Desconocidos: capítulo 28 – Irremediablemente cada vez más cerca

¡Aloha cibernautas! ¿Os apetece una lectura romántica? Si vuestra respuesta es un sí rotundo, me place contestaros que estáis en el lugar indicado (¡bien por vosotros!).

Creo que al ritmo que vamos con los Desconocidos, será de las historias más largas que haya pasado por cuaderno. Pero tampoco me quejo (nada de eso), porque sé que son seis protagonistas es lo más lógico. Todos ellos se merecen poder contar su historia con calma y siempre que vosotros queráis escucharlos, allí estarán (al menos yo lo publico y vosotros sois libres de aceptarlo ^0^).

Sé que llevamos días con dos grandes ausencias en los Desconocidos. ¿Alguien puede decirme dónde diablos se han metido Paula y Noel? Si vosotros también queréis saber más de ellos y los habéis hechado de menos, ¿os quedáis a ver qué tal les está funcionando su relación?

¡Besos para todos cargadas de amor y sueños! Nos leemos este domingo con la historia más mágica del cuaderno. ¡Ciau!

P.D: si aún no sabes cuál es esa historia mágica, eso significa que has cotilleado poco el cuaderno. Pásate por mis últimos capítulos publicados y engánchate a ella, ¡estás a tiempo!


DESCONOCIDOS

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Capítulo- 28: Irremediablemente cada vez más cerca.

Noel se encontraba apoyado en la puerta de su BMW mientras esperaba que Paula saliera de sus clases. Hoy había querido aprovechar que había salido bastante temprano de su trabajo después de una relajada jornada laboral para ir a buscarla a las puertas de su universidad.

Mientras ese chico moreno vestido con su impecable traje de color azul esperaba que la aguja de su reloj llegara a las doce, sus pensamientos se vieron catapultados hacia su amigo y compañero de trabajo, Sergio. El día anterior éste, se había molestado muchísimo por culpa de Adriana y su trabajo, aunque el propio Noel no terminaba de comprender porqué se había mostrando tan cerrado en ese asunto que no terminaba de ser de su incumbencia.

—¡Noel! —lo llamó una vocecita femenina algo tímida y avergonzada en ese momento de su reflexión más profunda, y él levanto sus ojos color chocolate distraídamente y contempló encantado a su chica mientras se acercaba al coche.

Paula era en todos los sentidos única, si bien era guapa con una belleza serena y dulce, no era lo que más le había llamado la atención. Noel había estado en el pasado con mujeres guapísimas, más que eso, había estado incluso con auténticas modelos profesionales. Pero la belleza de Paula era una belleza distinta y especial, no solo se trataba de un cuerpo bien proporcionado, una sonrisa graciosa acompañada de unos elegantes movimientos, no señor, lo suyo iba más allá. Unos ojos dubitativos que vacilaban con facilidad pero que nunca lo hacían cuando se trataba de Noel, unas mejillas casi permanentes sonrojadas por culpa de cualquier tontería que le dijera y un carácter de un ser tan pacífico y bondadoso que a veces hasta Noel dudaba que no fuera un ángel enviado directamente desde el cielo.

—¿He tardado mucho? —le preguntó Paula nada más llegar hasta él, pero Noel no le contó, se limitó a aferrarse a la pequeña cintura de Paula y a besarla profundamente.

—Has tardado una eternidad —le contestó con gracia, aunque más bien el que había llegado tarde, había sido él.

En el pasado, Noel siempre había considerado a Paula como un miembro más de su familia porque al igual que Sofía, se había pasado su infancia pegada a las faldas de Adriana. Así que para él había sido natural terminar viendo a esas tres chicas tan amigas como sus primas aunque en realidad solo una de ellas hubiera sido su verdadera prima. Por eso, seguramente Paula había logrado acercarse más a él de lo que cualquier otra mujer había logrado en todos esos años. Podría decirse que él había bajado la guardia con ella y esa chica de ojos castaños y cálidos, había terminado colándose en su mundo de una manera sigilosa.

De camino a casa de Noel y ya montados en su coche, Paula encontró a su novio especialmente distraído. Apenas habían articulado palabra más allá de preguntarse qué tal les había ido el día y cuando ella había intentado seguir una conversación, él se había perdido en sus preguntas y le había contestado con monosílabos. Por lo que le había contado el propio Noel, últimamente en el trabajo estaba bastante relajados así que no entendía a qué se debía su actitud ni qué tipos de quebraderos tendría.

—¿Estás preocupado por algo? —le preguntó sin más ella aprovechando que Noel había apagado la radio del coche.

—No.

—Te ves muy serio hoy.

—Bueno…—y él intentó engañarla pero no pudo hacerlo cuando contempló la cara de preocupación de Paula—.Me he peleado con Sergio, creo.

—¿Qué ha pasado? —porque estaba claro que era algo gordo si se estaba agobiando tanto.

—Está molesto con Adriana y como Sergio es un entrometido cabezota, se ha liado.

—¿Esos dos se han peleado de nuevo?

—No lo sé, últimamente mi prima no me cuenta nada y Sergio, ya sabes cómo es.

—Relájate —le contestó Paula—.Como tú muy bien acabas de decir, Sergio no es una persona fácil.

—Pero no lo entiendo. A él, ¿qué diablos le importa el trabajo de Adri?

—Explícate mejor —le pidió Paula, porque Noel parecía tan alterado y metido en su propio problema, que ella no estaba entendiendo nada.

—Ayer, Sergio se puso como un loco conmigo cuando se enteró que yo conocía lo del trabajo de Adriana. Ya sé que el trabajo es malo y su jefe…¡Pero joder!

—No te agobies —intentó tranquilizarlo Paula colocándole una mano en su hombro porque en muy pocas ocasiones lo había visto así. En realidad, Sergio le importaba muchísimo a Noel y detrás de todo ese malentendido ella supo ver lo muy buenos amigos que llegarían a ser—.Adri es adulta.

—¡Eso mismo le dije yo! Pero sé que Sergio piensa que mi prima no me importa lo suficiente.

—O a lo mejor es que a él le importa demasiado.

—¿Qué quieres decir? —y Paula le sonrió pícaramente mientras le levantaba una ceja—¡Eso no puede ser! Quizá en un principio sí, pero últimamente no parece que haya nada de eso.

—De verdad no te enteras de nada —le contestó consolándolo.

—¡Yo me entero de todo! —le dijo Noel en un intento de chulería, pero Paula no pudo aguantarse más y le confesó aquello que necesitaba contarle.

—Se han acostado.

—¿Quiénes?

—Adri y Sergio —y en ese momento se hizo un silencio en el coche como si Noel estuviera procesándolo.

—¡Imposible! —exclamó—Yo me hubiera enterado… —y la voz de Noel se apagó mientras analizaba el rostro de Paula en un intento para entender todo ese sin sentido. Nada más ver su rostro calmado, alegre y reluciente supo que ese ser casi angelical le estaba contando nada más que la pura verdad.

—¿Por qué nunca me entero de nada? —se quejó avergonzado.

—Ponte en la piel de Sergio, ¿qué se supone que tenía que decirte?

—Cierto, si me lo hubiera contado lo hubiera tenido que matar. Pero al menos ahora lo entiendo y me quedo más tranquilo.

—Por eso te lo he contado.

—En realidad tiene gracia, Sergio es como un maldito niño pequeño —le contestó Noel sonriéndole.

—Como todos, Noel, exactamente como todos los hombres.

—Tienes razón, ¡los hombres somos lo peor! —y ese chico que iba conduciendo su coche, recuperó su buen humor habitual.

—Me gusta verte sonreir, te veías tan apagado hoy.

—No siempre puedo ser un payaso.

—¡Yo no he dicho nada de eso! Pero estando triste eres menos tú.

—¿Yo? —le preguntó Noel sin estar del todo seguro de lo que eso significaba—Tienes demasiada buena opinión sobre mí.

—No es así.

—¿Entonces crees que soy lo peor?

—¡Qué va! —le contestó ella tímidamente porque en realidad ella creía que…—Creo que eres el mejor.

—Me encanta la fe que tienes en mi.

—Deberías valorarte más, Noel —le dijo algo irritada por los comentarios pesimistas que estaba soltando ese día.

—No, la que debería quererse un poquito más eres tú.

—Yo ya me quiero —le contestó Paula, porque si bien era insegura, acomplejada y no siempre se valoraba lo suficiente, luchaba para intentarlo.

—Yo puedo quererte por ti y por mí —le contestó aparcando el coche mientras Paula luchaba con su propio corazón para tranquilizarse—.Ahora deja tus libros en el coche y subamos a casa a cenar.

—¿Por casa te refieres a…?

—A nuestro piso —y Noel le enseñó unas llaves—.Ahora podrás pasarte por aquí cuando quieras.

—¿Estás seguro?

—¡Madre mía, Paula! No te quieres ni un poquito —y Noel agarró a su novia por sus sonrojadas mejillas y le plantó un sonoro beso en los labios—Coge las malditas llaves —le susurró antes de salir del coche.

Álex releyó unas mil veces el último mensaje que Sofía le acababa de mandar en su móvil:

“Pasa a buscar tus cosas”

Y de esa manera, con esas pocas palabras, toda su relación acababa de darse por muerta. Tampoco es que se sorprendiera demasiado cuando había sido él mismo el que literalmente la había asesinado. Soy lo peor, pensó con rabia mientras sujetaba su teléfono, porque a pesar que le había hecho tanto daño y que la había echado de su lado, aún sentía la necesidad apremiante de seguir buscándola. Por eso, por la cobardía más absoluta y el egoísmo más mezquino, Álex contestó a ese mensaje con otro:

“Iré por mis cosas esta tarde”

Una última vez, se dijo sin creérselo del todo, una última vez para verla, olerla y escuchar su preciosa voz.

A las seis en punto de la tarde, el timbre de la casa de Sofía sonó tal y como había esperado.

—Deja que suene —le insistió el hombre con el que estaba a punto de acostarse.

—No te preocupes, será solo un momento —y ella saltó de su cama mientras se cubría con su chaqueta de punto.

Sofía no era estúpida ni boba y conocía perfectamente las consecuencias de sus propios actos, y a pesar que podía parecer lo contrario, en realidad no se había traído a ese hombre a su cama ni por venganza ni por orgullo, sino por simple cobardía. Porque últimamente se sentía tan dolida y triste, que necesitaba cualquier tipo de emoción para saber que aún seguía con vida. La ausencia de aquello que se había adaptado deliciosamente a ella la estaba desgarrando por dentro y ya no sabía cómo llenar su hueco. Por eso, por todo ese cúmulo de desconsuelos, Sofía había sido incapaz de seguir adelante y había tomado, como era habitual en ella, la opción más radical y loca de todas.

Pero, ¿cómo no iba a hacerlo? Si para Sofía no había vida tras la caída, ni un colchón salvavidas ni tampoco un príncipe con su corcel blanco. Para ella ahora solo existía el arrepentimiento por haberlo conocido, por haberse acercado a él y haberse permitido soñar al lado de Álex todo lo que jamás se hubiera imaginado.

—¿Sofía? —y unos ojos azules como el cielo la atraparon nada más abrir la puerta—¿Cómo estás? —y ella le sonrió con tristeza.

—¿Realmente esperas que te conteste a eso? —le preguntó con la franqueza que siempre había primado entre ellos.

—Supongo que no —y en ese momento se escuchó la voz de un hombre a través del pasillo de la entrada—¿Estás con alguien? —le preguntó endureciendo sus facciones.

—No te importa —le dijo con dolor mientras se escuchaba a David, el nuevo compañero de cama de Sofía, hablando por teléfono.

—¿Qué mierda estás haciendo? —le preguntó Álex furioso empujando la puerta para entrar. En realidad se encontraba tan enfurecido que en ese momento bien podía ser capaz de matar a ese cabrón desconocido que se encontraba en la cama de ella.

—¿Qué estoy haciendo? —le preguntó ofendida empujando el brazo de él para que no pudiera entrar—Esto es lo que soy —y Sofía le entregó una bolsa de papel llena de todas las cosas que se había ido dejando en su casa. Desde una camiseta de manga corta que olía a él, pasando por un bolígrafo hasta un par de guantes de moto que le había prestado a ella.

—No es así —le contestó él cogiendo esa bolsa con rabia.

—¿¡Y tú qué sabes!? ¿Qué sabemos el uno del otro? —porque últimamente Sofía no dejaba de sentir que todo al lado de Álex había sido un engaño.

Como una obra de teatro ficticia, cargada de bellas máscaras, vestidos pomposos y música estridente pero que una vez se había bajado el telón, toda esa luz que los había estado iluminando, se había apagado de un plumazo y ella se había terminando quedando sola y abandonada como en el principio.

—Nada —le contestó Álex con resentimiento mientras apretaba los puños después de haber recibido semejante dardo envenenado por su parte—.Me largo —y Álex no lo aguantó más y se fue de esa casa donde había intentado ocultarle todo los horrores de su vida. El muy idiota se había llegado a creer su propio espejismo pero ahora estaba más claro que nunca que lo suyo era un camino sin vuelta atrás.

—¡MIERDA! ¡Seré estúpido! —gritó con rabia antes de tirar esa bolsa al contenedor y largarse con su moto. En realidad esas cosas no le importaban un bledo, solo había acudido allí para verla y entonces, se preguntó qué diablos había esperado encontrar allí cuando él la había expulsado de esa forma. Antes que Álex pudiera arrancar su moto el teléfono empezó a sonarle con fuerza mientras en su pantalla podía leerse “Marlene”—¡Déjame en paz! —le gritó a ese móvil que no dejaba de sonar y entonces, Álex aceleró todo lo que pudo y se perdió a través de la ciudad imaginándose que Sofía iba con él como en el pasado.

Un dolor más intenso que el propio cuerpo, un tormento que es incapaz de ser sostenido por un simple corazón humano. Insoportable no es lo suficiente para describir una soledad tan brutal y salvaje cuando te lo han arrebatado todo.

Ahora ya no había nada en la vida de Sofía, ni un mísero destello para guiar su patética existencia ni nadie que la esperase al otro lado del charco.

—¿Sofía? —le preguntó David a su lado.

—Me ha surgido un contratiempo —le mintió ella mientras intentaba aguantar sus ganas de llorar—.¿Podemos vernos en otro momento?

—Claro —le contestó él sorprendido por el repentino cambio en la actitud de ella.

—Nos vemos —y Sofía cerró la puerta de su casa, se apoyó en la pared y expulsó todo el aire de sus pulmones. Ya no estás, pensó descargando toda su pena en esas lágrimas, ya no estarás aquí nunca más.

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Acerca de: Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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