Desconocidos: capítulo 8 – Polos opuestos

¡Bienvenidos al cuaderno! Últimamente el blog no deja de crecer y crecer con tantos capítulos, y eso es algo que me chifla y me hace sentir muy orgullosa (crucemos los dedos para que siga así).

Y dado que hay que seguir con esta estela tan bonita, aquí va un nuevo pedacito de los Desconocidos para todos los cloveradictos. Os lo publico con muchísimo ¡AMOR! (en mayúsculas) así que con eso os lo digo todo jajaja.

Sed muy, muy buenos (aunque sé que todos los que me visitáis sois gente maravillosa) y recordad sonreír más a menudo, porque con una sonrisa, la vida sabe mejor.


DESCONOCIDOS

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Capítulo- 8: Polos opuestos.

Noel no podía dejar de espiar a Paula mientras ella se besaba con un tío que no recordaba haber visto nunca en su vida. El comportamiento de Paula era tan sospechoso y esa actitud era tan impropia de ella que no pudo evitar preguntarse qué estaría ocurriendo.

Por eso, porque estaba realmente preocupado por su amiga, se esperó escondido en la esquina de la barra y esperó pacientemente hasta que ese chico sin nombre se alejó para ir al baño. En ese momento Noel aprovechó para ir a buscarla y aclarar esa situación tan anómala.

—Vámonos —le dijo él agarrándola por el brazo.

—¿Eh? —y Paula no tuvo tiempo ni de reaccionar porque Noel ya se la estaba llevando de allí—.¿Qué haces? —le preguntó, pero el ruido estridente de la música amortiguó su pregunta y se quedó suspendida en el aire.

Noel no dejó de abrirse paso empujando a todos a su alrededor para que pudieran avanzar, porque ahora lo más importante para él era alejar a Paula de ese tío asqueroso, ¡un tío que no le llegaba ni a la suela de los zapatos! Cuando a Noel le pareció que se encontraban suficientemente lejos, decidió encararla.

—¿Se puede saber qué estabas haciendo? —le preguntó irritado.

—¿Perdona? —le contestó Paula sin comprenderlo—¿Realmente esperas que te conteste a eso?

—¡Claro que no! Qué diablos estás tramando con “ese” —y pronuncio “ese” tan despectivamente que Paula se ofendió.

—Ese se llama Raúl.

—¡Qué importa! Podría ser un acosador, quién sabe.

—¡Por supuesto que no es nada de eso! Raúl es un amigo de clase y parece que también se siente atraído por mí.

—¿Lo conoces? —le preguntó sin creérselo del todo.

—Sí, pero eso a ti qué te importa. Soy una adulta.

—¡Venga! Veinte años no…

—Veinte son veinte, los mismos que tiene Raúl.

—Deja de nombrarlo.

—Nombraré a quién me dé la gana.

—No me gusta.

—¿Y qué? Ni lo conoces, ni tan siquiera te has parado a pensar que me gusta a mí.

—No te gusta —le contestó él irritado.

—¿Qué sabes tú?

—Mírame —le exigió acercándose tanto a Paula que a ella le llegó esa fragancia tan masculina e intensa que la volvía loca—.Porque el que te gusta soy yo —le soltó con firmeza.

—Vaya, esto es tan lamentable —le contestó dolida. ¡Por supuesto que le gustaba él! ¿Pero qué importaba? Repetirlo una o mil veces no serviría de nada, no cuando lo había intentado todo sin éxito —.Ahora si me disculpas, me gustaría ir a buscar a mi chico —y Paula se separó rápidamente de Noel para ir a reunirse con Raúl.

Noel no supo diferenciar qué es lo que le había molestado más, saber que Raúl era un amigo suyo, que se habían besado o que se había alejado de él llamándolo “su chico”. Seguramente lo último era lo que más lo cabreaba, porque él mejor que nadie se daba cuenta, que él ya no era el único en el mundo de Paula.

Así que con el orgullo herido y con una primera batalla perdida, decidió pedirse una copa y regresar a la mesa junto a su prima y Sergio.

—¿Se puede saber qué hacías? —le preguntó su amigo nada más verlo.

—¿Dónde está mi prima?

—En el baño, aunque lleva mucho rato metida allí dentro.

—¡Mujeres! Juro que no las entiendo —le contestó Noel tomándose el chupito que se había traído junto a su copa.

—¡Amén! —le contestó Sergio bebiendo de la suya.

—¡Eiii chicos! —los saludó una voz familiar cerca de su mesa y Noel se alegró rápidamente al darse cuenta que se trataba de Sofía. Al menos con ella tenía una mínima posibilidad de que la noche fuera algo más divertida—¡Qué bien que os encuentro! Estoy llamando a Paula y Adri pero no me contestan.

—Esta noche están algo ocupadas —contestó él algo susceptible.

—Bueno, os presento a Álex, el chico que …

—¿El que se estrelló contra tu retrovisor? —y Álex asintió—.Soy Noel, encantado.

—Yo Sergio, toma asiento.

—Bueno, os lo dejo aquí si no os importa —se excusó ella—.Me voy a buscar a las chicas.

—Adriana debería estar en el baño —le contestó Sergio—.Eso si no se ha ido a su casa.

Baño, pensó Sofía, primero iría hacia allí a ver si la encontraba. Pero al entrar en él no la vio y decidió llamarla.

—¿Hola? ¿Adriana? Soy Sofía —y escuchó como un pestillo de una de las puertas se abría—.¿Qué diablos? —le preguntó, pero al verla tan abatida se limitó a abrazarla y encerrarse con ella en el pequeño baño—.¿¡Qué ha pasado!? ¿Y Paula?

—Paula es la única que se lo está pasando bien, está con un chico.

—¿Y Noel?

—¿Por qué me preguntas por el idiota de mi primo? No tiene nada que ver, nuestra Paula ha madurado y yo cada vez… —pero se calló.

—¿Ha pasado algo en tu casa?

—Lo de siempre. Pero porqué él tiene que… ¡No me conoce! ¡No puede entenderme! Así que no lo creeré.

—Me hablas de Sergio, ¿verdad?

—¿Quién si no? —y Sofía sonrió un poco mientras acunaba la cabecita rubia de Adriana.

—Quizá detrás de esa frialdad se encuentra un buen hombre.

—¡Estás de coña! Quiere humillarme y no le he hecho nada. Hoy estoy baja de ánimos y se ha aprovechado. ¿Qué culpa tengo yo?

—Adri, tú y yo sabemos que a veces puedes ser bastante orgullosa y víbora.

—¡Se lo merecía!

—¿Pero qué te irrita tanto de él?

—Se cree que puede hacer lo que quiera conmigo.

—¡Bah! Pues demuéstrale que se equivoca, es fácil.

—Pero siempre termina…

—¿Saliéndose con la suya? Quizá es que no te disgusta tanto —y Adriana enmudeció al recordar todas las veces que Sergio la había tocada, se había acercado a ella y había deseado que la besara. Pero antes que pudiera contestarle que estaba loca y que eso era una gran mentira alguien llamó a su puerta.

—¿Chicas? —y la voz dulce de Paula se escuchó a través de la puerta.

—Paulaaa —la saludó Sofía cantando—.Ya me han contado lo bien que te lo estás pasando.

—Estaba —matizó ella—.¿Os podéis creer que Noel se me ha llevada como si estuviera poseído y me ha echado la bronca porque me estaba enrollando con Raúl?

—¿Raúl?

—Es mi amigo de clase, pero ¡pon atención Sofía! Eso no es lo importante aquí, lo relevante es quién diablos se cree que es Noel para soltarme un sermón ilógico —y Adriana y Sofía se miraron a través del espejo del baño.

—Está celoso —sentenció Adriana—.Los tíos son lo peor, ¡capullos egoístas y prepotentes!.

—Guau guapa, hoy estás fina —le contestó Sofía—.Hablad por vosotras dos bonitas, yo tengo allí afuera un bombón bronceado que…

—¿¡Álex!? —preguntó Paula emocionada mientras Sofía asentía bailando—.¡Quiero verlo! Aún no sé cómo es.

—Cuando lo veas te olvidarás de todos esos insignificantes hombres, pero recuerda que es mío.

—¿Hasta cuándo? —le preguntó Adriana.

—Hasta que me apetezca —y las tres salieron del baño un poquito más animadas.

Después de abrirse paso entre la gente y de recordar dónde se habían sentado, las tres encontraron la mesa donde sus tres hombres, tanto para lo bueno como para lo malo, las estaban esperando.

—Mira, Paula, es ese —le dijo Sofía señalándolo, pero al primero que vio ella fue a Noel, a su Noel de siempre tan guapo con su camisa de cuadros—.¡El rubio! —la reprochó Sofía al darse cuenta que no lo estaba mirando, y Paula se encontró con el famoso Álex conversando animadamente con Sergio. Ese chico parecía una persona amigable y extrovertida, y aunque era muy guapo y con encanto de surfista, a ella le pareció muy cercano.

—Me gusta —le contestó Paula—.Es muy guapo.

—En efecto, puedo confirmaros que tiene una anatomía perfecta —les contestó acariciándose las caderas mientras se acercaba a la mesa.

—¡Os traigo a las chicas! —y tanto Paula como Adriana miraron hacia otro lado avergonzadas—.Álex, esta de aquí es Paula y esta es Adri.

—Es un placer —los saludó él—.No me habías contado que tenías unas amigas tan guapas.

—¿Sí, verdad? —le contestó ella contemplando a Sergio y Noel—.Yo si fuera lesbiana no sabría por cuál decantarme —y ambos sonrieron por la broma. Por supuesto, Álex se había enterado de todos los enredos de ese grupo durante su convalecencia. Como Sofía había acudido a su casa casi cada día, habían conversado durante horas sobre sus amigos así que sabía perfectamente la peculiar relación que los unía a todos.

—¡Menuda tontería! —estalló Noel terminándose su copa de un trago—.Voy a por otra —y Paula aprovechó la ausencia de Noel y que se sentía algo más tranquila, para empezar su tercer grado con Álex. Necesitaba descubrir qué clase de hombre era él, porque algo más tendría que tener que solo un estupendo físico para lograr que Sofía acudiera día tras día a su casa.

Adriana en ese momento se desconectó de la conversación, aun se sentía bastante apagada y no estaba emocionalmente de humor para seguir ese tercer grado.

—¿Te pasa algo? —le preguntó bajito Sergio.

—Nada —le contestó ella incómoda por el hecho que se hubiera dado cuenta tan fácilmente que no estaba bien.

—Perdóname por lo de antes, no quería meterme contigo.

—Entonces no finjas ser mi amigo, eso me asquea bastante.

—¿Te daría asco si quisiera ser tu amigo? —y ella se lo miró con los ojos muy abiertos.

—Si esta es otra de tus bromitas y me estás vacilando, te advierto que…

—¡No! —le contestó él antes que pudiera terminar su frase—.Me gustaría que pudiéramos ser amigos.

—Tan de repente —le contestó ella—.No te creo.

—Estás en tu derecho, pero por más que quiera evitarlo tengo que admitir que nos vemos bastante. Yo soy el amigo de Noel y tú eres su prima, es normal que quiera llevarme bien contigo.

—Podrías haber empezado por allí desde el principio.

—Lo sé, a veces no soy tan perfecto como me gustaría. ¿Eso es un sí?

—Eso es un jamás. Yo no olvido nunca, y sé que no me convienes.

—No hay duda que eres una chica lista —le susurró muy cerca de ella antes de levantarse—.Voy a buscarme una copa también —y Sergio se esfumó para irse con Noel.

—¿Qué te ha dicho? —le preguntó Sofía.

—Ahora dice que quieres ser mi amigo.

—¿Amigo de quién? —preguntó Paula.

—Sergio, que dice que quiere ser su amigo —le aclaró Sofía.

—¡Eso es maravillosos! —contestó Paula—¡Ves! No es tan insoportable como te creías.

—¡Dios! ¿Es que nunca dejarás de ser tan inocente? Obviamente planea algo, lo tiene claro si se cree que soy tan idiota.

—¡Bien dicho, pónselo difícil! —contestó Sofía, y las tres volvieron a retomar el tercer grado de Álex.

Álex era una persona que podía contar muy pocos detalles de su vida simulando que contaba mucho, porque era tan espontáneo y hablador que uno no se daba ni cuenta. A su lado era fácil dejarse llevar por su ambiente de charla y buen rollo, y aunque aparentaba ser muy cercano a Sofía le apreció el más distante de todos.

Ella lo descubrió cuando él empezó a responder a las insistentes preguntas de sus amigas con evasivas educadas. Les contaba con respuestas superficiales y se sorprendió, al darse cuenta que a ella le había contado muchísimo más desde el principio.

Después de pasarse un buen rato tomando sus copas en esa mesa donde parecía que esa noche ninguno de ellos se encontraba demasiado bien avenido, Álex la sorprendió al acercarse mucho a ella.

—Sofía —le susurró acariciándole el muslo—.Creo que deberíamos escaparnos a esa esquina de allí —y le señaló una esquina algo oscura y vacía.

—¿Y qué esperas hacer allí? —le preguntó para provocarlo.

—Si quieres —le contestó pegándose a su oreja—.Te lo voy mostrando —y empezó a subir su mano a través de su muslo mientras ella se excitaba solo de imaginárselo.

—¡Por dios! —los interrumpió Noel que esa noche estaba de muy mal humor—.Iros a un hotel o a cualquier otro sitio si queréis hacer eso —y todos en la mesa excepto él y Sergio, empezaron a reírse tontamente mientras ellos dos se levantaban para perderse en esa apetecible esquina.

—Voy a enseñarte lo que se hace en las esquinas —le dijo Álex a Sofía empujándola contra la pared, y así empezó a besarla suavemente mientras sus manos se perdían a través de sus pechos.

Pero toda la fogosidad y pasión que parecía contener esa esquina camuflada entre las sombras, parecía que no llegaba a la mesa del local donde dos hombres y dos mujeres apenas se hablaban.

—¡Esto sí que ya es el colmo! —exclamó Adriana observando a esa parejita.

—Pero si siempre ha sido así —porque Sofía siempre terminaba enrollándose con el guapo del local si se lo proponía.

—No, lo digo porque con este ha hablado y parece buen tío. No me puedo creer que la peor persona para tener una relación, ¡la tenga!

—¿Estás celosa?

—¿Y tú no? —le preguntó Adriana con una sonrisa.

—Muchísimo —y las dos se fueron a la pista de baile para bailar un poco.

En la mesa poco fogosa y afectuosa, volvieron a quedarse Sergio y Noel solos. Parecía que ambos esa noche se encontraban de un humor semejante y en ambos casos, la culpable tenía nombre de mujer.

—Esto apesta —le contestó Sergio sin apartar la vista de Adriana la cual parecía bailar ajena a él con una gran sonrisa en su rostro.

—Ni que lo digas —le contestó su amigo contemplando a Paula y al dichoso Raúl que no dejaba de arrimarse a ella.


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Acerca de: Clover

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Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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