Desconocidos: capítulo 32 – Torpes palabras

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¡Hola soñadores! ¿Está teniendo una calurosa semana? 

Parece que el sol ya quiere asomarse por la península (¡viva!) así que acordaros de darle una cálida bienvenida. Y es que con el buen tiempo nos reímos más, nos apetece movernos de aquí para allá y todo fluye con mayor facilidad. Y si hablamos de cosas que despiertan o fluyen, no podemos olvidarnos del amor de nuestros Desconocidos. A estas alturas nadie puede decirme que nos los conozca (¡no me mintáis!) pero lo que sí podemos exigirles como fieles seguidoras que somos (y a mucha honra :D), es que nos merecemos momentos memorables para recordarlos. ¿Será este capítulo uno de esos momentos? Aish… (suspiro), en las torpes palabras se encuentran las palabras de amor más sinceras. Directamente de mi corazón al vuestro, ¡un nuevo capítulo comienza!

Recordad visitarme este domingo, La pelota está en tu tejado os estará esperando.

¡Abrazos!


DESCONOCIDOS

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Capítulo 32- Torpes palabras

En la habitación de Sofía su dueña se encontraba con la cabeza hecha un lío porque no podía dejar de pensar en un chico de cabello rubio, ojos azules y tez bronceada. Sofía notaba el llanto a punto de salírsele por la garganta pero a la vez, no podía esconder la sonrisa que se desdibujaba en sus labios. Parecía como si la cordura y la locura se hubieran fusionado en una y no fueran capaces de ponerse de acuerdo del todo en esa pequeña habitación. Porque desde que Álex había hablado con ella, desde que le había dicho unas palabras que parecían no estar destinadas para ella, no podía sacárselo de la cabeza. Ahora mismo recordaba mejor que nunca a Álex, lo mucho que se habían besado y lo mucho que se habían reído juntos. ¡Lo recordaba todo!

En realidad Sofía había querido confesarle tantísimas cosas cuando se había encontrado con Álex que al final había terminado por no decirle ninguna. Porque había tanto para reprocharle y por lo que mandarlo bien lejos, como cosas buenas y alegres necesitaba callarse. Al final Sofía solo se había atrevido a abrazarlo después de que Álex la hubiera desarmado de esa manera, “te doy todo de mí” aún resonaba en sus orejas, y se habían terminado despidiendo de esa forma tan poco clara. ¿Qué demonios significaba que tenía que hacer ahora? ¿Llamarlo para seguir hablándole o darle un portazo definitivo?

Una mujer se acercó a Álex mientras él se sorprendía porque le parecía mucho más envejecida que desde la última vez que se habían visto. Y a pesar que esa era Marlene, su Marlene de apenas hacía unos días, ya no la notaba para nada suya. Te he dejado atrás, pensó algo desconcertado porque su corazón definitivamente ya la había olvidado y ella fue acercándose lentamente a ese chico con el que se había acostado multitud de veces para brindarle una última oportunidad. Lo tentaría de nuevo porque eso es lo único que parecía saber hacer esa mujer y con un poco de suerte, Álex volvería a ser suyo.

—Creo que deberías aprender a buscarte mejores compañías —le dijo Marlene en el mismo tono de autosuficiente que ella siempre había usado. De hecho, ese había sido el rasgo que más lo había fascinado de ella desde que la había conocido. Porque Marlene, a pesar de las adversidades por las que había pasado en su vida, parecía mantener siempre la calma como si fuera un maldito salvavidas capaz de salir constantemente a flote.

—Creo que mis gustos han mejorado últimamente —le contestó Álex quitándose los guantes de la moto.

—¿Mejorado? —y ella se quitó las gafas de sol para mirarlo a los ojos mientras a él no le pasaba desapercibida la gran cantidad de maquillaje que llevaba para ocultarse—Tienes una cara horrible, cariño.

—Lo sé —asintió Álex con una sonrisa, porque últimamente había estado encerrado en un infierno que lo había estado consumiendo a él, a su alma y cuerpo.

—Deberías regresar conmigo —le insistió Marlene mientras le acariciaba la mejilla con su mano—.Sabes que yo siempre voy a tratarte bien —y ella la notó tan cálida como en el pasado.

—Eso también lo sé —le contestó sonriéndole, y algo en su sonrisa a ella le resultó inédito y triste.

—Pero no vas a regresar conmigo, ¿verdad? —le preguntó poniéndose sus gafas de sol de nuevo porque eso era claramente un caso perdido.

—No. Estoy cansado de huir —y Álex suspiró—.Quiero intentarlo.

Marlene se lo miró un segundo como si estuviera sopesando la tenacidad y fuerza de voluntad de Álex, y a pesar que se sentía abandonada porque él había sido su paño de lágrimas y su único consuelo durante todos esos duros años, no pudo evitar enorgullecerse.

—Creo que a partir de ahora te irá bien —y Marlene se alejó para ir a buscar su coche mientras pensaba en que ahora debería buscarse a otro chico.

Porque había personas a las que les resultaba imposible cambiar y por mucho que lo intentaran, se encontraban tan ancladas a sí mismas y a su pasado, que les resultaba inútil intentarlo. Vencida por una estúpida joven, pensó antes de arrancar el coche y alejarse de allí.

Después de una deliciosa cena y una sesión de cine, Adriana acababa de meterse dentro del coche de Sergio mientras se despedía con la mano de Paula.

—¿Y ahora qué? —le preguntó Sergio apoyando sus brazos encima del volante.

—¿Cómo que, qué? ¡Llévame a casa!

—¿Segura? —le preguntó sin apenas pestañear mientras ella empezaba a sentirse muy menuda e insegura. Sergio siempre había tenido ese poder sobrenatural sobre ella, porque parecía que todo lo que rodeaba a ese hombre era tan perfecto, que una no podía evitar sentirse un poco mareada cuando la contemplaba con esos preciosos e intensos ojos verdes.

—Llévame a casa —le repitió.

—Entonces dame un beso antes —y ella resopló mientras ponía los ojos en blanco—.Solo una pequeña compensación —le dijo para convencerla.

Adriana se acercó a Sergio y él no pudo evitar sonreírle porque le había resultado extremadamente fácil convencerla. Cada vez era más fácil robarle un beso así que estaba prácticamente seguro que pronto, ella terminaría aceptándolo. Ambos empezaron a besarse dentro de ese coche mientras Sergio sujetaba a Adriana por la nuca y jugueteaba con su cabello. Ella sabía muy dulce, demasiado, quizá era por el infantil pintalabios rosado que estaba usando o por todas las golosinas que se había comido durante la infernal y aburrida película que esa rubia diablilla había escogido para martirizarlo. En ese momento Sergio siguió saboreando la boca de Adriana con su lengua mientras le parecía el mejor sabor del mundo a pesar que nunca le habían gustado demasiado las cosas dulces.

—¿Satisfecho? —le preguntó ella apartándose un poco de él y cuando Sergio vio sus labios más rojos y encendidos que antes solo deseó besarla de nuevo y meter sus manos dentro de su camiseta y arrancársela.

—No lo suficiente —se quejó, y se acercó de nuevo a ella mientras sus manos se colaban en su blusa.

Sergio jamás había sido un hombre demasiado diplomático, lo suyo siempre había sido ser directo e ir directamente al grano sin burocracias absurdas. Por ello, empezó a inspeccionar el tipo de ropa interior que escondía Adriana bajo esa blusa blanca preguntándose cómo demonios podría quitársela en medio de ese aparcamiento público.

Adriana se dejó manosear por Sergio mientras éste parecía sumamente interesado en su sujetado y en aquello que se encontraba debajo. En ese momento ella se sentía tan excitada, que no pudo ni supo detenerlo, de hecho, empezó a plantearse muy seriamente empezar a desnudarse allí mismo hasta que el ruido de un coche lejano la devolvió a la realidad. ¿Estoy loca?

—¡Sergio! —lo llamó con tanta urgencia que él se detuvo en seco—Llévame a tu casa —le exigió esa rubia de mirada encendida, y él la contempló con sus brillantes ojos mientras le abrochaba la blusa que casi le había abierto del todo.

—Tus deseos son órdenes —y él arrancó el coche con brusquedad para llegar cuanto antes a casa.

Noel se despertó durante la madrugada y se notó sediento porque durante la sesión de cine había estado comiendo demasiadas palomitas y ahora sentía la boca pastosa. Cuando empezó a apartarse las sábanas del cuerpo escuchó la respiración pausada y serena de Paula a su lado y le retiró delicadamente un mechón que se le había pegado al rostro antes de dirigirse a la cocina por un vaso de agua. Mientras se lo tomaba en el más estricto silencio en el pasillo, empezó a espiar a Paula mientras intentaba memorizarlo todo de ella.

A través de la luz que se filtraba desde la cocina, pudo ver a Paula echa un ovillo bajo las sábanas con su larga melena castaña esparcida por la almohada. Paula en ese momento parecía un ser de otro mundo, tan calmada y serena metida dentro de esa cama, como si ese fuera el lugar más seguro del mundo. Pensar en eso le arrancó una sonrisa, y entonces dejó el vaso vacío en la cocina y regresó junto a ella. Nada más meterse de nuevo en la cama notó una mano cálida en su espalda.

—¿Ocurre algo? —le preguntó ella con la voz ronca.

—Nada —y le dio un tierno beso en los labios—.Buenas noches —le susurró cuando escuchó que la respiración de Paula ya se había calmado y volvía a encontrarse dormida. Y tanto Paula como Noel se durmiendo de nuevo con una gran sonrisa en sus rostros.

Sofía llegó de sus clases de interpretación y abrió el buzón de su casa como siempre hacía. Entonces tomó las dos cartas que se encontró dentro y subió a su casa para ducharse. Una vez entró, dejó en la mesa del salón la carta que iba dirigida a sus padres y se quedó con la otra que venía a su nombre. Entonces se extrañó porque habían escrito su nombre a mano y al darle la vuelta para ver quién se la mandaba lo comprendió. ¡Álex!, y abrió esa carta en el salón de su casa sin poder creerse que fuera de él.

Siempre se me ha dado de pena escribir, de hecho, ahora mismo me siento el hombre más ridículo del mundo y no sé muy bien cómo continuar. De lo único que estoy seguro es que necesito decírtelo, y necesito decírtelo cuanto antes.

En ese momento Sofía necesitó detenerse un momento para tomar aliento y sentarse. Esa carta era larga y sabía que su contenido sería denso y pesado para su corazón. Así que cuando se sintió lo más cómoda que pudo, retomó su lectura.

Cuando te conocí impactaste en mi vida de tantas formas, y aunque sé que ese día tuve yo la culpa de nuestro accidente (siempre he sido un loco con la moto), tú te quedaste a mi lado. Cuando te vi ese día en la habitación del hospital me pareciste guapísima, y yo no pude sacarte los ojos de encima a pesar que todo el cuerpo me dolía horrores.

Entonces Sofía le sonrió a esa carta porque ella también lo había encontrado atractivo. Desde que lo había visto había deseado acostarse con él aunque ahora solo quería olvidar todas las veces que lo habían hecho y todas las veces que se había estado engañando diciéndose que lo suyo se limitaría a eso.

A partir de ese día empezaste a visitarme con regularidad y fácilmente dejaste que te conociera. La verdad es que eres una de las personas más cercanas que he conocido nunca y ahora solo puedo sonreír y darle gracias a la vida, por haberme dejado destrozarte el retrovisor del coche en esa noche cualquiera. ¿Te acuerdas de lo mucho que nos reímos en el hospital? Allí te di la dirección de mi casa, y tengo que confesarte que pensé que jamás volvería a verte, pero tú me sorprendiste de nuevo y seguiste cuidándome. Nunca antes tampoco había conocido a una persona tan desinteresada y aún a día de hoy me pregunto, ¿por qué lo hiciste? Si fue solo para acostarte conmigo te pido disculpas, creo que el intercambio te salió algo caro (tú siempre me diste más de lo que yo te entregué a ti). Cuando empezamos a acostarnos me sorprendiste de nuevo. ¿Cuántas veces lo has hecho desde que nos conocimos?, para ti todo era tan natural, te aceptabas a ti misma y al resto con tanta normalidad, que me hiciste sentir cómodo como nunca antes había estado. En ciertos momentos no supe diferenciar qué éramos exactamente pero lo que puedo decirte es que te confesé más cosas de mi vida y de mí mismo de las que jamás me hubiera imaginado que pudiera contarte nunca.

Ahora sabes que mi vida ha sido complicado, plagada de errores y consecuencias, si te dijera que me arrepiento de ellos te mentiría pero lo que sí puedo asegurarte es que he aprendido. Ahora sé quién soy, qué quiero y qué puedo ofrecerte. No soy ni mejor hombre ni una persona más noble pero lo que sí puedo darte es mi palabra. Y aunque la palabra de una persona tan destrozada como la mía poco valor puede tener, te aseguro que solo quiero estar contigo. Eres la primera persona que me apetece realmente tener a mi lado y contárselo absolutamente todo. Quizá mi vida no será la más alegre ni feliz del mundo, estate segura de ello, pero a tu lado lo parece un poco.

Te quiero, Sofía, te quiero de tantas formas distintas como cosas terroríficas he vivido en mi infancia y créeme cuando te hablo de ellas porque sé lo que te estoy escribiendo. Has sido el despertar para un niño que creía muerto y contigo, he encontrado la fuerza suficiente para seguir hacia adelante. Podría llenarte miles de estas hojas contándote todo lo que me has dado y lo poco que me has quitado pero creo que tú ya lo sabes. Tú eres así, Sofía, una buena persona que me ha enamorado por completo.

Por eso, si sientes algo parecido aunque solo sea un leve soplo, reúnete conmigo este sábado. Te estaré esperando en el portal de tu casa con tu casco. Sabes que siempre hay un sitio esperándote en mi moto.

Álex


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Acerca de: Clover

Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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