Desconocidos: capítulo 27 – Amar no siempre resulta sencillo

¡Bienvenidos por estas tierras literarias mis soñadores! ¿Estáis pasando una agradable tarde?

Los que parece que últimamente lo tienen algo crudo son nuestros Desconocidos. Pero decidme, ¿qué sería de una historia romántica sin parte de su drama? (¡Confesad que en el fondo os encanta!).

La verdad es que nunca he sido muy fan de escribir historias excesivamente tristes. A lo mejor es porque recuerdo los primeros libros que leí de ese estilo sin saberlo, y terminé algo traumatizada. Por eso, ahora me gusta ceñirme a lo positivo y alegre aunque como muy bien sabréis todos, llegar a la felicidad no siempre es fácil. 

Hoy acordaros de sonreír mucho y si tenéis que llorar, hacedlo de alegría. ¡Besos!


DESCONOCIDOS

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Capítulo- 27: Amar no siempre resulta sencillo

A veces hablar resulta tremendamente complicado, no por el acto en sí que usualmente ya es de lo más complejo, sino porque decir aquello que deseamos con absoluta claridad y que el otro termine comprendiéndolo de la misma forma, a veces es una hazaña imposible.

A todos en nuestra vida, en algún momento u otro, nos ha gustado hablar, y a otros además, les ha encantado escuchar. Pero hay personas que parecen haber nacido en otro molde y que no desean hacer otra cosa que autosatisfacerse en todo. Estas personas representan grilletes para el resto, cadenas pesadas para la libertad  y un puñetazo en toda regla en el centro justo del alma de la solidaridad.

—¿Qué quieres decir? —le preguntó Sofía a Álex mientes éste contemplaba el mar.

—Marlene, con ella yo… —y por la forma en que Álex acababa de apretar su mandíbula, ella lo comprendió.

—Está casada, ¿verdad?

—Ese no es el problema —le contestó mirándola por primera vez y ella no supo comprender cómo no podía ser “eso” un problema.

—Tengo un pasado.

—Todos lo tenemos —le contestó Sofía recordando las mil y una tonterías que había cometido para conseguir un papel de actriz.

—Pero el mío es imperdonable.

—¿Imperdonable? —y entonces unas palabras amenazadoras atraparon a Sofía: “niño malvado”.

—Me he criado en una familia complicada.

—Eso de complicada suena mal.

—Digamos que mi padre nunca respetó a mi madre —y entonces Álex se tensó y cerró sus puños.

Porque aún después de todos esos años el tiempo no había curado prácticamente nada y podía recordar como si fuera ayer, todo lo que ese hombre llamado padre le había hecho a ella y a su propio hijo.

—¿La maltrataba? —preguntó Sofía con un nudo, y Álex asintió en silencio mientras luchaba para que no se le escaparan lágrimas de impotencia y rabia.

No quería que Sofía lo malinterpretara, lo suyo no era por pena o sufrimiento, sino un rencor tan visceral hacia ese tipo, que nunca había sabido gestionarlo.

—Mi madre siempre luchó para protegerme, pero él era un maldito desalmado. Cada noche llegaba a casa demasiado borracho como para ser capaz de articular palabra, por al muy cabrón se le daba de lujo dar puñetazos incluso en su estado. Cuando iba ebrio él… —en ese momento aprovechando la pausa de Álex para ordenar sus ideas y emociones, Sofía se acercó a él disimuladamente y lo abrazó mientras ambos se centraban en el sonido del mar.

—Debió ser horrible —le contestó ella sin atreverse a preguntarle nada más.

—Lo fue —le contestó mientras se callaba tantísimas cosas que no quería que ella se enterara. Sofía, aunque era una mujer directa y sin tapujos, también era demasiado sensible y poco acostumbrada al estilo de vida cruel. Por eso, como Álex no quería que esa parte tan delicada de ella sufriera por un ser que no se lo merecía, había decidido contarle lo imprescindible—.Cuando era niño, crecí creyendo que aquello era lo correcto —y entonces Álex se pasó una mano intranquila por el rostro—.¿Puedes creértelo?

—Eras solo un niño —le contestó ella limpiándose disimuladamente las lágrimas de su rostro.

—Un día crecí lo suficiente como para entenderlo. Me di cuenta que aquello estaba mal y que si seguía así… —y en ese instante la voz de Álex se quebró—.La perdería, perdería a mi madre. Así que tomé una decisión.

—¿Qué quieres decir?

—Me di cuenta que existía una salida y que mi padre debía desaparecer.

—¿Desaparecer? —le preguntó sin comprenderlo del todo.

—Eres tan inocente —le contestó con una sonrisa triste—.Jamás has visto la auténtica crueldad del ser humano. Si la hubieras visto, sabrías que situaciones desesperadas exigen medidas desesperadas.

—¿A qué te refieres?

—Me deshice de él —le contestó mirándola fijamente a los ojos, y aunque él fingía sentirse orgulloso y satisfecho, ella pudo ver todo el dolor y sufrimiento que acarreaba—.Maté a mi padre con trece años, Sofía. ¿No te parece horrible?

—¿Y Marlene? —le preguntó Sofía más por impulso que por verdadera curiosidad, porque no sabía qué contestarle a semejante pregunta—¿Qué tiene que ver ella en todo esto?

—Después de lo que hice, la conocí unos años más tarde cuando estaba borracho tirado en un callejón. En ese momento le confesé todo lo que había hecho y ella me miró con sus ojos negros y me dijo que me ayudaría. Por supuesto, yo automáticamente supe la clase de ayuda que quería darme esa mujer rica encarcelada en un matrimonio infeliz, pero tampoco me importó. Desde entonces Marlene empezó a mostrarme una vida de lujos, a pasearme como si fuera su juguete más valioso y yo me dejé llevar por ese estilo de vida que nunca había tenido.

—Esa mujer se aprovechó de tu sufrimiento.

—No, Marlene fue solo una mujer que se sentía sola, con una vida infeliz y que intentó ayudarme a su manera.

—¡Bobadas! Te ha estado manipulando, te compró con todas esas cosas.

—Te equivocas, Sofía. Yo me dejé manipular conscientemente. A su lado la realidad parecía menos cruel y dolorosa, era más cómodo. Ella solo aceptó a un asesino como su amante.

—No te llames así.

—Es lo que soy, jamás me he arrepentido de lo que hice y estoy seguro que si volviera hacia atrás, repetiría una vez tras otra lo mismo.

—Pero tu solo querías salvar a tu madre, protegerla.

—Eso es lo que me dije en un principio y eso es lo que mi madre le contó a la policía. Legítima defensa lo llamaron, pero la realidad es que yo lo preparé todo: el día, la hora, el cuchillo…

—¡Basta!

—Todos dicen que matar cuesta —y Álex suspiró mientras recordaba algo macabro—.Supongo que la mayoría no tienen ni idea, pero a mí me resultó muy fácil. El día que vi los ojos de ese hombre que había contribuido a traerme al mundo cerrarse por mi culpa, empecé a reírme. Creo que fue el momento más feliz de mi vida.

—¡Cállate! —le gritó Sofía entre llantos.

—Lo fue, por eso no puedes entenderme. Existen personas malas como yo y otras como tú, seres incapaces de pensar lo peor sobre las personas por más que lo intenten.

­—¡Déjate de estas mierdas, Álex!

—Eres buena, y creo que fue eso lo que me enganchó de ti. Tan transparente como el agua a pesar que luchas para aparentar lo contrario. Por eso también sé que ha llegado el momento de despedirnos.

—¿De qué hablas? ¿Marlene te está obligando?

—Ella no me preocupa. Siempre la he utilizado como pretexto, y aunque ella también ha fingido, en el fondo sabe la verdad. Estuve con ella por mi propio beneficio pero dudo, que ni en un millón de años, fuera capaz de sentir algo más por ella.

—¿Y por mi? —le preguntó Sofía colocándole sus heladas manos en sus mejillas—¿Por mi podrías sentir algo?

—Ni por ti ni por nadie —le contestó Álex con rotunda, y Sofía fue incapaz de ver el rostro bronceado de él porque empezó a llorar desconsoladamente—.Soy una mala persona, cruel, capaz de matar a sangre fría siendo un niño.

—Pero… ¡no es así!

—Lo es. Clavar un cuchillo en el pecho de tu padre exige mucha maldad, es antinatural hacerlo.

—¿Y que tu padre pegara a tu madre no lo es?

—Eso es distinto.

—Entonces cuéntamelo otra vez porque no lo entiendo.

—Lo has comprendido —le contestó Álex recogiendo su casco negro.

—No te vayas —y Sofía se aferró a ese casco con fuerza.

—Esto no nos lleva a ninguna parte.

Ninguna parte, pensó Sofía dolida mientras el único hombre que verdaderamente le había importado en toda su vida, se alejaba de ella para siempre.

—No eres un monstruo —le dijo Sofía con rabia, porque aunque estaba intentando mantenerse centrada, solo podía pensar en esa mujer horrenda que lo había fastidiado todo. ¿Cómo Marlene no había podido salvar a ese indefenso niño? ¿Qué clase de crueldad era esa? Porque por mucho que lo negase Álex, ella aún podía ver en él a un niño inocente, asustado, profundamente herido y perdido.

Imperdonable, así es como le estaba resultando esa mujer a Sergio. Aún no podía entender cómo una mujer tan competente como Adriana, podía dejarse llevar por su jefe idiota.

—¡Sergio! ¿Se puede saber qué haces? —y él levantó su rostro pegado al ordenador y se encontró con su amigo Noel.

—¿Qué te ocurre?

—¿Cómo que qué me ocurre? Es hora de comer.

—¿Ya? —le preguntó sorprendido porque se había pasado la mañana allí sentado sin hacer nada.

—¿Se puede saber qué pasa?

—Trabajo.

—Mientes, este mes es inusualmente relajado en la empresa.

—Tú qué sabrás. No estás ni en mi departamento.

­—¿Esto no tendrá nada que ver con Adriana?

—¡Claro que no! Si tu prima quiere destrozarse la vida, a mí no me importa.

—Ya veo —le contestó Noel tomando asiento—.¿Y cómo exactamente pretende destrozársela?

—¿Sabes la mierda de trabajo que tiene?

­—Me enteré, y no precisamente por ella.

—¿Y te parece bien?

—Lo hablamos y respeto su decisión —porque aunque él mismo se había ofrecido innumerables veces a ayudarla tanto a ella como a su tía, entendía que había límites que ni podía cruzar sin ofenderla. Adriana también tenía su propio orgullo, y como hijo también de una familia trabajadora, Noel entendía esos sentimientos mejor que nadie.

—¡Chorradas! Tu prima tiene que dejar ese trabajo.

—Deja que sea ella quien lo decida.

—No —le contestó con rotundidad Sergio.

—No seas crío. Adriana es mayorcita y debe lidiar con muchas cosas.

—Si dejara de trabajar…

—¡No puede! —le contestó Noel agotado por la insistencia y falta de tacto de Sergio—Necesita la pasta.

—Yo puedo darle dinero.

—¿Y a cuento de qué le darías tú el dinero? ¡Venga ya!

—Quiero decir que si se trata de ayudarla…

—¡Cállate! El orgullo de mi prima y el de toda mi familia vale más que eso. Adriana necesita sentirse útil y nadie puede impedírselo.

—No comprendo esta obsesión por un trabajo de camarera —y fue esa falta de tacto absoluto, lo que terminó de desquiciar a Noel.

—¿Y tú qué sabrás? —le preguntó molesto—Yo vengo de una familia tan humilde como la de Adriana y como ella, sé toda la mierda que he necesito tragar para llegar hasta aquí. A ti jamás te ha faltado nada, Sergio.

—¿Y qué? —le contestó levantándose de un salto de su silla y arrancando su abrigo del perchero—Mejor hoy me voy a comer solo. Parece que has olvidado que en la vida existen otras cosas a parte del dinero —y Sergio salió hecho una furia de su despacho.

Existen otras cosas, pensó Noel con tristeza, pero cuando no tienes el suficiente dinero para verlo, la desesperación es tu peor enemiga.


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Acerca de: Clover

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Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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