Desconocidos: capítulo 6 – Un cóctel delicioso

¡Bienvenidos! Hoy por fin os traigo otro capítulo de los Desconocidos. Para quien no lo sepa, le informo que cuando escribo tengo una parte Clover-happy que vive en su mundo de fantasía, alas y purpurina, y otra parte Clover-gótica y sangrienta que terminaría matando a todos sus protagonistas. Así que después de salir de ese caos de bipolaridad (tampoco mucho, que aquí no se hacen milagros XD), puedo traeros el capítulo.

Antes que se me olvide, ¿habéis notado algo diferente por el blog ^o^? ¡Espero que os unáis al grupo de cloveradictos que nos encanta soñar despiertos! Porque creo que eso de soñar no está reservado exclusivamente para la noche, ¡ni mucho menos! Es más, los mejores sueños ocurren cuando estamos más despiertos :P.

Y nada más, solo daros las gracias por aguantarme y que ojalá os sintáis por aquí como en vuestra casa. Por mi parte deciros que es un placer muy, muy grande publicar en el cuaderno. ¡Besitos y feliz lectura!


DESCONOCIDOS

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Capítulo- 6: Un cóctel delicioso.

Paula era plenamente consciente que se estaba ahogando en un vaso de agua. El problema residía en que su vaso de agua era tan grande y resbaladizo, que era incapaz de salirse de él.

—No puedes seguir ignorando a mi primo —le soltó Adriana mientras cerraba su botella de agua.

—Lo sé, pero aún no estoy preparada.

—¿Preparada? Estoy segurísima que sospecha algo.

—¿¡Te ha comentado algo!? —le preguntó inquieta, porque lo último que necesitaba “encima” de toda su desgracia, era la compasión de Noel.

—No, pero mi primo no es idiota.

—No lo es —sentenció Paula bebiéndose su zumo con resignación.

—Bueno, yo tengo que irme a clase. Si te animas, quedamos a las ocho para ir a tomar algo.

—No sé…no creo que…—porque una cosa era ver a Noel de lejos, en una discoteca, y otra muy distinta era quedar con un grupo reducido de amigos para tomar algo en una terraza.

—¡Venga! Estará Sofía también, te cubriremos —y Paula miró a los azules ojos de Adriana y le sonrió.

—Está bien —aceptó a regañadientes. No porque realmente le apeteciera sino porque huir no le solucionaría el problema y solo lograría alargar una agonía que estaba durando demasiado.

Paula y Adriana se encontraba en la puerta de la universidad esperando que Sofía las recogiese en su coche aunque parecía que la tercera en discordia del grupo se había olvidado de ellas.

—Llámala, Paula.

—No, si está conduciendo es peligroso.

—Son las ocho y media, creo que ni se acuerda de nosotras.

—Espera…¿ese no es su coche? —y un pequeño coche blanco asomó por la avenida.

—¡Aleluya! —suspiro Adriana.

—¡Chicas! —las saludó Sofía bajando su ventanilla—Siento el pequeño retraso.

—¿Pequeño? —le preguntó Adriana irritada porque lo que más odiaba en el mundo era la impuntualidad.

—He pasado a ver a Alex y se me ha ido la hora.

—Ya veo.

—¿Alex? ¿El chico que te destrozó el retrovisor? —preguntó Paula con interés, porque ella de aquella fatídica noche recordaba más bien poco.

—Sí, ese —le confirmó Adriana—.El misteriosos motorista que está como un tren.

—Bueno, yo ya te había dicho que era guapo —se justificó Sofía.

—¡Ajá! Guapo y sexy. Es una mezcla entre surfista y chico malote —lo describió Adriana gesticulando mucho.

—No te voy a negar que tiene encanto —le contestó Sofía con una sonrisa.

—Bueno, eso explicaría tu repentina preocupación —le soltó Paula, y las tres empezaron a reírse en el coche—.¿Y cómo está?

—En la cama, tiene que guardar reposo unas semanas para que se le cure el hombro.

—¡Uii! ¿Y tú serás su enfermera? Ese papel no te pega.

—Creo que hay un papel de enfermera que me pega perfectamente —y las tres volvieron a reírse como locas imaginándose el tipo de enfermera que le gustaría ser a Sofía.

Sofía era tan malditamente cabezota y terca con los chicos que estaban seguras que no pararía hasta conseguir a Alex. Pobre Álex, suspiró Paula, solo deseaba que él no fuera tan estúpido como para enamorarse. Porque Sofía conseguiría su trofeo de un momento a otro y solo esperaba que para Alex, su historia solo hubiera sido otro entretenido juego como para ella. En ese momento el móvil de Adriana empezó a sonar insistentemente.

—¿Si? Aahh, hola Noel —y Paula apretó la mandíbula y se incomodó. Superar lo suyo o “no suyo” con Noel le costaría bastante y no sabía exactamente cómo se las arreglaría para actuar con normalidad dentro de…—.En cinco minutos estamos allí, hasta ahora —y Adriana colgó la llamada de su primo.

Sofía había visto por el retrovisor como su amiga había pasado de reírse a carcajada limpia a cambiar su rostro a uno serio y triste.

—Paula, vamos a ayudarte —la intentó animar.

—No sé cómo —se lamentó ella—.Esto no se arreglará jamás.

—Ahora lo ves complicado, pero todo tiene solución —y Paula no se la creyó del todo porque la solución que ella deseaba era imposible.

Su solución era tan imposible como imposible era que Paula estuviera tranquila al verlo. Noel se encontraba sentado en una de las mesas de la terraza junto a Sergio vestido con su traje del trabajo. Parecía que a él la vida le iba de lujo y no se encontraba ni un poquito afectado por todo el sufrimiento de Paula. Ese pensamiento la entristeció y molestó, Noel podía seguir siendo el mismo de siempre cuando ella ya no lo era en absoluto. De hecho, Paula solo había necesitado una noche de descontrol y pasión para que todos sus sentimientos meticulosamente guardaros salieran a la superficie para ahogarla.

—Hola chicos —los saludó Sofía sentándose al lado de Noel para que Paula pudiera sentarse algo más apartada de él—.Soy la culpable del retraso, lo siento.

—No hay problema —contestó educadamente Noel mientras intentaba saludar a Paula, una Paula que por cierto, no lo miró en ningún momento ni le dirigió la palabra.

—¿Me acompañas a buscar las bebidas, Paula? —le preguntó Adriana, y las dos se metieron en el bar para pedir—¿Cómo lo llevas?

—No sé, creo que mal, y eso que no llevo ni un minuto con él.

—Es normal, lo difícil es al principio, ya sabes, cortar el hielo.

—Eso espero —y mientras las dos se encontraban esperando sus bebidas, Sergio apareció tras ellas para ir al baño—.¿Y tú qué tal lo llevas?

—¿Con ese? —le preguntó Adriana refiriéndose al innombrable—Me saca de quicio.

—Pues yo creo que tiene su punto —le sonrió Paula espiándolo antes que Sergio se metiera en el baño.

—Si te gustan los maleducados prepotentes tiene todos los puntos, te lo aseguro.

—Hacéis una pareja curiosa.

—¡De pareja nada! Es un idiota que infravalora a las mujeres.

—¿A todas?

—Yo qué sé, tampoco me importa.

—Aquí tienen sus refrescos señoritas —las interrumpió el camarero, pero Paula cogió el vaso de su zumo con tan mala pata que terminó derramándolo en la barra y salpicó a Adriana.

—¡Lo siento! —se disculpó ella cogiendo un para de servilletas para limpiarle el top turquesa manchado—.No sé dónde diablos tengo la cabeza.

—No te preocupes, seguro que con un poco de agua sale —la tranquilizó—.Voy al baño, tú lleva las copas a la mesa.

Paula recogió su bebida y la de Sofía para salir fuera mientras se sentía inútil. Necesitaba tranquilizarse cuanto antes o al final podría terminar francamente mal esa tarde ocasionado todo tipo de catástrofes. Pero los rostros serios de Sofía y Noel en la terraza no hicieron nada más que inquietarla, y más cuando escuchó la voz de él pronunciando su nombre.

—Paula es como una muñeca de cristal por eso no quiero hacerle daño. Créeme que lo lamento —suspiró—.Si pudiera volver atrás y borrar esa noche lo haría —y esa pequeña frase en sus labios terminó de destrozarla.

—Ella no es…—pero antes que Sofía pudiera defender a su amiga, Paula tiró las copas que llevaba al suelo y todos se giraron para mirarla. Ella no se molestó en disculparse ni les prestó atención, solo se acercó a Noel hecha una furia con los ojos encendidos.

—¡Siento que creas que soy tan débil! —le contestó con un hilo de voz—.Pero supongo que soy una estúpida porque si pudiera volver atrás yo haría exactamente lo mismo —y así ella arrancó a correr con la esperanza de desaparecer de esa pesadilla.

—¡Paula! —la llamó Noel para detenerla.

—¿Qué vas a decirle? —le preguntó Sofía agarrándolo por el brazo—.Si eso es lo que crees realmente es mejor que vaya yo a hablar con ella.

Noel contempló a Sofía confundido mientras se pasaba una mano nerviosa por su cabello castaño. Sentía dudas, y no sabía si dejar a Sofía ir a buscar a Paula o ir él personalmente. Al final, miró el bolso marrón de Paula que descansaba en la mesa e hizo caso a su impulso interior. ¡Necesitaba encontrarla!

—No lo sé, Sofía, pero no quiero dejarla sola —y salió disparado en busca de Paula.

—Eres tan tonto —masculló Sofía terminándose su refresco—.Vas a terminar haciéndole más daño —porque ella estaba segurísima que lograría Noel.

Paula quería a un Noel que no existía en la vida real, y por mucho que llorase y le doliese, no aparecería jamás. Él solo sentía compasión y cariño por una amiga lo cual no se asemejaba para nada, al desbordamiento de emociones que sentía Paula. Noel la confundiría aún más y le daría falsas esperanzas, esperanzas que terminarían rompiéndola.

Sofía mejor que nadie conocía ese sentimiento confuso porque así era exactamente ella. Ambos eran seres creados de esa manera, incapaces de agarrarse a nadie por mucho tiempo y cada vez que lo hacían o intentaban hacerlo, terminaban sintiéndose demasiado vulnerables y huían. En cambio Paula era de otra pasta bien distinta: alguien confiable, estable y que se aferraba a sus emociones sin soltarlas. Así que su unión era completamente imposible e incompatible porque no podrían estar juntos jamás.

Lo que Noel aún no había entendido es que su amiga no era débil ni de cristal, sino que no le temía a expresar sus sentimientos y ser honesta con ellos aunque terminase rota. El débil era Noel como débil era Sofía, pero eso era algo que no le gusta recordarse a sí misma ni mucho más contar.

Adriana se encontraba en el baño luchando insistentemente contra la mancha de zumo pero ésta parecía estar destinada a quedarse pegada en su top turquesa.

—Me rindo —suspiró mientras frotaba con agua y jabón el trozo de tela sin éxito—.¡Maldita mancha!

—¿Tienes problemas? —le preguntó una voz desde la puerta del baño, pero cuando se giró para decirle que estaba perfectamente su rostro cambió por completo.

—¿¡Qué haces aquí!? Es el baño de mujeres.

—Con los gritos que estás pegando.

—¡Cállate y lárgate de aquí! Ahora no tengo tiempo para tonterías —le soltó mientras seguía frotando como una loca. Pero Sergio no se largó, dio un fuerte portazo para cerrar la puerta y se apoyó en ella.

—Creo que alguien debería enseñarte modales, jovencita.

—Mira quien habla, estás en el baño equivocado —le soltó intentando limpiar su top.

—Quizá la que está equivocada eres tú.

—¿Qué quieres decir?

—Que te mueres por besarme desde que me conociste pero no eres capaz de aceptarlo.

—¡Ja! —le contestó poniéndose roja más por la ira que por la vergüenza—.Dios, es que eres tan…—pero no encontró el término exacto para definirlo.

—¿Tan qué? Perfecto, atractivo e interesante —y Adriana lo miró a través del espejo del baño. Sergio se encontraba apoyado contra la puerta para bloquearla, vestido con su traje oscuro de marca perfectamente entallado y con una sonrisa reluciente que a ella la estaba quitando de quicio. Su cabello negro con su flequillo algo despeinado le daban un aire amenazador, y sus ojos claros no dejaban de obsérvala con intensidad como si ella fuera un espectáculo la mar de entretenido.

—¡Prepotente! —estalló gritándole a través del espejo.

—Eso no me ofende—le soltó con burla—.Es más, me lo tomo como un cumplido —y ella detectó una fuerza en su mirada como si hubiera soportado insultos peores.

—Idiota —le dijo más para probar su teoría que para insultarlo.

—Guau…ese ha sido un golpe bajo.

—¿Qué sabrás…? —pero ella se calló de repente cuando notó que Sergio se había acercado a ella. Lo supo incluso antes que tirara de su brazo para que se girase solo por su fragancia. Sergio olía a un perfume masculino, caro e intenso, y por alguna locura transitoria suya, deseó olerlo más cerca de su piel. Su mano le agarró con fuerza el antebrazo y ella se acobardó un poco por la energía dominante que desprendía.

—¿Qué sabrá una niña sobre mí? —y los ojos verdes de Sergio volvieron a hipnotizarla como habían hecho en el pasado. Cada vez que Sergio se acercaba tanto a ella y la martilleaba con esos ojos Adriana sentía una necesidad de agarrarlo para…—.Bésame —le exigió Sergio.

—¡Ni en tus sueños! —le contestó ella intentando controlar sus nervios y recordarse porqué no podía hacerlo.

—Claro que sí —le contestó él con una sonrisa traviesa y entonces, agarró a Adriana por los glúteos sin vacilar y la colocó encima del mueble de baño. Ella jadeó de la impresión pero intentó mantenerse orgullosa porque no estaba dispuesta a admitir lo mucho que le afectaba que la tocase ese hombre.

En ese posición podía notar las firmes manos de Sergio agarrándola posesivamente por la espalda para que se mantuviera pegada a él y sus piernas colocadas entre las suyas para que ella las mantuviera abiertas. Entonces, Sergio se acercó a ella para lo que Adriana estaba segurísima quería darle un beso aunque ella no se lo pondría fácil. Justo cuando Sergio se acercó para besarla, Adriana aprovechó para apartar la cara. Para su desgracia, él pareció no acobardarse ni molestarse por su rechazo, y en su lugar le lamió el cuello.

—Me gustan los juegos —le susurró en su oreja mientras le acariciaba su larga melena rubia—.Y tú pareces bastante traviesa —y esta vez sí, Sergio le agarro el rostro con sus dos manos y no le ofreció opción de huida.

El beso entre los dos fue agresivo, y aunque ella luchó sin éxito para apartarse, duró lo que para Adriana fue casi una eternidad. Ella intentó patearlo con sus piernas para que se despegara pero él se las bloqueó y siguió devorando su boca como si nada. Adriana lo odió en lo más profundo por forzarla de esa manera y se odió aún más al darse cuenta que se estaba excitando con el roce su lengua. Sergio no sabía nada mal y para su completa tortura no le quedó más remedio que admitir que besaba de lujo.

—¿Cuando aprenderás que hago lo que quiero con lo que me pertenece? —le preguntó Sergio mientras la soltaba con una sonrisa de autosuficiencia.

—¡Yo no soy un maldito mueble! —le contestó Adriana con el orgullo fuertemente herido.

—No, claro que no, tú eres algo más barato —y Sergio la abandonó en el baño dejándola allí sentada. Adriana cogió el bote de jabón que descansaba encima del mueble y lo arrojó con fuerza contra la puerta.

—¡TE ODIO! —le gritó a punto de llorar por la rabia que sentía. Porque lo odiaba, ¡odiaba todo lo que ese tío le había hecho sentir!

Entonces se observó en el espejó del baño y se encontró horrible, su melena rubia estaba algo despeinada y el pintalabios rosado se le había corrido. Abrió el grifo del baño de nuevo y volvió a frotar, aunque esta vez no frotó el top turquesa manchado sino que se frotó sus propios labios. Adriana necesitaba borrar desesperadamente ese espantoso beso de un hombre aún más espantoso.

Paula corría a toda velocidad huyendo de sus propios recuerdos porque sabía que no podía seguir así, ¡no podía! Así que siguió corriendo por esas desconocidas calles sin rumbo hasta que la voz que menos deseaba escuchar la atrapó.

—¡Paula! ¡Paula! —y una mano fuerte y tremendamente reconfortante la agarró. Incluso sin verlo, su cuerpo reaccionó patéticamente a él como si en medio de una multitud con millones de personas, Paula pudiera reconocerlo con los ojos vendados—.¡Dios, corres rápido! —le dijo Noel entre jadeos.

—Suéltame —le contestó mientras no dejaba de notar su mano que la estaba hiriendo.

—No, no voy a soltarte —le dijo sin comprenderla—.Lo siento, antes creo que me he explicado mal.

—Lo has hecho perfectamente —le soltó contemplando sus preciosos ojos rasgados. Unos ojos que a ella le encantaban aún después de todo lo que había ocurrido. Porque Paula no podía evitar sentir una sacudida en su corazón cada vez que esos ojos marrones la miraban aunque solo fuera por un segundo, solo a ella.

—Estás llorando —le dijo él sorprendido—.No llores —le suplicó Noel recogiendo una lágrima que se le resbalaba por el rostro. Pero ese gesto tan cariñoso y con tanto afecto, solo logró que las lágrimas de Paula brotaran sin control—.Para, Paula —le susurró Noel antes de abrazarla, y ella se perdió entre sus brazos llorando desconsoladamente.

Cada una de las lágrimas que derramó en ese abrazo le sirvió de despedida, una despedida de su yo pasado, su primer amor y Noel. Paula sintió la tentación de seguir aferrándose un poco más a ese hombre que la estaba consolando y se acababa de convertir en su único pilar, pero una voz en su conciencia la detuvo. ¡No! Se gritó mentalmente, era el momento de dejarlo y separarse de él para siempre.

—Ya estoy mejor —le dijo ella apartándose.

—¿Qué…? —pero Noel se calló y se sorprendió al encontrársela sonriendo—.¿Estás bien? —le preguntó dubitativo.

—Claro, no te preocupes —y Paula le sonrió falsamente—.Me voy a ir a casa, nos vemos —y ella lo dejó en medio de la calle para regresar a la terraza. Allí, sus dos mejores amigas la estaban esperando con cara de preocupación.

—¿Te encuentras bien? —le preguntó Sofía.

—Claro, ¿me llevas a casa?

—Créeme que yo también lo estoy deseando —le contestó Adriana abrazándola. Y las tres se montaron en el coche de Sofía para regresar a casa.

Quizá ese no había sido el mejor día para Paula, pero sin duda le había servido para despedirse de los sentimientos de Noel. Seguramente él era incapaz de imaginarse todo lo que había almacenado Paula en su interior, pero así siempre habían sido las cosas. Por un lado él siempre había sido el objetivo protagonista del mundo de Paula y ella, solo había sido una mera receptora de su cariño como un perrito faldero. Pero a partir de ahora todo sería distinto porque ese pequeñito perrito había roto su cadena para ser más libre que nunca. Se merecía ser feliz al lado de alguien que la valorase, y no podía esperar vivir eternamente solo de la caridad.

—Creo que a partir de ahora todo irá mejor —les dijo a sus dos amigas con una sonrisa antes de bajarse del coche, y aunque sus dos amigas no estuvieron muy seguras de ello a juzgar por los lagrimones que le resbalaban a Paula por las mejillas, las dos le sonrieron para animarla. Sin duda, entre las tres lograrían que a partir de ahora todo fuera mejor en la vida de Paula.

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Acerca de: Clover

¡Bienvenida a mi mundo plagado de soñadoras! Llámame CLOVER, soy la autora de este cuaderno, una ovejita más del rebaño, #cloveradicta, escribo historias románticas sin parar, atípica por convicción y amante de la libertad por fanatismo. ¿Te unes al rebaño de las que soñamos despiertas? (¡Desde este lado el mundo es un poquito más bonito!).

2 thoughts on “Desconocidos: capítulo 6 – Un cóctel delicioso”

  1. Fátima dice:

    ¡Hola guapa!! Me encanta el cambio que le has dado al blog ^^ La ovejita le da un toque adorable jaja
    Sin duda, me uno al rebaño de los cloveradictos 😀
    Un abrazo!

  2. Clover dice:

    ¡¡Bien!! Bienvenida al club, jajaja yo tb creo que la oveja es bonísima y le da un toque muy dulce al blog. Ya sabes que por aquí todo es muy dulce y romántico, abrazos 😛

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