Desconocidos: capítulo 5 – Intensas pulsaciones

¡Hola! ¿Os apetece un poco de romanticismo en el día de hoy? Si sois habituales en el cuaderno, sabréis que el amor se respira a través de todo el blog, pero no solo escribo sobre eso, ¡no señor! La verdad es que tengo bastantes manías cuando escribo, y hay ciertos personajes o situaciones, que sinceramente no podría escribir nunca (me herviría la sangre y me explotaría alguna vena del cuello jajaja). Pero dejemos de hablar sobre mis paranoias (daría para un buen número de posts) y centrémonos en el tema que hoy nos ocupa: los Desconocidos. Solo os avanzaré que aparecerá un nuevo personaje y antes que lo conozcáis, os diré que es del tipo de personajes que más ¡amo!


DESCONOCIDOS

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Capítulo- 5: Intensas pulsaciones.

Después de una noche de fiesta más o menos movida y algunas copas de más por parte de Paula cargadas de drama, las tres amigas regresaban a sus respectivas casas en el coche de Sofía.

—Soy patética, chicas —se lamentaba Paula sentada en el asiento de atrás y con el rostro sudoroso.

—¡Haz el favor de callarte! —le recriminó Sofía, desde que habían salido de la discoteca y se habían despedido de Borja, Luís y Raúl, su amiga no había dejado de sollozar como si fuera un perrito abandonado—.Solo estás borracha, no vas a morirte por eso —quizá tendría un fuerte dolor de cabeza por la mañana y notaría el estómago raro, pero nada que una buena ducha fría y una pastilla no pudieran solucionar.

—Estoy tan cabreada, ¿lo visteis? —y Sofía y Adri se miraron y suspiraron a la vez porque sabían perfectamente de quién hablaba, por supuesto que se refería a Noel—.Estaba como si nada en el Dandi, con esa, esa ¡fulana! Noooo, más que eso, ¡zorra!

—¡Ei, ei, ei! —la cortó Adri—.Que mi primo sea un capullo lo acepto, pero ella no tiene la culpa.

—¡La tiene! —le contestó amargada—Si no fuera tan guapa.

—Tú también eres guapísima, Paula —la animó Sofía deteniéndose en el semáforo—.Odio los malditos semáforos cuando no hay tráfico por la noche, ¿para qué sirven ahora?

—Para martirizarnos antes de llegar a casa —le contestó Adri en un bostezo mientras veía a su amiga Paula quedarse dormida en el asiento de atrás.

—Mañana va a encontrarse fatal.

—Lo sé, no está acostumbrada.

Sofía observó a su amiga por el retrovisor. ¡Pobre Paula!, se lamentó, porque vivía tan pendiente de Noel que apenas se daba cuenta que ella era mucho más interesante que cincuenta camareras juntas. Paula definitivamente necesitaba olvidarse de una vez por todas de Noel, y aunque lo que le había ocurrido había sido algo horrible y un putada, quizá era la terapia de shock que necesitaba para despertar y apartarse de las garras de ese encantador de serpientes.

—Está verde, Sofía —la llamó su amiga. Pero ella no tuvo tiempo de darle al acelerador cuando una moto apareció por su izquierda. Conducía en dirección contraria y tan pegada a su coche que el faro la cegó por completo. Esa moto grande y ruidosa pasó rozando al coche de Sofía y le arrancó el retrovisor de cuajo. Las dos amigas pegaron un fuerte grito asustadas cuando vieron que alguien se empotraba contra su turismo y se caía al suelo.

—¡Mierda! —gritó Sofía saliendo del coche como una loca—.¡Qué ha…! —pero se le atragantaron las palabras cuando se encontró una moto a pocos metros de ella y a un chico tumbado al lado con el casco puesto—.¿Estás bien? —le preguntó alarmada—.¡Adri llama a una ambulancia!

—¡La estoy llamando! —le gritó bajándose del coche.

—¿Qué pasa? —preguntó Paula sacando su cabecita por la ventanilla—.¡Dios mío! —gritó al ver al motorista.

—Quédate en el coche, Paula —le ordenó Sofía sin atreverse a tocar al herido—.No te muevas —le susurró a la altura del casco—.Pronto llegará la ambulancia.

Pero él no le contestó y ella empezó a impacientarse, Sofía intentó tranquilizándose diciéndose que al menos no se veía sangre por ningún lado así que eso supondría una muy buena señal. Pero entonces, recordó ese golpe seco y fuerte que habían escuchado encerradas en el coche y se horrorizó al pensar que eso había sido su cuerpo impactando contra el suelo.

—¡Lo siento! —se disculpó ella arrodillándose a su lado, y aunque Sofía no tenía la culpa de nada, eso no la calmó ni un poco.

—¿Crees que estará consciente? —le preguntó Adri arrodillándose a su lado mientras intentaba levantarle la visera del casco.

—¡Quieta! —le gritó Sofía apartándola—.¡Estás loca! No le toques la cabeza, vamos a dejarlo así hasta que llegue la ambulancia —y Sofía notó que el corazón se le hacia cada vez más pequeño y su sistema nervioso estaba al borde de la histeria.

—No se mueve —le dijo alarmada Adri con una voz chillona.

Para las tres amigas el tiempo se convirtió en algo eterno mientras esperaban la ambulancia. Sofía no dejaba de mirar su móvil para comprobar la hora, y no podía evitar ponerse cada vez más nerviosa al darse cuenta de la cantidad de minutos que ese hombre llevaba allí tumbado. Al final, no supo si había sido su propia imaginación o qué, escuchó unas sirenas lejanas que le había sabido a gloria mientras su amiga Adriana se levantaba y les hacía señales.

La ambulancia aparcó a su lado y de ella, empezaron a salir especialistas para atender al misterioso motorista mientras a Sofía le parecía estar dentro de una película. No dejaba de ver personas hablándole, sacando material médico y examinando a ese desconocido con el casco. Al final, uno de ellos sacó una camilla de la ambulancia y lo montaron encima.

—¿Qué ha pasado? —preguntó el médico mientras lo cargaban.

—Impactó directo con el coche, a la altura del retrovisor —le informó Adriana evitando contarle que había conducido por dirección contraria.

—Nos lo llevaremos al hospital, está inconsciente —y para Sofía escuchar la palabra “inconsciente” fue como si literalmente se le cayera el mundo encima.

—Me voy al hospital con él.

—Pero….tu coche.

—Toma, lleva a Paula a casa —le dijo entregándole las llaves.

—¿Estarás bien? —le pregunto Adriana insegura.

—No puedo dejarlo así, si me voy a casa estaré peor.

—Vale, voy a dejar a Paula y después me pasaré por el hospital.

—No hace falta.

—No te dejaré sola —y Adriana le mandó una reconfortante sonrisa—.No te preocupes, no ha sido tu culpa.

El trayecto hacia el hospital a Sofía le resultó agobiante porque no entendía para nada la situación, pero se alegró cuando metieron al motorista en urgencias y salieron un buen número de médicos para atenderlo. Ella se quedó en medio del pasillo hipnotizada, contemplando su camilla mientras se perdía a través de aquellos laberínticos pasillos fríos hasta que una puerta con unas grandes letras rojas obstaculizaron su visión: PROHIBIDO EL PASO, leyó mientras la puerta se le cerraba. Sofía se la miró nerviosa y de repente, fue como si despertase de esa maldita pesadilla, contempló a su alrededor y lo encontró muy silencioso y solitario. A esas horas de la madrugada poca gente se encontraba en el pasillo de urgencias y los empleados que estaban por allí, se mostraban muy calmados.

Lo primero que hizo Sofía después de quedarse sola fue irse a buscar un café en la máquina de la entrada y después se sentó en una de las sillas de la sala de espera para montar guardia. A ella, pronto los ojos empezaron a pesarle y casi se queda dormidas pero por suerte, en ese momento llegó su amiga Adriana y la despertó.

—¡Sofía! ¿Sabes algo?

—Nada, me han dicho que espere aquí pero ya llevan mucho rato sin decirme nada.

—Iré a preguntar —pero Adri tampoco recibió ninguna información nueva. Así que ambas fueron a buscarse otro café bien cargado y regresaron a esas incómodas y plastificadas sillas.

Las puertas de urgencias no volvieron a abrirse hasta pasados cuarenta y cinco minutos de agonía, nervios y angustia. Sofía a esas alturas no sabía qué pensar y su cerebro no dejaba de jugarle malas pasadas imaginándose lo peor.

—¿Sofía Gutiérrez? —en un principio se alarmó un poco y se preguntó de dónde diablos habían sacado su nombre, aunque después se dio cuenta que ella misma se lo había dado a los de la ambulancia.

—Soy yo —le contestó levantándose de un salto.

—Buenas noches, soy el médico Sáez, el médico que a atendido al motorista que usted ha atendido en la carretera. El paciente ya ha despertado y está estable.

¡Por fin! Deseó gritarle, era la primera vez que se alegraba tanto que alguien despertara y eso, que no lo conocía de nada. Entonces notó como se deshinchaba por dentro como un globo, y necesitó apoyarse un poco en su amiga para no caerse.

—¿Está bien? —le preguntó el médico.

—Sí, cuando lo vi allí tumbado tan quieto yo…—y el médico de mediana edad con el cabello parcialmente canoso le sonrió cariñosamente.

—No se preocupe, está estable y ha despertado sin lesiones aparentes. Solo tiene un hombro dislocado y algunas magulladuras.

—¿Dislocado?

—Nada que unas semanas de reposo no pueda sanar. Hoy se quedará en observación por precaución, pero parece que tuvo una buena caída.

—Me alegro.

—Al final todo ha salido bien, Sofía —le susurró su amiga abrazándola.

—¿Quiere verlo?

—¿Cómo? Creo que se confunde, no lo conozco de nada.

—Lo sé, le he explicado que afuera estaba la joven que lo había traído y ha insistido en que quería conocerla.

—¿De verdad quiere verme?

—Vete con él, anda —la animó su amiga empujándola, y Sofía se perdió en esos pasillos de urgencias con el médico.

—Es esta habitación de aquí —le informó el doctor Sáez sujetándole la puerta gris para que entrar—.Alejandro, te traigo a tu salvadora —lo saludó el médico a nada más entrar en la pequeña habitación.

A Sofía nunca le habían gustado demasiado los hospitales, en primer lugar porque olían mal pero además, siempre poseían esos tonos tan deprimentes en los que que nunca lograba sentirse tranquila.

—Hola —la saludó ella tímidamente entrando detrás del médico.

Sofía se encontró con una habitación de hospital blanca y gris, con una gran ventana lateral que ahora tenía la persiana bajada y una televisión apagada. En el centro, había una gran cama blanca donde estaba un chico tumbado y tapado con unas sábanas blancas. Él la observaba sonriendo como si no hubiera sufrido un accidente hacia apenas unas horas, y ella no pudo hacer otra cosa que devolvérsela. Era un chico joven por su aspecto, y no se parecía en absoluto a la imagen mental que ella había intentado hacerse de él. Era rubio, con el cabello largo y algo ondulado, unos ojos azules clarísimos y su piel era blanquecina aunque se notaba que estaba moreno por el sol.

—Soy Sofía —se presentó educadamente quedándose al los pies de su cama.

—Yo soy Alejandro, pero puedes llamarme Alex —y ella le sonrió de nuevo por culpa de su sonrisa tan reluciente. ¿Cómo podía sonreír de esa forma cuando estaba en el hospital?

—Os voy a dejar para que habléis tranquilamente —y el médico los dejó a solas.

—Quería darte las gracias —le dijo Alex.

—En realidad cualquiera en mi lugar hubiera hecho lo mismo.

—Pero no fue cualquiera, fuiste tú —y Sofía se avergonzó un poco. ¿Qué le estaba pasando? Normalmente era la chica dura, algo así como la femme fatale . ¿Porqué ahora estaba a punto de tartamudear por ese desconocido? Seguramente aún se sentía demasiado expuesta después del accidente y tenía las emociones a flor de piel.

—¿Te duele?

—El hombro me dolerá, aunque ahora con la medicación no noto casi nada.

—Lo siento.

—No deberías disculparte, fue mi culpa. Seguramente te asustaste al ver un loco que se estrellaba contra tu coche.

—Me sorprendiste, en realidad mi amiga y yo pegamos un buen grito pero el que salió peor parado fue mi retrovisor —y Alex se rio un poco pero rápidamente puso una mueca de dolor.

—Hoy no debería reírme.

—Entonces nada de chistes por hoy.

—Te prometo que te pagaré el retrovisor.

—Ahora no deberías preocuparte por eso, creo que necesitas descansar. Hoy a sido una noche muy larga para ti.

—Sofía, antes de irte ¿podrías darme un vaso de agua?

—Claro —y ella se acercó a la mesilla para rellenarle el vaso de cristal. En ese momento no se dijeron nada aunque ella notaba los ojos claros de Alex encima de ella. A Sofía le tembló un poco el pulso mientras llenaba el vaso aunque intentó ocultarlo sin éxito—.Toma —y Alex cogió el vaso con el brazo que no tenía herido y se bebió el agua de un trago—.¿Quieres más?

—No, así está bien —le contestó entregándole el vaso. Ella lo cogió y se le aceleró el pulso al tocar un poco las puntas de sus dedos, pero se congeló aún más al encontrarse con sus azules ojos—.Gracias —le susurró Alex.

—De nada —le contestó con unas ganas locas de…¡Basta!—.Entonces me iré y te dejaré descansar —se despidió con prisa.

—¿Mañanas vas a regresar? —¿cómo? pero antes que pudiera preguntárselo él le contestó.

—Te debo un retrovisor nuevo y no acepto un no como respuesta.

—Si quieres puedo pasarme por la mañana.

—Te estaré esperando. Buenas noches, Sofía.

Sofía se dirigió hacia la salida de urgencias donde su amiga la estaba esperando.

—¿Cómo estaba? —le preguntó Adriana nada más verla.

—Dolorido, pero bien, creo —le contestó recordando lo mucho que se había reído y lo muy relajado que parecía.

—¡Menudo susto nos dio! ¿Y cómo es?

—Es joven, me pareció que era de nuestra edad.

—¿Guapo? —le preguntó su amiga picándola.

—Guapísimo.

—¿De verdad?

—Es rubio con los ojos azules y está un poco moreno.

—¡Y va en moto! Esto es el destino.

—¿Destino? —se burló ella—.Pues menuda mierda de destino, casi se mata hoy.

—Sí, y tú estabas para salvarlo. Ojalá te hubiera acompañado, ahora quiero verlo.

—Me ha pedido que mañana me pase por aquí.

—Entonces déjame verlo mañana.

—Vale, pero no seas bocazas.

—No, seré una tumba y prometo no entrometerme.

—No digas estas cosas de las tumbas en un hospital, me da mal rollo.

—Lo siento.

—Ahora dame las llaves de mi coche y larguémonos de aquí, me muero de sueño.

—Yo también. Al final la única que ha logrado descansar algo esta noche ha sido Paula.

—Ella no se ha enterado de nada —pero quizá era mejor de esa forma. La pobre Paula estaba pasando por demasiados malos momentos sola, momentos que necesitaba afrontar por ella misma y superar, así que lo último que necesitaba eran más dramas y un motorista herido. Aunque claro, para cuidar de ese rubio de ojos azules ya estaba Sofía que todo sea dicho de paso, desde que lo había conocido sin el casco, le había parecido la mar de interesante.

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Acerca de: Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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