En el lugar menos esperado: capítulo 2 – Una noche para desconectar

¡Buenos días lectores! ¿Estáis teniendo una agradable semana? Si no es así, no os preocupéis, todo en la vida siempre mejora porque como algunos dicen, el tiempo todo lo cura. Y de momento, ¿qué os parece seguir con un nuevo capítulo de En el lugar menos esperado? ¡Vamos a ello!


EN EL LUGAR MENOS ESPERADO

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Capítulo- 2: Una noche para desconectar.

Selene por fin había terminado sus exámenes y a partir de ahora le tocaría salir a celebrarlo. Esa noche se había enfundado en el vestido más provocativo que tenía: un hermoso vestido corto verde jade. Había recogido su melena rubia en un gracioso moño lateral algo flojo y se había subido a unos tacones de infarto dorados. Se sentía espléndida, seguramente lo estaba por la cara que había puesto su hermana al verla. Llevaba tantas semanas en total clausura estudiando que ya ni recordaba qué significaba el término diversión.

Llegó a la hora exacta al restaurante japonés donde había quedado con sus amigas. Éstas, imaginó que se sentirían exactamente igual por el esmero que habían puesto en luchar preciosas. Todas lucían tan espectaculares, que la noche prometía resultar perfecta. Después de comerse todo el sushi que habían podido, pasaron por un pub a tomar unas copas para animarse un poco. En realidad no lo necesitaban en absoluto, tan sólo era una excusa para beber un poco más. Selene, ya se encontraba bastante animada con el vino del restaurante así que la copa extra del pub le resultó excesiva. Después de terminarse sus bebidas, llamaron un taxi dispuestas a dirigirse a su siguiente destino. Su amiga Sam les había hablado de una discoteca que últimamente estaba muy de moda.

—Ya veréis, os encantará, es el local más cool de la ciudad —les decía su amiga emocionada—.Conozco al relaciones públicas que nos dejará entrar en la sala vip —todas aplaudieron a Sam, sala vip sonaba muy apetecible.

Todas bajaron con dificultades del taxi, y Selene necesitó unos segundos extras para orientarse, la larga lista de copas y vino, empezaban a afectarla seriamente. Las cinco amigas fueron entrando una por una al local mientras el portero les sujetaba la puerta. Ella apenas se fijó en el sitio, centrada en mantenerse erguida en sus tacones de diez centímetros que se le resistían.

Nada más entrar la música martilleó sus oídos, esta vez no le molestó en absoluto, esa era la diferencia en encontrarse un poco bebida y salir de fiesta, cualquier sonido resultaba divertido. Sam las llevó a través del local llenísimo de gente, estaba claro que era un sitio de moda, uno solo debería fijarse en la multitud de gente que había allí dentro para saber que era popular. Su amiga las guió hasta unas escaleras y Selene puso los ojos en blanco, ahora debería hacer acrobacias si pretendía subirlas. Se agarró a la barandilla como si se le fuera la vida en ello, y empezó a subirlas como pudo. Cuando todas llegaron arriba se felicitaron y se gratificó al darse cuenta que no era la única con serios problemas de equilibrio.

Desde allí arriba las cinco observaron la multitud de gente bailando al ritmo de la palpitante música y a Selene le pareció una marea de agua en movimiento, todos al ritmo de esa música frenética. Mientras observaba esa masa viva encontró algo familiar en el sitio, se giró bruscamente y fijó su vista en el hombre de seguridad. Maldita sea, se lamentó, se encontraba en la misma discoteca de nuevo. Sam tiró de ella antes que pudiera irse.

—Vamos a la sala vip —su amiga saludó al hombretón de seguridad y Selene bajó la vista deseando que ese hombre tuviera muy mala memorias. Todas se dirigieron a la barra casi a la carrera como si estuvieran sedientas y ella rezó para que el camarero guapo no se encontrase esa noche allí. Sus amigas a veces podrían ser muy suspicaces y entrometidas, especialmente estando algo borrachas. Sabía que si se daban cuenta del más leve tartamudeo en ella empezarían a avergonzarla. En el fondo era buenas amigas, pero todas estaban tan empeñadas en su función de celestina que a veces no se daban cuenta que había gente que no buscaba lo mismo.

Una chica joven, vestida con un ajustado vestido negro provocativo las atendió y Selene respiró aliviada. Tomó su mojito recién preparado y se fue con el resto a bailar en ese reservado. A partir de entonces la noche transcurrió estupendamente, había analizado la barra y se encontraba libre de todo camarero guapo y sexy. Estar en un reservado ofrecía sus buenas ventajas, en primer lugar podrían bailar sin agobios de gente, rodeadas por cómodos sofás disponibles y un servicio de camareros excelente. Todas bailaban sin parar, tarareando las canciones y haciendo algunas payasadas graciosas, aquello resultaba próximo al paraíso. Pero como paraíso terrenal que era, había cosas que no podían evitar.

—Necesito ir al baño —les dijo Selene a sus amigas. Después de buscarlo desesperadamente, logró encontrarlo al final del reservado, casi escondido, una disimulada puerta oscura de madera. Ya podrían iluminarlo algo mejor, pensó molesta. Si uno se pasaba la noche bebiendo, la consecuencia lógica sería la de ir allí . Se metió rápidamente en él y encontró otra ventaja, nada de colas en el baño para mujeres como si se tratase de un auténtico milagro.

Al salir del baño Selene se refrescó un poco y retocó el leve maquillaje que llevaba, aún después de toda la noche lucía perfecto. Abandonó el baño dispuesta a que siguiera la fiesta cuando se cruzó con un atractivo camarero. Ella se quedó sorprendida, había creído que esa noche no trabajaba. Cargaba una caja repleta de botellas así que tan sólo la saludó con un leve movimiento de cabeza, ella le sonrió avergonzada de nuevo, ¿por qué algo tan tonto la avergonzaba? Siguió andando a toda prisa hacia sus amigas y no quiso ni imaginarse lo que podrían decirle sus cotillas amigas si veían a ese bombón por la sala. Después de una larguísima noche bailando, Selene se encontraba junto a Sam sentadas en los sofás. Había pasado en una noche del amor más incondicional a esos tacones dorados al odio más visceral, si los llevaba un minuto más juraba que mataría a alguien.

En ese momento esperaban a unos compañeros del campus, en realidad Sam esperaba a Héctor impacientemente pues se había pasado la mayor parte del curso colgada de él. Desde que lo había conocido en una fiesta universitaria, y por las pequeñas señales que todos observaban, parecía que él le correspondía. Los chicos tardaron pocos minutos en aparecer por el reservado y al instante sus amigas los detectaron y se agruparon en búsqueda de nuevas posibles parejas. Todos volvieron a la pista para bailar con los ánimos mucho más renovados, excepto Selene, que decidió quedarse en ese sofá. Se sentía demasiado cansada y ya no lograba dar ni un paso más con esos malditos zapatos.

—¿Quieres algo más? —la sorprendió de nuevo el guapo camarero, ¿de dónde demonios había salido, así de repente? Parecía que lo hacía a propósito, cuando por fin se sentía segura volvía a ponerla nerviosa.

—Una cama por favor  —le contestó bostezando. Él le sonrió y se inquietó de cómo lograba resultar siempre tan deslumbrante.

—Lo siento, se nos han terminado —le dijo mientras recogía las copas vacías de la mesita. En ese momento llegó Víctor, uno de los amigos de Héctor, un tipo demasiado pesado.

—Selene ven a bailar —le dijo con un tono de exigencia que la disgustó.

—Estoy cansada —contestó educadamente.

—Vamos —le dijo agarrándola por el brazo.

—No puedo más —lo cortó ella pero él pareció no escucharla y tiró más de Selene. Ese tipo la estaba cabreando y antes que pudiera mandarlo a un sitio poco elegante, el camarero empujó a Víctor.

—Te ha dicho que está cansada —le dijo fulminándolo con la mirada.

—¿Y tú quién eres? —preguntó en tono indignado.

—Soy un amigo —contestó el camarero sin titubear para justificarse. Amigo pensó Selene, si ni conocía su nombre pero Víctor pareció aceptar su derrota y se esfumó con el orgullo herido junto al resto.

—Gracias —le susurró ella—.¿Cómo te llamas? —le preguntó sin poder evitarlo, normalmente no se hubiera atrevido a ser tan descarada pero después de una noche de copas y tremendamente cansada, se sentía mucho más desinhibida.

—Itzel —contestó él para su sorpresa.

—Bonito nombre —le pareció un nombre perfecto para él, uno bastante raro—.Yo me llamo…

—Selene, lo sé, es un nombre precioso —ella adoraba su nombre y aunque era mérito exclusivo de su madre, sintió como si se lo llamase a ella—.¿Quieres una coca cola? —¿Recordaría eso de la otra vez?

—Claro —hacía sólo unos minutos que acababa de conocer sólo su nombre y Selene ya se sentía tremendamente curiosa por Itzel. Necesitaba conocerlo más, de hecho ya se estaba preguntando mil cosas acerca de él. El objeto de sus pensamientos tardó unos minutos para aparecer de nuevo ante ella, con su refresco perfectamente preparado.

—Deberías irte si estás cansada.

—Tienes razón, cuando me termine esto llamaré a un taxi —él siguió ocupado recogiendo las copas de la sala y atendiendo clientes. Selene lo observó, era encantador con todos, seguramente ella sería otra clienta más, por eso no debería ilusionarse por nada. Esa noche iba vestido con unos tejanos azules algo más ajustados y una camiseta blanca con un chaleco negro abierto. Como siempre pensó, completamente a la moda y atractivo.

Selene se terminó su refresco y decidió rendirse. Se colocó sus zapatos dorados y se despidió de sus amigos. Llamaría un taxi a la salida para que la llevara a casa, esa había sido una noche demasiado larga para ella. Pero antes de llegar a su cómoda cama debería pasar su último desafío y recordó esos malditos escalones. Se agarró otra vez con fuerza a esa barandilla cuando notó que una mano la agarraba por la muñeca. Casi logra caerse por esas escaleras, suerte que seguía firmemente agarrada con ambas manos. Quien fuera que había tirado de ella la empujó con todo su cuerpo contra esa barandilla y le agarró la nuca con una mano, ella no pudo ver nada por la sorpresa, tan sólo reconoció un olor, Itzel pensó.

Él la besó antes que pudiera decirle nada, un beso explosivo como él, tan descarado y desenfadado, como se imaginaba que sería todo en ese hombre. Sus labios eran dulces y picantes, unos labios expertos en besar. Entonces se preguntó con cuántas se habría besado allí mismo y con cuántas lo habría hecho incluso esa misma noche. Él siguió devorándola acariciándola con su juguetona lengua y ella a esas alturas ya se sentía completamente encendida, estaba claro que sabía lo que hacia y encima lo hacía excepcionalmente bien. Se dejó besar todo lo que quiso hasta que al final él se apartó y le sonrió de forma atractiva con esos ojos tan negros como la noche.

—¿Quieres que vayamos a un sitio más privado? —le preguntó de una forma demasiado natural. No podría insinuarle que se acostaran juntos con tanta normalidad, al menos debería fingir un poco. En ese momento Selene se enfadó consigo misma, ese chico se dedicaba a eso, a acostarse con mujeres que apenas conocía. Ella no era de esas, tampoco pedía amor eterno para acostarse con alguien pero necesitaba algo más. A través de los ojos de Itzel se sintió como pura mercancía con una sensación demasiado desagradable y enfermiza. No podría hacerlo con él cuando se pasaría la noche pensando qué posición ocuparía en su lista de amantes. Ella lo empujó desde las escaleras y él pareció asombrarse, eso terminó de cabrearla, ese tío no estaba acostumbrado al rechazo.

—¡Vete a la mierda! —le contestó con rabia. Él empezó a llamarla pero Selene ya salía casi a la carrera del local. Ya no le importaban sus zapatos, ni el fuerte dolor agudo de sus pies, ese tío era un mujeriego que sólo esperaba acostarse con ella. ¿A caso había esperado otra cosa?

Por la mañana Selene se encontraba fatal: tenía un fuerte dolor de cabeza, sentía la boca seca y una sed inmensa. Por otro lado, sentía sus piernas doloridas y por supuesto, mejor ni mencionar sus pies. Pero nada de eso eclipsaba la más pura indignación que sentía, había sido una ilusa por esperar algo más de Itzel. Le daba rabia la forma en que ese chico había estropeado un momento tan mágico como ese beso y encima, la enfadó más que él pensase que estaría dispuesta a todo. Ella sabía que si uno jugaba con fuego terminaría quemándose, así que no entendía por qué se había seguido empeñando tanto en creer lo contrario.

Mientras desayunaba se dijo a sí misma que lo olvidaría, tampoco importaba mucho que hubiese sido uno de los mejores besos en toda su vida. Aún era muy joven, conocería a otro mejor, tampoco sería el primero ni el último se dijo, tan solo un fugaz episodio en toda su larga vida. Con ese pensamiento se metió de nuevo en su cama, la suerte de salir los sábados era que uno tenía todo el domingo para dormir.

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Acerca de: Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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