El jefe diabólico: capítulo 1 – Pisando con fuerza

¡Feliz día lectores! Y os lo deseo con un título nuevo: El jefe diabólico que llega a el cuaderno para quedarse una buena temporada. Esta será una historia nueva y muy fresca en todos los aspectos porque será más divertida, fuera de tono y loca, con unos personajes más extremos y caóticos (confieso que ese punto loco engancha). A ver en qué se termina convirtiendo. Disfrutad leyendo, abrazos. ♣♣♣


EL JEFE DIABÓLICO

ÍNDICE


Capítulo- 1: Pisando con fuerza.

Tic-tac, tic-tac no deja de martillear insistentemente el reloj de la recepción. Yo me lo miro resignada y me pregunto por qué demonios un edificio tan moderno y sofisticado tiene ese reloj anticuado que no deja de sonar, tic-tac, tic-tac, repite burlándose.

—¿Señorita Domínguez? —escucho que me llama la secretaria.

—Sí.

—Acompáñeme, por favor, el señor Herranz la atenderá de inmediato —perfecto, y suspiro porque al final tendría mi bendita oportunidad. Llevaba cerca de un mes metida en torturadoras entrevistas de trabajo, test psicotécnicos y pruebas rocambolescas de lo más extrañas. Honestamente tampoco debería embalarme tanto y hacerme demasiados ilusiones cuando aun faltaba la última y peor prueba de todas: mi jefe.

—Espere un momento aquí —me advierte la secretaria que se parece más a una modelo de pasarela que a una administrativa—.Ya puede pasar.

Allá vamos, y entro en el despacho del señor Herranz con mis tacones de casi diez centímetros deseando aplastar mis nervios con ellos. Tranquilízate, me intento calmar sin éxito y rápidamente localizo a un hombre sentado en la gran silla del escritorio leyendo unos papeles como si no me hubiera escuchado entrar. Por fin lo conozco, después de todas esas semanas descubriría qué clase de hombre sería el que podría convertirse en mí jefe.

—Buenos días —lo saludo formalmente—.Soy la señorita Domínguez —pero él tarda algo más de lo debido en levantar su rostro.

—Hola, señorita Domínguez —me saluda en un tono demasiado informal.

En ese momento comprendo perfectamente porqué ese hombre con apenas treinta años ocupa un alto cargo en esa multinacional. Posee carácter y agallas, lo reconozco por la forma desafiante de mirarme y por cómo se muestra ante el mundo como si nada pudiera sorprenderle y lo poseyera todo bajo control.

Lo que más me llama la atención de su rostro son sus oscuros e intensos ojos que apenas logro diferenciar de sus pupilas. Su rostro también es tosco y agresivo, con una corta barba bien afeitada que acentúa aún más sus varoniles facciones. Por supuesto, va impecablemente vestido con un exquisito traje a medida azul y una intensa corbata púrpura la cual no deja de desprender una determinación admirable.

—Aquí tiene mi currículum —le digo extendiéndole una elegante pero discreta carpeta oscura. Él la toma en silencio y empieza a leerla.

—Licenciada en derecho con honores —murmura sin atisbo alguno de sorpresa—.Máster en derecho mercantil y fiscal —sigue leyendo para sí mismo—.Idiomas —y finalmente se mantiene en silencio mientras pasa las páginas de mi extenso currículum—.Interesante —me dice al final cerrándola—.Por favor, señorita Domínguez, ¿podría andar por el despacho? —me pide educadamente clavando sus oscuros ojos en los míos.

—¿Perdone?

—Andar, caminar, por el despacho —me aclara como si su solicitud fuera de lo más normal.

—Claro —le contesto sin comprenderlo del todo y entonces empiezo a andar por el despacho sin entender qué relación tendría aquello para contratarme como su abogada.

—Sabe acatar órdenes, me gusta —contesta levantándose de su silla y aflojándose un poco el nudo de su corbata púrpura. ¿Eso se suponía que era otra prueba? Y me alegro un poco por haberla superado—.¿Qué más sabe hacer, señorita Domínguez? —por su forma de preguntármelo detecto que se divertirse con mi nombre, como si se tratase de una especie de broma que no logro entender.

—Soy buena en derecho civil, mercantil, laboral y fiscal.

—Eso ya lo sé

¿Entonces? Me pregunto a mí misma. ¿Qué esperaba de mí? Pero una vocecita chillona de alarma se me dispara. ¡Reacciona Estela! Ahora no es el momento de fallar, no después de haber pasado una dura criba.

—Soy tenaz, señor. Nunca descanso para alcanzar mis objetivos. Si me contrata, le prometo ganar más casos de los que jamás hubiera esperado y también le prometo interesantes beneficios para su empresa —él se ríe con encanto, de hecho, es un hombre guapo con una sonrisa encantadora.

—Eres una descarada —me replica, pero aquello me parece más un cumplido que un defecto—.Muy bien, espéreme fuera por favor.

Otra vez esperar, ya llevaba tantas horas perdidas dentro de esa maldita empresa y lo más lamentable es que ni tan siquiera trabajaba en ella. Así que vuelvo a sentarme en la ya conocida silla de recepción y espero impaciente junto al resto de aspirantes. A esas alturas ya solo quedamos cuatro mujeres de edades parecidas y a juzgar por sus calificaciones, con similares aptitudes.

—¡Ya no lo aguanto más! —murmura la mujer rubia sentada a mi lado mientras teclea algo en su móvil.

—Deberían decirnos algo —se le une la mujer morena que lleva el cabello recogido. Y así lo deseaba yo también, no podía seguir ni un día más perdiendo el tiempo y mis esperanzas en un trabajo ficticio que semana tras semana no me ayudaba a pagar mis facturas.

—Shh…creo que vienen —nos advierte la rubia y su afirmación resulta acertada al aparecer el jefe de recursos humanos junto al señor Herranz.

—Señoritas —nos saluda el jefe de recursos humanos—.Ya tenemos una decisión. Como bien saben, ha sido una decisión complicada pues todas ustedes poseen grandes aptitudes y calificaciones de sobra, pero solo hay un puesto libre así que hemos decidido que sea la señorita Domínguez la nueva abogada del departamento —yo en ese momento entro en estado de shock. En realidad, empiezo a dudar de mi propio apellido y me pregunto si acaso alguna de esas otras mujeres se llama también Domínguez—.Felicidades, nos vemos mañana por la mañana a las ocho en recepción—y es en ese momento que entiendo que el puesto es mío.

—Muchas gracias —le contesto sin salir de mi asombro.

—Espero que cumpla todo lo que me ha prometido, señorita Domínguez —me advierte mi nuevo jefe antes de irse y yo me limito a sonreírle educadamente.

Al llegar al ascensor sigo sin poder creérmelo, al final el puesto es mío. ¡Mío! Entonces entro en el ascensor y me observo en el espejo mientras me sonrío a mí misma. ¡Bien hecho Estela, así se hace! Hasta que me doy cuenta que me he olvidado la americana en la silla de la recepción, y también eres una maldita despistada.

Aprieto el botón del ascensor de nuevo y nada más salir localizo mi americana justo donde la había dejado. Pero entonces, un par de voces masculinas llaman mi atención aunque no soy capaz de ver sus rostros.

—¿Cómo? —pregunta una de ellas.

—El currículum es lo de menos, todas las que me trajiste eran listas —y esa voz es inconfundiblemente la de mi jefe. Por su tono, me parece una conversación completamente informal y del tipo que una nueva empleada no debería escuchar.

—¿Y entonces? —se hace un silencio—¿Qué? —le pregunta insistentemente el otro hombre.

—Por sus pechos.

—¡No puedo creérmelo, Noel! –estalla entre risas.

—La señorita Domínguez tiene unas tetas espectaculares —le aclara mi nuevo jefe riéndose a carcajadas.

Será idiota, pienso tan cabreada que cojo la americana con rabia para ir a clavarle mis tacones de diez centímetros en su culo. Obviamente tengo unos pechos grandes, uno debería estar ciego para no darse cuenta, pero usarlos como criterio para contratarme. ¡Resulta humillante y asqueroso! A partir de ahora yo era su abogada, se suponía que debería ser algo más que un par de tetas para el disfrute de mi jefe.

El maldito problema estaba en que el puesto que acababa de ganarme era lo que había estado buscando en años. El departamento  de esa multinacional estaba pasando por serios aprietos jurídicos y sabía, que si lograba sacar adelante sus casos, me ganaría un lugar destacable. Por eso había luchado tan duro para entrar en esa empresa, porque ese sería mi trampolín para alcanzar el éxito mediante una jugada maestra.

Al menos ahora sabía qué clase de capullo era mi jefe, del estilo más despreciable y estúpido para ser concretos. Me había contratado por mis grandes pechos, ¿y qué? Yo le demostraría que debajo de esas dos grandes tetas se escondía algo más, y también le enseñaría de paso, cuál era el sitio perfecto para un pervertido estúpido.

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Acerca de: Clover

¡Bienvenida a mi mundo plagado de soñadoras! Llámame CLOVER, soy la autora de este cuaderno, una ovejita más del rebaño, #cloveradicta, escribo historias románticas sin parar, atípica por convicción y amante de la libertad por fanatismo. ¿Te unes al rebaño de las que soñamos despiertas? (¡Desde este lado el mundo es un poquito más bonito!).

4 thoughts on “El jefe diabólico: capítulo 1 – Pisando con fuerza”

  1. R. Crespo dice:

    Esta fue la primera que llamó mi atención, pero hasta ahora no empecé a leerla. Y debo decir que me ha encantado este primer capítulo, me ha hecho sonreír en más de una ocasión.
    Desde ya creo que me tendrás muy seguido por aquí jeje. Me encanta cómo escribes ♥

  2. Clover dice:

    ¡Muchas gracias! Será un verdadero placer tener por aquí, me encantan tus comentarios y tus opiniones 😉

  3. R. Crespo dice:

    Me halaga que pienses eso sobre mis comentarios jeje. Me suelo dejar llevar por lo que leo, y si me gusta… ¡Malo! Aunque no malo de malo, sino que me explayo muchísimo más de lo que espero xD

  4. Clover dice:

    ¡Eso es genial! Yo tb soy muy emocional y demasiado irracional con lo que me gusta (no tengo filtro) ¿Y sabes qué? Creo que eso es lo mejor de todo pq lo disfrutamos al máximo. ¡Aquí no hay filtros ni medidas! Ueeee (eso es un intento frustrado de grito de guerra >_<)

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