En el lugar menos esperado: capítulo 4 – Los polos opuestos se atraen

Muy buen domingo a todos. Hoy vengo con muchas novedades, la primera y más importante es la cuarta parte de la historia entre Selene e Itzel. La segunda novedad es algo que aún no podréis apreciar pero para eso estoy yo aquí para informaros XD,  El cuaderno empieza a crecer y poco a poco va tomando significado (cosa que me hace ENORMEMENTE feliz). Pronto veréis un nuevo diseño mucho más mío e intuitivo. Sé que a veces leer por aquí puede ser un incordio, encima yo no soy dada a la escritura corta U_u’ (véase el sarcasmo) por eso estoy trabajando duramente en ello. Os deseo feliz domingo y que terminéis de aprovechar el fin de semana. Por supuesto, no podría faltar, os deseo una feliz lectura ^o^. 


EN EL LUGAR MENOS ESPERADO

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Capítulo- 4: Los polos opuestos se atraen.

Esa mañana Selene se encontraba corriendo hacia su universidad, a esas alturas ya era completamente oficial, llegaba tarde. Le había resultado imposible despertarse antes y encima. pareció que ese día el metro fuese incapaz de pasar a tiempo, así que estaba prácticamente segura que llegaría tarde a sus clases. Como si eso fuera poco para empezar el día con el peor pie posible, con sus prisas no se había percatado que el tiempo era bastante frío. Se había vestido con lo primero que había encontrado en el armario, en definitiva, algo demasiado ligero para un tiempo helado. Intentó cubrirse sus brazos sin éxito, como llevaba solo una camisa vaquera sin nada más debajo notaba como la humedad se le calaba en los huesos, suerte que se había puesto unos pantalones pitillos negros largos con unas cómodas zapatillas rojas, al menos, podría correr para refugiarse en clase.

Efectivamente no tuvo duda que había llegado tarde cuando a través del cristal de la puerta observó al profesor que ya había empezado. Así que ahora le tocaría hacer algo de tiempo hasta la siguiente clase. Las normas de sus profesores eran muy estrictas, uno no podía entrar en clase una vez empezada. Perderse ese día de la asignatura no le importó, podría pedirle los apuntes a sus amigas, pero le fastidiaba haber decidido ir corriendo a la universidad para terminar teniendo que esperar una hora completa fuera. Se dirigió hacia la cafetería e intentó consolarse, con las prisas no había podido desayunar así que ahora tendría la oportunidad de hacerlo sin prisa. Pasaron sólo unos minutos cuando alguien la llamó desde el otro extremo del pasillo de la universidad.

—¡Selene! —escuchó claramente. Ella se giró pero no reconoció a nadie, a lo mejor lo había escuchado mal—¡Selene! —escuchó de nuevo, eso no podría ser una coincidencia, sin duda la estaban llamando a ella porque su nombre no era precisamente común. Volvió a girarse hacia esa voz irreconocible y le pareció dislumbrar a un chico dirigiéndose hacia ella. Alguien alto que no pudo identificar en un principio, aunque rápidamente se dio cuenta de su error. ¿Qué hacía él en su facultad, es que a partir de ahora se lo encontraría siempre?

Se acercaba rápidamente a ella y por supuesto, iba impecablemente vestido con un jersey gris algo ceñido al cuerpo y las mangas un poco subidas mostrando sus inconfundibles tatuajes. Llevaba unos pantalones chinos negros y una bandolera de piel marrón colgada de su hombro izquierdo. A ella le pareció el típico modelo estudiantil , excepto por esos tatuajes y sus pendientes que le otorgaban cierto aire a malo, precisamente por eso, parecería más atrayente.

—Buenos días —le dijo cuando la alcanzó.

—Hola —contestó ella, con él siempre le ocurría lo mismo, una incómoda sensación y unas ganas apremiantes para irse.

—¿A dónde vas?

—A clases.

—Creo que llegas tarde —le dijo mostrándole el enorme reloj plateado que llevaba en su muñeca como si ella no supiera leer un reloj.

—Entonces debería irme ya —esa mañana no se sentía de humor para aguantarlo. Había empezado el día de la peor manera posible y verlo allí tan fabuloso la hacia sentir aun mas miserable. Se preguntó si acaso él tendría alguna vez un mal día y si alguna vez tendría mala cara o luciría menos perfecto. Desde que lo conocía siempre lo había encontrado brillante, tan deslumbrante que lograría cabrear a toda la gente de su alrededor.

—Espera —le dijo tomándola por la muñeca para evitar que se escapara—.Creo que deberíamos hablar—. Otra vez sacaría el tema, ¿es que no podría olvidarlo?

—No tengo nada que hablar contigo.

—Sé que te molesté, me disculpo por eso.

—Acepto tus disculpas, ¿puedo irme?

—¿Siempre eres así de difícil?

—¿Y tú así de pesado?

Touché —le dijo él sonriendo. Su sonrisa le resultó contagiosa y aunque intentó evitarlo, ya era demasiado tarde, Itzel se había metido facilmente en su estado de ánimo. Un auténtico manipulador de corazones, pensó—.¿A dónde vas realmente?

—A la cafetería.

—¿Puedo acompañarte?

—¿Puedo impedírtelo?

Ambos se encaminaron hacia la cafetería y ella pidió su café con leche junto a un cruasán en cambio él se limitó a pedir un cortado. Se sentaron en una apartada mesa en silencio, y ella empezó a comer con prisa, se sentía muy nerviosa bajo el escrutinio de su mirada. Él la observó en silencio con una sonrisa en su rostro.

—¿Qué? —le dijo ella al final avergonzada, la estaba poniendo histérica sin decir nada.

—No he dicho nada.

—Entonces…estudias medicina —eso fue lo primero y más estúpido que le pasó por su mente para lograr cortar ese incómodo momento.

—Normalmente los que estudiamos en la facultad de medicina, estudiamos medicina  —le contestó sin beber ni un sorbo de su cortado.

—¿Y qué hacías tú aquí? Esta es la facultad de biología —le dijo remarcando el término biología.

—Buscarte —ella se rió nerviosamente y aunque no lo había creído, se alegró que en ese momento no estuviese masticando su cruasán.

—Mientes —ahora el que se rió fue él.

—Es verdad, miento. Vine a traerle el monedero a Claudia, se lo olvidó la otra noche —en ese momento no quiso saber más, imaginaba lo que había ocurrido entre ellos esa noche. Claudia era una chica muy guapa y popular entre los hombres, era más que obvio que se sentía atraída por él y por la forma en que actuaba Itzel no rechazaría nunca a una mujer atractiva.

—Entiendo —contestó ella.

—Ahora te has molestado —le dijo afirmándolo y completamente seguro. Eso sí que logró herirla, a caso creía que todas terminarían queriéndole para sí mismas.

—No veo por qué debería —le soltó lo más tranquila que pudo y él se limitó a cambiar de tema sin creerla en absoluto.

—No te he visto últimamente en Paradise, creía que te gustaba.

—El servicio de los camareros es pésimo —le dijo Selene sirviéndose el azúcar en su café con leche. Aún se sentía incómoda y quería pincharlo.

—Te he pedido disculpas por eso, sé que me equivoqué contigo.

—Tienes razón pero no soporto a los capullos.

—Vaya así que crees que soy un capullo.

– Sinceramente con esa actitud, es lo que pareces.

—Tienes toda la razón, soy un capullo.

—Vaya estamos de acuerdo en algo —le dijo mirándolo a los ojos, ahora se sentía con fuerza para afrontarlo y esperaba que él contraatacara.

—A lo mejor tenemos más cosas en común de las que crees —Itzel clavó sus ojos en ella desafiándola de nuevo y bajo ese salón sus ojos se veían castaños, y algo más claros de lo que recordaba. Tan abiertos y directos que lograron intimidarla aunque ella luchó contra su vergüenza sin rendirse.

—Tú y yo, imposible —ese era un pensamiento que le resultó imposible, ambos en cualquier situación era sencillamente inimaginable.

—Los polos opuestos se atraen —le dijo él aún mirándola directo y demasiado seguro de sí mismo. Ella intentó relajarse, obviamente intentaba provocarla, era un chico acostumbrado a tener el control. Era carismático y atractivo, lo peor de todo es que él lo sabía, conocía a la perfección el efecto que causaba en el sexo contrario y se aprovechaba de eso. Un jugador nato, uno acostumbrado a ganar siempre.

—Nunca he creído esa estupidez.

—Lástima—Itzel miró su reloj—.Tengo que irme a clase ya, nos vemos pronto, Selene —así se despidió de ella dejándola sola en esa cafetería. Allí sentada se preguntó por qué el destino se empeñaba tanto en meterlo en su vida cuando lo que más deseaba era olvidarlo. Ella miró su reloj, maldita sea, ella también llegaría tarde a sus clases.

Selene estaba sentada en ese cómodo sofá blanco de nuevo, parecía que sus amigas desde que habían conocido a Itzel, sólo pudiesen salir de fiesta en el Paradise. Lo peor de todo no era eso, sino el camarero guapo que no dejaba de hablar y ligotear con su amiga Claudia. Para Sam, todas habían dejado de existir eclipsada por su novio Héctor, y Rebeca junto a Marta parecían pasárselo de lujo con un par de chicos que habían conocido esa misma noche. Así que ella se encontraba observando a escondidas a Claudia como se dejaba manosear por Itzel. Jamás aceptaría que se encontraba celosa pero deseaba con todas sus fuerzas que se apartasen el uno del otro. Para empeorar más el asunto Víctor estaba a su lado incordiándola con temas de lo más absurdos.

—¿Quieres otra copa?  —le preguntó él, aleluya, al fin la primera pregunta inteligente que le hacía en toda la noche.

—Si por favor, otro gin-tonic.

—Ahora mismo —Víctor se levantó para ir a buscarlo, ojalá se fuera al infierno a buscarlo y se quedara allí unos cuantos años. Sabía que estaba siendo cruel con Víctor pero era tan persistente, hacía más de un año que iba detrás de ella y Selene ya le había dicho por activa y por pasiva que no le interesaba. Supuso que la frase quien la sigue la consigue la creería a pies juntillas, pero en su caso, aunque la siguiera toda una eternidad recibiría la misma respuesta. Pero no solo era persistente en su afán por conquistarla sino que encima era extremadamente rápido con su pedido.

—Creo que has pedido un gin tonic.

—Gracias —le contestó sorprendida, no se había dado cuenta que ya había dejado de tontear con Claudia y se había puesto a trabajar un poco. En realidad, como esa noche trabajaba de camarero, no debería estar tan acaramelado con su amiga.

—¡Selene! —esa era su amiga Claudia de nuevo sentándose con ella en el blanco sofá. Claudia no tenía suficiente con todos los magreos de la noche que encima se dedicaba a perseguirlo por todo el local. Ella le sonrió falsamente—.Itzel me estuvo contando que el otro día os encontrasteis —¿Y a ti que te importa? Pensó, empezaba a odiar a su amiga y eso la asustaba. Se estaba volviendo una auténtica loca celosa y reprimida. Esos pensamientos la avergonzaron, ella normalmente no era así y menos con Claudia, debería ser una buena persona, su amiga no tenía la culpa de nada.

—Discúlpame Claudia, creo que voy a ir a bailar un rato —los dejó sin decir nada más y se fue a la pista de baile más alejada donde no pudiera verlos.

Selene supo que su noche se había terminado cuando Rebeca y Marta se fueron con sus respectivos ligues, y a su lado, Sam no dejaba de morrearse con Héctor. Perfecto, pensó terminándose su copa. Iría a buscar su bolso al guardarropa y llamaría un taxi, ella allí ya no pintaba absolutamente nada.

—Me voy —avisó a su amiga Sam. Se despidió de ella con un beso y fue directa a la salida. Por fortuna no se encontró con Claudia ni Itzel, podría imaginarse perfectamente lo que estarían haciendo a esas alturas de la noche. Mientras bajaba las escaleras recordó una pregunta, ¿quieres ir a un sitio más privado? Conocía perfectamente la respuesta de su amiga Claudia, y aun más enfadada, se metió dentro del taxi. En ese momento su móvil emitió un pitido.

[¿Dónde estás? Itzel] Un mensaje de Itzel. ¿Ahora se acordaba de ella?

[En un taxi de camino a casa. Selene]

[No te has despedido. Itzel] Qué importaba si se despedía o no, claramente había estado muy ocupado con Claudia toda la noche. Se atrevió a escribirle:

[Creía que estabas ocupado. Selene.]

[¿Estás celosa? Itzel]

[Me refería a tu trabajo, buenas noches. Selene]

[No me has contestado. Que descanses. Itzel] Jamás le contestaría, no permitiría que le afectase tanto ni volvería a entrar en su estúpido juego de tres.

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Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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