Desconocidos: capítulo 33 – ¡Floreceremos como pequeños tulipanes!

desconocidos

¡Buenos días! Hoy es el gran día y ya no hay ni avisos ni excusas, ¡el final definitivo de los Desconocidos está aquí!

En primer lugar y antes de soltaros un tostón épico, os quiero pedir disculpas de nuevo por mi “ausencia” del domingo pero sentí que el capítulo no estaba listo (no era el final que quería) así que tomé la decisión de aplazarlo unos días para que fuera el capítulo esperado. Los finales me cuestan, es algo que ya os he contado alguna vez y quizá soy yo una sentimental, no lo sé, pero escribiéndolos siempre me vienen a la cabeza muchísimas sensaciones contradictorias que necesito ordenar (sino sería una verdadera cacota XD).

Así que hoy vamos a decirles un “adiós” muy grande a estos seis protagonistas que me ha encantado descubrir junto a todos vosotros. Muchas gracias por todo; he aprendido, he intentado mejorar y lo más importante, he disfrutado muchísimo. Como curiosidad os diré que las últimas páginas (el epílogo), lo escribí hace meses, prácticamente cuando publiqué el capítulo cinco o seis de los Desconocidos (¡anda que no ha llovido desde entonces!). Pero como me pareció tan nostálgico y bonito, he decidido publicarlo prácticamente sin cambiarlo.

Sin más, que yo me enrollo como una persiana si nadie me frena, daros las gracias por acompañarme y como siempre ocurre en el cuaderno, cuando decimos un “adiós” un “hola” se acerca. ¿Os imagináis cómo será la nueva historia? Para eso aún tendréis que esperar un poquito (cambiar el chip cuesta) pero ya hay varias candidatas.

¡Besos a todos! Y acordaros de soñar con los ojos bien abiertos para no perderos nada de la vida.

¡Hasta el domingo!


DESCONOCIDOS

[symple_button color=”rosy” url=”https://elcuadernodeclover.com/contemporanea-romantica/sinopsis-desconocidos/” title=”Índice” target=”self” border_radius=””]ÍNDICE[/symple_button]


Capítulo 33- ¡Floreceremos como pequeños tulipanes!

Sofía contempló la pequeña carta que ya se había leído unas veinte veces y no pudo desprenderse del nudo que se le había atascado en el estómago. Porque en el último párrafo, casi al final de todo, Álex le había lanzado un guante que se le estaba clavando en la piel como si fuera de hierro: “si sientes algo parecido aunque solo sea un leve soplo”. ¿Realmente lo sentía en ese momento? Porque lo que estaba claro es que Sofía estaba sintiendo muchísimo cuando apenas era capaz de sostener la carta entre sus dedos.

—¡No lo sé! —le gritó a ese trozo de papel como si fuera el puente entre su corazón y el de Álex. Porque Sofía a esas alturas del viernes por la noche empezaba a sentirse algo menos pétrea y firme, como si aquella roca que había creído tener por corazón estuviera convirtiéndose en cera. ¿Qué diablos haré mañana?

Adriana se despertó en esa masculina y moderna habitación que olía a Sergio mientras se fijaba en el espacio vacío que había a su lado. Allí donde las sábanas color crema se arremolinaban había estado durmiendo plácidamente el hombre de sus tormentos. ¡Otra vez, no!, se lamentó mientras observaba la lámpara de diseño que colgaba del techo. Porque otra vez había cometido esa locura y se había dejado llevar por su parte más estúpida e inconsciente. ¡Mierda!

—Buenos días —la sorprendió en ese momento el protagonista de sus peores pesadillas mientras entraba en la habitación con una sonrisa de oreja a oreja—.Veo que ya te has despertado —y ella no pudo evitar caer rendida ante la visión de un Sergio con el cabello mojado y vestido con una simple camiseta blanca y unos pantalones negros—.Si quieres ducharte antes de desayunar… —y como ella no le contestó, Sergio le recordó con el dedo dónde se encontraba el baño mientras abría el primer cajón de la cómoda.

—Gracias —le dijo ella tímidamente cuando fue consciente que se había quedado muda mirándolo y automáticamente un calor repentino que empezó en su estómago le atrapó el rostro cuando se percató que se encontraba completamente desnuda bajo las sábanas. Por eso, Adriana se esperó pacientemente a que Sergio terminara de buscar lo que fuera que estuviera buscando en ese cajón y cuando se quedó sola de nuevo, saltó de la cama para encerrarse en el baño.

La ducha a Adriana le resultó de todo menos relajante, si bien la ayudó a tranquilizarse un poco, había una parte de ella misma que no podía permanecer calmada desde que había metido los pies en ese piso. Todo allí dentro le recordaba a Sergio; desde el aroma, el suelo que pisaba, las paredes pintadas de blanco y los muebles caros pero con un diseño distante. Porque Sergio no era un hombre corriente, él era terrible, narcisista y prepotente, un ser incapaz de actuar con humilde frente a los demás y tan terriblemente frustrante, que no podía comprender cómo ahora estar en su ducha la hacía, al menos en parte, tremendamente feliz. Quizá era que Adriana había llegado a comprender que detrás de ese hombre sin escrúpulos había eso, escrúpulos, y que Sergio era en definitiva otro ser humano más, hecho de carne y hueso con sus defectos y sus virtudes. ¡Esto no puede ser!, se quejó metiendo la cabeza bajo el agua con la esperanza que todas esas fantasías de preadolescente se escaparan por el plato de ducha y la dejaran en paz, pero parecía que todo en esa casa funcionaba al revés porque cuanto más intentó olvidarlo, más le pareció escucharlo.

—¡El desayuno está listo! —le gritó Sergio el cual se encontraba terriblemente cerca —¡Date prisa, Adriana! —le insistió, y para su completo espanto, abrió la puerta del baño como si nada.

—¿Qué estás haciendo? —le gritó ella mientras se alegraba que la mampara de cristal estuviera empañada —.¡Lárgate de aquí! Ahora salgo —y como él no le contestó, sacó la cabeza de la ducha y se sorprendió cuando se encontró a Sergio en medio del baño mirándola con sus ojos verdes—¿Se puede saber qué haces? —le preguntó cabreada.

—Esperar que salgas.

—Te he dicho que…

—Ahora saldrías —le contestó haciéndose el listillo.

—¡Y también te he dicho que me dejaras intimidad!

—Está bien…te esperaré fuera —y Sergio se largó mientras echaba una última miradita dentro del baño para ver si tenía algo de suerte y la veía de nuevo.

En realidad, tampoco podía quejarse de su suerte pues había tenido a Adriana completamente desnuda y para él solito durante toda la noche anterior. Pero parecía que su cuerpo era incapaz de sentirse del todo saciado con ella y que necesitaba recordarla una vez tras otra para no olvidarla. Y es que Adriana era una mujer atractiva en muchos aspectos y a esas alturas él conocía lo suficiente de ella como para saber que su mayor atractivo residía en su carácter. Desde que se habían conocido, esa rubia de mirada azul le había plantado cara a todos sus excesos y extravagancias y eso, por extraño y masoquista que pareciera, era lo que más le había gustado. Como si la mujer más interesante para Sergio fuera precisamente la que le había parado los pies y la que se había atrevido a llevarle la contraria.

Porque Adriana era una experta en eso, en salirse por la tangente y descolocar el cuadriculado mundo de Sergio. Ella en sí misma constituía su propio mundo, a veces un mundo cuadriculado, otras circular y otras, apenas poseía una forma concreta. Ante ese mundo espontáneo, caótico y a la vez alocado, Sergio solo había podido rendirse y mostrarse tan curioso y asombrado como un niño. Ahora a Sergio ya no le importaban las mil y una peleas que habían tenido en el pasado, todas las réplicas que se habían lanzado o las falsas expectativas, ahora solo deseaba seguir conociendo ese mundo tan utópico llamado Adriana y seguir descubriendo lo imprevisible.

—¡Ya estoy! —la sorprendió Adriana saliendo del baño vestida con su albornoz blanco—Supongo que no te molesta que lo use.

—Claro que no —le contestó él mientras se fijaba que el albornoz le quedaba enorme y que casi le arrastraba hasta al suelo. Entonces también se fijó en las solapas del pecho y en la forma en que se le abrían mostrando su generoso escote y Sergio, automáticamente empezó a fantasear con abrírselo. Le costaría muy poco tenerla completamente desnuda de nuevo en medio del salón, y de esta forma tan simple y natural, podrían retomar su historia donde la habían dejado la noche anterior.

—¡Sergio! —lo llamó por enésima vez Adriana mientras él la estaba mirando como si estuviera congelado. Ella ya sospechaba que él no era un hombre demasiado familiarizado con eso de compartir, pero tampoco hacía falta que se mostrara tan afectado por un simple albornoz—¡Sergio!

—¿Qué ocurre? —le preguntó él con la mirada algo perdida.

—¿Y el desayuno?

—Aquí —y le indicó la mesa donde había de todo: fruta, zumo, agua, tostadas, algunos productos de bollería y frutos secos—¿Quieres un café también?

—Sí —le contestó Adriana sentándose en la mesa y analizando toda la comida que se encontraba encima de la mesa.

—Ahora te lo traigo.

Adriana en ese momento empezó a servirse el desayuno mientras se horrorizaba un poco por la facilidad con que se había adaptado a ese apartamento demasiado sobrio y vacío en el cual hacía falta una buena mano de diseño. ¿En qué demonios estoy pensado?, se reprochó cuando en su mente empezaron a aparecer ideas, colores y diseños para ese piso. Por supuesto, intentó calmarse mientras se llenaba el vaso de agua, ¡estudio diseño!, se dijo para tranquilizante, porque cualquier estudiante de diseño estaría encantado de poder demostrar sus ideas en un piso tan grande y con tan poca personalidad. Por eso, cuando Sergio regresó con sus cafés con leche recién preparados se mostró más alegre y con el ánimo recuperado.

—Tú casa es un poco aterradora —lo provocó un poco para sentirse de nuevo en su habitual zona de confort.

—Cierto, se parece bastante a mí —y él le dejó la taza de su café y se sentó a su lado—. Entonces creo que deberías hacer algo para que dejara de serlo.

—¿Qué dices? —le preguntó creyendo que la estaba pinchando de nuevo—¿A mi qué me importa tu casa?

—Eso me gustaría saber a mí. ¿Qué te importa? —la presionó con una sonrisa.

—Deja de tomarme el pelo —le dijo mientras empezaba a sentirse muy incómoda vestida solo con ese albornoz.

—De verdad que no logro comprenderlo —le soltó Sergio mientras alargaba la mano y sujetaba una tostada entre sus dedos—.Pero desde que te he visto esta mañana en mi cama yo… —y se calló de repente y dejó en el plato la tostada con la que había empezado a juguetear.

—¿Qué? —le preguntó Adriana aguantando el aire dentro de sus pulmones.

—Me gusta tener aquí —y entonces él levantó la vista hacia ella para que comprendiera la magnitud de sus palabras—.Me gusta mucho —y todo el mundo de Adriana se inundó del verde de los ojos de él, un verde teñido de negro y gris, con corbatas, trajes, coches absurdamente caros y momentos maravillosamente imperfectos.

—¡Esto es tan absurdo! —le contestó ella que acababa de sentirse acuchillada por sus propios sentimiento traicioneros—.Debería largarme —y se levantó de la mesa con rapidez y se fue a la habitación de Sergio para cambiarse.

—¡Adriana! —la llamó Sergio siguiéndola hasta la habitación donde ella acababa de abrirse el albornoz—.No puedo creerme que te hayas quedado muda —le dijo mientras ella se cubría de nuevo.

—¿¡Qué parte de intimidad no entiendes!? —le gritó molesta porque la estaba presionando de nuevo y la estaba acorralando contra la pared—Quiero irme a casa.

—¿Por qué? —le preguntó él apoyándose contra el marco de la puerta para que le quedara claro que no la dejaría ir, no al menos  hasta que le ofreciera una respuesta clara.

—Esta no es mi casa.

—Podría serlo —le contestó él.

—¡No seas ridículo! No quiero esta casa para nada, ¿estás loco?

—Lo estoy —le replicó acercándose a ella—.Ahora mírame a la cara y dime que tú no lo estás.

—Yo no lo estoy —le dijo mientras la voz le jugaba una mala pasada.

—Mientes —y él pareció encontrarlo divertido porque le sonrió—.Estás tan confundida como yo. Y si vas a negármelo de nuevo te advierto que…

—¡Tienes razón! —lo interrumpió ella para que dejara de hablar en su nombre y dejara de hacerla sentir como una maldita niña malcriada y estúpida—Ahora deja de psicoanalizarme.

—¿Entonces regresarás al salón?

—¿Para qué?

—Para terminar nuestro primer desayuno juntos —y él le alargó la mano para que se la diera.

Adriana contempló esa mano que la noche anterior había tocado todo su cuerpo y automáticamente se puso roja porque ese era el peor momento para recordar algo así. Entonces, con un sentimiento contradictorio de triunfo y derrota omitió esa mano que deseaba empujar y abrazar a la vez y pasó de largo.

—Vamos a desayunar —le dijo utilizando el tono más digno que logró encontrar mientras Sergio la seguía con una sonrisa resplandeciente.

Así es ella, pensó maravillado Sergio, una persona impredecible y tan cabezota, que no podía evitar quererla.

La brisa del mar inundaba el mundo de Paula de sal y tranquilidad mientras el característico sonido de las olas la transportaba a esa noche donde Noel y ella se habían acostado en ese mar.

—¿Te acuerdas? —le preguntó él como si también estuviera pensando en lo mismo.

—¿Cómo podría olvidarlo? —le preguntó sonriéndole porque aún a día de hoy no lograba comprender qué le había pasado por la cabeza a Noel para cambiar de esa forma.

—Creo que en el fondo siempre lo supe —le confesó él—.Que yo te gustaba —y ella bajó la vista avergonzada porque desde bien pequeña había estado loca por él—.Pero supongo que eso que dicen que los chicos maduramos más tarde es cierto.

—¿Chicos? —le preguntó con sarcasmo—Creo que hace bastantes años que dejaste de ser un adolescente.

—¡Eso hiere mi orgullo! —le contestó abrazándola—Pero ahora lo sé.

—¿El qué? —le preguntó mirándole el rostro.

—Que te amo —y ella bajó la vista avergonzada porque aún le parecía extraño. En realidad, no solo lo era para ella sino también para Noel. Toda su vida él se había burlado de las parejas de sus amigos, se había reído de las películas empalagosas y de esos clichés románticos estúpidos que no parecían tener ningún sentido. Pero ahora, y Noel se rió porque en medio de esa playa mientras la abrazaba a ella casi parecían sacados de unas de esas películas que tanto había detestado en el pasado, todo en su vida había cambiado y ya no podía pensar como antes. Con Paula no necesitaba mentir, no, cuando ella lo había conociendo siendo solo un mocoso y no le había importado y eso, para alguien que había vivido los último años de su vida enjaulado en sus propios complejos y prejuicios, era toda una proeza. Estar con ella era liberador, no solo porque podía ser quien quería ser sino porque con ella había descubierto un nuevo camino que le estaba resultando muy placentero. Le gustaba llamarla para quedar con ella, encontrársela en su piso o descubrir que un día cualquiera Paula se había acercado hasta su trabajo para compartir un café—.¿Y tú me amas? —le preguntó Noel porque necesitaba escuchárselo.

—Ya lo sabes.

—Dímelo, Paula —le insistió—Dímelo o tendremos que repetir…

—¿El qué? —y Noel mandó una significativa mirada hacia el mar mientras ella enrojecía.

—Yo también te quiero —le confesó Paula mientras ocultaba su rostro en el pecho de Noel y se embriagaba de su aroma—.Pero eso ya lo sabes.

—A pesar que lo sepa me gusta escucharlo —le contestó Noel satisfecho—.¿A ti no?

—¡Claro! —le dijo pasándole los brazos a través de su cintura mientras él le sonreía.

—¿Hoy vas a quedarte a dormir en mi casa? —y ella movió su cabecita para asentir y él le dio un tierno beso—Eso también es algo que me gusta mucho.

Álex se encontraba aterrado, la decisión más importante de su vida dependía de ese día. O todo o nada, se dijo mientras sujetaba el casco de Sofía contra su pecho y rezaba para que la puerta de su portal se abriera y saliera. Pero ya llevaba más de una hora esperando sin resultado y ya había casi perdido la esperanza. Eso no significaba que no se sintiera inquieto ni que su corazón no pegara un salto cada vez que esa puerta se abría y salía algún vecino de Sofía. Pero es que desde que le había escrito esa carta se había sentido al borde de la histeria. Álex había intentado pensar en todo lo que le diría si al final, por algún absurdo milagro, Sofía salía al portal y en todas esas veces, había terminaba tan nervioso que había mezclado sus propias palabras y había terminado atragantándose. Así que ahora estaba prácticamente seguro que en el caso que ella apareciera su conversación sería absurda, incoherente pero sumamente franca y sincera. Y eso es precisamente lo que más nervioso lo ponía, porque por primera vez en toda su vida iba a mostrarse completamente transparente ante otro ser humano que no fuera su madre.

Sofía llevaba más de media hora acurrucada al lado del ascensor con el corazón desbocado. Sabía, porque lo había visto desde su habitación, que Álex se encontraba apenas a unos metros de distancia del portal pero no lograba encontrar el coraje suficiente para tragarse su orgullo herido y salir a buscarlo. En ese momento la puerta de su portal le parecía más grande y pesada que de costumbre y estaba prácticamente segura que lo que se encontraría detrás de ella si la cruzaba, sería aún peor. Peor porque lo vería a él y no podría evitar sentirse triste, dolida y perdida como si antes de Álex no hubiera tenido una vida. ¿Qué estoy haciendo?, se preguntó mientras la vecina del quinto pasaba por su lado y se la miraba algo sorprendida porque no se montaba en el ascensor con ella. ¡Valor!, se dijo. Ella no tenía que temerle a nada porque uno solo es herido si se deja y una puerta más pesada y grande de lo que era ayer puede transformarse en aire y detrás, encontrarse con un chico llamado Álex con los ojos más tristes y azules del mundo.

—Hola —la saludó Álex en un leve susurro como si le costase hablar y ella, empezó a sentirse tan nerviosa, que cruzó sus manos para calmarse.

—Hola —le repitió Sofía sin saber qué más decirle a ese chico vestido de negro de arriba abajo con el cabello tan rubio como el oro.

—Creía que ya no saldrías —y Álex le sonrió nerviosamente mientras se acercaba a Sofía. Sentirlo tan cerca de nuevo a ella le resultó incómodo, como si durante esas semanas hubiera estado mentalizándose que en realidad no era real. ¡Valor!, se repitió ella de nuevo antes que él pudiera decirle nada más porque Sofía estaba segura que si no lo hacía ahora, no lo haría jamás.

—Quiero escucharte —le dijo cogiendo el casco que Álex estaba sujetando y que había sido el suyo en el pasado y él, se sorprendió tanto que necesitó unos minutos para comprender lo que Sofía le estaba diciendo.

—¿De verdad? —le preguntó con incredulidad mientras ella sujetaba el casco con fuerza y asentía—Perdóname por todo —solo fue capaz de decirle mientras una lágrima se le resbalaba por el rostro y él se daba la vuelta para esconderla—.Pensé que te hacía un favor apartándome de tu vida pero me he dado cuenta que en realidad lo hice por egoísmo. Hui de ti porque me asustó descubrir todo lo que me hacías sentir. Contigo todo es tan extraño pero a la vez tan natural que asusta, ¿sabes? Como si las piezas encajaran con demasiada facilidad, no lo entiendo… —pero ella sí que lo entendía porque le sucedía lo mismo. Desde que había conocido a Álex todo en su relación, si bien no había sido perfecto, había surgido con naturalidad y casi sin darse cuenta. Se habían convertido en amigos, compañeros y amantes, y ahora Sofía era incapaz de imaginarse una vida sin Álex a pesar que lo había intentado.

—Necesitamos ser sinceros si queremos que esto funcione —le dijo Sofía tocándole la espalda para que la mirase de nuevo—.Yo voy a escucharte siempre —y Álex se dio la vuelta y miró al rostro de Sofía mientras le sonreía. Eso era todo lo que siempre había necesitado él, alguien que le diera un voto de confianza y que lo escuchara cuando cometiera errores.

—No soy perfecto —le susurró Álex mientras la abrazaba para sentir su calidez.

—¿Y quién lo es? —le dijo Sofía mientras pensaba en lo caótica y enrevesada que había sido su propia vida desde que había querido ser actriz y había tomado decisiones poco inteligentes metiéndose en camas ajenas—Larguémonos —le susurró abrazándolo mientras notaba el cuerpo de Álex más sensible y tembloroso que de costumbre.

—¿A dónde?

—Donde queramos —y ella se equipó el casco mientras Álex hacía lo mismo con el suyo.

Un par de jóvenes se pasaron el sábado encima de una moto que los llevó allí donde quisieron. Álex se sintió como si por primera vez acabara de encontrar algo valioso en la vida por lo que valía la pena luchar y sacrificarse. Sofía era una pequeña luz de esperanza en su desastrosa vida, y a pesar que había intentado apartarla de su oscuridad para no apagarla, ahora comprendía que ella era fuerte y lo suficientemente valiente como para no desvanecerse. Sofía en cambio, había encontrado en Álex un faro, quizá no era el mejor faro ni el más estable, pero solo necesitaba pasarse unas horas en esa moto junto a él para que todas las dudas e incertidumbres desaparecieran. Él le había entregado más de lo que Álex se creía y solo era cuestión de tiempo y paciencia para que se diera cuenta. Porque de una cosa estaba segura Sofía, ahora que ambos habían decidido dar ese paso y saltar hacia lo desconocido, nada los detendría.

—¿Sofía? —la llamó Álex cuando se detuvieron en una gasolinera para repostar.

—Dime —y ella se quitó el casco distraídamente mientras se masajeaba las cervicales.

—Te quiero —le susurró con tanta rapidez que ella no tuvo muy claro si se lo había dicho o se lo había imaginado y antes que pudiera preguntarle qué le había dicho, él se lanzó a sus labios y a ella se le resbaló el casco hacia el suelo. Álex la besó nerviosamente después de haberle confesado aquello que más terror le causaba y aunque ahora sentía sus mejillas ardiendo no podía evitar sentirse eufórico porque Sofía lo sujetaba por la cazadora y le correspondía el beso.

—Y yo a ti —le contestó ella con un susurro ronco mientras se lanzaba de nuevo hacia sus labios y su mundo se llenaba de luz. Porque cualquier vida puede resultar doloroso y triste, llena de contratiempos y obstáculos pero siempre que exista una pequeña chispa, una diminuta posibilidad para mantener la llama de la esperanza merece la pena intentarlo y no dejar de hacerlo. Esto es lo que aprendieron Sofía y Álex, seguramente lo hicieron demasiado tarde y en el orden incorrecto, pero, ¿qué vida resulta completamente perfecta? La vida consiste en eso, en aprender a convivir con las pesadillas de cada uno, en batallar contra las sombras y monstruos que acechan en cada esquina y en salir allí afuera cuando a uno menos le apetece para luchar en nombre de aquel ser querido.

El amor es intangible y seguramente inmedible, pero es tan escurridizo que siempre encontrará un hueco por donde colarse. Dejarlo entrar depende de cada uno, solo es cuestión de abrir esa puerta de aire, de dejarse llevar por ese inocente amor de infancia o dejarse envolver por un hombre creído y extravagante que resulta no serlo tanto. Todo en la vida resulta tan caótico e imposible como la imperfecta historia de estos seis desconocidos. Seis chicos llenos de sus particulares fantasmas que aprendieron a plantarles cara en el momento preciso.

EPÍLOGO

En una pequeña pero acogedora cafetería, tres amigas de la infancia que jamás habían dejado de serlo, se encontraban charlando animadamente.

—¡Quién nos lo iba a decir! —exclamó Paula con una sonrisa en los labios—Las tres felices y con novio.

—Bueno.. yo —le replicó Adriana con cara de disgusto.

—¡Venga ya! —le contestó Paula—Ya nadie se lo traga, acéptalo de una vez. ¡Estás saliendo con Sergio!

—Bueno… —y la voz de Adriana se apagó porque eso de negar lo obvio se había convertido más en un acto reflejo que en otra cosa. En realidad, las cosas con Sergio le iban bien, más que eso, sorprendentemente bien a pesar de sus tormentosos antecedentes y múltiples disputas.

—Deberíamos brindar por nosotras —les dijo Sofía—.Y también por la audición que tengo mañana.

—Seguro que te irá muy bien —le contestó Paula levantando su taza.

—También deberíamos brindar por mis exámenes finales, creo que este año voy a suspender —se lamentó Adriana, porque con el nuevo empleo que había conseguido en una tienda de ropa, le estaba costando más que antes compaginarlo todo.

—¿Y por lo míos no vamos a brindar? —se quejó Paula.

—Tú eres un cerebrito —le dijo Adriana.

—¡Basta! —las cortó Sofía—Aquí la que necesita suerte urgentemente soy yo. ¡Mañana es la prueba!

—Tienes razón —y Paula levantó su taza de té para apoyar a su amiga.

—¿En serio vais a brindar con esto? —les preguntó Adriana contemplando sus tazas.

—¡No me estás ayudando! —se quejó Sofía—Detecto demasiada energía negativa por tu parte.

—¡Sois imposibles! —se rindió imitándolas—¡Brindemos! —y las tres entrechocaron sus tazas mientras sonreían despreocupadamente porque estaban seguras que a pesar que Sofía no lograse pasar su audición o que no aprobaran sus exámenes universitarios, siempre estarían juntas. Porque en ese caso, solo necesitarían hacer algo tan sencillo como intentarlo de nuevo y no rendirse jamás.

Tres atractivos chicos aparentemente distintos pero unidos por más cosas de las que aparentaban, se encontraban andando calle abajo después de haber dejado a sus novias solas para que pudieran “ponerse al día” con sus asuntos.

—Ahora no estás solo —le dijo Sergio a Álex el cual parecía sentirse incómodo con la dirección que acababa de tomar la conversación.

—¿Te me estas declarando? —le contestó el rubio del grupo con una sonrisa.

—A lo mejor yo sí —le dijo Noel guiñándole el ojo—.De verdad, puedes contar con nosotros.

—No sé qué deciros, jamás he tenido esto.

—¡Basta ya! —sentenció Sergio que no soportaba estas situaciones tan sentimentales y lacrimógenas—.Yo tampoco soy la persona más fácil del mundo.

—Tienes razón —le dijo Noel—.Solo yo soy el más normal de los tres.

—¿Normal, tú? —le preguntó Sergio molesto—¡Y un pimiento!

—Cállate, Paula siempre me dice que soy el mejor hombre del mundo.

—Ella está ciega, tú eres el peor y cuando se entere, te dejará.

—¿Dejarme? —le preguntó Noel asustado—¡Eso no lo vuelvas a decir ni en broma!

—¿Me estás amenazando? —le preguntó Sergio que estaba haciendo lo imposible por no reírse porque Noel se lo miraba con el ceño fruncido como si estuviera realmente preocupado que Paula pudiera cansarse de él.

—¡La que va a dejarte a ti cualquier día será mi prima!

—Imposible —le contestó Sergio con su habitual arrogancia—.Nosotros somos la pareja perfecta —y si bien no lo eran en el sentido estricto y literal de la palabra, sí que eran lo suficientemente compatibles como para formar una buena pareja.

Mientras tanto, Álex contemplaba a esos dos hombres con un brillo especial en su mirada. Esos ahora eran sus nuevos amigos, algo, que jamás había tenido en su vida y entonces, como aquél chico que siempre había estado solo, no pudo evitar preguntarse hasta cuándo podría tenerlos con él. Amistad, ¡menuda palabra más extraña!

—¡Ei tú! —lo llamó Noel robándole la gorra azul que llevaba Álex—¡Estás distraído! —y tanto Sergio como Noel empezaron a andar calle abajo mientras se pasaban la gorra de su amigo.

—¿Se puede saber a dónde vais? —les preguntó Álex, y los dos se detuvieron antes que Sergio le lanzara la gorra para regresársela.

—A donde vamos —y Sergio pronunció ese “vamos” despacio para que lo entendiera—.Ahora somos tres en la manada.

—¡Vamos a tomar algo, por supuesto! —le gritó Noel, y Álex les sonrió mientras los tres se enfrascaban en otra animada conversación.

[symple_button color=”rosy” url=”https://elcuadernodeclover.com/contemporanea-romantica/desconocidos/desconocidos-capitulo-32/” title=”Capítulo anterior” target=”self” border_radius=””]Capítulo anterior[/symple_button] [symple_button color=”rosy” url=”https://elcuadernodeclover.com/contemporanea-romantica/sinopsis-desconocidos/” title=”Índice” target=”self” border_radius=””]ÍNDICE[/symple_button]

FIN


¡Nos vemos pronto en otra historia romántica! Besos.

Tags

Acerca de: Clover

Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

Leave a Reply

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Mis historias románticas

yo soy alba yosoyalba portal web relatos románticos novela romantica online gratuita gratis

Novedades

noticias shojo

SECCIONES

Síguenos en nuestras redes sociales

TOP recomendaciones

Mi novela romántica

la constelación perdida, literatura romantica, novela romántica, novela fantasía romántica