Desconocidos: capítulo 19 – Una taza de café puede ser nuestra unión

¡Bienvenidos por el cuaderno! Como el año ya está a punto de caramelo, me he propuesto dar lo mejor de mí para intentar mejorar mis relatos. Sé que uno formulas sus propósitos cuando empieza el año, pero como me gusta ser la ovejita negra del rebaño, me he adelantado un poquito. ?

Después de tantos capítulos, historias y personajes, no puedo creerme todo lo que hay a día de hoy dentro del cuaderno, ¡y pensar que todo empezó por una tontería la mar de absurda y ahora me parece lo más sensato del mundo!

Hoy vamos a centrarnos en los Desconocidos, a ellos el nuevo año les deparará momentos divertidos e interesantes y también como es natural, madurarán con sus vivencias. Por cierto, a veces me pregunto qué personaje masculino es el que más os gusta, sé que Noel es el carismático guapearas que aunque sea un descarado en el fondo cae bien (y conozco a un par de sus fieles seguidoras), Sergio también puede gustar a aquellas que les va el tipo duro y serio que parece inquebrantable (el hombre frío que se derrite por una mujer es irresistible) y después está Álex, el surfista sexy del grupo que llega con su moto y te vuelve loca con o sin camiseta (mejor sin ella os diría Sofía). Y con este bonito trío de protagonistas os dejo con el capítulo. ¡Disfrutad del día! Abrazos.


DESCONOCIDOS

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Capítulo- 19: Una taza de café puede ser nuestra unión.

Sofía acababa de mandarle un mensaje a Álex por si le apetecía quedar con ella mientras contemplaba a su amiga Adriana que se encontraba peleándose con la máquina de café.

—¡No puedo creérmelo! —le decía con indignación.

—¿Y qué esperabas? No puedo invitarte en mis primeros días —se disculpaba Adriana avergonzada porque era incapaz de hacer un maldito café decente—.Y deja de chillar o me despedirán.

—Podrías hacerme un descuento —le insistía.

—¡Cállate ya! Si no quieres tomarte nada, lárgate —pero Sofía necesitaba quedarse y hacer algo de tiempo mientras esperaba la contestación de Álex.

—Al menos podrías invitarme por el buen trabajo que hice con Paula, os salvé de una catástrofe enorme.

—Hiciste un milagro —le contestó acercándose a ella para que no la oyeran—. Pero sabes que no puedo —y Adriana se tensó al recordar lo muy desesperada que se encontraba para conseguir dinero.

—Lo sé —le dijo su amiga acariciándole la mano—.Es broma, tonta. Tráeme lo de siempre y cóbrame.

—Sofía, no sé hasta cuándo podré seguir con esto —últimamente a ella le costaba más que nunca despistar a su madre y la recurrente excusa de la biblioteca ya empezaba a parecerle extraña. Su madre tampoco terminaba de entender porqué últimamente Adriana apenas le pedía dinero para sus gastos y cuando ella le había dado dinero, su hija lo había rechazado sin más.

—¿Y si se lo cuentas a tu madre?

—¡Estás loca! Tú la conoces, se enfadará.

—Tienes razón, es testaruda, pero al menos lo hace porque te quiere.

—A veces desearía que se preocupara un poquito más por ella misma, que fuera algo más egoísta.

—Te entiendo —y Sofía soltó un suspiro—.Ser una carga apesta.

—¡Mucho! Bueno, me voy a trabajar que el ogro ya me está mirando.

—Nos vemos cuando termines —y Sofía removió su café con leche mientras esperaba ansiosa la respuesta de Álex. ¡Contesta!

Paula se despertó por la mañana con un inusual y agradable olor que le recordaba al mar mientras se fijaba en la poca luz que se filtraba a través de las personas de la habitación.

—¡Noel! —murmuró nada más encontrárselo a su lado durmiendo plácidamente como si fuera un niño. Allí tumbado parecía la mar de tranquilo y las comisuras de sus labios se le elevaban graciosamente formando una tímida sonrisa. ¿Tímida?, y Paula se cubrió con la sábana blanca al ver que se encontraba completamente desnuda después de una insinuante noche en la que había ocurrido de todo entre ambos.

—¿Ya te has despertado? —le preguntó el hombre que se encontraba a su lado con voz ronca.

—Sí, buenos días —y Noel le sonrió antes de darle un beso en la frente y colocarle un mechón detrás de la oreja.

—Estás preciosa por la mañana, ¿lo sabías? —pero Paula se lo miró sin pestañear y sin poder creérselo.

—Creo que eres un adulador.

—¿Crees que te miento? —le preguntó Noel destapándose y exponiendo su torso desnudo y musculado.

—No premeditadamente, pero lo haces por cortesía —le contestó mientras intentaba esquivar esa visión tan sexy que la estaba ruborizando.

—Paula, ahora mismo necesitas que te demuestre lo equivocada que estás —y por su expresión, ella se imaginó que su “demostración” no podía significar nada aburrido ni monótono.

—¿Qué pretendes? —pero él se limitó a reírse mientras se enorgullecía por tener las riendas de ese juego erótico.

—¿Puedes imaginártelo? —le preguntó clavándole sus oscuros ojos en su desnudo cuerpo mientras saboreaba los segundos previos al inicio de su partida—Vamos a jugar a algo.

—¿Jugar? —pero Paula no pudo preguntar nada más porque Noel colocó una mano descarada encima de su pecho expuesto y al instante, le cubrió su boca con la suya. Por supuesto que ahora ella podía hacerse una idea bastante específica sobre sus intenciones, y por muy adormilada que aún pudiera estar, Paula solo necesitó unos segundos de ese fuego llamado Noel para que todos sus sentidos se despertaran.

Un sábado más Adriana se encontraba trabajando en esa cafetería donde ya estaba más que claro que su encargado Fernando le tenía manía.

—¡Pon más atención! —le estaba gritando en ese momento porque estaba haciendo un capuccino con demasiada espuma.

—Lo siento —se disculpó ella, y tiró el contenido de la jarra para repetirlo.

—Ahora sal a atender al cliente que está esperando en la mesa. Lleva más de cinco minutos allí —y Adriana cogió su aparato electrónico para apuntar su comanda pero se irritó nada más reconocer a ese cliente habitual.

—¡Otra vez! —gritó sin darse cuenta, y rápidamente se calló y puso los ojos en blanco al ver la cara del ogro de su jefe. ¿Por qué Sergio desayunaba otra vez aquí? ¿Era un acosador, o qué?, y con resignación se acercó a él para apuntar el café que estaba segurísima que terminaría pidiendo.

—Ríe un poco o tu jefe te odiará —lo saludó ese hombre de ojos verdes metido en su lujoso traje.

—¡Me importa un pimiento! —lo contraatacó ella—.Ese ya me odia.

—Sinceramente no lo entiendo —le contestó Sergio acariciándole la mano con la que estaba sujetando el aparato—.Eres tan entrañable.

—Sí, claro —le contestó avergonzada—.Seguramente te resulta la mar de divertido verme aquí así.

—No me disgusta —le contestó con una sonrisa.

—Podrías buscarte alguna otra cafetería para desayunar, ¿no te parece? Variar de vez en cuando es sano —porque desde que Sergio se había enterado, no sabía muy bien cómo, que Adriana trabajaba en esta cafetería, no había pasado ni un solo fin de semana sin que él se hubiera tomado un café allí.

—Creo que un cliente habitual es bueno para el negocio, y eso a ti te beneficia porque te asegura tu puesto.

—Sí, pero tu ambiente no es muy cordial y ese de allí atrás ya empieza a mirarnos raro.

—¿Quién? —le preguntó Sergio girándose hacia la barra.

—¡No lo mires! —y Adriana lo empujó para que se girara—.Ya sabes, el ogro —y Sergio empezó a reírse.

—¿Así lo llamas?

—Shhh…cállate, no quiero que nos escuche. Dime qué quieres tomar.

—Si pido todo lo que tienes en la barra, ¿crees que le caeré mejor?

—¿Estás loco? ¡Menuda tontería!

—No, creo que es una idea excelente. Toma —y Sergio le entregó su tarjeta de crédito.

—¡No! ¿Qué haces? Guárdate esto, no seas absurdo —pero entonces Adriana notó un frío helado en su espalda y supo que acababan de llegar malas noticias.

—¿Algún problema? —le preguntó Fernando, y Adriana intentó sonreírle aunque estaba segura que en cuestión de minutos sería despedida.

—Ninguno —le contestó Sergio—.Solo estaba entregando mi tarjeta a su compañera para que me cobrara.

—Ya veo —le contestó el encargado mientras mandaba una mirada asesina a su empleada—.Cóbrale —le ordenó al ver que ella se había quedado congelada.

—Verá…es que… —tartamudeó Adriana mientras veía que Sergio la observaba con una sonrisa de oreja a oreja con su tarjeta de crédito extendida hacia ella.

—¿Me cobras? —y ella en ese momento deseó matar y descuartizar a esos dos hombres.

—Pero es que quiere… —pero no pudo decirlo. Si él quería comprar todo eso, que lo hiciera, ¡era su puñetero dinero!

—Le cobraré yo —y Fernando intentó coger la tarjeta.

—Disculpe —lo detuvo Sergio—.Me gustaría que me atendiera ella.

—Por supuesto —le contestó Fernando con falsa cortesía—.Disculpe las molestias.

—Ella no es ninguna molestia —y a Fernando le quedó claro que a ese cliente con dinero no le apetecía tratar con él—.Si no necesita nada más, le dejo que lo atienda mi compañera —y el jefe de Adriana se alejó con el orgullo herido.

Cuando Adriana se aseguró que su encargado se había alejado lo suficiente como para no escucharlos, se acercó más a Sergio y automáticamente captó su fragancia intensa y varonil que utilizaba siempre.

—¿Qué acabas de hacer? ¡Podía haberme despedido!

—Ese patán es insoportable.

—Lo sé, pero es mi jefe.

—Entonces deja esta mierda de trabajo.

—No puedo —le contestó molesta porque aunque para Sergio el dinero no fuera un problema, para ella era la fuente de todos los de su madre y suyos.

—Ven a trabajar conmigo —le contestó sin más.

—¿Qué? ¡Ni de broma!

—Puedo encontrarte un hueco en mi departamento —y ella comprendió que Sergio ocupaba un puesto importante en la empresa.

—Gracias, pero no necesito enchufes ni nada de eso. Aquí estoy perfectamente.

—Vale —le contestó sin contradecirla porque él mejor que nadie ya empezaba a entender cómo funcionaba el cerebro de Adriana. Jamás una chica como ella se sometería a la clase de hombre que él representaba, uno para el que el dinero representaba más bien poco o nada—.Entonces haz tu trabajo y cóbrame, así conservarás tu empleo y ese de allí no te despedirá —y Adriana tomó su tarjeta en nombre de su madre sin decirle nada—.Quiero todo lo que está allí encima —le insistió Sergio señalando la montaña de bocadillos, bollería y chocolatinas.

—¿Todo?

—Sí —y así ella se retiró para prepararlo todo—.¡Adriana! —la llamó Sergio desde la mesa—Se me olvidaba pedir también un café solo para tomarme aquí.

—Está bien —se limitó a contestarle ella, porque estaba claro que no podría razonar jamás con esa clase de hombres inflexibles.

Adriana se pasó el resto de la mañana empaquetando todo lo que Sergio había comprado en su ataque de locura transitoria. “Mándamelo a mi oficina”, le había dicho el muy prepotente antes de irse.

—¡Adriana! ¿Qué es todo esto? —le preguntó Fernando escandalizado cuando vio todo ese montón de comida empaquetada.

—El pedido de un cliente.

—¿Todo? —le preguntó.

—El hombre de antes —le explicó señalando la mesa donde se había sentado Sergio—.El de la tarjeta de crédito. Lo ha comprado todo.

—¿Lo ha pagado? —y Adriana asintió—.Está bien, date prisa y entrégaselo al transportista cuanto antes. Es un cliente excepcional.

—Por supuesto —y ella siguió metiendo los bocadillos dentro de esas cajas, ¡excepcional y un pimiento!

Noel llegó al trabajo algo justo de tiempo porque durante la mañana del sábado se había entretenido demasiado en su cama. Sinceramente no le importaba mucho tener que quedarse hasta tarde para recuperar las horas perdidas porque allí dentro, le habían sucedido cosas deliciosas y apasionantes.

—Buenos días —saludó a su amigo Sergio desde la puerta de su despacho—.¿Puedo pasar?

—Sí, claro —y Noel entró cargado con su café que acababa de cogerse de una de las máquinas del pasillo—.¿Y qué te trae por mi despacho?

—Me apetecía pasear un poco —pero por su rostro iluminado y su sospechosa sonrisa, Sergio supo que le estaba ocultando algo.

—Dime qué diablos quieres contarme —le dijo apartándose del ordenador para prestarle atención—.Venga, te escucho —y Noel se sentó en una silla la mar de emocionado.

—Por fin hemos arreglado la situación.

—¿Con Paula, te refieres?

—¿Con quién sino? —y Sergio guardó silencio porque por su respuesta, parecía como si Paula fuera la única mujer del planeta.

—Felicidades, ahora podrás devolverle esa cursilada de collar que le compraste.

—Sí, dice que lo quiere. Hoy mismo lo llevaré a arreglar.

—Veo que te tomas tus responsabilidades muy en serio.

—Es lógico querer arreglarlo, ¿no? —pero él no quiso martirizarlo diciéndole que lo que no era para nada normal era el cambio de actitud que había pegado desde que Paula había decidido hablar con él.

—No importa, me alegro mucho por ti —y le sonrió por lo simple que últimamente estaba resultando Noel—.Y a parte de presentarte aquí durante nuestro horario laboral para pavonearte de lo bien que estás con Paula, ¿deseas algo más?

—Hacemos una pareja perfecta, ¿verdad?

—¡Noel! Céntrate, hoy tengo muchísimo trabajo.

—Tampoco será para tanto cuando te has ido a desayunar al centro comercial. Te he visto.

—Necesitaba un poco de aire fresco.

—¿O querías ir junto a mi prima?

—Nada de eso.

—Puedo preguntarle a ella si has aparecido por la cafetería donde trabaja —y  sacó su teléfono de su americana dispuesto a mandarle un mensaje.

—Está bien, lo confieso, he ido allí pero porqué su café es excelente.

—Claro, y la camarera está aún mejor.

—No tengo que darte explicaciones.

—No te pongas a la defensiva, a mí me parece genial. Además, parece que últimamente Adri te tolera más. Al principio te odiaba pero ahora parece incluso que se divierte contigo.

—Soy un tipo divertido cuando me apetece.

—¿De verdad? Entonces será que nunca te apetece ser divertido conmigo.

—Pero con ella es distinto.

—Con ellas siempre lo es. Paula o Adri, no importa, no son mujeres sencillas. Parece que dios las cría y ellas se juntan.

—¿Y qué mujer lo es? —le preguntó Sergio con una sonrisa maliciosa mientras recordaba por todas las dificultades que había pasado por haberse involucrado con mujeres demasiado problemáticas.

—¡Vaya!, es tardísimo. Mi tiempo de descanso se ha terminado.

—¿Nos vemos para comer?

—Cuenta con ello —y Noel lo dejó solo de nuevo en su despacho mientras Sergio reflexionaba sobre todo lo que le había contado su amigo.

Ciertamente Adriana no era una mujer sencilla, más bien todo lo contrario, era una mujer con una fuerte personalidad y con las ideas bastante claras. En un principio él había sentido curiosidad hacia esa seguridad que desprendía porque en cierta forma, había encontrado una igual en ella. Pero ahora, después de toda esa fascinación del momento, sentía deseos de conocerla mejor. Quería explorar cada ápice de su personalidad, qué le gustaba, qué detestaba, qué esperaba de la vida o qué clase de sueños albergaba. Sin duda, eso era algo bastante extraño para un hombre acostumbrado a tenerlo todo desde bien pequeño y entonces, se percató que Adriana poseía algo que él no había encontrado antes… ¡Esto apesta!, se quejó masajeándose las sienes, y Sergio se obligó a dejar de pensar en eso y se centró en preparar la reunión que tendría en un par de horas.

En una cafetería vacía de clientes, Sofía leía con tristeza el mensaje que acababa de recibir:

[Lo siento. Hoy no puedo quedar y mañana tampoco. Nos vemos. Álex]

—Alegra esta cara, Sofía. ¿Qué te ocurre?

—Nada —pero en el fondo, se sentía muy inquieta porque ese repentino distanciamiento por parte de Álex no le estaba oliendo muy bien. Ambos habían congeniado con demasiada facilidad y ahora se temía que terminasen distanciándose con la misma simplicidad con la que habían encajado. ¿Ya se había aburrido de ella? ¿Ya no quería quedar con ella? ¿Habría encontrado a otra?, y sus ojos se abrieron como platos.

—¡Jesús, Sofía! Parece como si acabases de ver a un fantasma —le dijo su amiga mientras terminaba de colocar las tazas.

Quizá lo había hecho, pensó Sofia, porque acababa de imaginarse a una feroz y temible imagen fantasmal con forma femenina que le reía con maldad mientras lo apartaba de Álex.

Próximo capítulo…

¿Serán ciertos los temores de Sofía? Algunos dicen que cuando el río suena agua lleva, ¿lo suyo habrá llegado a su fin? Por suerte, Paula y Noel parecen la mar de felices juntos, y Adriana y Sergio siguen en su tónica habitual. ¿De verdad este hombre ha comprado un montón de comida que no podrá comerse él solo? ¡Hasta el domingo!

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Acerca de: Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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