Desconocidos: capítulo 9 – Descuidos del destino

¡Buenos días cloveradictos! Si la semana os está resultando aburrida, ajetreada, estresante o agobiante, ¿qué os parece tomaros un pequeño respiro con este capítulo?

Eso de meterse en problemas ajenos, literariamente hablando, siempre ayuda a desconectar un poco de la rutina diaria y la verdad, es que en problemas y quebraderos de cabeza, nuestras protagonistas están bien servidas. Si no me creéis, echadle un vistazo al capítulo, ¡si es que las pobres no tienen ya suficiente con lo suyo que encima van y lo empeoran! Muchos abrazos amorosos para [email protected], nos leemos el domingo con Los lazos del destino, no os olvidéis, ¿vale?


DESCONOCIDOS

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Capítulo- 9: Descuidos del destino.

Sofía nada más salir de sus clases de interpretación revisó su móvil y se decepcionó un poco al no encontrarse con ningún mensaje de Álex. Como últimamente no habían dejado de hablar y quedar, Sofía había esperado poder salir a dar una vuelta con él en su moto de nuevo.

En estos últimos días, ir de un lado para otro junto a Álex, se había convertido en una especie de terapia para ella. Aún podía recordar la primera vez en que él la había levantado del suelo, le había puesto el casco sin decirle nada más y se la había llevado de paseo por la ciudad. Después de toda esa noche de un lado para otro, sin cruzar palabra con nadie y solo abrazada a él, Sofía se había terminado sintiendo muchísimo mejor, y todo eso solo por un paseo nocturno.

Por eso, le envió un mensaje nada más salir de sus clases, para comprobar qué hacia Álex y ver si podían quedar más tarde. Porque con él le estaba ocurriendo algo verdaderamente anómalo, parecía un chico que la entendía demasiado y aunque era una sensación que la asustaba, también la hacía sentir querida. Sofía no podía ignorar la sensación de comodidad que experimentaba al lado de Álex y la facilidad con la que se habían relacionado nada más conocerse.

De camino a casa de Adriana, con la que había quedado para planear el fin de semana, se encontró con Noel saliendo del coche de Sergio.

—Hola —se saludaron.

—¿Vas a ver a mi prima?

—Sí, hemos quedado. ¿Tú también?

—No, yo voy a ver a mi tía.

—A Adri no le hará ninguna gracia —le contestó ella, porque Sofía ya se imaginaba el motivo de su visita. Era sabido por sus amigos, que la madre de Ariadna estaba pasando por bastantes apuros económicos, así que Noel seguramente esperaba resultarle de ayuda. El problema era que su madre era idéntica a su hija, muy terca e inflexible y parecía ser incapaz de aceptar la ayuda de nadie aunque realmente la necesitara.

—Lo sé, pero mi tía necesita escucharme. ¿Nos vemos este sábado en el Dandi?

—¿No te lo ha dicho tu prima? Este fin de semana nos vamos a una casa rural.

—No sabía nada, ¿dónde os vais?

—A las afueras, a un pueblo que está a un par de horas de aquí pero que nos sale bastante económico. Ya sabes, un poco de naturaleza y aire limpio para desconectar un poco.

—Eso suena genial, creo que a mí también me vendría bien un poco de eso.

—Pues si quieres apuntarte —le dijo Sofía sin pensárselo, y después se calló quedándose muda. ¿¡Qué demonios acababa de hacer!?

—¿Qué te parece, Sergio? —le preguntó Noel abriendo la puerta de su coche. ¡No, no, no! quiso gritar Sofía, y después de unos minutos de conversación, Sergio arrancó su coche y Noel volvió a dirigirse a Sofía—.Entonces nosotros también nos apuntamos —y ella se lo miró con el rostro pálido. ¡Sus amigas la matarían! Habían decidido hacer esa salida improvisada precisamente para apartarse de ellos, así que su plan sería un tremendo fracaso si ellos también las acompañaban. Y en ese momento en que Sofía deseaba esfumarse de la faz de la tierra y tener el poder de retroceder el tiempo, apareció Adriana por el portal.

—¿Noel?

—Adri, no cierres, quiero hablar con tu madre —pero ella se quedó en la puerta para que no lo hiciera.

—No —le contestó con los brazos cruzados.

—Prima, necesito hablar con ella.

—Por favor —le suplicó Adriana—.No me lo pongas más difícil, si ella…

—Tranquila, solo conversaremos amistosamente. Quiero que sepa que realmente estoy dispuesto a ayudaros, sois mi familia —y Adriana se lo miró poco convencida aunque finalmente decidió dejarlo entrar.

Ojalá su primo pudiera ayudar realmente a su madre, aunque dudaba que de esa conversación que estaba a punto de iniciarse pudiera salir algo bueno.

—No te agobies —le dijo Sofía—.Solo quiere ayudaros.

—Mi madre no…

—¿Qué?

—Nada, da igual. ¡Menuda mierda de día! —se lamentó.

—Entonces agárrate porque vienen curvas. Creo que vas a matarme.

—¿Qué ocurre?

—Quizá se me ha escapado algo delante de tu primo.

—¿El qué? —le preguntó Adriana con cara de “no puede ser lo que me imagino”.

—El fin de semana en la casa rural.

—¿Y qué ha dicho?

—“Han dicho”, Sergio lo ha traído en coche. Que ellos también se apuntan.

—¡Mierda! Supongo que les habrás soltado una excusa.

—Me he quedado en blanco —contestó Sofía martirizada—.¡No he sabido solucionarlo después de fastidiarla!

—Esto en lugar de un fin de semana relajante será un infierno.

—No exageres, con Noel nos lo pasaremos bien.

—¿Y con Sergio?

—Bueno, en un grupo siempre tiene que estar el borde.

—¡Esto no te lo crees ni tú! De verdad que no lo entiendo, ¿por qué él quieres acompañarnos de fin de semana?

—Tampoco parece que tenga nada mejor que hacer ni que tenga muchos amigos.

—No los tiene porque es un prepotente, si se esforzara un poco en ser algo más simpático.

—Quizá lo está haciendo —y Adriana no se creyó ni por un momento ese cambio tan brusco que había experimentado Sergio en los últimos días. Ese hombre tramaba algo, algo verdaderamente espeluznante.

En la mesa de un bar del centro comercial, Sofía y Adriana se encontraban tomando un par de granizados mientras esperaban a Paula. Su amiga, se había entretenido en la biblioteca, así que a ellas dos no les había quedado más remedio que hacer un poco de tiempo.

—No sé cómo se lo va a tomar Paula cuando se entere que vendrá él —le decía Sofía sorbiendo su granizado de limón.

—Bueno, tendrás que contárselo tú.

—¡Adriana!

—No, nada de Adriana, si hubieras mantenido la bocaza bien cerrada podríamos haber disfrutado de un fin de semana en el campo las tres solitas.

—¡Fue sin querer!

—Encima Sergio nos acompañará. ¡Qué demonios hemos hecho para merecer esto!

—Tranquila, seguro que a Paula no le molesta del todo, ahora está estupendamente con Raúl.

—Demasiado bien, me parece. ¿Habías escuchado alguna vez que lo hubiera mencionado?

—Yo nunca la escucho cuando habla de la universidad.

—Perdona que te lo diga Sofía, pero eres una amiga horrible.

—Lo sé, lo que no entiendo es porque me seguís aguantando.

—Será porque somos masoquistas, de la misma forma que decidimos irnos de fin de semana para olvidarnos de los tíos y terminamos invitándolos.

—Ja, ja, muy gracioso —le reprochó Sofía, pero rápidamente su rostro cambió al ver quién acababa de llegar.

—¡Hola! Siento el retraso —se disculpó Paula.

—No pasa nada —le contestó Sofía que estaba a punto de soltarle su metedura de pata.

—¿Qué te ocurre? —le preguntó Paula sin preámbulos dejando su carpeta junto a sus libros.

—Nada —le contestó Sofía—.¿Por qué me lo preguntas?

—Porque te conozco, qué pasa.

—Quizá la he liado un poco.

—¿Un poco? —preguntó Adriana sarcásticamente.

—¡Eso, tú ayúdame! Me he encontrado con Noel y Sergio enfrente de la casa de Adri y sin querer se me ha escapado lo del fin de semana.

—¿Y? —le preguntó Paula.

—Que a lo mejor, sin querer, también he terminado invitándolos.

—¡Me estás tomando el pelo!

—¡Ojalá! —exclamó Adriana—.Los ha invitado a los dos, madre mía.

—Calma chicas —intentó serenarlas Sofía—.Tampoco es el fin del mundo.

—¿Eres consciente que iba a ser un fin de semana solo de chicas? —le preguntó Paula.

—Lo sé, pero cuando quise volver hacia atrás ya los había invitado y ambos parecían tan encantados.

—Bueno, supongo que el fin de semana solo para chicas tendrá que esperar —le contestó Paula algo decepcionada.

—Sí, y prometo no estropearlo la próxima vez.

—Entonces si vamos a ir con mi primo y Sergio, creo que deberías invitar a Álex, al menos con él será algo más agradable.

—¡Sí, es una idea fantástica! —afirmó Paula.

—Está bien —aceptó Sofía, porque la verdad es que en el fondo le apetecía bastante invitarlo y estar con él un par de días enteros sonaba muy interesante—.Hablando del rey de Roma, me acaba de mandar un mensaje, me está esperando en la entrada.

—Pues no lo hagas esperar más —le dijo Paula con una sonrisa para que se marchara.

Sofía salió del centro comercial y se encontró con su motorista esperándola, y aunque Álex aún llevaba el casco puesto y las protecciones, reconoció al segundo su silueta.

—Hola —lo saludó ella recogiendo el casco que él le estaba sujetando.

—¿Estabas ansiosa por verme? —le preguntó levantándose la visera.

—¿Yo? Alucinas —le soltó Sofía—.¿Haces algo este fin de semana?

—Nada en particular, ¿por?

—Porque la he fastidiado bastante con mis amigas y nos vendría bien un poco de ayuda —le dijo antes de empezar a explicarle la que había armado en apenas unos minutos.

Con Álex en la casa rural se equilibraría un poquito más la balanza, él era un chico y podría entretener a Noel y Sergio para que éstos no molestaran demasiado a sus dos amigas. Pero Sofía tenía poco tiempo, ya era viernes por la tarde y a la mañana siguiente todos partirían para pasar un par de días encerrados en una idílica casa. Necesitaba idear una estrategia junto a Álex lo antes posible para contener un poco los daños de todo ese caos que había desencadenado sin pretenderlo.

Adriana se levantó esa mañana tempranísimo, se arregló, cerró su pequeña maleta y nada más recibir la llamada de su primo bajó al portal. Pero al salir, no se encontró con Noel, Sofía o Paula, sino con Sergio que la estaba esperando con el maletero de su deportivo abierto.

—¿Te ayudo? —le preguntó él vestido de manera sport con una camiseta gris y unos pantalones negros.

—No, gracias, puedo con ella —y fruto de su rabia y frustración levantó su maleta como si no pesara nada y la metió en ese maletero con mala leche.

—Ten un poco de tacto —le susurró Sergio, y ella le sonrió con rabia y cerró el maletero aún con más fuerza.

—¿Así está bien? —le preguntó Adriana con un tono de fingida inocencia.

—Así está perfecto —le contestó él claramente molesto.

Adriana no iba a ponerle las cosas fáciles a Sergio, ¡iba listo si lo esperaba! Le demostraría que ella también podía ser irritante con los maleducados, pero su fingida sonrisa y su super-ego solo le duraron un suspiro porque nada más abrir la puerta del deportivo se dio cuenta que allí dentro no había nadie.

—¿Dónde están los demás? —le preguntó alarmada.

—En el coche de tu primo —y solo de mencionar a Noel a ella le entraron unas ganas enfermizas de estrangularlo. Adriana se quedó en la puerta incapaz de meterse allí dentro. ¿Realmente estarían ellos dos solos durante todo el trayecto? —.No me digas que te asusto.

—¿Tú, asustarme? —le preguntó ella con chulería sentándose en el coche.

—Creo que te asusto —le contestó Sergio metiéndose en el deportivo, pero Adriana se limitó a ponerse las gafas de sol.

—A partir de ahora te agradecería que te mantuvieras callado—y Sergio apartó las manos del volante y se giró hacia ella.

—¿Tú me ordenas que me calle? —y mientras se lo preguntaba, Sergio se acercó mucho a Adriana. Ella empezó a ponerse nerviosa al notar su intenso aroma tan cerca de su rostro e intentó apartar la vista de ese hombre que aunque no quisiera admitirlo, la estaba poniendo histérica. Desde esa poca distancia notaba su aliento bañándole el rostro y sabía que si volteaba sus ojos solo una fracción de segundo, se encontraría con los labios de Sergio a pocos milímetros de los suyos. ¿¡Labios!? ¿Por qué pensaba en eso? ¡NO! Entonces Adriana intentó fijar su vista en el portal de su casa y alejar esos pensamientos incoherentes—.Ves, te asusto —le susurró él muy cerca de su oreja mientras cogía el cinturón de seguridad de Adriana y se lo ataba. Y así, sin decirse nada más y con el corazón de Adriana enloquecido por él, Sergio arrancó su deportivo negro y ambos salieron en dirección hacia esa casa rural en la que Adriana sabía que si bien podrían encontrar muchísimas cosas en ella, no podrían encontrar ni tranquilidad ni relax.

En el próximo capítulo…

¡Nuestros protagonistas se van a una casa rural! ¿Será un apacible y relajante fin de semana o estará lleno de conflictos? Te esperan el próximo miércoles. ¡Gracias!

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Acerca de: Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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