En el lugar menos esperado: capítulo 5 – Paz y tristeza

Buenos días a [email protected], como soy una mujer de palabra y compromiso os traigo un nuevo capítulo de En el lugar menos esperado. Estos días voy algo atareada con los cambios en el diseño del blog pero eso no es excusa para abandonar lo que más me gusta, escribir. Ojalá este capítulo os acerque un poco más a Selene, aunque os puede parecer un capítulo bastante normal creo que si lográis leer entre líneas ocurren más cosas de las que parecen. Os deseo una feliz lectura.


EN EL LUGAR MENOS ESPERADO

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Capítulo- 5: Paz y tristeza.

TRISTEZA, aún no entendía como a esas alturas podía sentirse tan dañada. Sentada frente a él y recordando todo su pasado juntos. Los ojos de Selene le dolían de tanto llorar que no lograba detenerlos. Insistían una y otra vez en derramar sus lágrimas, lágrimas que la estaban ahogando. ¿Por qué te fuiste? Preguntaba allí sentada a la nada, tan solo el aleteo de unos pájaros pareció responderle, me fui para no volver mi pequeña.

Era una fría y solitaria mañana, demasiado temprano aún para que el sol lograra calentarla. Eso no le importó en absoluto, de hecho se había encontrado en medio de una encrucijada desde ayer, cuando su cuerpo se negó a dormirse. Recordar todos los momentos vividos la hacían querer gritar tan fuerte, pero sus cuerdas vocales se negaban a emitir sonido alguno. El sentimiento de rabia y desesperación era más vivo que nunca, como un ser hibernado que había despertado de nuevo. Lo sintió en su pecho, anclado, aferrado a la desesperada e incapaz de soltarla.

—Deberíamos irnos —le dijo su amiga Rebeca y entonces Selene pareció despertar de ese horrible trance recordando por primera vez, desde que había llegado, que sus amigas estaban allí. Frotó su rostro empapado en lágrimas y se levantó de enfrente de la tumba de su padre.

—Adiós papá —le dijo depositando un ramo de margaritas blancas. Esas siempre habían sido sus flores, las flores que desde pequeña Selene había recogido en el campo para él—.Te quiero —su amiga Sam le tendió disimuladamente un pañuelo y ella terminó de limpiarse agradecida.

Sus cuatro amigas la habían acompañado esa mañana a visitar la tumba de su padre que había fallecido hacía exactamente un año. Quiso acudir puntualmente a las ocho de la mañana, a la hora que sufrió su accidente de coche cuando acudía al trabajo.

Las cinco salieron en completo silencio del cementerio, ella seguía sintiéndose empapada por la tristeza pero por algún motivo, estar allí la había reconfortarlo. Poder acercarse un poco más a él, por fugaz que fuera, la alentaría a seguir otro año más sin él. Observó por primera vez a sus amiga, todas ellas con sus rostros tristes y Selene empezó a reírse nerviosamente.

—Menuda forma de empezar el día —les dijo y las cinco se abrazaron cariñosamente—.Vámonos ya o llegaremos tarde a clases.

Las cinco se dirigieron a la universidad y por el camino Selene se cuestionó hasta qué punto podría ser paradójica la vida. Cuando para el resto hoy sería un día común o incluso feliz, para ella y su familia resultaría uno de los peores. Desde pequeña se había sentido especialmente conectada a su padre, no sólo por su pasión compartida por la ciencia, sino por su carácter. Era un hombre fácil de tratar, reservado y callado. Alguien demasiado dulce e incapaz de herir a nadie a propósito, jamás gritaba en exceso y odiaba los enfados. Selene siempre había sido igual que su padre, introvertida y avergonzada, demasiado tímida a veces, personas muy sensibles y sencillas. En cambio Rose, era todo lo contrario, a lo mejor por eso ella había logrado sacar toda su tristeza y superarlo mejor que ella. Selene se había pasado ese año en medio de la nada, cuando creía por fin superarlo, volvía algún recuerdo, una imagen o un olor que la transportaban a su padre de nuevo. Un padre que ya no tenía y sentía demasiado lejos. Lo peor de eso era el futuro, sabía que a partir de ahora no contaría con su consejo, para ella siempre había sido un pilar irrompible, alguien con quien consultarlo absolutamente todo. En su mente jamás había imaginado perderlo tan temprano, había tantas preguntas, dudas, conversaciones pendientes que se sintió tremendamente impotente, le habían arrancado parte de su propia vida al perderlo.

—¿Qué os apetece comer? —les preguntó Claudia a la salida de clases.

—Chino —contestó Rebeca.

—Fuimos ayer, mejor vamos a un italiano —contestó Marta—.¿Tú qué prefieres Sel?

—Hoy me iré a comer a casa —todas se quedaron en silencio comprendiendo la situación. Aunque su hermana lo llevase mejor hoy era un día especialmente triste para su madre y Rose. Lo que más le apetecía era estar con ellas.

—Promete que nos llamarás si necesitas hablar —le dijo Claudia preocupada.

—Gracias, chicas —contestó abrazándolas de nuevo, debería irse ya, sabía que empezaría a llorar de un momento a otro. Había aparentado durante las clases estar bien y fuerte por sus amigas, como las conocía perfectamente, sabía que sus incómodos silencios le decían aquello que ellas no se atrevían. Conversaciones demasiada animadas, miradas cruzadas, codazos…

—¡Chicas! —gritó Sam llegando con su novio, Víctor e Itzel. Selene se incomodó, hoy no estaba de humor para batirse con el sarcasmo de Itzel, se sentía expuesta y débil, así que evitó mirarlo a la cara.

—¿Qué os pasa? —preguntó Víctor—.Cualquier diría que acabáis de ir a un funeral —Sam le mandó un codazo al amigo de su novio y éste no lo entendió. Por supuesto, pesado, tonto y bocazas.

—Hasta mañana —se despidió Selene marchándose para casa. El comentario de Víctor en realidad no la había molestado, él desconocía su historia y para ella era un cretino. Pero la forma de referirse a su dolor la hirió un poco aunque intentase evitarlo.

—Eres un bocazas —le lanzó Rebeca cuando se aseguró que Selene se encontraba lo suficientemente lejos.

—¿Qué pasa? —preguntó sin entender nada.

—Hoy hace un año que falleció su padre en un accidente de coche —y Víctor pareció entender su metedura de pata.

—No lo sabía, lo siento.

—No te preocupes, no te lo tendrá en cuenta, sabe que eres un idiota —le dijo Sam para animarlo—. Vamos a comer.

—¿Dónde está Itzel? —preguntó Héctor—.Estaba aquí con nosotros hace un momento.

—Creo que ha ido a buscar a cierta chica que hoy se siente algo triste —les explicó Rebeca con una sonrisa.

Selene empezó a andar hacia su casa, había decidido que hoy haría la mayor parte del trayecto andando. Necesitaba andar y pensar, enchufó su reproductor de música con algo no demasiado deprimente y empezó a caminar a través de esas calles llenas de gente. Rostros de personas anónimas andando y empezó a fijarse en esas personas. Alguno de esos hombres maduros serían padres como había sido el suyo, cogió aire y cambió de canción, necesitaba algo más animado.

—Hola —escuchó una voz masculina demasiado cerca de sus auriculares. Selene se asustó tirando el reproductor de música al suelo—.Lo siento, no quise asustarte pero llevo un buen rato llamándote —Itzel se arrodilló para recogerle su reproductor y le dobló los auriculares antes de entregárselos—.Toma.

—Gracias —contestó ella avergonzada. Sentía sus ojos escocer un poco y sabía que pronto empezaría a llorar. Necesitaba despedirse de él cuanto antes.

—¿Vas a tu casa?

—Sí.

—¿Puedo acompañarte?

—¿No vas a ir a comer con ellos?

—Siempre respondes mis preguntas con otra pregunta. La verdad es que me muero de hambre.

—Entonces deberías irte.

—Y siempre me tratas como si te molestara —le dijo él algo molesto.

—No es eso, lo siento, nos vemos mañana —en realidad en ese momento le molestaba absolutamente todo el mundo. Deseaba tanto meterse en una diminuta burbuja y perderse en el aire. Quería llorar, gritar, abofetear a alguien, romper cosas y volver a llorar. Él la agarró del brazo.

—No tienes por qué hacer esto —le dijo muy serio, era la primera vez que lo veía así, sin atisbo alguno de una sonrisa burlona y con una expresión tan profunda. Normalmente parecía que todo a su alrededor fuera perfecto y fácil, por primera vez vio que en su mundo también existía la imperfección.

—No te entiendo —el corazón empezó a martillearle sin sentido, se encontraba al límite.

—Fingir que estás bien cuando no lo estás. No te preocupes, no voy a decírselo a nadie. Solo pensé que es mejor soltarlo, te ayudará a sentirte mejor.

—¿Y tú qué sabes de cómo me siento? —en ese momento Selene se sentía herida y sólo lo atacaba por pura cobardía, casi a la desesperada. No estaba enfada con él, se sentía enfada con el mundo y con ese conductor idiota que había chocado negligentemente contra su padre.

—Sé que las pérdidas son siempre dolorosas.

—No hables de mi padre como una pérdida —le dijo mientras se le escapaba una lágrima a través del rosto —.Lo siento —tan sólo logró disculparse sin poder refrenar ya sus ganas de llorar. Había aguantado toda esa mañana su angustia y necesitaba desesperadamente sacar ese nudo que la oprimía. Él la abrazó en silencio dejando que llorase todo lo que quisiera.

—Hay gente que desea protegerte —le dijo él a su oído pero Selene no logró escucharlo. Se sintió envuelta por unos brazos fuertes y seguros, por primera vez se sintió reconfortada en otros brazos que no eran los de su padre, tan agradables, pensó.

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Acerca de: Clover

¡Bienvenida a mi mundo plagado de soñadoras! Llámame CLOVER, soy la autora de este cuaderno, una ovejita más del rebaño, #cloveradicta, escribo historias románticas sin parar, atípica por convicción y amante de la libertad por fanatismo. ¿Te unes al rebaño de las que soñamos despiertas? (¡Desde este lado el mundo es un poquito más bonito!).

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