Desconocidos: capítulo 20 – Un buen casco puede ahorrarte mucho sufrimiento

¡Feliz Navidad! ¿Cómo os están sentando las comilonas? ??

En realidad os quiero desear un feliz día, semana y año (pasado y presente). Creo que está muy bien recordarnos de vez en cuando que hay que sonreír más, ser feliz, estar con quien más nos quiere (y queremos) pero tampoco deberíamos olvidarnos del resto del año (porque el año aunque no lo parezca está formado por muchos días).

Después de haber finalizado Los lazos del destino, me alegra saber que los Desconocidos seguirán con nosotros un poco más (creo que no soportaría tantas despedidas de golpe) por eso, aquí va el nuevo pedacito. ¡Disfrutad estos días! Besos jo jo jo. ?


DESCONOCIDOS

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Capítulo- 20: Un buen casco puede ahorrarte mucho sufrimiento

Sergio se encontraba trabajando en su despacho cuando el barullo de fuera se filtró a través del pasillo.

—¿Qué es todo este ruido? —le preguntó a su compañera de oficina que se encontraba en la puerta.

—Acaba de llegar un paquete —le dijo entregándole unos documentos.

—¿Un paquete? —le preguntó extrañado, porque aquello que acababa de entregarle era un simple informe rutinario.

—¡Muchísima comida! Entre tú y yo, creo que alguien se ha vuelto loco —y Sergio empezó a reírse al recordar esa deliciosa mañana junto a su refunfuñona camarera.

—Es un regalo —le contestó firmando esos informes, y su compañera se sorprendió tanto que no supo qué decirle.

—¿Lo has comprado tú?

—Sí, dile a todos que están invitados y si sobra algo, mándaselo al departamento de al lado.

—Pero, ¿qué celebras?

—Nada, simplemente he tenido un bien día y me apetecía hacer algo especial —y Sergio se sentó en su despacho de nuevo para seguir trabajando mientras su compañera se iba con sus informes firmados y empezaba a sospechar que Sergio se había vuelto majareta.

Alex salió de su casa para ir a buscar a Sofía con su moto para dar su paseo rutinario, cuando se cruzó con una atractiva y familiar mujer madura que lo estaba esperando.

—Ahora no tengo tiempo, Marlene —le dijo algo molesto por la insistencia que estaba mostrando esa mujer para entrometerse en su vida.

—¿Así es cómo saludas a una vieja amiga?

—Ya te lo dejé claro.

—Tú y yo siempre nos hemos llevado de lujo —y la mujer se acercó a él para abrazarlo—.Mejor que eso, creo yo —le dijo tan pegado a él que Álex captó su carísimo perfume.

—¡Basta! —y Álex se apartó—Eso forma parte del pasado —y Marlene lo contempló con una sonrisa extraña.

—Crees que ahora todo ha terminado —afirmó cruzando sus brazos mientras suspiraba dramáticamente—.¿O no?

—¿Qué estás diciendo? ¡Por supuesto que lo ha hecho!

—¿Qué ocurriría si…? —y ella empezó a reírse con fuerza porque algo que le encantaba a Marlene era divertirse con sus juguetes.

—¿De qué hablas? ¡Estás loca!

—Ya lo sabes —le dijo mirándolo con unos ojos tan intensos que él comprendió que esa mujer estaba tan desesperada que haría cualquier cosa para lograr sus propósitos—.Me pregunto qué cara pondría tu nueva amiguita si conociera quién eres realmente —y automáticamente los ojos de Álex se apagaron y se transformaron en un par de piedras inertes mientras algo dentro de su corazón se le congelaba.

—No serás capaz —le susurró asustado.

—¿Quieres apostar, querido? —y el rostro de Marlene se encendió por haber logrado provocar semejante reacción en él.

—¿Por qué? —le preguntó él abatido—¿Por qué me haces esto?

—Yo no te estoy haciendo nada —y Marlene se acercó a sus labios para besarlo. A pesar que Álex no le correspondió ni aceptó su beso, ella se dio por satisfecha porque no la había apartado—.No puedes negar lo que eres —y Álex se quedó petrificado delante de su moto—.Nos veremos pronto, querido, no te olvides de contestar mis llamadas —y Marlene se subió en el primer taxi que pasó y se fue.

—¡Mierda! —gritó Álex en medio de la calle con tanta furia que una mujer que pasaba cargada con su bolsa de la compra se le cayó al suelo. Una vez más su mierda de pasado regresaba para recordarle lo que era… ¡No! ¡Ella no puede saberlo!, pensó atemorizado, y se preguntó cómo diablos se lo escondería.

Con Marlene siempre se habían entendido más o menos bien, ambos se habían llenado mutuamente ese vacío que en el pasado habían sentido, así que no entendía a qué venía ahora su maldita actitud. Alex había sido una estimulante aventura para una mujer anclada en un insatisfecho matrimonio y para él, ella había sido un dulce caramelo para alguien con una vida carente de dulces. Pero su aventura, esa locura explosiva que había arrancado de una forma incontrolada se había terminado hacía meses, así que a esas alturas Álex creía que Marlene ya habría capturado a otro joven predispuesta a llenar sus carencias. Pero, ¿por qué regresaba ahora? ¿Por qué justamente cuando había encontrado a Sofía?

Paula se dirigía a su casa cuando un hombre la agarró del brazo, pero antes que pudiera gritar para pedir ayuda le cubrió su boca con la suya.

—¡Noel! ¿Estás loco?

—Lo estoy, ¿no me conoces? —y ese hombre vestido aún con el traje de trabajo la soltó.

—¿Qué haces aquí a estas horas? Creía que habíamos quedado más tarde.

—Y hemos quedado, pero me apetecía verte —porque desde que Paula había regresado con él, Noel se había dado cuenta que para él no significaba solamente una más. En realidad, no sabía exactamente qué era ni qué le ocurría con ella pero solo sabía que desde que habían decidido intentarlo de nuevo, todo a su alrededor había adoptado un nuevo matiz más alegre y cargado de energía.

—Ahora no puedo quedarme, mis padres me esperan para comer.

—Lo sé, pero dame un beso antes de irte —y Paula se lanzó a los brazos de su novio y lo besó delante de su casa mientras se juraba una y otra vez que ese era su novio y sería así para siempre—.Noel —lo llamó mientras seguía abrazándolo.

—Dime.

—Si quieres puedo escaquearme de la comida —y él la cogió dulcemente de la mano mientras ella notaba algo metálico en la palma.

—¡Esto es…!

—El collar, está arreglado —y Paula se sorprendió que solo hubiera necesitado una mañana para arreglarlo.

—Ayúdame a ponérmelo.

—Solo si te escaqueas.

—Vale —aceptó entregándole el collar mientras se apartaba su melena castaña para que Noel pudiera ponerle ese collar en forma de “N” que lo representaba todo para ambos.

—Te pertenezco —le dijo Noel en un impulso, porque por alguna razón que no lograba entender, ver esa letra en el cuello de Paula le había provocado una sacudida por dentro—.¿Me escuchas? —y ella se giró mientras se tocaba distraídamente el collar para calmarse.

—Sí —le dijo con una sonrisa.

—Y ahora, vámonos a comer.

—Vamos —le contestó Paula antes de llamar a sus padres para decirles que no acudiría a su casa.

Álex aparcó la moto en la calle y vio que Sofía lo estaba esperando en la esquina mientras escribía algo en el móvil. Desde que había recibido esa inquietante visita de Marlene había intentado evitarla, pero dada su insistencia, a Álex le había resultado imposible seguir rechazándola.

—¡Álex! —lo llamó ella levantando su mano y corrió hacia él con el rostro sonriente.

Sofía era sin duda una mujer preciosa en todos los aspecto, no solo porque era guapísima sino porque poseía una seguridad magnética que lo había cautivado a él desde el principio. La forma en que lo miraba siempre, le sonreía, y la manera en que afrontaba todo era sencillamente, absorbente.

—¿Te encuentras bien? —le preguntó ella, y él se la miró asustado por si Marlene se le había adelantado y le había contado algo.

—Sí, ¿y tú?

—Claro, pero te ves pálido —y eso en un chico con una piel tan bronceada como la suya, era verdaderamente raro y sospechoso.

—Creo que me he excedido con el surf —se excusó, y ella se acercó a él a pesar que no se había terminado de tragar su tonta justificación.

—No te quiero débil —le dijo besándolo para aligerar el ambiente, porque desde que Álex la había estado rechazando sistemáticamente, el sexto sentido de Sofía se le había disparado—.¿Y si vamos a tu casa? —le preguntó con una insinuante sonrisa mientras bajaba su mano por su espalda.

—No creo que sea una buena idea —le contestó algo tenso. A pesar que deseaba estar a solas con Sofía, no podía arriesgarse a que Marlene la encontrase. Si esa mujer le hablaba a Sofía sobre su pasado y sobre la clase de hombre que era… ¿Qué haría? ¡No podía permitirlo!

—¿Estás bien? Tranquilízate, te ves rígido —y él asintió en silencio—.¿Me llevas a dar una vuelta en moto? Hay un par de tiendas a las que quiero ir —y Sofía se colocó su casco para montarse—.¡Álex! —lo llamó con insistencia porque él no se había movido.

—Sofía yo… —y a ella le pareció como si Álex deseara contarle algo pero que aún no hubiera reunido el coraje suficiente para soltárselo.

—Cuéntamelo cuando puedas —le dijo ella, porque Sofía mejor que nadie sabía qué era eso de encerrarse en uno mismo y lo complicado que podía resultar a veces salir de ese jardín de alambres.

A ella no le había resultado nada sencillo hablar con Álex sobre sus fracasos así que entendía que para Álex, tampoco le sería sencillo contarle aquello que lo estaba preocupando.

—Gracias —le contestó él abrazándola—.Tú tienes a Paula y a Adriana —le dijo acercándosele más—.Pero yo… —estoy solo, pensó con tristeza, muy solo.

Por primera vez a Sofía le pareció que Álex acababa de mostrar un nuevo rostro. Un Álex que parecía no reírse siempre ni tener un buen día constante, un Álex que también se sentía solo e indefenso, en definitiva, un hombre que necesitaba ser abrazado y sostenido por alguien.

—Tú me tienes a mí —le contestó Sofía reconfortándolo.

—Eso me basta —fue su única respuesta, porque Álex estaba seguro que cuando Sofía descubriese su pasado, se apartaría de él para siempre.

Adriana entró en el coche de su primo con una sonrisa que rápidamente se le borró del rostro.

—¿Qué haces tú aquí? —le preguntó a regañadientes al hombre que se encontraba a su lado.

—Salir a tomar algo igual que tú —y ella decidió ignorarlo y centrarse en su amiga que se encontraba sentada en el asiento del copiloto.

—Yo no lo sabía —le dijo Paula, aunque por su sonrisilla parecía que tampoco le parecía tan mal que Sergio hubiera decidido acompañarlos.

—Todo ha surgido a última hora —le contestó Noel mientras le sonreía a su novia y ambos se embarcaron en una empalagosa conversación romántica.

—Creo que tus amigas están preocupadas por ti —le susurró Sergio, y Adriana se hundió más en su asiento.

—¡Cállate!

—Esto ya es preocupante, tus amigas ya tienen chicos pero tú, ¿qué? —y ella se lo miró con sus azules ojos encendidos.

—¿Y a ti? —lo desafió—¿Qué te importa? —y por un instante, los verdes ojos de Sergio vacilaron.

—Solo me parece divertido, eres como un animalillo que estoy analizando.

—Déjate de experimentos —le dijo recordando toda esa comida que había tenido que empaquetar durante la mañana por su culpa—.Me duelen los brazos.

—Puedo darte un masaje.

—Apártate de mi lado  —y Adriana se fijó en su móvil que acababa de iluminarse.

—¿Un chico? —le preguntó él con una media sonrisa atractiva pero ella no le contestó porque solo era un mensaje de su amiga Sofía.

—Paula, mira —y le mostró el teléfono.

—Sofía no vendrá con nosotros esta noche, dice que tiene otros planes —les anunció Paula al grupo.

—Es fácil saber de qué se trata —le contestó Noel pensando en Álex, y Sergio empezó a reírse.

—Tú también deberías empezar a buscarte otros planes, Adriana —y ella le dio un golpe en el muslo pero Sergio le agarró el brazo.

—Ten cuidado, princesa, el lobo podría morderte —y aunque ella intentó librarse de su mano, él se la sujetó con fuerza durante todo el trayecto hasta el pub mientras el corazón de Adriana no dejaba de latirle frenéticamente.

Adriana odiaba profundamente a ese sinvergüenza sin escrúpulos, tan malditamente controlador que parecía el hombre más estúpido de la faz de la tierra pero a su vez, no podía evitar sentirse tentada como una niña por su culpa. ¿Por qué?, se preguntó mientras notaba esa mano grande y firme que le estaba mandando descargas contradictorias a través de todo su cuerpo. ¿Por qué él?, pero Adriana no fue capaz de entenderlo y cuando Sergio le soltó la mano y la libró de ese impuesto cautiverio, su corazón no pudo evitar sentirse desilusionado. ¡Soy tonta!, se reprochó escapándose hacia el baño para intentar centrarse un poco, ¡idiota!

Próximo capítulo…

—No puedes contárselo a nadie, a nadie. Nadie puede saberlo o creerán que eres un monstruo.

—¿Un monstruo?

—Sí, eso es exactamente lo que eres.

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Acerca de: Clover

Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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