Desconocidos: capítulo 22 – Tipos distintos de joyas

¡Bienvenidos! Hoy os doy la bienvenida al cuaderno, a este día tan frío de domingo (al menos por aquí) y a este capítulo que va sumando y sumando (un día me gustaría recopilar todo lo que tengo escrito para descubrir cuántas páginas son :P).

No sé si lo habréis notado, pero hace algunas publicaciones que creo que los Desconocidos han cambiado (eso es inevitable cuando escribes una historia a lo largo del tiempo y más cuando ni tú misma te encuentras del mismo humor cuando lo haces), pero también creo que esa es la “gracia” o lo “excepcional” del asunto. Así que si a alguien le está resultando la historia confusa (a lo mejor no, y todo son paranoias de una oveja demasiado soñadora), me disculpo. Y hablando de todo un poco, lo que sí me apetece retomar cuanto antes, es alguna historia de fantasía (tengo ya varias ideas bastante sólidas e interesantes) pero esta vez no voy a lanzarme a la piscina hasta que esté 100% convencida, ¿qué os parece? Con todos mis desvaríos, esta ovejita algo más sabía que ayer pero menos que mañana, os deja con el capítulo de hoy. ¡Que tengáis una feliz semana! ¿Prometido?


DESCONOCIDOS

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Capítulo- 22: Tipos distintos de joyas

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Existen joyas encantadoras, especiales y únicas pero también existen otro tipo de joyas algo más traviesas, malvadas y egoistas.

Paula no podía dejar de bostezar, y aunque se cubría la boca con disimulo, a Noel le estaba quedando más que claro que ella ya había tenido suficiente por esta noche.

—Nosotros nos largamos ya —le dijo Noel a su prima mientras se acercaba a ella para que la escuchara en medio de toda esa música.

—¿Tan pronto? —le preguntó Adriana sorprendida porque creía que todos se estaban divirtiendo bastante en el Iris.

—Sí, queremos irnos a descansar —pero a ella no le quedó del todo claro si esos dos querían irse realmente a dormir o hacer otro tipo de cosas en la cama.

—Está bien, si queréis marcharos, supongo que deberíamos…

—¡De eso nada! —los interrumpió Sergio que acababa de reaparecer con una nueva copa en su mano—Tú te quedas conmigo, tengo que terminarme esto.

—¿Y a mi qué me importa? ¡Hemos llegado aquí en el coche de Noel! —le gritó a ese estúpido que se creía con el derecho de entrometerse en su vida y decidir por ella.

—No seas… —pero ella no alcanzó a escuchar lo que acababa de llamarla por culpa del ruido de la música así que se imaginó el peor insulto de todos y se enfureció aún más.

—Si estáis de acuerdo, nosotros nos largamos —les soltó Noel a ambos, y Adriana se giró para retenerlo pero se lo encontró a varios metros de distancia y largándose con Paula.

—¿¡Y yo!? —les gritó exasperada—¡No podéis dejarme aquí sola!

—Creo que acaban de hacer exactamente eso —le contestó Sergio con un tono de burla.

—¡Te odio! —refunfuñó Adriana cruzándose de brazos.

—Sé más original, tus insultos empiezan a aburrirme —y Sergio se dirigió hacia la barra para disfrutar de su copa mientras ella se quedaba completamente sola y con cara de amargada en medio de la pista de baile. ¿Podría ser más lamentable?, sin duda no, aunque esa era una pregunta que más le hubiera valido a Adriana no formularse jamás.

Paula se acurrucó en la cama de Noel y automáticamente notó el cuerpo de su novio rodeándole el suyo. Su piel era cálida con un fuerte aroma a perfume y sus manos la envolvieron cariñosamente como si pudiera romperse.

—¿Estás cansada? —le preguntó Noel en un tono bastante insinuante.

—Depende —le contestó ella, y Paula se colocó encima de él y lo besó.

A esas alturas de la relación, ambos se habían besado lo suficiente como para ya haberse cansado el uno del otro, especialmente Noel, que no solían durarle demasiado las mujeres ni muchísimo menos las novias.

—Paula —la llamó él mientras la desnudaba y le besaba en el cuello justo donde llevaba el colgante que le había regalado.

—Eres terrible —le contestó ella que en cuestión de minutos se había quedado solo en ropa interior.

—Lo terrible es tener que aguantarme sin tocarte —y Noel le pasó un dedo por encima del encaje de su sujetador mientras notaba sus pechos.

—Ahora veremos quién de los dos es el más terrible —le contestó acariciándole el torso desnudo y musculoso de él y entonces, Paula empezó a besárselo y a crear un erótico camino que los terminaría llevando a ambos hacia el paraíso.

—Lo que te decía, Paula, eres una terrible tortura —pero por su sonrisa, estaba claro que Noel lo estaba disfrutando muchísimo y que aquello que él mencionaba como una terrible tortura era el verdadero éxtasis.

—Pero creo que esta tortura  va a gustarte —le sonrió Paula pícaramente y algo más envalentonada que de costumbre—.¡Te lo prometo!

Adriana tuvo que soportar la desagradable mueca de superioridad de Sergio mientras éste se terminaba su copa que parecía incapaz de acabarse.

—¿Puedes darte prisa? —lo presionó—Quiero irme a casa.

—Eres una aguafiestas.

—¡Claro! —le soltó ella dispuesta a ignorarlo.

—Vaya, ahora ya ni siquiera me gritas que me odias. ¿Ya te has resignado o es que vas aprendiendo?

—¡Paso de ti y de tus tonterías!

—Está claro que podemos ser muchísimas cosas pero ni tú ni yo somos especialmente tontos.

—¡Bébete la copa o…! —pero Adriana no logró terminar de formular su réplica y pegó un grito cuando notó un líquido helado recorrerle toda la espalda—¡Joder! —y a su lado, se encontró con una chica bajita y de cabello corto que la miraba en shock.

—¡Lo siento mucho! ¡Perdóname! He perdido el equilibrio —porque esa chica de mirada asustadiza, acababa de derramarle toda una copa encima de su vestido. ¿Esto es vodka?, se preguntó oliendo su vestido manchado, ¡apesto a alcohol!

—No te preocupes —intervino Sergio como un auténtico caballero de armadura dorada mientras Adriana intentaba secarse con todas las servilletas de la barra. ¿Qué demonios haría ahora ella?, y al instante, notó como Sergio le colocaba su americana gris encima de sus hombros y tiraba de ella para llevarla afuera.

—¿Se puede saber qué haces?

—Nos vamos. No puedes estar así, pillarás un resfriado —y ella se agarró a la americana de Sergio que olía a él y le brindaba algo de calor a su cuerpo helado, y se metieron en el primer taxi que lograron detener.

—Buenas noches, llévenos a la calle León número cuarenta y tres —le indicó Sergio al taxista.

—¿Y yo? —le preguntó Adriana, porque esa no era la dirección de su casa.

—Tú te vienes a mi casa. Está solo a cinco minutos de aquí. Allí podrás ducharte y cambiarte rápido.

—¡De eso nada! —le contestó titiritando de frío, y como en ese momento sus dientes empezaron a castañearle con fuerza, se rindió a su lógica—Vale, no quiero ponerme enferma —y Sergio le sonrió complacido porque Adriana acababa de mostrarse sumamente dócil y complaciente.

Adriana se encontraba a esas horas de la madrugada dándose una ducha con agua caliente en la casa de Sergio. Su piso era tal y cómo se había esperado, muy parecido al de Noel, pero algo más grande y frío. ¿Dónde sino podría vivir un hombre que utilizaba trajes de marca, coches caros y contemplaba el mundo como si todo tuviera un precio y pudiera comprarse? Un piso serio, aburrido, de diseño y caro, pero sin pizca de humanidad en él. ¿Era así cómo Sergio era en el fondo?, y por más que Adriana intentó descifrarlo en esa placentera ducha, no logró hacerlo.

—Ya estoy —le informó al salir del baño mientras se contemplaba su ropa. Ella había sustituido su vestido ajustado de color púrpura por una camiseta negra con unos grandes pantalones deportivos de Sergio.

—¿Te sientes mejor?

—Sí, gracias. Ya he entrado en calor.

—Esta será tu cama por hoy —y Sergio le indicó un sofá cama que ya le había abierto y ya había colocado una almohada a juego y un edredón encima.

—Creo que tomaré un taxi y me iré a casa.

—¿A estas horas y con estas ropas? De eso nada. Mañana puedes irte a primera hora, la ropa ya habrá salido de la secadora.

—No hace falta, de verdad.

—Lo sé, solo me apetece hacerlo. Voy a darme una ducha —y él se encerró en el baño y ella se quedó sola en ese salón que por esta noche, se transformaría en su habitación.

Adriana recorrió ese salón tan poco personal y cálido, y el corazón le pegó un pinchazo cuando una foto captó su atención. Un niño pequeño sonreía junto a una mujer mayor de cabello algo canoso, y en ese momento ella no necesitó preguntarle a nadie de quién se trataba porque estaba claro que ese niño de ojos verdes era Sergio. Un Sergio despreocupado, inocente y extremadamente humano que… En definitiva, el hombre que realmente sospechaba que se escondía dentro de ese caparazón implacable.

—Eras un niño muy guapo —le habló a ese retrato con dulzura, y se preguntó si esa mujer mayor con sus mismos ojos, sería su abuela. Unos ojos muy bellos y especiales, tanto como lo era ese niño.

Pero eso, Adriana contempló la puerta cerrada del baño mientras escuchaba el agua saliendo a toda presión y con la misma intensidad, cogió el pomo de la puerta de salida y huyó de Sergio, ¡porque solo dios podía saber qué haría cuando lo viera! ¡No seas boba, solo es una foto!, pero en su mente se quedó grabada esa entrañable imagen y le resultó imposible encontrar a Sergio de nuevo insoportable y odioso. Sergio era un hombre interesante, con sus peculiar sentido del humor, más débil de lo que aparentaba y con un temor tan grande en abrirse a alguien, que precisamente por eso acababa de colarse directamente en el corazón de Adriana.

—¡Basta! —se gritó ella con fuerza mientras corría sin rumbo por la calle a esas peligrosas horas de la noche—¡Basta! —y Adriana siguió huyendo de todo sin poder controlar sus pensamientos.

Sergio salió de la ducha con una sonrisa de placer, pero rápidamente se le borró del rostro cuando vio la puerta de su casa abierta y no encontró rastro alguno de Adriana por ningún lado.

—¿Dónde te has ido? —se preguntó observando el bolso que se había dejado encima la mesa y para su más absoluta preocupación, no se había llevado ni su teléfono móvil ni nada de dinero. ¡Mierda!, pensó automáticamente, y Sergio cogió las llaves de su coche y salió como una bala para ir a buscarla.

Después de treinta minutos corriendo sin control, Adriana necesitó aflojar el ritmo para regular un poco su respiración. No fue hasta ese momento cuando se dio cuenta que se había dejado su bolso en la casa de Sergio.

—¡Joder! —gritó enfurecida, pero ahora no podía regresar allí, no en su estado y con las emociones tan alteradas, así que hizo de tripas corazón y empezó a andar hacia el que le parecía era el camino correcto de regreso a su casa.

Cuando la realidad empieza a torcerse, a perder su habitual calma y serenidad, algo en ese espantoso e inquietante cuadro, te indica que las cosas no van para nada bien y que de hecho, las cosas se encuentran peor que nunca.

Sofía se encontraba escondida dentro de su coche como si fuera una experta detective con la peculiaridad que ni ella misma sabía qué demonios estaba haciendo ni qué se suponía que tendría que hacer una vez que Álex saliera de su casa.

¡Creo que me estoy volviendo una paranoica!, pero es que era tal el cambio de actitud en el comportamiento de Álex, que era obvio que se encontraba en problemas. ¿Qué podía ser? ¿Y si era grave?, esos eran tantos interrogantes sin resolver y tan inquietantes, que Sofía pegó un bote cuando su teléfono móvil empezó a sonarle.

—¿Si?

—¿¡Sofía!? —la llamó su amiga Paula con preocupación—¿Dónde estás?

—Por allí.

—¿Cómo? Hoy habíamos quedado para comer. Te estoy esperando en el centro comercial.

—Lo siento, ahora no puedo.

—¿Pero qué estás haciendo?

—¡Te lo cuento después! Vete a comer con Noel, seguro que se alegra —y le colgó el teléfono antes que su amiga pudiera hacerle más comprometedoras preguntas.

Álex salió de su casa a media tarde tal y como Marlene le había ordenado. Esa bruja lo tenía bien atado, literalmente atado por…bueno, por una parte bastante delicada de la anatomía masculina. Así que se colocó el casco de moto con resignación y se montó para ir a verla cuanto antes.

Después de varias horas esperando y sin percatarse del más mínimo movimiento por parte de Álex, Sofía estaba a punto de darse por vencida y tirar su toalla.

—¿Y si solo me lo he imaginado yo? ¿Y si no era tan malo? ¿Y si…? —pero entonces un guapo rubio de casi metro ochenta de estatura, de piel morena y ojos como el océano, salió de su portal con su casco entre las manos.

—¡Va a salir! —gritó Sofía histérica en su coche mientras le temblaban un poco las manos al agarrar su volante. ¡Esto es malo!

Álex se encontraba conduciendo a toda velocidad hacia la casa de Marlene, y aunque no le apetecía lo más mínimo ver el rostro de esa mujer, también era consciente que cuanto antes lo hiciera, mejor. ¿Mejor?, se preguntó para sí mismo mientras le daba gas a su moto, porque estaba claro que para él, esto no se terminaría nunca.

Sofía estacionó su coche lo suficientemente lejos de la moto de Álex como para que no se percatara de su existencia, pero a su vez, también lo suficientemente cerca como para poder analizar sus movimientos con precisión.

El breve pero temerario trayecto a toda velocidad, los había alejado del centro de la ciudad. Concretamente a una urbanización relativamente nueva donde era obvio por sus casas, que sus residentes gozaban de una agradable posición económica. ¿Qué hacía Álex en un sitio como este?, y todas sus inquietudes se vieron confirmadas cuando Álex se bajó de su moto, se quitó el casco y revisó la calle un par de veces con nerviosismo como si estuviera asegurándose que nadie lo hubiera seguido.

¡Esto pinta fatal, Sofía!, pensó mientras se escondía en el asiento y se sentía como la peor criminal del mundo, y por el rabillo del ojo vio como Álex se dirigía hacia la puerta metálica de la casa que se encontraba a su derecha y llamaba al timbre. Entonces esperó unos minutos con impaciencia y la puerta se abrió. Sofía miró esa puerta con tanta atención, que salió inconscientemente de su coche y se acercó a esa casa sin comprender nada. ¿Qué ocurría? Pero ella se paralizó cuando dos brazos delicados, recubiertos de joyas, salieron a través de ese portal y acariciando el rostro de Álex de una forma bastante clara. Entonces, él se quedó recto y serio, pero esa mujer anónima, de larga melena, se aproximó a él para besarlo y se lo llevó hacia dentro.

Sofía se quedó tan impactada por lo que acababa de suceder, que le costó varios minutos poder asimilar todo el dolor punzante que su corazón estaba sintiendo. En realidad, su dolor era más agudo y fuerte de lo esperado, e iba más allá de los celos y se dirigía hacia un destino totalmente inesperado y nuevo. No se sentía dolida porque tuviera a otra, bueno, solo un poco por ello, aún así lo que más le escocía el alma era saber que no había confiado lo suficiente en ella como para contárselo. ¿A caso ni habían llegado a ser eso? ¿Qué clase de…? ¿¡Qué demonios eran ellos dos!?

Próximo capítulo…

Sofía seguirá investigando por su cuenta a Álex y éste seguirá luchando con todos sus medios para solucionar sus problemas en la más absoluta soledad. ¿Encontrará Sergio a Adriana a las tantas de la noche? ¿Qué se supone que siente ella por él al haber huido de esa manera? ¿Todo seguirá tan perfecto entre Paula y Noel? Sigue descubriendo a estos Desconocidos algo más conocidos. ¡Gracias!

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Acerca de: Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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