Desconocidos: capítulo 26 – Rompiendo con todo

¡Bienvenidos por estas tierras mágicas viajeros! ¿Os estáis tomando la semana con energía? Si no es así, cogeros un pequeño descanso y relajaros un ratito (leyendo el cuaderno, por supuesto XD).

Quería daros las gracias una vez más por vuestro apoyo, me encanta recibir vuestros mensajes, ¡sois lo más, de verdad! Sin duda, con cada una de vuestras palabras de ánimo, recibo la energía suficiente para seguir escribiendo muchísimo. También aprovecho para recordaros que si queréis poneros en contacto conmigo, mandarme un mensaje o comentarme cualquier cosa, podéis hacerlo por las redes sociales o a través de mi correo electrónico: [email protected] (me encantaría conoceros a todo y siempre contesto, ¡lo prometo!).

Después de esto, regresamos a los Desconocidos (con tantos capítulos creo que ya son más que “conocidos” pero en fin, ¡a por el nuevo capítulo!). La verdad es que llevar seis personajes es complicado y más si una quiere que todos tengan, por así decirlo, su momento de gloria. Os pido disculpas por adelantado a los fans de Paula y Noel, ¡prometo que muy pronto tendrán grandes momentos juntos! (ya están escritos en mi portátil ^^). ¡Besos para todos!


DESCONOCIDOS

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Capítulo- 26: Rompiendo con todo

Una joven de cabello rubio y vestida con un uniforme de un riguroso negro, se encontraba barriendo el almacén de la cafetería cuando los gritos de su encargado la obligaron a salir de allí.

—¿¡Cuántas veces tengo que repetírtelo!? ¡Ordena todo esto! —le escupió de malas maneras delante de todos los clientes de la cafetería.

—Ahora mismo —le contestó con sumisión y Adriana, empezó a ordenar de nuevo todos los botes de la barra.

—Creo que deberías largarte de aquí, tu jefe apesta.

—¿Tú aún estás por aquí? —le preguntó sin ánimo ni ganas a Sergio mientras terminaba de leerse el periódico.

—¿Te alegras?

—¡Ni en broma! Ojalá te marcharas de una maldita vez.

—Shh… debes ser más amable o…

—¡ADRIANA! ¿Se puede saber qué haces? —y ella se paralizó ante los gritos de su jefe—¿Eres estúpida? ¡Lo estás ordenando al revés!

—Perdone, no lo sabía…

—¡Por supuesto! Tú no sabes nada, ¡niña insolente! —y se lo dijo con tanto desprecio, que ella deseó abofetearlo y hundirlo bajo el mar.

—Ahora mismo lo arreglo —le susurró temblando mientras intentaba arreglar su error.

—Como esto no esté ordenado pronto, ¡juro que hoy te despido!

—Si, señor —le contestó Adriana bajando la cabeza para terminar aquello que le había pedido.

Mientras recolocaba todos los productos en silencio, intentando hacerlo lo mejor posible, se fijó en que Sergio había dejado de leer el periódico y la miraba a ella con tal intensidad, que se sintió casi desnuda.

—¿Qué te ocurre? —le preguntó ella mientras limpiaba las cajas de la barra.

—Antes me parecías más divertida —le dijo en un tono seco.

—¿A caso te parezco un payaso?

—Tan servicial cuando acaban de humillarte, eres aburrida.

—¿¡Aburrida!? —le preguntó ofendida—¡No tiene nada de aburrido necesitar pasta!

—Yo tengo mucho dinero así que sé perfectamente que no se trata solo de una cuestión económica.

—¡Cállate! Tú mundo es distinto, yo “necesito” el dinero pero tú…tú solo… —pero un nudo en la garganta de Adriana le impidió seguir con sus acusaciones.

—Tú no sabes nada sobre mi vida.

—¿Crees que soy tan idiota para no saber cuánto cuesta tu coche o tu casa?

—Vaya, eres una mujer observadora —le contestó con una sonrisa algo cínica y escalofriante—Creía que no te importaban estas frivolidades.

—¡Y no lo hacen! —le contestó exasperada—De hecho, solo me importa mi madre y que deje de trabajar tanto para pagar mis malditos estudios.

—Entonces deja esta mierda de trabajo, si se enterase de cómo te tratan, la harías más infeliz.

—No puedo —le contestó ella dolida, y en ese momento sintió la necesidad de disculparse con Sergio—.Lo siento.

—No, el que lo siente soy yo —y Sergio se sacó unas monedas de su americana con rabia y se las dejó encima la barra—.Nos vemos —se despidió, y Adriana se quedó sujetando su trapo con fuerza mientras su encargado no dejaba de recriminarle su poco trabajo junto a su supuesta falta de actitud.

Álex llevaba semanas sintiéndose como un títere atado a unos hilos que le estaban absorbiendo la poca cordura que le quedaba. Ya no lo soportaba más, y cada día le resultaba más terrible actuar fríamente ante Sofía. Por eso, la había estado evitando premeditadamente, pero esquivarla y apartarla radicalmente de su vida, no había hecho que se encontrase mejor así que ahora, estaba más solo que nunca esperándola en el portal de su casa y rezando para que cuando lo viera, quisiera hablarle.

Sofía acababa de aparcar su coche después de sus clases de interpretación y la moto negra que se encontraba al otro lado de la calle le llamó la atención. Aún después de todo lo que había descubierto sobre él, seguía sin podérselo sacar de la cabeza. Algo en la historia de Álex no terminaba de encajarle del todo y menos, cuando ellos dos habían sido los seres más felices del mundo montados en esa moto negra.

—Te estaba esperando, Sofía —la sorprendió la voz dulce y masculina de ese rubio que recordaba tan bien.

—Yo no —le contestó con acritud antes de girarse y encontrarse con el dueño de la moto.

—¿Cómo estás? —y para ella, él seguía exactamente igual. En su interior había esperado encontrárselo siendo menos Álex, pero todo parecía como en el pasado. Su cabello rubio algo ondulado, su tez morena, esos ojos encantadoramente azules, sus pantalones rotos y esa forma tan suya de sujetar su casco.

—Bien.

—Sé que —y Álex carraspeó un poco mientras empezó a juguetear con su casco—.Últimamente he estado algo ocupado.

—Ya veo —le contestó Sofía sin poder quitarse de la cabeza esa lujosa casa de esa misteriosa mujer.

—Quería verte —le confesó él—.No me gusta este distanciamiento.

—Creo que yo no he hecho nada para provocarlo.

—Lo sé, pero las cosas han sucedido así.

—¿“Así”, cómo? Porque yo aún no me he enterado de nada.

—No me lo pongas más complicado —le contestó bajando la vista y observando su casco—.Esta situación no me resulta fácil.

—La que no sabe nada soy yo —le contestó Sofía—.Tú no me cuentas nada —lo provocó con la esperanza que él se abriera por primera vez a ella.

—Yo… —pero Álex se quedó contemplándola un segundo a los ojos y entonces, el móvil empezó a sonarle y su rostro se transformó—.Tengo que irme.

—¿Ahora?

—Sí —le contestó sin más.

—Cada vez que nos vemos huyes. Sé que ocurre algo, Álex, algo muy malo.

—¿Y qué crees que ocurre? —le preguntó sin mirarla mientras se montaba en su moto.

—No lo sé, pero un día me cansaré y ya no querré averiguarlo —y con ese ultimátum ella se alejó de su moto y se encerró en el portal de su casa.

Álex se quedó unos minutos reflexionando, pensando en todo lo que le acababa de decir Sofía, y por primera vez fue consciente que lo peor de todo no era una Sofía enfadada o molesta sino una Sofía que no formara parte de su vida. ¿De qué le serviría alejarla para salvarla? Y con todo eso en su cabeza, se dirigió hacia la casa de Marlene a ocupar el puesto de perrito faldero que últimamente parecía desempeñar a la perfección.

Álex se presentó en la casa de Marlene tal y como ella le había solicitado por suerte, todo había salido bien y él se había podido deshacer de Sofía antes que se enterase de todo. Por otro lado, resultaba lamentable que precisamente a eso le llamase suerte, porque separarse de Sofía era lo más doloroso que le había sucedido en años.

—¿Ya has llegado? ¡Qué eficiencia! —lo saludó abriéndole la puerta.

—Déjate de teatros, acabas de mandarme un mensaje.

—Por supuesto, te necesito —y Marlene le mostró una gran caja de cartón que descansaba en medio de su salón—.Es un mueble.

—¿Y qué?

—Necesito que lo montes.

—¡Estás de broma!

—Claro que no, yo no sé hacerlo y mi marido a saber cuándo se pasará por casa.

—No soy tu esclavo.

—Tú eres lo que yo quiera —y los ojos de esa mujer se transformaron—.Móntala —y Álex miró esa caja con rabia.

—¿Dónde tienes las herramientas? —se rindió, porque era plenamente consciente que solo tenía un camino posible: el silencio.

—Ahora te las traigo —y Marlene se fue cantando.

Mientras Álex se peleaba con esa caja de cartón, su móvil empezó a vibrar. Él esperaba recibir cualquier mensaje absurdo de parte de esa víbora que últimamente no lo dejaba respirar, pero en su lugar se sorprendió cuando leyó “Mensaje de Sofía”.

“Sé que no pensabas lo que me has dicho y sé que tienes problemas serios. Quiero ayudarte. Confío en ti.”

Después de leer ese mensaje se rio. Engañarla a ella era imposible, de alguna forma Sofía lo había visto todo con demasiada claridad y entonces, temió que cuando terminase de enterarse de la verdad, lo odiara por lo que era. ¿Cómo no lo haría? Si Álex era un salvaje y un mal hombre, y fue precisamente en ese momento cuando el hombre que se sentía más miserable se levantó y observó a Marlene que acababa de llegar con la caja de herramientas.

—¿Aún no has abierto la caja? —le preguntó sorprendida—.A este paso tardarás todo el día.

—Mira que hago con tu caja –y le dio una fuerte patada que aunque no movió ni un ápice el bulto, a él lo liberó de toda esa presión que había estado aguantando—.¡Ya no puedo más! Me rindo.

—Si tan complicada te parece montar el mueble…

—No hablo de tu mierda de mueble.

—¿Qué quieres decir?

—Esto, ¡basta ya! No quiero verte más, no me mandes mensajes ni…

—¡No puedes!

—Claro que sí, lo estoy haciendo.

—Voy a contárselo —lo amenazó.

—¡Hazlo! Libérame de esto. Estar contigo solo me hace ser más miserable.

—No sabes cuánto te odiará cuando se entere.

—¿Y qué? Ella al menos es sincera pero tú, eres tóxica.

—Yo te quiero y tú a mí, nos necesitamos.

—Eso era antes, cuando me hiciste creer que esto nuestro era amor. ¡Qué fácil te resultó engañar a un pobre infeliz!

—Álex, no puedes huir del pasado.

—Lo sé, pero tampoco puedo vivir en el pasado eternamente —y él salió de su casa mientras Marlene le gritaba.

—No sabes lo que estás diciendo insolente! ¡Tarde o temprano vas a regresar a mí!

¡Ni en sueños, zorra!, pensó mientras salía de su casa. Álex sabía que ese mismo día Marlene contactaría con Sofía para contárselo todo, ahora solo le tocaba esperar.

Una mujer perfectamente maquillada cortó el paso a una chica joven sin apenas maquillaje que la contemplaba sorprendida.

—¿Sofía?

—Perdone, ¿nos conocemos? —y esa mujer le sonrió diabólicamente.

—Soy íntima amiga de Álex —y a Sofía no le pasó desapercibida la forma en que pronunció “íntima”.

—¿Le ha ocurrido algo?

—No, nada de eso, pero creo que hay cosas que deberías conocer de tu amiguito.

—No me interesa —porque fuera lo que fuera lo que quisiera contarle, parecía diabólico.

—Perdóname, querida, me llamo Marlene, encantada —y esa mujer le tendió la mano para saludarla pero ella no la aceptó—.Álex es un hombre complejo.

—Eso debo juzgarlo por mí misma —le contestó a la defensiva sin entender su cháchara.

—Estoy segura que no te ha contado nada de su infancia —y a decir verdad, a Sofía no le había explicado prácticamente nada de su vida personal, familiar o amigos—Por tu cara, veo que no. Es un hombre peligroso, Sofía.

—¿Qué quieres decir? —parecía que esa mujer se creía la reina del mundo y que el resto se trataran de simples y míseros insectos.

—Violento —le aclaró ella—.Deberías preguntarle qué le hizo a su padre.

—No me importa —le contestó antes de dar un paso hacia atrás porque la conversación estaba cogiendo un peligroso sendero—.Si me disculpas, debo irme.

—Espera, ¿sabes que su padre está muerto? —y ella se asustó pero no se dejó amendrentar.

—No quiero saberlo.

—Álex era solo un niño, un niño malvado. ¿En qué crees que se ha acabado convirtiendo? En un hombre horrible, deberías alejarte de él —y Sofía se giró rápidamente y abofeteó a esa mujer que solo soltaba veneno por su boca.

—¡Cállate de una vez! Y no te atrevas a insultarlo de nuevo —y esa mujer se la miró horrorizada.

—Estás loca —le dijo cubriéndose la mejilla—.¡Loca!

Sin duda Sofía estaba loca, loca por haber permitido que esa bruja empezara a hablar y a solar todas esas tonterías sobre Alex. Él era bueno en todos los aspectos y nadie, ¡y mucho menos esa desagradable mujer!, lograrían que pensara lo contrario.

Álex se encontraba sentado en la playa mientras contemplaba el mar, en ese momento ese era el único lugar en el mundo que podía calrmarlo un poco y entonces, recibió el mensaje que había estado esperando.

“Necesitamos hablar de muchas cosas. Dime hora y lugar. Sofía”

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Acerca de: Clover

Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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