Desconocidos: capítulo 21 – Todos tenemos un precio

¡Bienvenidos soñadores! ¿Cómo estáis?

Ahora que oficialmente se han terminado todas las celebraciones (nada de estar tristes, eh), tengo la sensación que todo vuelve a su calma habitual, y es que a veces, cierta serenidad o equilibrio en nuestras vidas no es para nada malo. A pesar que las sorpresas y la improvisación son muy importantes, ¿qué haríamos sin la ilusión? Creo que nuestra vida da para mucho y que el mundo es lo suficientemente grande y rico como para poder acapararlo todo: acción y relax. Si no estás entendido nada, no te preocupes, a veces ni yo misma lo hago XD.

Y ahora que ya he desvariado lo suficiente, os dejo con los desconocidos que empiezan el año más desconocidos que nunca. ¡Os mando un abrazo enorme! Nos leemos el miércoles.


DESCONOCIDOS

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Capítulo- 21: Todos tenemos un precio

Una mujer bella por fuera pero terrorífica por dentro observaba a esos dos amantes mientras se besaban y se reían.

—¡Nadie puede apartarlo de mi lado! —gritó furiosa Marlene mientras Álex se iba con Sofía para dar una vuelta en moto—Pronto os daréis cuenta que lo vuestro es imposible —porque aunque esa mujer calculadora estaba mostrando una excesiva paciencia con él, en realidad era el ser más temperamental del planeta. Marlene ya no podía aguantar mucho más, ¡lo necesitaba de vuelta!, y haría prácticamente cualquier cosa para recuperarlo.

Adriana sabía que se estaba equivocando, desde el primer momento que había empezado a aceptar a ese sinvergüenza sin un atisbo de escrúpulos, sabía que lo suyo solo podía empeorar. Porque, ¿en qué mente sensata podía funcionar lo suyo, si desde que se habían conocido sus personalidades habían chocado una vez tras otra?

—Deberías aprender a sonreír más y a divertirte —le soltó su canalla particular de ojos verdes mientras Adriana intentaba llamar la atención del camarero para que les atendiera.

—¡Mira quién habla, don estirado! Tampoco tú pareces precisamente del club de la comedia.

—A mí me gustan otro tipo de diversiones —y Sergio se acercó demasiado a ella, tanto, que Adriana no pudo apartarse porque se chocó contra la barra del bar colapsada de clientes—.Unas diversiones más perversas.

—¡Qué asco! Ahórrate los detalles —y rápidamente entre los dos apareció Noel.

—¿Aún no habéis pedido? —les interrumpió él que en ese momento abrazaba a Paula con cierta posesividad para que todo aquél que entrara en ese bar fuera plenamente consciente que estaban juntos.

—Hay demasiada gente por aquí hoy —y a juzgar por el número de personas que se arremolinaban alrededor de la barra para pedir sus copas, su prima Adriana tenía razón.

—¿Y si nos vamos a otro sitio?

—¿A cuál? —le preguntó Paula, porque desde que habían crecido lo suficiente como para acudir a este tipo de locales, siempre habían acudido al mismo.

—Yo conozco un buen sitio alternativo —le contestó Sergio, y Adriana se lo miró inquieta porque seguramente ese lugar “alternativo” no les convendría lo más mínimo.

—Mejor dejemos que sea mi primo el que lo decida —le dijo Adriana suplicándole con la mirada a Noel para que ese tipo insoportable de su lado no terminase arruinando la noche.

—No sé…creo que podríamos ir —y Noel se miró unos segundos a su amigo y le sonrió—¡Eso es! Vayamos al Iris.

—¿Iris? —le preguntó Paula que no le sonaba de nada ese nombre.

—Sí, es un lugar agradable, quizá demasiado pijo, pero por una noche estará bien.

—¡Suena interesante! —se entusiasmó Paula, porque cualquier nuevo lugar o experiencia de la mano de Noel, parecía una bendita bendición.

—Entonces salgamos de aquí cuanto antes —y los cuatro, lucharon con uñas y dientes para dejar un Dandi demasiado abarrotado e intentar terminar de disfrutar de la noche en un local algo menos congestionado.

—Creo que os gustará bastante, buena música, buena decoración, copas algo caras pero es distinto —y esos excesivos esfuerzos para vender ese local desconocido a Adriana le sonaron muy mal.

—¿Y se puede saber por qué nunca antes hemos acudido allí? ¿A caso te avergüenzas de nosotras?

—Nada de eso, prima. Es justo lo contrario.

—No te entiendo —le contestó Adriana parpadeando.

Iris pertenece a mis padres —le contestó Sergio—.Y yo me avergüenzo de ello —y Adriana se quedó tan cortada por su contestación, que no supo qué contestarle. ¿Qué demonios significaba su explicación?

En un callejón sin salida, un niño pequeño con el cabello rubio como el oro observaba a una majestuosa mujer embutida en un vestido negro y calzada con unos altísimos zapatos rojos.

—Tú eres mi mascota, Álex, y debes obedecerme.

—¡No quiero! —le gritó ese niño temblando.

—No tienes opción, tu alma me pertenece —y esa mujer dominante le mostró sus manos que parecían garras y lo sujetó con fuerza para llevárselo contra su voluntad.

—¡Eres un monstruo! —le gritó el pequeño atemorizado—¡Que alguien me salve! —pero cuanto más gritaba ese pequeño más se reía esa mujer de terroríficas manos.

—¡No puedes contárselo a nadie, a nadie! —le susurró al oído—Nadie puede saberlo o creerán que eres un monstruo.

—¿Un monstruo? —le preguntó el niño helándose porque de los dos, la que daba más miedo era esa mujer impecablemente maquillada.

—Sí, eso es lo que eres —y el pequeño Álex abrió mucho sus ojos azules y empezó a gritar antes de despertarse.

—¡Soy un monstruo! ¡Un monstruo!

Los cuatro llegaron al Iris más tarde de lo que hubieran deseado, pero los cuatro también se alegraron al comprobar que el local se encontraba relativamente vacío y que no pintaba tan mal como Sergio se habría imaginado. Él especialmente del grupo, era el que más detestaba este tipo de lugares, especialmente los que eran propiedad de su familia y llevaban su apellido en él.

—Es un sitio genial —le dijo Paula para animarlo un poco, aunque él le sonrió débilmente y continuó tan tenso como al principio.

—Si tanto te molesta estar aquí, podríamos haber ido a otro sitio —le sermoneó esa rubia tan suspicaz que cada vez le costaba menos leer su estado de ánimo. Esto es peligroso, Sergio, esta mujer es demasiado…¡Bobadas!

—¡Tú no me conoces! —le soltó en su defensa—Deja de intentar analizarme.

—Vaya, cuando eres tú el objetivo de ello, te molestas —y ella le sonrió porque aunque no le gustaba hacerle eso a nadie, Sergio se lo merecía. Precisamente porque ese hombre había estado jugando con sus emociones y sus sentimientos desde que se habían conocido, ahora no debería mostrar ni la más mínima piedad por él, su familia o sus problemas.

—Creo que deberías ir a pedirte una copa o buscarte a alguien —le contestó Sergio para apartarse de ella—.Me voy al baño —y salió disparado entre la multitud.

—No deberías molestarlo tanto —le reprochó su primo Noel—.Sé que Sergio es complicado pero…

—¡No hace falta que me digas como es! ¡Lo sé perfectamente! —y ella también se levantó de la mesa y se largó sola a la barra para pedirse una maldita copa.

—¿Se puede saber qué mosca le ha picado? —se preguntó Noel sin comprender a su prima mientras Paula le sonreía cariñosamente.

—Debes dejarles su espacio —le susurró ella antes de abrazarlo.

—No lo entiendo —le dijo rindiéndose a su caricia para después besarla y entonces, Paula se acercó al oído de Noel, le susurró unas reveladoras palabras y le mordió delicadamente la oreja—.¡Paula, lo que me estás diciendo es…! —le gritó emocionado, pero ella le cubrió su boca con la suya para que se callara porque a veces, aunque Noel era el novio más maravilloso del mundo, también podía ser el más torpe del universo.

Álex se levantó por la madrugada sudando y con dolor de cabeza por culpa de todas las copas que se había tomado en el bar nada más dejar a Sofía en su casa. Sabía que esa actitud estaba mal, que no le solucionaría su monumental problema y que a la larga, solo la empeoraría aún más, pero no podía evitar desear desesperadamente calmar todo lo que sentía por dentro y por eso, había decidido utilizar el alcohol para lograrlo.

—No ha funcionado —se maldijo contemplando su rostro hinchado y ojeroso ante el espejo del baño, porque ahora además de poseer un descomunal problema, tenía una resaca del demonio y un estómago revuelto—.¿Qué haré? —y su deprimente rostro a través del espejo no le sugirió ninguna respuesta válida.

Adriana se encontraba sola en la barra haciendo algo de tiempo mientras saboreaba su excelente gin-tonic, para que su amiga Paula y Noel pudiera terminar de besarse.

—¿Perdona? —le preguntó un chico joven de más o menos su edad que llevaba un intenso perfume—¿Nos conocemos? —y ella se lo quedó mirando porque estaba segura que no se habían visto en su vida. Era un chico no muy alto ni corpulento, con una piel bastante clara, de cabello sutilmente castaño a conjunto con sus encantadores ojos.

—Creo que te confundes —le contestó ella fijándose en ese chico vestido con una camisa azul.

—Lo siento —y él se sentó en el taburete de al lado—.Me llamo Jorge, ¿y tú?

—Yo soy Adriana, aunque todos me llaman Adri —y nada más decirlo no pudo evitar pensar que en realidad, había un hombre que no la llamaba así.

—Es un nombre muy bonito. Y dime, ¿qué hace una preciosidad como tú sola? —y fue en ese momento cuando ella se miró a ese tal Jorge sorprendida, ¿a caso todo esto solo era una técnica para ligar con ella?

—Estoy con mis amigos, pero ahora mismo necesitaban un poco de intimidad —y por el brillo en los ojos de Jorge comprendió que lo había entendido—¿Y tú?

—Mis amigos son esos de allí —y le señaló una mesa con tres chicos y un par de chicas—.Pero tú me has llamado la atención.

—Vaya, ¿de verdad? No sé qué decirte —porque algo en sus formas la asustaba porque era demasiado directo. No era para nada como Sergio, que a pesar de ir siempre al grano lo hacía más o menos con tacto.

—¿Te apetecería ir a un sitio más privado conmigo? —le susurró sujetándola por la cintura—Tengo mi deportivo fuera, preciosa —y en ese instante, Adriana saltó del taburete y recogió su copa de la barra.

—¡Vete a la mierda! —le gritó molesta—La próxima vez, cúrratelo un poco más si quieres acostarte con alguien —y se apartó de ese tío con el rostro enrojecido por la vergüenza y rabia. ¿De verdad ese tío después de un par de preguntas genéricas esperaba que se fuera con él como si nada? ¡Ella no era así!, y se preguntó si a caso era esa el tipo de imagen que daba.

—¡Adriana! ¡Adriana! ¿Me estás escuchando? —y ella levantó su rostro y se topó de bruces con los ojos verdes de Sergio—¿Ese tío te estaba molestando?

—No —le contestó escondiendo su cara tras su copa.

—Dime la verdad, conozco a Jorge.

—¿Sabes quién es?

—Sí, es el hijo de unos amigos de mi padre —y por la forma en que pronunció “amigos”, a ella le sonó más como un tipo de mafia que a una amistad verdadera.

—Es un cerdo —le contestó ella—.¡Menudo idiota!

—Tienes razón. ¿No te habrá hecho nada, verdad?

—No, pero alguien debería enseñarla cómo se trata a una mujer.

—Ese no se lo merece —le contestó acercándose a ella—.Enséñame a mí cómo te gusta que te traten —y Sergio abrazó a Adriana mientras clavaba sus ojos en ese sinvergüenza sin escrúpulos. Ella es mía, le dejó bien claro a Jorge, y él se lo miró molesto porque había fracasado.

—¿Se puede saber qué haces? —le preguntó Adriana cuando notó que el abrazo de Sergio se prolongaba demasiado en el tiempo aunque en realidad, lo que ella más temía es que él notara su corazón palpitando frenéticamente.

—Solo quiero dejar las cosas claras —le dijo sonriéndole a Jorge desde la distancia.

—Entonces no está contigo por el dinero —murmuró Jorge desde la barra, porque ni insinuándole que poseía un deportivo de lujo había podido lograr que esa atractiva rubia se fuera con él.

Por la mañana Álex se sintió miserable, no solo físicamente sino también emocionalmente, porque todas sus preocupaciones no habían hecho nada más que ir a peor cuando a las nueve en punto de la mañana había recibido un mensaje de parte de su pesadilla particular.

 “A las 19h. en mi casa”

Un mensaje tan poco emotivo y desagradable como su dueña por eso, Álex se miró la pantalla de su móvil con asco y se preguntó hasta cuándo podría seguir con aquello. Debería hacerlo si deseaba conservar a Sofía a su lado, porque tenía claro que cuando Marlene le confesara todo, y sabía que lo haría si no le seguía el juego, todo lo bueno y magnífico de su relación, se terminaría para siempre.

Próximo capítulo…

De una chispa nace el fuego, de un conflicto se llega a la reconciliación. ¿Qué podría suceder de una Adriana andando sola por la calle por la madrugada y de un Sergio, buscándolo en su coche?

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Acerca de: Clover

Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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