Desconocidos: capítulo 7 – Un estallido novedoso

¡Hola cloveradictos! ¿Cómo os está tratando el agosto? Si alguien se estaba preguntando qué había ocurrido con Sofía creo que se alegrará al leer este capítulo. Como ya sabéis, Desconocidos no es apta para menores de dieciocho años (que conste que os he avisado) así que cuidado con este capítulo que empezará con la temperatura subidita :P.

Y nada más preciosos, que aquí me quedo yo escribiendo encantadísima de la vida para traeros muy pronto nuevas aventuras, historias románticas y personajes muy prometedores. ¡Besos!


DESCONOCIDOS

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Capítulo- 7: Un estallido novedoso.

Sofía se cerró su vaporoso vestido y se calzó sus botines de tacón, después se pintó los labios de un tono rosada y se contempló en el espejo mientras suspiraba de desesperación antes de coger el coche para ir a ver a Alex. Si pronto no se acostaba con él empezaría a preocuparse. Nunca antes había tardado tanto en conquistar a un chico, y aunque al principio había intentado relajarse y darle algo de tiempo porque estaba lesionado, ya llevaba bastantes días encontrándose mejor pero sin mover ficha.

—Hola —lo saludó el objeto de sus deseos mientras le abría la puerta.

Como siempre, Alex estaba irresistible y eso que solo llevaba una camiseta blanca sin mangas y unos pantalones deportivos grises. Pero debajo de esa ropa Sofía tenía la certeza que se escondía un cuerpo tan perfecto, musculado y bronceado, que suspiró solo de imaginárselo.

—¿Cómo te encuentras? —le preguntó mientras se fijaba en su seductor cabello rubio despeinado que la estaba volviendo loca. ¿Qué tacto tendría?

—Me ha costado dormir, pero estoy mejor —y ella evitó contestarle que conocía ciertas formas muy efectivas para relajarlo.—.¿Qué tal tus clases?

—A parte de caras, ninguna novedad —le contestó ella con una sonrisa fingida mientras se sentaba en el sofá de su apartamento.

En realidad llevaba meses bastante atormentada porque desconocía qué demonios estaba haciendo exactamente con su vida. Su padres le pagaban unas clases carísimas en un de las mejores academias de interpretación que por el contrario, cada vez aborrecía más. No le gustaba acudir allí, no desde que se había dado cuenta que cada día se iba quedando más atrás y atascada. Mucho más atrás que sus propios compañeros de clase y de la vida misma.

—¡Ei! Normalmente las visitan siempre intentan animar al enfermo —y ella se lo miró con una sonrisa porque Alex podía parecer de todo en ese momento menos enfermo. Tenía un tono de piel moreno tan saludable que aún después de haberse pasado tantos días allí dentro metido conservaba.

—Tienes razón, mi vida apesta —le contestó mientras cogía su móvil porque la estaban llamando.—¿Si? Aah, hola Tomás.¿¡Hoy¡? Claro, perfecto. Nos vemos después entonces —y Sofía colgó la llamada algo más animada.

Quizá al final resultaría que su vida no apestaba tanto como creía y que el karma le iba a devolver algo de buena suerte. Esa misma noche quedaría con un conocido productor de televisión para hacer una entrevista y quizá con un poquito más de suerte, lograría un papel interesante.

—¿Un asunto importante? —le preguntó Alex sentándose a su lado.

—Una entrevista de trabajo. ¿Estás celoso?

—Para estarlo debería ser mejor que yo —le contestó despeinándose aún más su ondulada melena rubia. Ella en ese momento ya no podía aguantarlo más y se moría literalmente por meter sus manos a través de ese sedoso rubio. Quería tanto descubrirlo todo de Alex y lo quería descubrir ahora—.¿Tú crees que es mejor que yo? —le preguntó en un ronco susurro y acto seguido tiró del brazo de Sofía para que se acercara.

—Creo que —le contestó Sofía acariciándole el tatuaje en forma de cruz que le asomaba por el cuello, pero él no esperó su respuesta y la empezó a besar. Sofía había esperado lo que le había parecido una eternidad para tenerlo entre sus labios así que no dudó ni un segundo en acercarse más a él cuando Alex la agarró con su brazo sano.

Alex era un chico tan misterioso, con una vida bastante agitada a pesar de su corta edad de la que poco conocía. Quizá por eso a ella le había atraído tanto, porque desde que se había golpeado contra su retrovisor, todo había sido bastante desafiante a su lado. A Sofía nunca le había gustado demasiado hacer preguntas porque a ella tampoco le gustaba responderlas así que con él, había encontrado al compañero perfecto. Compañero que basta decirlo, en ese momento tumbado en el sofá la estaba excitando de mala manera. Ella ya se había imaginado que ese motorista tatuado besaría de lujo, pero sin duda tenía que admitir que Alex era excelente.

—Si me ayudas —le susurró él para que le sacara la camiseta por la cabeza.

Por supuesto, ella lo ayudó encantada y más porque Alex estaba buenísimo. Durante esos días había aprendido que le gustaba surfear así que no dudó ni por un segundo que su cuerpo sería escultural. Lo que la impactó prealmente fue al encontrarse esa gran cantidad de tatuajes a lo largo de su torso.

—¿Te gustan? —le preguntó él besándole el cuello.

—En tu cuerpo todo es perfecto—y él se rio en su oreja mientras la empujaba para que se tumbara en el sofá. Sofía rápidamente de desabrochó su corto vestido y Alex se lo sacó por los pies. Suerte que ese día había decidido ponerse su más elegante y sexy conjunto de encaje negro para impresionarlo.

—¡Madre mía! —exclamó Alex al ver el espectáculo que estaba a punto de iniciarse. Ella le sonrió pícaramente y se desabrochó el sujetador muy despacio mientras le clavaba sus oscuros ojos marrones.—¿Nada te avergüenza? —le preguntó él excitado mientras contemplaba a Sofía deshacerse del sujetados y mostrándole sus voluptuosos pechos desnudos. Ella se quedó tumbada en ese sofá solo con el tanga de encaje y sin pizca de vergüenza.

—Nada —le contestó mientras Alex se lanzaba a ella para chupárselos. Ella se dejó saborear y acariciar por él mientras le acariciaba la espalda. En ese momento Alex estaba caliente y algo sudoroso, pero eso solo ayudó a Sofía a excitarse aún más. Entonces ella bajó su derecha mano hacia sus pantalones grises y lo acarició con manos expertas mientras Alex seguía lamiendo sus pezones. En una de sus caricias, Alex decidió morderle un pecho y ella gritó un poco de la impresión y decidió que ya había llegado el momento de bajarle los pantalones para verlo desnudo. Para su sorpresa, Sofía se asombró al tirar de ellos hacia abajo.

—¿Y a ti no te da vergüenza no usar calzoncillos? —le preguntó contemplándolo completamente desnudo.

—Es más cómodo ir así por casa —y ella se encendió aún más al imaginarse que todas las veces que ella había acudido a su apartamento él no había usado su ropa interior.

Alex volvió a acercarse a ella y Sofía le agarró su miembro mientras se lo acariciaba. En realidad Alex no necesitaba motivación alguna porque estaba claro que estaba perfectamente estimulado, pero ella no pudo evitar necesitar sentirlo entre sus dedos. Alex terminó de desnudarla quitándole el fino trozo de tela de encaje y la acarició con sus dedos. Ella soltó un gemido de satisfacción al notarlo y cerró sus ojos mientras él empezaba a elevarla hacia lo divino.

—Quería hacer esto despacio Sofía pero… —y la empujó contra el sofá y le abrió las piernas.

—Lo sé —le contestó ella. Porque a ella le ocurría la mismo, en un principio había deseado acostarse con él despacio pero en ese momento le parecía más una necesidad que un deseo.

Alex le agarró el rostro con las dos manos y le clavó su lengua en la suya mientras entraba en ella por primera vez. Alex la llenó en un segundo de múltiples formas distintas aunque ni ella misma quería creérselo. Sofía soltó un jadeo entrecortado al notarlo y él cerró sus ojos llevado por el placer.

Sofía acomodó sus caderas al compás de Alex y ambos empezaron a volver locos por no tener suficiente del otro y tenerlo todo a la vez. Él empujó su pelvis contra la suya mientras ella movía sus caderas rítmicamente sin decirse nada. Solo se dejaron llevar en ese sofá oscuro hasta que Sofía dejó caer su cabeza en el reposacabezas y Alex no logró pensar en nada más que en el paraíso.

—¡Guau! Ha sido fantástico —le dijo Alex con la respiración agitada—.Y con un brazo menos.

—Sí —suspiró Sofía, y entonces bajó del cielo y se acordó de un asunto muy terrenal—.¡Es tardísimo! Tengo que irme o llegaré tarde a la entrevista.

—Sofía —lo llamó Álex tumbado en el sofá—.¿Seguro que es para una entrevista de trabajo?

—Claro. ¿Qué diablos va a ser…? —y se calló al comprender lo que había querido insinuar—.Entiendo.

—No quería decir nada—se excusó Alex poniéndose el pantalón—.¡Solo estoy preocupado! —le gritó él desde la puerta, pero Sofía ya no lo escuchaba, solo corría escaleras abajo.

Alex se quedó espiando a Sofía través del balcón mientras se iba en su coche, porque desde que la había conocido, no había podido apartar sus claros ojos de esa exuberante mujer. Desde el día que la había visto en la habitación de ese hospital había deseado estar con ella de la forma en que acababan de estarlo.

Sofía era una mujer muy directa, de mente abierta y ágil, con las ideas muy claras y extremadamente seductora. Por eso a él le había gustado desde el principio, porque era precisamente su prototipo perfecto. Los días en que Sofía lo había visitado, él había fingido encontrarse pero de lo que realmente estaba pero la realidad era que llevaba días haciendo una vida casi normal y cogiendo su moto a sus espaldas. Él había deseado alargar un poco su estado para retenerla un poco más a su lado y darle algo de tiempo para acostarse con ella. Pero entonces recordó esa sospechosa llamada que había recibido para una entrevista a esas horas tan tarde. Sofía a veces parecía ser muy indefensa, mucho más de lo que ella realmente se imaginaba.

Sofía arrancó su coche y se maldijo por el maldito retrovisor roto. ¿Qué demonios había querido insinuar Álex? Estaba claro que él era un tío que se enrollaba con quien le daba la gana así que ahora no tendría que ponerse en plan mojigato con ella. Ella se había lanzado a él porque Alex literalmente se lo había exigido, y aunque ella había deseado acostarse con ese motorista tan atractivo desde que lo había visto en la cama de ese hospital, había esperado a que él estuviera de acuerdo. El mejor actor de los dos en todo caso, era Alex porque ahora pretendía fingir lo que no era. Alex no era para nada el novio perfecto así que no sabía a qué demonios había venido esa advertencia estúpida y su conducta de yerno idílico.

Sofía entró en el lujoso bar del hotel donde había quedado con Tomás, el exitosos productor de televisión, para tener su entrevista. A ella al principio le había parecido un poco extraño que él la hubiera citado allí pero le había contado que como ya conocían sus trabajos previos, esperaban una reunión algo más informal para ver cómo se desenvolvía.

—¡Sofía! —la llamó Tomás desde una de las mesas del bar—.Qué alegría, estás preciosa como siempre. Te presento a Ángel —un hombre mayor, con un traje demasiado pequeño para su barriga y medio calvo.

—Encantada —lo saludó ella dándole dos besos a eso hombre de mirada retorcida.

—¿Qué te apetecería tomar preciosa? —le preguntó Ángel.

—En realidad me gustaría empezar cuanto antes —se justificó Sofía.

—Estas cosas son mejores con calma, empecemos con una copa —le contestó ese viejo acariciándole el hombro mientras le susurraba—.Tengo la mejor suite del hotel reservada para nosotros —y ella clavó la vista en el techo mientras se le desencajaban los ojos y se asqueaba. ¡Mierda!¿En esto consistiría su “supuesta” entrevista de trabajo?

—Voy a ir al baño un minuto —le contestó ella coquetamente manteniendo la calma, y Ángel le sonrió para ir a pedir sus bebidas. Entonces ella aprovechó para irse mientras las lágrimas empezaban a asomársele por los ojos.

¿Realmente cuando había terminado así? ¡Convertida en la fulana de esos asquerosos viejos verdes! Si bien se había acostado con algun compañero de trabajo, todo había sido porque ¡le había apetecido! Pero que la tomaran por una prostituta era el colmo, ella quería ser actriz, hacer series de televisión, películas o anuncios, pero no pasarse las noches acostándose con sus productores. Sofía empujó la puerta del bar con fuerza y sintió como si se asfixiara. Ella no era así, nunca lo había sido y por mucho que le insistieran….¡No, no y no!

Sofía se apoyó contra la fachada del bar y se dejó caer el suelo abatida. Odiaba tanto ser tan inútil y sentirse así, si solo fuera un poco mejor, si solo tuviera algo más de talento para alcanzar su infantil sueño.

—¿Vamos, señorita? —le preguntó una voz masculina que la asustó. Ella se lo miró sorprendida y atemorizada por si se trataba de un conocido de esos asquerosos viejos, pero por culpa que llevaba un casco puesto no logró verle el rostro. Entonces el misterioso hombre se levantó la visera del casco y le sonrió. ¿¡Alex!?¿Qué haces aquí? Pero pareció que a Sofía se le había quebrado la voz y no logró preguntárselo—.Vámonos de aquí, este lugar apesta —le dijo levantándola del suelo para colocarla encima de su moto.

Sofía se sentó en la moto de Alex sin decirle nada, se agarró a él y cuando Alex arrancó se recordó mentalmente lo mucho que tendría que agradecerle en el futuro a ese chico por haberla sacada de una de las peores situaciones de su vida.

Aquella noche ambos se perdieron por la ciudad montados en esa moto mientras ella no dejó de llorar, se desahogó completamente agarrada a Alex y se sorprendió al darse cuenta de la cantidad de frustración que había almacenado.

A las tantas de la noche Adriana estaba intentando llamar a Sofía sin éxito, habían quedado para verse esa misma noche pero su amiga parecía no querer quedar con ella. Cada vez que Adriana intentaba llamarla saltaba su buzón de voz y ya le había dejado tantos mensajes que no sabía qué pensar.

—Perfecto —murmuró con sarcasmo, porque aquello sin duda era lo más imperfecto que lo podía haber pasado justamente esa noche.

Por un lado dentro del pub se encontraba su amiga Paula la cual no reconocía en absoluto porque se había empezado a morrear con el primer chico que le había tirado los tratos y por otro, Sofía había decidido desaparecer de la faz de la tierra sin mandarle un mísero mensaje.

—¡Primita! —y la primita puso los ojos en blanco al reconocer su voz. ¿Estás de coña, no? Pensó al ver a Noel.

—Hola.

—¿Estás sola? —le preguntó su primo extrañado.

—Estaba llamando a Sofía porque no sé donde demonios se ha metido y Paula está allí dentro algo ocupada. Creo que me voy a ir a casa.

—Ei, ¿de qué hablas? Vente con nosotros —y al pronunciar ese “nosotros” se dio cuenta que a su lado estaba Sergio, vestido completamente de negro y con su usual aura de cabreo y mal rollo.

—Paso —le contestó sin pensárselo dos veces porque estaba segura que si se quedaba con él su noche sería mucho peor.

—No puedes irte y dejar a Paula sola.

—Técnicamente no estará sola si estáis vosotros.

—Creo que ahora mismo preferiría irse con un extraño que conmigo —y Adriana recordó que en ese momento su amiga se estaba enrollando precisamente con un desconocido. Así que por eso aceptó entrar en el pub con ellos, porque esa era la primera estupidez y locura que cometía Paula en todos sus años de vida así que al menos, le debía eso.

Los tres se sentaron en unos de esos incómodos pero modernos sillones mientras la gente parecía pasárselo en grande y Adriana estaba completamente fuera de onda y desanimada. Además se encontraba muy cansada, molesta y cabreada con ese hombre que estaba sentado al lado de Noel, y por eso empezó a ignorarlo a propósito. Quizá si fingía indiferencia se daría por aludido y la dejaría en paz de una maldita vez.

—¿Y cómo lo llevas? —le preguntó Noel—Y ni se te ocurra mentirme, Adri. Dime la verdad —ella sabía porque se lo estaba diciendo. En realidad su primo le estaba preguntando por un tema muy delicado y complicado por eso, ella evitó responderle.

—Bien, como siempre.

—¿Y tu madre? —le insistió su primo.

—Mi madre sigue viviendo como una maldita esclava para pagarme la universidad —le contestó con rabia contenida—.Tragando la misma mierda de esos cabrones día tras día.

—Sabes que si necesitáis algo.

—¡Ni loca! Si mi madre se enterara me mataría. Vendería un riñó o mejor dicho, los dos, si hiciera falta antes de pedirte ayuda.

—En realidad te pareces bastante a ella. Las dos tenéis agallas, tantas que termináis siendo tan frustrante.

—Lo que me cabrea más es que todo se reduzca al puñetero dinero, quizá tú no lo comprendas pero es asqueroso.

—Lo entiendo, hay límites para el dinero —y Noel la miró muy serio—.Un hijo es siempre un hijo.

—Eso cuéntaselo a mi padre si lo encuentras —y él le agarró la mano para animarla. Adriana carraspeó un poco incómoda—.Dejemos de hablar de eso, me deprime.

—¿Y dónde se ha metido Paula? —le preguntó Noel mientras intentaba buscarla entre la gente.

—Antes estaba cerca de la entrada del baño —y su primo se levantó para llamarla pero se quedó helado.

—Está… —pero Noel no logró terminar su frase.

—Con un chico —le dijo Adriana.

—Ya veo —fue lo único que contestó.

—Siéntate y deja de espiarla. Cualquier diría que acabas de ver un fantasma —porque el rostro de Noel había cambiado de un tono saludable y rosado al blanco más absoluto. Tampoco conservaba su sonrisa encantadora y sus ojos, estaban muy abiertos como si no fueran capaz de asimilarlo.

—No me lo esperaba —le contestó en shock.

—¡Claro! Pues espabila primo porque Paula está madurando —y algo en esa frase a él le sonó a amenaza porque se levantó otra vez y les preguntó.

—¿Queréis tomar algo? Voy a ir a por una copa.

Adriana contempló a Noel mientras se iba a la supuesta barra y no se sorprendió cuando cambió su ruta para dirigirse hacia la puerta del baño. ¡Serás bobo! Porque su primo era tan infantil y obvio con sus acciones. Ahora que otro le había arrebatado su precioso juguete deseaba recuperarlo. ¡Demasiado tarde!

Adriana jamás se lo hubiera esperado de Paula, pero esa tarde en la terraza algo había cambiado realmente en ella. Parecía que finalmente había comprendido la realidad y a partir de ahora dejaría de pensar en Noel y se centraría en ella. Sinceramente Adriana se alegraba muchísimo, ya estaba bien de vivir a la sombra de un chico que no la merecía así que ella mejor que nadie se merecía experimentar la vida.

Entonces Adriana contempló con sus ojos azules a toda esa gente del pub y se preguntó a cuántos de esos jóvenes les faltaría su padre. ¡Deja de pensar en eso! Se reprochó, pero no logró sacárselo de la cabeza.

—A veces hay padres que se rigen por el dinero —le dijo Sergio sin emoción. Ella se lo miró sorprendida sin creerse que le hubiera hablado, no cuando lo había ignorando tan premeditadamente.

—¿Perdona?

—Pero los hijos no tienen la culpa —le contestó Sergio atravesándola con sus ojos verdes. Ella se avergonzó un poco al darse cuenta que había escuchado toda la conversación con su primo, una conversación demasiado sincera y lamentable.

—Claro —le contestó ella intentando apartarse de ese atractivo peligro. ¿Tu qué sabrás sobre eso? Se preguntó molesta con la seguridad absoluta que ese tipo lo había tenido todo en la vida.

—Mis padres son así —le contestó Sergio, y Adriana no pudo evitar mirarlo de nuevo. Él en ese momento le mostró una sonrisa triste mientras le soltaba—.Entre su propio hijo y el dinero siempre elegirían lo segundo.

Adriana no pudo evitar cabrearse con esos inhumanos padres mientras no dejó de observarlo con sus ojos muy abiertos incapaces de comprenderlo del todo. ¡No! Deseó gritarle ¡Deja de mirarme con esos ojos tan tristes! Porque en ese momento Sergio le despertaba tanta tristeza que deseaba abrazarlo, acunarlo y gritarle que todo saldría bien.

—¡No! —gritó ella en un acto reflejo levantándose de la mesa.

—¿Qué te ocurre? —le preguntó preocupado.

—Tú no sabes nada —le soltó ella cada vez más confundida.

—¡Adriana! —la llamó Sergio agarrándola por la mano—Lo sé todo —le susurró, pero ella se apartó de él de un manotazo y salió corriendo hacia el baño.

Sergio no era para nada humano, ni cariñoso ni atento, Sergio era un maldito narcisista, egoísta y prepotente. Más le valía que su débil y patético corazón empezara a comprenderlo porque sino, estaba segurísima que a ese devorador de mujer le costaría muy poco romperla.

Adriana se encerró en el baño con el corazón agitado y cerró los ojos para intentar calmarse. La primera visión que vino a ella fue la de esos malditos ojos verdes que no dejaban de mirarla con tristeza y también notó los dedos gentiles de Sergio agarrándole la mano mientras le decía: lo sé todo. Adriana abrió los ojos horrorizada y pegó una patada al suelo, ¡claro que lo sabía! Sergio lo había sabido absolutamente todo de ella incluso antes que ella misma lo supiera, pero el error ahora sería confiar. ¡Jamás podría confiarle su corazón a ese desalmado!

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Comentario absurdo de Clover-indignada:

Esto no viene a cuento pero me veo en la obligación moral de escribirlo porque es tal mi indignación que voy a explotar jajaja. ¿Alguien ve la serie Pretty Little Liars? Porque ayer por la noche (hasta las tres de la madrugada que se quedó una servidora para ver el capítulo en directo donde se “revelaba todo”) me sentí ¡estafada! No os voy a decir nada ni comentar cosas concretas para no haceros spolier, pero de verdad me pareció ridículo (pasé del blanco susto al rojo ira en menos de un microsegundo). Hay una cosa que me gustó (algo que sospechaba bastante por el tema que en la serie siempre quieren darle una vuelta de tuerca a todo) pero ¿el resto? Fue una tomadura de pelo para la gente que realmente siguió la serie en clave de intriga (yo era de esas). Esas justificaciones tan planas y vagas, diálogos estúpidos, situaciones sacadas de toda lógica, encima el ritmo del capítulo fue raro, nada hilado y parecía que lo iban metiendo todo con calzador. Me pareció lamentable y más para una serie que creía que era inteligente y de la que guardaba grandes expectativas (con las pistas indirectas, las dobles intenciones y todas esas cosas que molaban tanto). Pero la cosa no se quedó allí, cuando creía que el capítulo no podía ser más ridículo la realidad me sorprendió al desvelar quién era Red Coat ¡apagáramos! Allí ya no supe si tirar mi ordenador por el balcón, irme de casa para descargar mi mala leche o qué. En serio, no lo entiendo, cada vez termino cabreada cuando miro estas series que “parecen ser algo más interesantes”. En su momento ya me desilusioné un montón con The Lost, ¡no aprendo! Menudo drama viví ayer por la noche. ¿Vosotros también la seguís? ¿Os gustó la gran revelación? ¡Besos!

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Acerca de: Clover

Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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