Desconocidos: capítulo 4 – Remordimientos y apuestas

¡Hiiii! ¿Preparados para otro capitulazo? Lo de capitulazo lo digo por la extensión (lo otro no soy yo la que tiene que juzgarlo :P). En el anterior capítulo dejamos a Paula en un momento bastante agridulce. ¿A nadie le ha ocurrido lo mismo que a ella, hacer algo aún sabiendo que al final te hará sufrir? Creo que la vida posee esos matices, no todo nos resulta bueno o malo, y nuestros deseos a veces no terminan de cumplirse del todo. Por eso está bien saber disfrutar de las pequeñas cosas, los logros imperfectos y de las metas inacabadas. Tomaros un relax de vez en cuando y no seáis tan duros con vosotros mismos. Besos.


DESCONOCIDOS

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Capítulo- 4: Remordimientos y apuestas.

Lo sabía, lo sabía perfectamente, Noel solo quería ganar esa estúpida apuesta, solo quería…¡Aquello que ya había conseguido! Pero por otro lado, ¿qué podía hacer? Esa había sido la primera vez en toda mi vida que me miraba a mí, ¡a mí! Y sabía que si no jugaba con las cartas que me había dado, no lo conseguiría jamás. Sentirme fatal ahora era la consecuencia previsible de mis propios deseos, los deseos de una Paula siempre dispuesta a dárselo todo.

Tres amigas se encontraban reunidas en la habitación de una de ellas para una misión de S.O.S en toda regla. El objetivo a salvar se llamaba Paula y la causa no era otra que Noel.

—Es que no sé qué me pasó —se lamentaba Paula mientras intentaba cubrirse el rostro con su almohada.

—Te entendemos perfectamente —la consolaba Adriana abrazándola.

—Lo que no entiendo es porqué ahora te pones así —le soltó Sofía mientras se maquillaba con el maquillaje de su amiga—.Qué quieres que te diga, Noel es un partidazo y si has logrado acostarte con él, mejor para ti.

—¡Sofía! —la llamó Adri—.No todas somos como tú, seres sin corazón.

—Gracias —le contestó su amiga guiñándole el ojo.

—Pero creo que Sofía tiene razón en algo, al menos pasaste una buena noche, ¿no? —Paula levantó su rostro salpicado de lágrimas y miró a los azules ojos de Adriana.

—El problema es ese, ¡no podré quitármelo de la cabeza!

—¡Jesús! —suspiró Sofía cabreada—.Esto va a terminarse ya señorita lamentaciones, ahora mismo te levantas de la cama, te metes en el vestido azul que tanto me gusta y te subes en unos tacones de no menos de diez centímetros.

—No me apetece salir.

—¡Me importa un bledo! —le soltó mientras ordenaba el maquillaje—.Vete a duchar, te cambias y después Adri y yo te peinamos y maquillamos.

—Exacto, hoy las tres vamos a pegarnos una gran fiesta —la animó Adri antes de empujarla hacia el baño.

Paula cerró la puerta del baño sin muchas ganas porque esa noche no le apetecía en absoluto salir de su casa. Mientras se desnudaba, se contempló en el espejo del baño y se vio horrible. Tenía los ojos hinchados, unas ojeras oscuras espantosas y su cabello no parecía cabello. Quizá sí que necesitaba una buena ducha para alejar ese lamentable aspecto y así, empezó a ducharse deseando que Sofía fuera realmente una artista maquillando.

Afuera, sus dos ángeles salvadores le estaban preparando el modelito para cuando saliera.

—¿Tú crees que estará bien? —le preguntó Adriana preocupada.

Desde que se había enterado que ambos se habían acostado por culpa de una apuesta, se sentía muy intranquila. Adri no había querido esta situación, había deseado que lo suyo se hubiera cocido poco a poco y además, había creído erróneamente que entre ambos estaba naciendo algo más profundo que simple sexo. ¡Pero ahora lo entendía todo! Solo se había tratado de otro de los jueguecitos de Noel para su propio disfrute, y había terminado dejándola sin ni siquiera haber empezado.

—Noel es un capullo con las tías, y Paula es…Paula.

—Y pensar que yo busqué esto. No sé en qué pensaba.

—Pensabas en lo mejor para tu amiga —le contestó Sofía entregándole el vestido azul para que lo dejara encima la cama—.Paula se merece ser feliz.

—Mataré a mi primo.

—No le digas nada, solo lograrás avergonzarla más.

Y Adri se calló porque tenía razón, no podía recriminarle nada a Noel porque en definitiva nunca le había prometido nada más a Paula. Además, si había alguien que lo conocía tan bien como ella misma esas eran sus amigas. Paula sabía perfectamente lo que buscaba Noel invitándola en el mar, su primo nunca había sido del tipo romántico ni del estilo que regalara promesas de amor.

Por otro lado, Adriana no podía dejar de admirar la valentía de su amiga, se había arriesgado con todas las consecuencias y había dejado fluir sus propios deseos sin control. Aunque ahora mismo se encontrase en el baño hecha una mierda, Paula había logrado por unas horas acaparar la atención de su amor no correspondido y en cierta medida, había ganado algo mucho más auténtico.

—Sofía, cuando salga tenemos que dejar a Paula como una diosa, esta noche se merece serlo —le dijo Adriana mientras buscaba un collar a juego. Sofía observó el carmín rojo del escritorio y sonrió, Paula sería una diosa, una diosa por encima de todos.

Una misión exitosa, así podía definirse la actuación de ese par de implacables amigas con Paula. Esa noche estaba deslumbrante, atractiva y guapa, y aunque todas sabían que por dentro no se sentía en absoluto así, allí estaban sus amigas para recordárselo. El peinado, el maquillaje y la ropa hablaban de una realidad poco real pero a la que deseaban que Paula se agarrara. Era una mujer joven y lista, con miles de cosas para ofrecerle al mundo y que no debería derramar ni una lágrima más por un hombre que no era capaz de apreciarlo. Si Noel estaba ciego o tenía un gusto pésimo, Adri y Sofía se ocuparían personalmente para que se arrepintiera.

—¿Vamos a ir a Dandi? —preguntó Sofía estacionando su coche.

—Creo que no deberíamos ir allí hoy—les contestó Paula con miedo al salir del coche.

Ese, era el pub que acudían siempre para tomar una copa, y aunque era un sitio elegante, a la moda y con unas copas buenísimas, en ese momento Paula temía que pudiera encontrarse con él.

—Hace semanas que Noel no se pasa por allí, tranquila —la animó Adriana cogiéndola del brazo para que sonriera un poco.

Paula, aunque era pequeñita y delgada, cuando se enfundaba en unos tacones altos resaltaba mucho. Era muy guapa, del tipo de belleza con una expresión dulce y agradable. Normalmente no le gustaba maquillarse demasiado y evitaba los excesos por eso, esa noche después de más de un exceso de la mano de Sofía, parecía una mujer mucho más interesante.

—Necesito ir al baño —les comunicó Sofía al entrar en el local, y las tres se dirigieron en esa dirección.

—Está llenísimo de gente hoy —se animó Paula al darse cuenta que quizá entre toda esa multitud podría encontrar a alguien que valiera la pena. Sabía que no podría olvidar a Noel así de fácil, y menos después de lo que había ocurrido, pero al menos se consolaba que con el tiempo quizá…

—¡Os lo dije! —gritó Paula en medio del pub con los ojos abiertos como platos—.Os dije que cambiáramos de sitio —masculló avergonzada, y Adri rápidamente se heló al localizar a su primo en la barra tonteando con la camarera.

—Tranquila. Esto no va a fastidiarnos, me ocuparé de la situación .

—¿Cómo? ¡Ahora mismo no quiero verlo!

—Pues creo que ya lo has visto —le contestó Sofía sin poder evitar reírse.

—¡Deja de reírte de una vez! —le reprochó Adri.

—Tiene gracia, después de tantas semanas ausente decide aparecer esta semana por aquí. Me pregunto si se ha traído también a su amigo el antipático.

—¡Eso ya sería el colmo! —estalló Adriana, pero se controló al ver a su amiga temblar—.Paula, no pasa nada, vamos a ir a la otra esquina del local.

—Quiero irme de aquí.

Adriana se la miró dubitativa, Noel parecía muy interesado en la camarera y por la forma en que ella se movía parecía que también era de su gusto. Seguramente en ese estado ni se enteraría que estaban ellas tres allí, pero dado que Paula lo estaba pasando francamente mal, aceptó empezar la noche en otro local.

—¿Podemos ir al baño después, Sofía? —y su amiga asintió con una sonrisa.

Así las tres decidieron dar media vuelta para dirigirse a la salida. Sin duda, una retira a tiempo en una batalla puede significar ganar una guerra con la excepción, que estaba vez el enemigo de las tres les había preparado una emboscada.

—¿¡Prima!? —escuchó Adriana que alguien la llamaba, pero ella siguió avanzando entre la multitud ignorándolo —¡Adri! —volvió a llamarla con más fuerza mientras ella escapaba con Paula y Sofía.

—Te está llamando —le dijo Paula tirando de ella para que se detuviera.

—Lo sé.

—Nosotras saldremos fuera, tú quédate con él —le dijo Sofía controlando una situación crítica. Y así, se llevó a Paula a un lugar seguro.

—Gracias, chicas —se lamentó Adriana mientras esperaba a su primo.

¡Aquí viene el idiota! pensó nada más verlo. Parecía tan animado con su sonrisa resplandeciente de siempre y su ropa impecable. ¡Un idiota rematado!

—¿No me escuchabas? —si tú supieras, pero se mordió la lengua y fingió una sonrisa.

—¿Qué tal?

—Bien, aquí tomando algo. ¿Y tus amigas? —¿me preguntas por Paula, con la que te acostaste en un lugar público y después pasaste de ella?

—Están afuera, ya nos íbamos.

—¿Tan temprano? —le preguntó mirando la hora.

—Queremos ir a otro sitio.

—¿A cuál? —hoy su primito estaba preguntón.

—No sé, a otro.

—¿Nos podemos apuntar?

—¿Nos?

—Estoy con Sergio.

—¡Ni hablar!

—Dale una oportunidad.

—No se la merece, es un estúpido. Sabes perfectamente lo que me hizo y aún así ¡quedas con él!

—Fue una broma, me lo explicó.

—No, eso no fue una broma. Nos conocemos Noel, y sabes que nunca exagero.

—A veces lo haces —le contestó para picarla.

—No en esos casos. Bueno, me voy que me están esperando.

—¿Y no vas a llevarte a tu primo preferido?

—Si estás con él, no —y Adriana se giró mosqueada para huir de aquel sitio. No iba a llevárselo aunque estuviera solo, pero así había encontrado un buen pretexto para evitarlo. Ahora no era solo Paula la que deseaba apartarse del local, Adriana también sentía un poderoso deseo de arrancar a correr y huir.

Adri abrió la puerta opaca del Dandi y respiró aliviada porque por fin saldrían de ese infierno y podrían empezar la verdadera fiesta. La puerta oscura y pesada se cerró detrás de ella y antes que pudiera buscar a sus amigas la sorprendió una voz aterradora.

—Buenas noches, Adriana —ella se congeló nada más cruzar los ojos con ese hombre vestido de negro. Llevaba su habitual cabello oscuro peinado a la moda, y sus verdes ojos resaltaban por encima de toda esa aura negruzca.

—Hola —lo saludó ella de un modo más informal y seco.

—¿Ya te vas? —le preguntó cortándole el paso. Sergio era un chico muy alto y esbelto, por eso siempre parecía un maldito modelo. Eso sumado a que la ropa le sentaba siempre absurdamente perfecta, hacían sentir a su interlocutor más vulgar y ordinario.

—Sí, mis amigas me están esperando —y él las buscó con la mirada como si creyese que le estaba mintiendo. ¡No te tengo miedo! Deseó gritarle, pero él volvió a fijar sus ojos inexpresivos en ella y se acercó.

—¿Te has pensado lo que te dije? —le preguntó bajando un poco el tono.

—¿Qué? —le preguntó con una mezcla de incredulidad y alucine.

—No me gusta que te hagas la tonta conmigo —Sergio desvió la vista un momento para comprobar que sus amigas no les hacían puñetero caso y volvió a mirarla—.Eso de ser más agradable —le contestó paseando un dedo por su escote. A ella esa caricia tan descarada la pilló tan desprevenida que no pudo apartarse y Adriana solo contuvo su respiración mientras lo miraba a los ojos—.Te daré algo más de tiempo, voy a ser bueno contigo —y Sergio le regaló otra de esas sonrisas que parecían terroríficas.

—Disculpe —la despertó de un manotazo una voz masculina que deseaba entrar en la discoteca. Ella se apartó al momento avergonzada por haber estado obstaculizando inconscientemente la salida y empezó a respirar agitada.

—Lo siento —se disculpó ella roja de arriba y abajo.

—¿Adriana? —la llamó el chico de la puerta.

—¡Borja! —y el chico rubio y pequeño le ofreció una sonrisa—.¿Qué haces por aquí? —Borja era su compañero y amigo de la universidad. Se habían conocido en una optativa, y aunque coincidían en pocas clases porque estaban en grupos distintos, habían salido muchas veces de fiesta juntos.

—He quedado con Luís y Raúl —esos eran otros amigos de Borja que había conocido de fiesta.

—Paula, Sofía y yo nos vamos a ir a otro sitio.

—Si quieres voy a buscarlos y os acompañamos.

—Seguro que se alegran de veros —le contestó ella con una sonrisa mientras veía que su amigo Borja se perdía a través de la puerta del local.

—¿Vas a irte con él? —la sorprendió Sergio desde atrás. Creía que a esas alturas ya se habría largado, Sergio parecía siempre tan ocupado con su vida, como si fuera muy importante.

—Por supuesto —le contestó irritada—.¿Tú no deberías estar dentro con mi primo?

—Yo hago lo que me da la gana.

—Entonces la que se va soy yo.

—Adriana —la llamó él tirando de la asa de su bolso, ella se giró y se lo miró sin comprenderlo. Sergio la miraba muy serio, como si en ese momento tuviera una lucha interior—.Disfruta de la noche.

—No te quepa ninguna duda que lo haré —pero esa respuesta pareció molestarlo aún más y eso que lo había visto siempre muy cabreado.

Ella le regaló una gran sonrisa mientras se iba pero Sergio no se la devolvió, se limitó a darle la espalda y abrir la puerta oscura para entrar en el Dandi.

A Sergio le costó bastante encontrar a Noel, aunque era un hombre alto y esbelto, no lo era tanto como él. Pero solo necesitó usar su cabeza y seguir la mirada ardiente de una exuberante camarera, para que ésta le señalara exactamente dónde se encontraba.

—¡Sergio! Creía que ya me habías abandonado.

—Lo siento —se disculpó desabrochándose otro botón de su camisa. Allí dentro el ambiente resultaba asfixiante y desagradable, y él se sentía hervir.

—¿Quién es Borja?

—Borja… ni idea, no me suena.

—Tú prima estaba con él.

—Aahh…ese es un amigo suyo de la facultad. A veces sale con nosotros, ¿por? —pero Sergio no le contestó y siguió con su interrogatorio.

—¿Sabes que tu prima está afuera?

—Sí.

—Quiere irse a otro sitio con Borja.

—Lo sé.

—Y te parece bien —le contestó con amargura.

—Es que no te pillo, ¿por qué debería parecerme mal?

—Ese tío es raro —y Noel empezó a reírse.

—¿De verdad me estás diciendo esto? Mira, la única razón por la que te dejo seguir hablando con ella es porque eres mi amigo, pero creo que el que se ha pasado con mi prima has sido tú.

—No le he hecho nada—aún no, evitó decirle, porque cuando Sergio le hiciera algo a Adriana, tendría motivos para quejarse—.Paula también está afuera.

—No quiere verme —le contestó muy serio.

—Eso no lo sabes.

—Por favor, Sergio. Vamos a dejar el tema.

—No os entiendo, sois amigos y os habéis acostado juntos, ¿qué problema hay?

—¡Pero ella no es de ese tipo de chicas!

—¿Así que pretendes fingir como si nunca te hubieras acostado con Paula?

—Exacto, ella es la amiga de mi prima, nos conocemos desde pequeños. No sé en qué estaba pensando.

—¿Hace falta que te diga en qué pensabas? —le preguntó Sergio observando a la camarera exuberante que ahora parecía  más interesada en él—.Creo que te acabo de robar a tu amiguita camarera.

—Aaah, te refieres a Cris, es buena chica aunque un poco agresiva.

—¿Agresiva? Es justo mi tipo.

—Tú tipo son todas, me temo.

—No, odio a las estúpidas que no saben apreciar a un hombre de calidad.

—Tu problema es que todas te saben a poco.

—Y el tuyo Noel, que regalas demasiadas palabras bonitas.

—Pues ya ves, así nos va —le dijo su amigo con un suspiro—.Sabes, creo que somos la peor clase de hombres.

—No, los hay mucho peores.

—Entonces preséntamelos cuando los encuentres, amigo. Y ahora invítame a una copa y vete con Cris.

—Te haré caso, aunque puede que la copa tarde un poco en llegar.

Sergio se dirigió a la barra para acercarse a Cristina cuando se fijó en un grupo de tres chicos que se movían entre la multitud. Uno de ellos le llamó la atención y se dio cuenta que se trataba de Borja, así que dedujo que los otros dos serían Luís y Raúl. Niñatos, se lamentó nada más verlos, chiquillos jóvenes sin experiencia que no sabrían qué hacer con una mujer de verdad. Él en cambio, era un hombre maduro y experto en muchos campos y materias. Ninguna mujer en el mundo lo rechazaría ni loca y por supuesto, esto incluía a Adriana. No es que ella le importara realmente se dijo, solo que no podía soportar que una chica de apenas veinte años estuviera tan ciega como para no valorar lo que estaba enfrente de sus ojos. Odiaba a las chiquillas infantiles que se las daban de mucho, esas que lo miraban como si fuera lo peor del mundo pero que en el fondo, se morían por acostarse con él.

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Acerca de: Clover

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Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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