo había comprendido claramente, él tenía razón. Le gustaba un tío que se pasaba el día besándose con su amiga. Resultaba patética, se dijo, emocionarse por cómo la miraba o tocaba cuando después terminaba liándose con otra delante de sus narices.

—¿Y los refrescos? —preguntó Marta.

—Me voy a casa —le dijo recogiendo sus cosas.

—¿Qué ha pasado? —le preguntó desconcertada sin recibir respuesta—.Oh dios, Víctor te ha dicho algo—una amiga sumamente observadora, sentenció.

—No es su culpa —le contestó frenéticamente mientras recogía sus cosas, su amiga le sujetó las manos para que parase.

—¿Qué te ha dicho? —Selene se colocó las manos tapándose el rostro, no quería llorar allí en medio de esa playa repleta de gente.

—La verdad, Marta, me ha dicho la verdad —ella pareció comprenderlo.

—Venga, iré contigo a casa, le pediré el coche a Víctor —bendita su amiga se dijo.

Selene se encontraba ya terminando de recoger sus cosas cuando su peor pesadilla tuvo que reaparecer de nuevo. Encima acababa de salir del agua y sólo llevaba un bañador negro que le llegaba por encima de las rodillas con el torso al aire y mojado. Por supuesto, a parte de una cara bonita su cuerpo resultaba perfecto. Podría ser sólo gimnasio y deporte pero nadie podría negar que allí la genética tendría un peso importante. Un cuerpo alto y esbelto más musculado de lo que creía y bien contorneado. Selene apartó la mirada de él martirizada, odiaba toda esa maldita perfección.

—Os puedo llevar yo —se ofreció Itzel.

—No hace falta —dijo marta.

—De verdad, no me molesta.

—Eres muy amable pero… —Selene cortó a su amiga, en ese momento no estaba para diplomacias.

—En serio, entiende de una vez que hay gente que no te necesita —le soltó Selene harta de estar aún en esa playa. Estaba huyendo de él maldita sea, es que podría estar más ciego, tiró de su amiga hacia el coche.

—Has sido un poco dura, Sel.

—Se lo tiene merecido por idiota —ambas se rieron con amargura, aunque su estado era patéticamente triste así eran las amigas, apoyándose en los momentos más lamentables.

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Acerca de: Clover

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Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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