El jefe diabólico: capítulo 2 – Mi nuevo infierno

¡Os deseo un feliz domingo! Después de algunas semanas sin atreverme a escribirla, aquí está la segunda parte de El jefe diabólico. También he modificado un poco la primera parte y creo que empieza a tomar el tono que realmente me apetecía escribir. Es una serie muy nueva y “distinta” a lo que normalmente escribo, pero me apetecía experimentar un poco y ver hasta dónde soy capaz de llegar. Gracias por permitírmelo y pasad un grandioso día.


EL JEFE DIABÓLICO

ÍNDICE


Capítulo- 2: Mi nuevo infierno.

Creo que llega tarde, me lamento en la recepción de la multinacional que a partir de ahora sería mi lugar de trabajo.

—¿Señorita Domínguez? —¡aleluya! un minuto más y no sabía si mis nervios lo aguantarían.

—Buenos días, señor Bermejo —y por sus pintas, parece que el jefe de recursos humanos ha pasado una noche horrible.

Su traje está desaliñado y lleva la camisa sin meter por debajo los pantalones. Yo en cambio esa mañana me veo bastante impresionante o al menos, eso es lo que he intentado al levantarme con esas dos horas de antelación.

—Siento el retraso, me quedé dormido —no hace falta que me lo jures, pero evito hacer un comentario tan poco acertado en mi primer día laboral.

Y así, tarde y con un guía mal vestido, empieza a explicarme cómo funciona la empresa. Primero me muestra todo el departamento, me habla de los problemas concretos a los que necesitan hacer frente y las acciones jurídica que se han iniciado contra ellos. Después, termina por enseñarme mi despacho en el que un montón de documentos metidos en carpetas me esperan.

—Esto es todo. Si tiene alguna duda o necesita algún documento más no dude en ponerse en contacto conmigo.

Y el señor Bermejo me deja sola ante mi montaña de documentos. Yo sonrío al contemplar las impresionantes vistas de mi nuevo despacho, sin duda tampoco está nada mal este tipo de vida. Es un despacho bastante grande y sofisticado con unos muebles caros, pero como no puedo perder más tiempo saboreando mis logros, empiezo a abrir esas aterradoras carpetas para alcanzar mis mayores éxitos.

A media mañana alguien llama a mi despacho y yo deduzco que se trata del señor Bermejo para controlarme un poco.

—Buenos días, señorita Domínguez —y resoplo al darme cuenta que en realidad acaba de entrar el capullo de mi jefe por la puerta. Por supuesto, va con otro de sus infinitos trajes de marca y parece sacado de un maldito anuncio.

—Buenos días —lo saludo con una fingida sonrisa mientras contemplo el papeleo para mandarle una indirecta bien directa.

—¿Mucho trabajo?

—¿A usted qué le parece?

—¡Vaya! —y cierra la puerta como si no hubiera captado la directa—.Evade una pregunta con otra.

—Soy abogada, ¿sabe?

Touché.

—Y si quiere que lo saque del lío en el que se ha metido…

—Eso me satisfaría—me interrumpe como si no le interesase lo más mínimo “el lío” en que está metido—.¿Sabe qué otra cosa me complacería de usted?

—Sinceramente, no me importa —y él empieza a acercarse peligrosamente al escritorio.

—Es usted tan perspicaz que creo que nos entenderemos perfectamente —me dice deslizando su mano a través de mis papeles para acariciar mis dedos. Yo aparto mi mano rápidamente al comprender que Herranz es un hombre muy poderoso, incluso con sus simples yemas.

—Creo que es usted el que no me está entendiendo. Estoy aquí para sacarlo del marrón en el que se ha metido, así que si desea conservar su imperio, le aconsejo que me deje trabajar.

—Impresionante —contesta apartándose del escritorio como si fuera un cazador examinando a su presa—.No lleva más de unas horas en este despacho y me da consejos.

—¿Entonces qué demonios se cree que hace un abogado?

—No estoy muy seguro, pero sé perfectamente lo que me gustaría que me hiciera usted.

—¡Es asqueroso! —y él vuelve a reírse descaradamente mientras se acaricia su fina barba.

—Y ahora me insulta, menuda fierecilla que he contratado. Por cierto —y hace una prolongada pausa—.¿Sabe usted que huele muy bien? —me lo susurra en la oreja antes de besarme el cuello.

Yo en ese momento me quedo helada al notarlo tan cerca y me limito a taparme el cuello. El señor Herranza huele a dinero, a un perfume demasiado intenso y caro que soy incapaz de asimilar. Y aunque ya se ha separado de mí y se dirige hacia la puerta como si nada, su olor sigue tan impregnado en mi cuello que soy incapaz de olvidarlo.

El resto del día transcurre en la más absoluta soledad, incluso a la hora de comer opto por hacerlo en la cafetería de la multinacional mientras sigo clasificando los documentos. Si espero hacer una buena defensa de este caso, soy consciente que a partir de ahora mis horas de sueño se reducirán drásticamente y me quedaré prácticamente sin vacaciones.

A las ocho en punto de la noche decido apagar el portátil y llevarme los documentos a casa para poder seguir trabajando un poco más. Pero justo cuando estoy a punto de irme recibo un mensaje en el móvil de un número desconocido. No está firmado pero tampoco lo necesito, sé perfectamente quién es el autor:

Señorita Domínguez, la espero en recepción para cenar.

¡Que te lo tienes tu creído! Recojo mis documentos para irme a casa pasando de mi jefe, pero nada más abrirse la puerta del ascensor Herranz me está esperando con su impecable traje.

Me sonríe nada más verme y yo deseo darle un puñetazo al pensar que aunque es un idiota, está realmente bueno. Un idiota buenorro, y esa me parece sin duda la peor combinación para un jefe.

—¿Vamos? —me pregunta con absoluta prepotencia dando por hecho que lo acompañaré a cenar.

—No, gracias. Me voy a casa —lo despacho con insolencia, pero antes que pueda alcanzar la salida Herranz me atrapa entre las puertas giratorias.

—Sabes que deseas estar conmigo. Me pregunto hasta cuándo serás capaz de aguantar, Estela —esa es la primera vez que pronuncia mi nombre de esa forma tan bajita y me parece muy íntima —.Por cierto, llámame Noel si vamos a acostarnos juntos.

—¡Tú y yo no vamos! —pero él empieza a reírse como si fuera inevitable y yo una vil mentirosa. Entonces levanto mi mano para pegarle una bofetada por chulo pero él me la sujeta con fuerza.

—Tsh, Estela, Estela. ¿Nunca te han dicho que tienes que ser una niña buena?

Y en ese momento de cabreo máximo, Noel Herranz me deja en la puerta de la recepción hecha una furia mientras entra en su perfectísimo mercedes negro . ¡Idiota insoportable! Deseo gritarle, pero el mercedes ya se va calle abajo con su insolente dueño.

Soy más ambiciosa de lo que te imaginas, Noel. Ten por seguro que si he decidido meterme en la boca del lobo, no es para dejarme comer. Quizá lo que mi jefe diabólico desconoce y yo tendría que enseñarle, es que Estela Domínguez no se parece para nada a la Caperucita roja de los cuentos.

Próximamente nuevo capítulo. ¿Te apetece?


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Acerca de: Clover

Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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  1. R. Crespo 24/05/2015

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