Desconocidos: capítulo 25 – Felizmente atípico

¡Aloha queridos soñadores! Hoy vengo con las pilas a tope, ¡y eso que solo es miércoles!

Como ya sabréis si me visitáis con regularidad, no me gusta repetir historia la misma semana (a no ser que sea algo cortito que tenga ya terminado), llamadme maniática al respecto pero me da seguridad XD. Y hablando de seguridad (o de no seguridad), creo que esta ovejita debería empezar a desplegar sus alas para volar un poco más alto. ¿Te animas tú también a ser algo más valiente? Sin duda nuestras tres protagonistas de los Desconocidos lo serán (más de lo que lo son ahora) porque deberán afrontar muchas cosas y atreverse a traspasar esa líneas imaginaria entre lo normal y extraño. ¡Besos!


DESCONOCIDOS

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Capítulo- 25: Felizmente atípico  

Adriana se encontraba otro día más metida en esa aburrida cafetería preparando un café demasiado amargo y horneando unos cruasanes que olían a gloria, mientras no podía dejar de moverse nerviosamente como una peonza a través de la barra. Desde que se había despertado en la cama de ese hombre no había podido ser la misma por eso, había aceptado encantada hacer horas extras en la cafetería después de sus clases, para intentar evadirse un poco y mantener su mente ocupada.

—Necesito contarte algo urgentemente, Sofía —le dijo mientras le dejaba su zumo en la mesa al lado de la magdalena de virutas de chocolate que había pedido.

—Pues dímelo.

—No sé cómo contártelo —y Adriana se sujetó sus manos para dejar de temblar. De hecho, llevaba varios días sin atreverse a confesárselo a ninguna de sus dos mejores amigas, porque tal era el tamaño de su error, ¡que no sabía cómo contárselo!

—¿Qué te ha pasado?

—Me he…

—¿Si? —le insistió para que arrancara de una vez.

—Acostado —soltó en un torpe tartamudeo, y Sofía aprovechó su pausa para llevarse un trozo de magdalena a la boca.

—¿Y?

—Con Sergio —le dijo finalmente tragando con dificultad.

—Pues muy bien —contestó Sofía cogiendo otro trozo de magdalena.

—¿¡Te parece normal!?

—Claro, ¿qué diablos te ocurre? ¿Quieres un monumento o qué? Tanto jaleo por un polvo —y después de reprenderla, arrancó otro trozo de su magdalena con virutas de chocolate. Lo que sí era lamentable era la forma en que Adriana intentaba ocultarlo y en lo deshonesta que estaba siendo con ella misma.

—¡Deja de comer! Me estás poniendo más nerviosa. Sofía, escúchame con atención, hablamos de Sergio, ¡de Sergio! —le gritó histérica porque parecía que su amiga no lo estaba pillando.

—No sé cómo os habéis aguantado hasta ahora —porque a pesar de la mirada asesina que le estaba mandando Adriana, para Sofía, que era un experta seductora nata, estaba claro que esos dos desde el primer momento se habían gustado—.Sinceramente hay que aplaudir a Sergio por su paciencia.

—¿Qué dices?

—Es obvio que deseaba acostarse contigo, supongo que es esa clase de tíos que les va lo imposible pero tú, ¡si querías meterte en su cama ya podría haberte espabilado antes!

—Déjate de bromas, ¿sabes que estoy jodida? ¿Qué haré a partir de ahora?

—¿Harás? —le preguntó riéndose a carcajadas—Abandona tu mundo virginal de princesas y baja a la tierra, ¡guapa! Acostarse con un hombre no es ningún pecado.

—¡Pero es Sergio!

—Deja de repetir su nombre como si fuera el demonio. ¿Qué importa? Te gusta, al menos lo suficiente como para haberte metido en su cama. Ahora dime, ¿qué tal estuvo?

—¡Eres la peor dando consejos en situaciones críticas!

—Dímelo, ¿mejor o peor de lo que esperabas? —y Sofía notó como el rostro de Adriana se transformaba y empezaba a teñirse de rojo.

—¡¡Adriana!! ¿¡Se puede saber qué haces!? ¡Tienes trabajo pendiente! —las interrumpió los gritos del ogro de su encargado desde la cocina—¡Deja de holgazanear y ayuda en la barra!

—¡Ahora mismo! —le contestó de mala gana—El pesado de mi jefe me reclama, hablamos después.

—Pero antes dime qué tal estuvo y se sinceridad. ¿Vale? —y como Sofía se lo dijo tan seria, Adriana se sintió acorralada.

—Mejor, mucho mejor, me temo.

—Lo sabía —le contestó Sofía con cierto orgullo en su mirada.

Sofía se quedó a solas con su magdalena mientras no podía dejar de pensar en Álex y en todo lo que les había sucedido en apenas unos días. A esas alturas, su distanciamiento ya era del todo oficial y nada de lo que le pudiera decir él, podía reparar la brecha que ya se había formado entre los dos. Álex no solo la había mentido ocultándole cosas sino que encima la había engañado con otro tomándola por tonta.

—¡Ya no lo aguantó más! —suspiró mientras se terminaba su magdalena, porque necesitaba buscarse a un nuevo chico desesperadamente y olvidarse de ese rubio de tez bronceada.

Algo que también necesitaba con desesperación era desahogarse, pero como se había encontrado a su amiga Adriana tan angustiada e histérica, había decidido posponerlo y contárselo en otro momento que estuviera más relajada y receptiva. Pero aún así, Sofía no se impacientó porque aún le quedaba un ángel de la guarda en su lista, y le sonrió nada más verlo cruzar la puerta.

—Veo que no me has esperado —le dijo Paula mientras se sentaba en la mesa.

—Lo siento, me moría de hambre.

—¿Qué tal te ha ido el casting?

—Normal, supongo—aunque sinceramente Sofía no esperaba nada de un casting en el que no había puesto ninguna intención. Se encontraba demasiado nerviosa y alterada como para centrarse en su carrera de interpretación, y una era incapaz de interpretar ningún personaje cuando la vida de una misma parecía sacada de una mala obra de teatro.

—¿Se puede saber qué te ocurre? —le preguntó Paula—Te noto apagada, ¿te enteraste de algo más de Álex?

—Después te lo cuento, antes tengo otras novedades, Adriana ya no es virgen.

—Creo que de eso hace ya algunos años —le contestó frunciendo el ceño.

—Con Sergio, quiero decir —y Paula se quedó muda porque aunque ya lo sospechaba, no había recibido ninguna confirmación por parte de Adriana.

—¡Espera! ¿Estás completamente segura? —y Sofía asintió mientras Paula se fijaba en el rostro mortificado de la camarera rubia que se estaba peleando con la cafetera.

—No puedo creérmelo, ahora vengo —le contestó, y Paula se alejó hacia la barra para hablar con ella.

—Te lo advierto —le dijo Adriana nada más verla—.Ahórrate tus comentarios, sé que Sofía te lo ha contado.

—Felicidades —le respondió.

—¡Eso también es un comentario! —y Paula le sonrió—¿Qué quieres?

—Un té verde.

—Ahora mismo te lo llevo a la mesa. ¡Y deja de sonreírme así! —y Adriana se metió entre gritos al almacén para ir a buscarle el té.

Mientras Adriana se peleaba con la caja de los tés que parecía imposible de abrirse, escuchó ruido desde la barra.

—¡Te he dicho que te lo llevaré a la mesa! —le insistió a su amiga, pero al girarse, Adriana no se encontró con Paula sino con un atractivo hombre de cabello oscuro y ojos verdes que la observaba divertido.

—¿Tan compenetrados estamos que sabes lo que voy a pedirte antes de hacerlo?

—¿Qué haces tú aquí? —le preguntó mientras notaba que alguien le estaba estrujando el corazón. Desde que el domingo había abandonado su casa como una cualquiera, no lo había visto y gracias a dios, Sergio no le había mandando ni un mensaje ni había intentado llamarla.

—Tomar algo.

—Tómatelo en otro sitio.

—Deberías ser más amable. ¿Ya te has olvidado de lo que ocurrió en mi casa?

—¡Joder! No grites —y Adriana cogió el té de su amiga para llevárselo—Si me disculpas, tengo trabajo.

Sergio se quedó sentado en el taburete de la barra mientras seguía a Adriana con sus ojos. Premeditadamente había evitado acudir a la cafetería porque conociéndola, sabía que se mostraría más terca que nunca. Su reacción tampoco es que lo sorprendiera, ella era así, todo furia y gritos cuando se trataba de él pero, ¿qué era exactamente lo que desataba tal fogosidad en ella?

Adriana se acercó a la mesa de sus amigas con la taza de te temblando por culpa de la furia. Aún no podía creerse que ese estúpido se hubiera atrevido a acudir a su cafetería y que encima, le hubiera recordado la noche del fin de semana. ¿A caso él no quería olvidarla? Porque ella lo deseaba, lo deseaba con toda su alma y…

—Aquí está tu té, Paula —le contestó dejando la taza con fuerza.

—Deberías ser más delicada o terminarás cargándote la cafetería.

—¡Lo odio! —se quejó sin escuchar el sabio consejo de Paula—¡Lo odio más que nunca!

—Qué extraño —le dijo Sofía—.A mí nunca me han ido a buscar después de una noche loca.

—¡No fue loca!

—¿Entonces fue todo preparado?

—¡Silencio!, voy a echarlo ahora mismo de la cafetería —y sus dos amigas empezaron a reírse.

—¿Qué harás, golpearlo con la escoba?

—No me tientes, Sofía, no lo hagas —y Adriana se fue directa hacia la barra dispuesta a sacarse a ese hombre de la cafetería, de su vida y de su maldita cabeza.

Próximo capítulo…

¿Qué hará Adriana para sacarse a Sergio de encima? ¿Él aceptará sin protestar? Álex reaparecerá en la vida de Sofía, ¿le valdrán de algo sus excusas? ¡Nos vemos pronto por el cuaderno! Sed puntuales XD.

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Acerca de: Clover

Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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