Desconocidos: capítulo 24 – Una noche ardiente

¡Hi lectores! ¿Os está resultando buena esta semana?

Yo por fin he podido centrarme un poquito y aquí os traigo el nuevo capítulo de los Desconocidos. Os mentiría si os dijera que últimamente no me está costando más de lo usual seguir en el cuaderno, pero ya se sabe que a veces (más a menudo de lo que nos gustaría), otras obligaciones nos absorben por completo. Por eso os pido paciencia y comprensión, al final todo pasa y podré reequilibrarme de nuevo (¡prometido!).

Ahora vámonos a dejarnos llevar por mundos literarios, concretamente hacia los Desconocidos, y también vamos a dejarnos caer en medio de una cálida noche en el piso de un tal Sergio donde parece que no dormirá del todo solo. ¿Quieres descubrirlo? ¡Os invito a leerlo! Abrazos.


DESCONOCIDOS

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Capítulo- 24: Una noche ardiente

Adriana no dejaba de juguetear con el borde de su camiseta, y aunque no entendía porqué se estaba tensando tanto, no podía dejar de sentir su corazón salírsele por la boca. Quizá era por el olor masculino que desprendía la camiseta de algodón o por el hecho que se encontraba de nuevo encerrada en el salón de ese piso que la hacía sentir tan insegura. Allí todo seguía exactamente igual que hacía media hora, todas esas cosas tan frías, caras y distantes, pero que no dejaban de conmocionarla.

—Adriana —la llamó sorpresivamente Sergio que acababa de salir de su habitación—.Espero que esta vez te quedes quieta y que no tenga que salir a buscarte de nuevo —la advirtió frotándose los ojos.

Con franqueza, la huida de Adriana había sido una tremenda tontería, y ahora no sabía muy bien a qué se había debido semejante estupidez. Pero algo en esa casa la había empujado a hacerlo y cuando había querido detenerse, ya había sido demasiado tarde. Ver esa fotografía la había asustado tanto que se había aventurado a salir a la calle sola, sin dinero y a las tantas de la noche como una completa lunática.

—Al menos por esta noche te dejaré tranquilo —le contestó ella. Porque de los dos, la que estaba más preocupada por su comportamiento anómalo era sin duda la propia Adriana.

—Eres muy amable —le contestó Sergio con una sonrisa algo cansada—.Si necesitas algo, esa de allí es mi habitación —y Sergio le señaló la última puerta del pasillo antes de encerrarse en ella.

Adriana se sentó en su cama improvisada y contempló esa puerta preguntándose qué se escondería tras ella. Por supuesto que lo sabía, allí dentro estaba Sergio y entonces, no pudo evitar pensar en sus ojos y…

—¡La foto! —y se levantó de un salto y la buscó a través del mueble del salón. Cuando la encontró volvió a contemplarla mientras las mismas emociones la abrumaron de nuevo. Allí se encontraba ese chiquillo plenamente feliz al lado de esa mujer mayor, ambos resplandecientes, con los mismos ojos y facciones. Ese sin duda sería el Sergio que se encontraba encerrado en su habitación, un niño capaz de sonreírle al mundo y completamente transparente.

—¿Adriana? —y a ella se le resbaló la foto al suelo cuando escuchó la voz de Sergio—Lo siento, ¿te he asustado?

—No, solo un poco —se disculpó recogiendo el marco de la foto para devolverlo a su sitio. Por suerte, parecía un marco resistente y el cristal no se había roto.

—¿No puedes dormir? —le preguntó él apoyándose contra la pared.

—¿Y tú? —y entonces Adriana se sorprendió al ver que Sergio la estaba contemplando en silencio y con el rostro muy serio—¿Qué te ocurre? —le preguntó asustada, pero él se quedó en silencio y a ella le pareció que Sergio se encontraba luchando contra algo invisible. Finalmente bajó sus brazos en señal de redención y se acercó a ella.

—Dímelo tú. ¿Qué demonios nos ocurre?

—No sé de qué estás hablando —le contestó nerviosa, y Sergio le sonrió exactamente de la misma forma en que lo había visto sonreír en esa fotografía de su infancia.

—Lo sabes —le dijo con absoluta certeza antes de besarla.

Adriana en su huida se chocó contra el mueble del comedor y él aprovechó ese momento para retenerla. Ella podía notar las manos de Sergio recorrerle la espalda y entonces Adriana se sujetó a sus brazos para no caerse al suelo. Sus bocas se fusionaron en una en medio de ese frenesí enloquecido y el corazón de Adriana empezó a latirle con tal intensidad, que pudo escuchar su pulso a través de todo su cuerpo. La boca de Sergio resultaba sofocante y a la vez era exigente. Sin duda por lo que conocía de él sabía que era un hombre poco acostumbrado al no, pero es que ella no quería negarse, no cuando él la estaba acariciando de esa forma. Cuando Sergio captó ese cambio en la actitud de Adriana, lo aprovechó para levantarla del suelo y colocarla encima la mesa del comedor. Automáticamente Adriana notó esa mesa de cristal fría pero un fuego que nacía en su propio interior, empezó a calentarla mientras Sergio le separaba las piernas. Sergio se quitó su camiseta bajo el escrutinio de ella, y Adriana hizo lo mismo mientras él la ayudaba a deshacerse de su camiseta negra. Ambos se quedaron con sus torsos desnudos y Adriana no pudo soportarlo más y extendió sus curiosas manos para tocar su piel y notar su delgado pero tonificado cuerpo bajo sus yemas.

—Creo que esto se nos está yendo de las manos —le dijo Adriana mientras retiraba sus manos, pero él se limitó a reírse a carcajadas por lo tardía y estúpida de su frase, y se lanzó sobre ella como un animal hambriento.

Sergio empezó a mordisquearla el cuello y a besárselo mientras Adriana soltaba un jadeo, y de allí pasó hacia su clavícula hasta que llegó a sus pechos donde jugueteó con ellos utilizando su lengua mientras Adriana se sujetaba con fuerza a los bordes de esa mesa de cristal que a pesar de estar helada, a ella le pareció que era de hierro ardiendo. Entonces Sergio bajó su rostro hasta sus pantalones y tiró de ellos para quitárselos, Adriana intentó resistirse en un principio pero cuando él la miró a la cara sin decirle nada, no pudo seguir negándose y se dejó desnudar por él. Sergio la estaba engullendo con sus ojos verdes, una mirada tan aguda que la estaba desnudando hasta el alma. ¡No me mires así!, deseó gritarle hundida por la vergüenza más absoluta, pero entonces, él se acercó a ella, la abrazó cariñosamente y se la llevó hacia esa puerta del final del pasillo donde se encontraba su habitación.

—Ya es demasiado tarde —le susurró Sergio mientras abría la puerta.

—¿Tarde para qué?

—Para escapar —y Sergio encendió una pequeña lámpara—.Ven aquí —la animó para que se acercara a la cama, pero ella se quedó acobardada en la esquina de la habitación sin saber qué hacer y con sus emociones patas arriba.

—No quiero esto —le suplicó Adriana en un tono apagado como un animalillo indefenso. Pero Sergio no la creyó y se acercó a ella con cierta mirada perversa.

—Mientes de pena —le contestó rodeándola con sus brazos y levantándola un poco para apoyarla contra la puerta—.Dímelo de nuevo —la provocó él mientras la acariciaba y no dejaba de besarla.

En ese momento Adriana no pudo soportarlo más y lo rodeó con sus piernas para invitarlo, lo bueno de Sergio es que no era un hombre maleducado, y solo necesitó una simple y sincera invitación por parte de Adriana, para aventurarse a su encuentro. Sergio sujetó a Adriana con firmeza mientas ella se apoyaba contra la puerta y ambos se dejaron llevar toda la noche en esa posición poco usual para disfrutar de una noche sexo y todo ello, sin haber llegado tan siquiera a la cama.

Sofía agarró su teléfono móvil que no dejaba de sonar y se intentó dar coraje para poder seguir con su farsa.

—¿Si? —le preguntó al hombre que la estaba engañando.

—Hola, Sofía. ¿Cómo estás? —y a ella le pareció imposible que aún después de lo que había descubierto, Álex le siguiera sonando como el de siempre.

—Bien, ¿y tú? Hace mucho que no sé nada de ti.

—He estado ocupado —se limitó a decirle con cierta ambigüedad.

—¿Ocupado con qué?

—Cosas, trabajo y cosas aburridas.

—Veo que no quieres contármelo.

—¡No es eso! —le contestó ofendido—Pero… —y ella aprovechó ese momento de duda para presionarlo.

—Dime la verdad, Álex. ¡No soy idiota!

—No ocurre nada, de verdad —y ella se enfureció porque no sabía qué más hacer para lograr que se lo contara. ¿A caso necesitaba que le pusiera una pistola en la cabeza?

—Hasta que no seas sincero conmigo, no podré ayudarte.

—¿Me estás amenazando? —y por el tono de su pregunta, ella supo que Álex acababa de cerrarse.

—No, solo quiero ayudarte.

—¿Y qué diferencia hay? ¡Es lo mismo! —le gritó enfurecido—Puedo hacer lo que me dé la gana, Sofía, tú no puedes controlarme.

—Ya lo sé, no quería insinuar…

—¡No quiero escucharte! Déjalo, ya no me apetece verte —en ese momento Sofía se quedó congelada y no supo qué decirle para retenerlo. Solo pudo pensar que lo había perdido definitivamente pero entonces se intentó consolar en vano, recordando que él la había mentido desde el principio.

Adriana se despertó sintiéndose descansada y extremadamente animada, pero todo su júbilo se vio entorpecido cuando escuchó la respiración de…

—¡Sergio! —gritó mientras se cubría la boca para no despertarlo y entonces, se fijó que ambos estaban durmiendo en su cama completamente desnudos. ¡Joder! Por eso, saltó de esa cama como si fuera un sigiloso gatito, cogió su vestido que ya había salido de la secadora, y salió pintando de allí sin haberse ni peinado. La noche había sido una completa locura, un sinsentido tan grande que no podía ni creerse que hubiera terminado acostándose con él. ¿Soy idiota?, se preguntó de camino a casa, porque sin duda solo una idiota se acostaría con Sergio después de conocerlo. Él era el peor hombre del mundo, era egoísta, prepotente, narcisista y un sin fin más de adjetivos nada alentadores ni admirables.

—¿Señorita? ¿Señorita? ¡Perdone! —y Adriana levantó su vista y se fijó en el taxista—Ya hemos llegado a su casa.

—Perfecto —le contestó pagándole, porque lo mejor para ella ahora mismo era darse una buena ducha y meterse en su cama con la esperanza que toda la pesadilla de la noche anterior terminase cuanto antes.

El timbre de la casa de Sofía sonó mientras ella escuchaba como su madre habría la puerta y hablaba con alguien.

—¡Hija! —la llamó desde la entrada emocionada, y Sofía salió corriendo.

—¿Qué ocurre? —le preguntó con preocupación, pero se tranquilizó al ver a su madre sonriéndole de oreja a oreja.

—¡Es para ti! —le aclaró la mar de emocionada mostrándole un enorme ramo de rosas rojas mientras ella no entendía nada.

—¿Para mí? —y su madre asintió mientras le entregaba el ramo.

Sofía cogió ese ramo sin entenderlo y se fijó en el pequeño sobre que llevaba atado. Con cuidado lo sacó de entre ese montón de rosas que olían deliciosamente y el corazón le pegó una sacudida cuando leyó:

“Perdóname, Álex”

En ese momento Sofía corrió a encerrarse en su habitación y dejó el ramo encima de su escritorio mientras no podía dejar de llorar. ¿Perdonarlo? ¡La estaba mintiendo! Entonces cogió ese ramo con rabia mientras recordaba esos brazos de esa mujer y abrió la ventana para arrojarlo bien lejos para olvidarlo. Pero algo en ese ramo rojo le impidió hacerlo y volvió a cerrar la ventana mientras se sentaba en el suelo junto al ramo y lloraba desconsoladamente. ¡Ojalá pudiera perdonarte! ¡Tienes que haber sufrido tanto!, pensó mientras acariciaba esos pétalos rojos, en el fondo Álex era tan delicado como esas flores, y Sofía empezó a llorar de impotencia porque estaba claro que no podía ayudarlo. No tenía ni idea de qué le ocurría ni de lo que pensaba solo que…¡la había engañado con otra!

Sergio saltó de su cama cuando escuchó que su gatita acababa de escabullirse de su piso, y aunque ella había intentado no hacer ruido, lo había despertado nada más abandonar su cama. Por fin habían terminado acostándose, y aunque sentía que había tardado más de lo esperado, sin duda había merecido la pena.

—Ahora podré olvidarme de ti de una vez por todas —murmuró mientras salía de su habitación y se fijaba en esa puerta donde habían ocurrido cosas la mar de interesantes. Pero quizá haberse llevado a Adriana a su propia habitación y haberla metido en su cama no había sido la mejor idea para olvidarla, no si esperaba deshacerse de su recuerdo cuanto antes.


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Acerca de: Clover

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Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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