Desconocidos: capítulo 2 – ¿Qué escondes?

¡Hello! ¿Preparados para descubrir un poquitín más a estos Desconocidos que me están volviendo loca (en el buen sentido)? Quizá os parezca una historia más exagerada de lo normal, pero a veces darle ese puntito extra de locura está bien (¡sino la vida sería muy aburrida y sosa! :P). Hoy estoy realmente contenta, me está llegando una energía positiva alucinante para que siga escribiendo y eso me parece ¡espectacular! Muchas gracias de corazón. Si os pica la curiosidad para conocer a mis Desconocidos preferidos os animo a leerlo. ¡Feliz día entre semana, cuidaros!


DESCONOCIDOS

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Capítulo- 2: ¿Qué escondes?

Adriana había decidido dejar a solas a su amiga Paula y a su primo. Hacía tiempo que era más que obvio que su amiga estaba colada por él, aunque nunca se lo hubiera confesado abiertamente. Seguramente era más tímida e introvertida de lo que quería y eso solo había hecho que se hubiera pasado su adolescencia contemplando a su primo con ojitos. Lo había mirado desde siempre como si fuera un dios o un cuadro de un valor incalculable del que no podía apartarse.

En realidad, para aquél entonces a Adriana le había parecido perfecto que Noel no hubiera mostrado el más mínimo interés en ella. Para ser sinceros, y aunque ella lo quería con locura, su primo había sido un verdadero rompecorazones con las mujeres. Adri lo había visto usándolas a su antojo para después deshacerse de ellas de una manera poco agradable. Por eso, se había alegrado que para aquél entonces Paula se hubiera encontrado en una zona segura. Pero todo eso ahora formaba parte del pasado, atrás habían quedo los momentos de adolescencia y quizá, ya era el momento oportuno para que Noel sentara su cabeza de una vez por todas. Sin duda la mejor opción que tenía su primo para ello era Paula. Una mujer exquisita y lista, y aunque debería armarse de paciencia para encauzar la vida de Noel, sabía que su amiga resultaría un bálsamo para el impulsivo de su primo. Su amiga definitivamente lo conseguiría, ella sería la mujer idónea para alguien tan temperamental y pasional. Y hablando de pasión, el que no tenía ni pizca de ella y parecía esculpido en hielo, era el hombre que se encontraba en la barra del bar tomando una copa solo.

—¿Un mal día? —le preguntó Adriana con la esperanza de empezar una conversación con Sergio para hacer algo de tiempo.

—Un día largo —le contestó mirándola a los ojos. Incluso en un lugar cerrado y algo oscuro le brillaban intensamente y se le veían muy claros.

—Noel siempre se queja que la multinacional le aprieta demasiado las tuercas –y él aprovechó mientras le hablaba para tomar un sorbo de un gran vaso con hielo. ¿Sería whisky?

—¿Por qué estás aquí? —le preguntó sin preámbulos y algo irritado.

—Me apetecía una copa —y Adri pidió lo primero que vio en la carta al camarero de la barra.—¿Por qué estás tú aquí? —lo interrogó ella al ver que Sergio no le iba a dar más conversación. Aunque era una locura y le parecía en resumen un arrogante, algo en él le transmitía un sentimiento de soledad que la conmovió un poco y además, también estaba Paula que necesitaba todo el tiempo posible para cazar a su primo.

—Por lo mismo que tú —le contestó mostrándole el vaso. Los hielos de su interior entrechocaron emitiendo un sonido seco mientras ella se fijaba que tenía unos dedos delgados y largos.

Mierda, pensó Adri con pánico al ver que él había apartado la vista de nuevo. Empezaba a quedarse ya sin ideas para hablar con él y estaba clarísimo que Sergio quería evitarla a toda costa así que no la ayudaría en absoluto para que su conversación fluyera. Adri resopló al ser consciente de lo que estaba a punto de decirle y del ridículo que estaba apunto de hacer.

—Mira, Sergio…Perdona que te moleste pero necesito tu ayuda —él se la miró con una ceja levantada—.Sé que parecerá extraño pero allí afuera está mi amiga Paula con Noel, es la de pelo castaño largo, la del cabello corto no, esa es Sofía aunque bueno, se acaba de ir por eso resultaría absurdo que ahora estuviera con mi primo…

—Adriana —la cortó él. Sin duda acababa de meterse en una espiral dialéctica sin sentido y no tenía ni la más mínima idea de lo que le estaba saliendo por su boca—.Respira —y ella le sonrió nerviosa.

—Lo siento, a mi amiga le gusta Noel y había pensado dejarles un poco de intimidad —Sergio la miró sin expresión alguna y volvió a sentarse en la barra para terminarse su copa—.¿Me has escuchado?

—Perfectamente.

—Uhm…vale —y se quedó callada. La que no lo comprendía en absoluto ahora era ella —.Perdona que te moleste, pero creo que no me has entendido.

—Quieres quedarte aquí porque a Paula le gusta Noel —le dijo con cara de cansado.

—Vale, así que lo has captado.

—Ahora por favor, por lo que más quieras, quédate callada y disfrutemos de nuestras copas.

Adriana se lo miró con los ojos abiertos como platos y rápidamente se le inyectaron de rabia. Ese tío no tenía corazón, ni modales, ni escrúpulos ¡No tenía nada! Ella cogió su copa con rabia y se fue a sentar a la otra punta de la barra.

Perfecto, ahora sí que le tocaría tomarse sola un cóctel que ni le apetecía, en la misma barra que ese insolente y sin tener nada qué hacer. Mejor sola que mal acompañada, intentó consolarse, pero al beber un sorbo de su bebida se desanimó. ¡Aquello estaba asqueroso!

Adri se pasó quince minutos de reloj mirando su móvil aburrida, apenas le quedaba batería y no podía hacer demasiado allí dentro. Tampoco quería salir porque estaba segura que Paula la llamaría así que fingió que estaba ocupadísima mirando una pantalla negra.

—¿Cuánto te debo? —le preguntó al camarero. Ya había pasado tiempo suficiente para que Paula hubiera disfrutado de un poco de intimidad y ella ya no podía seguir allí dentro o se volvería loca.

—Nada, el caballero la ha invitado —le contestó señalando a Sergio. ¡Y un pimiento! Ese tío no la invitaría a esa copa que le había sabido a vómito. Adri saltó de su taburete, se bajó la falda algo subida y se dirigió hecha un huracán hacia Sergio.

—No hace falta que me invites.

—Lo sé —le contestó él guardándose la cartera en su americana.

—Verás, no me gusta que me paguen mis copas.

—Solo es una copa, relájate —le contestó Sergio como si ella estuviera exagerando y su comportamiento fuera más bien el de una niña malcriada.

—Estoy relajada —le contestó lo más seria que pudo aunque no logró esconder su ira.

—No lo pareces.

¡Joder, será creído! Se lamentó al ver que él le hablaba con indiferencia y con una gran dosis de prepotencia. Sergio se la quedó mirando desafiándola como si quisiera mandarle un mensaje bien directo para que se quedara calladita y aceptara todo lo que él tenía que decirle.

—Vámonos afuera —le ordenó él dirigiéndose hacia la puerta. Pero Adriana en ese momento recibió un mensaje contradictorio, Sergio le sujetó la puerta para que pudiera salir y a ella el gesto la dejó descolocada. Aunque su expresión seguía siendo la de un petulante que daban ganas de abofetear, al menos había tenido algo de decencia.

Adriana nada más poner un tacón en la terraza localizó a sus dos amigos donde los había dejado. Ambos se sonreían mutuamente con una expresión de satisfacción en sus rostros y cierto brillo pícaro en sus ojos.

—¿Nos vamos a casa? —los interrumpió.

—¡Vaya! Creíamos que te había abducido el wáter —le contestó su primo.

—Me he tomado una copa.

—¿Sola? —le preguntó Noel levantado una ceja porque creía que se la había tomado con Sergio.

—Sí, sola —le contestó ella levantando la barbilla con orgullo.

—Está bien. Yo llevaré a Paula a su casa y Sergio te llevará a ti.

—¿Por qué no puedo irme con vosotros? —aunque Adriana sabía que esa era una excelente oportunidad para su amiga, no podía aguantar ni un minuto más a ese tío que estaba a su lado.

—Porque Sergio vive cerca de tu casa. Venga primita, seguro que no le importa, ¿verdad?

—Puedo llevarla —le contestó Sergio monótonamente. ¡Claro! Ahora se mostraba condescendiente el muy inoportuno. Seguramente ese sádico quería llevarla a su casa para terminar de martirizarla a gusto.

—Te llamo mañana, Adri —se despidió Paula con una sonrisa de oreja a oreja mientras entraba en el BMW blanco de Noel. Menuda buena suerte para ella, se iba a ir con el simpático y no con el estirado aguafiestas.

Adriana se despidió con resignación de su primo y siguió a Sergio a través de los coches aparcados por esa concurrida calle sin tener ni idea cuál de ellos sería el suyo. Por supuesto, Sergio se acercó al coche más terrorífico que se encontraba allí. No podía ese hombre ir en una Seat Ibiza ¡no! Obviamente don perfectísimo iba en un maldito Jaguar negro. ¡Madre mía! Se asustó Adriana nada más ver que lo abría. Ese tío además de todas las perlitas que ella le había soltado mentalmente, era un fantasma. ¡Menudo chulo estaba hecho! sino a cuento de qué llevaba ese cochazo sin sentido.

—No hay duda que te pagan bien —fue el único comentario sarcástico que le lanzó, pero Sergio no le contestó, parecía de nuevo estar a años luz de ella como si Adri fuera un ser insignificante. Abatida se sentó en ese costos asiento del que no quería conocer ni el precio y se limitó a observar el paisaje por la ventanilla con la esperanza que su tortura finalizara pronto.

—¿Dónde vives? —le preguntó al arrancar el coche.

—En la avenida García Márquez, número 55. Está cerca de…

—La conozco, está al lado de los cines, ¿no?

—Exactamente —le dijo cabreada. Si me hubieras dejado terminar de hablar te lo hubiera dicho, pero se mordió la lengua y volvió a mirar por la ventana.

—Tú no eres muy habladora, ¿no?

—¿Eh? —claro que Adriana lo era, normalmente le encantaba conversar con la gente pero con Sergio, solo había recibido cortes desagradables así que sencillamente se le habían pasado las ganas.

—Tú primo no se calla, pensé que os parecerías.

—Lo hacemos, la diferencia está en que Noel habla con cualquiera y yo soy más selectiva —¡toma esa, idiota! Se felicitó por su ingenio.

—Vaya, ¿eso es un piropo? —le contestó frenando en seco en el semáforo. Ella intentó espiarlo sin éxito y solo fue capaz de captar su perfil serio y sus ojos fijos en la carretera. Por supuesto que no lo era, y aunque le fastidiara aceptarlo, Sergio no era para nada tonto.

—Creo que era más bien lo contrario —pero él no mostró ningún tipo de reacción y Adriana volvió a mirar hacia el frente. Sergio conducía realmente rápido a través de la ciudad aunque a juzgar por su estilo de vida poca debían importarle las multas de tráfico.

—Te dejaré en ese paso de peatones, ¿te va bien?

—Sí, mi casa está muy cerca —y el Jaguard se subió literalmente encima la acera con las cuatro luces encendidas y esperó para que ella saliera.

Adriana se fijó en que unos cuantos peatones se la quedaron mirando nada más salir del coche y se preguntó qué estarían pensando. Estaba claro que ella no era pobre pero tampoco era la clase de chica que se pudiera permitir esa clase de vida.

—Gracias por traerme a casa.

—En realidad tu primo no me ha dejado opción —le contestó Sergio rebuscando algo en la guantera.

—Lo que sea, te lo agradezco.

—De nada —y él sacó sus gafas de sol para ocultar sus preciosos ojos verdes. En el instante que Adriana dejó de contemplar esa única parte que parecía humana fue como si Sergio se transformaba en alguien demasiado distante. Con un portazo cerró la puerta a ese cúmulo de sentimientos disparatados que le despertaba ese frío hombre y Sergio se fue a toda pastilla con su deportivo negro.

Ella entró en el portal de su casa y se metió en el ascensor, entonces se miró en el espejo y por algún motivo se encontró algo distinta, quizá era porque su día había ido de mal en peor o porque había compartido un trayecto demasiado largo con un prepotente.

—¡Mamá, estoy en casa! —pero no recibió respuesta. Seguramente su madre se había ido a hacer algunos recados o había quedado con una amiga. Adriana no tuvo tiempo ni para ir al baño cuando sonó el teléfono fijo de su casa.

—¿Diga?

—¿Prima?

—¿Qué ocurre, Noel?

—¡Eres un desastre! Te has olvidado el móvil en el coche de Sergio —¡mierda! Pensó rebuscándolo sin éxito en su diminuto bolso—.Espéralo en el portal de tu casa, en cinco minutos estará por allí.

—Vale —le contestó. ¡Eso ya era pura mala suerte! y cerró de nuevo la puerta de su casa con llave. ¿Qué daño le había causado a quien fuera para que le ocurriera esa desgracia?

El coche terrorífico con su dueño aún más espantoso aparecieron en menos de cinco minutos. Lo primero que escuchó Adriana fue el ruido tan característico de ese vehículo que parecía suplicar por la atención de todos. Sergio aparcó de cualquier manera en la acera de enfrente de su casa como si fuera suya y se bajó del coche como si nada. ¿Pero quién se creía que era?

—Creo que esto es tuyo —le contestó con sus gafas oscuras puestas.

—Gracias —le contestó odiando que tuviera que agradecerle una segunda vez.

—Creo que hoy me has dado suficientes veces las gracias por hoy.

—Bueno, me gusta ser agradecida —y Sergio se quitó sus oscuras gafas para sonreirle de una forma que automáticamente la asustó más que tranquilizó.

—¿Realmente te gusta eso, Adriana? —y ella dio un paso hacia atrás acobardada. Sergio la contemplaba con sus brillantes ojos verdes demasiado intensos que no sabía cómo interpretar—.Entonces podrías ser algo más agradable conmigo, ¿no te parece?

—Yo ya soy agradable —le contestó ofendida.

—Solo un poco más —le dijo guardándose sus gafas en el bolsillo de su americana negra.

—¿De qué demonios estás hablando?

—¿Realmente no lo sabes o me estas tomando el pelo? —y Sergio se aflojó un poco el nudo de su corbata—.¿Te gusta jugar? —le preguntó acercando esos ojos que la estaban taladrando por dentro. Adriana lo contempló con los ojos muy abiertos y antes que su mandíbula pudiera caérsele al suelo un par de diminutas neuronas decidieron ponerse en funcionamiento.

—¡No me jodas! ¡Vete a la mierda! —le gritó echa un mar de furia mientras abría nerviosamente el portal de su casa antes que pudiera darle un puñetazo. En ese momento que ella se encontraba luchando con el pomo de su puerta le pareció escuchar cierta sonrisa de fondo, una risa muy masculina y escalofriante que no parecía para nada agradable.

Adriana se encerró agitada en el ascensor y le costó atinar con el número de su planto, ¡ese idiota engreído la ponía de los nervios! ¡Quién diablos se creía que era ella! Se lo contaría todo a Noel y así, estaba segurísima que no volvería a salir con ellos. Su primo jamás dejaría que ese estúpido siguiera riéndose de ella y mucho menos cuando la ponía de tan mala leche.

En ese momento sentía el pecho latir como loco desbocado, sus mejillas estaban enrojecidas por lo frustrada que estaba y su cerebro no dejaba de imaginarse… ¡cosas! Realmente Adriana estaba hasta el moño de Sergio y eso que solo hacía apenas unas horas que lo había conocido. ¿Podía alguien en tan poco tiempo despertarle tanto odio? Ella jamás se hubiera imaginado albergar esa clase de sentimientos por alguien, pero él se lo merecía, ¡definitivamente lo hacía!

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Acerca de: Clover

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Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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