Desconocidos: capítulo 18 – ¡Más expuestos que nunca!

¡Buenos días soñadores! Después de una semana bastante intensa (con festivos, un frío del demonio y demasiadas cosas pendientes), ciertos protagonistas que conocéis al dedillo están listos para seguir con su particular carrera de obstáculos. Porque ahora vamos a ponernos serios (al menos lo máximo que podamos)  y vamos a reflexionar: ¿qué es la vida sin obstáculos? Yo creo que poco o nada, y como el amor es una faceta más de ello, hay que estar siempre dispuesto a blandir la espada.

Y después de la reflexión del día, vámonos con estos tres guapísimos hombres y estas tres arrebatadoras mujeres, que aunque estén luchando en el sentido contrario para no creer en esas cuatro palabras (A-M-O-R), terminarán cayendo, ¿verdad? Estáis invitados a una ronda de abrazos, ¡besos!


DESCONOCIDOS

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Capítulo- 18: ¡Más expuestos que nunca!

Adriana y Sergio se bajaron del coche mientras ella iba rezando a todo lo que se le iba ocurriendo según la marcha para que el plan que habían diseñando funcionara.

—Va a enfadarse, conozco a mi primo —se lamentó Adriana mientras Sergio se la miraba de reojo con sus gafas de sol puestas.

—Y yo conozco a mi amigo. Hazme caso, esto funcionará.

—¡Serás chulo! —lo acusó, porque no podía soportar la confianza de ese hombre que parecía tenerlo siempre todo bajo control.

—Soy realista y observador.

—¡Me sacas de quicio!

—Ni te imaginas hasta qué punto puedo llegar a quitarte de quicio si me lo propongo —y Sergio le sujetó la puerta del bar para que ella pudiera entrar.

Hacía solo una media hora que Sergio había engañado a Noel para que se encontrasen en ese bar para tomarse una copa. Pero lo que Noel no sabía es que a parte de una copa, esta misma tarde también le tocaría tragarse una buena charla por parte de Adriana que esperaba que terminase dando sus frutos y uniera a esos dos que ahora estaban tan empeñados en mantenerse separados.

—Allí está —le informó Sergio señalándole al hombre vestido con traje azul que se encontraba al final de la barra con un vaso de cristal entre sus dedos—.Ve a saludarlo.

—Sé lo que tengo que hacer y aún puedo reconocer a mi primo, gracias —le contestó con acritud mientras se acercaba a él—.Hola, Noel —y automáticamente el rostro de su primo se transformó.

—¿Qué haces tú aquí? —pero nada más terminar de formular su pregunta se fijó en el hombre que se encontraba al lado de su prima—¿Y con Sergio?

—Necesitamos hablar —le contestó ella encorvándose de hombros.

—¿Adri, te ha ocurrido algo?

—No es nada de eso, es sobre ti —y su primo no lo pilló—.Y Paula.

—Vaya —y Noel les sonrió sin gracia—.Veo que lo teníais todo bien preparado.

—Tu prima está preocupada —le insistió Sergio recogiéndole su vaso de encima la barra—.Vamos a sentarnos y hablemos de esto tranquilamente.

—No me apetece, Sergio. Vine aquí porque creía que nos íbamos a tomar unas copas tú y yo solos en un agradables silencio —porque eso era sin duda lo mejor de Sergio.

Normalmente a Noel su amigo siempre le resultaba frustrante, demasiado seco y poco comunicador, pero desde que Paula le había regresado ese collar acompañado de algo más que lo estaba arañando, esa característica poco usual de Sergio le estaba pareciendo una bendición. Ahora no quería hablar con nadie, solo quería encerrarse en ese bar poco iluminado, acurrucarse en la esquina de esa barra y tomarse algunas copas en silencio repitiéndose una vez tras otra lo muy patético y miserable que era.

—Puedo quedarme callado, amigo —le sonrió Sergio—.Y tú también, solo escúchala a ella —y ese hombre de ojos verdes le mandó una mirada tan seria y confiada a Adriana que la sacudió por dentro. ¡No te emociones!, pensó mientras veía a Sergio cómo la acababa de tratar con respeto y orgullo. ¡Este hombre va a matarte cualquier día!

—¡Adriana por dios! —le gritó su primo—Dile de una vez a Sergio qué quieres tomar para que pueda irse —y ella se miró a Sergio y se avergonzó.

—Una tónica.

—Ahora mismo te la traigo —le contestó acercándose a ella mientras no dejaba de observarla con el rostro muy serio —.Tú haz eso que sabes hacer tan bien y no dejes que se escape —y ese sarcástico comentario sobre su “parloteo” le arrancó una sonrisa.

—Está bien, pirita, me rindo —y Noel se sentó a su lado—.Ahora que ya me tienes donde querías, dispara.

—Queremos ayudarte —le aclaró ella.

—¿A mí?

—Para que recuperes a Paula —y él apartó la vista.

—No quiero recuperarla.

—¿Qué estás diciendo?

—Que no me apetece, ¿estás sorda?

—Escucho perfectamente, el que parece que tiene un maldito problema en su cabeza eres tú.

—Estoy mejor que nunca —le contestó Noel bebiendo de ese vaso de cristal que desprendía un fuerte ardor a alcohol.

—Claro, por eso te bebes esta mierda un lunes por la tarde tú solo.

—Ya soy mayorcito y no estaría solo si Sergio hubiera llegado a tiempo.

—¡Tus excusas suenan patéticas! Necesitáis aclarar las cosas.

—No, las cosas ya están claras, ella ya… —y en ese momento el móvil de Noel empezó a sonar y él se levantó de la mesa creyéndose que sería un importante cliente de su empresa—.Discúlpame un segundo, es trabajo. ¿Dígame? —y Adriana no pudo ver su rostro porque Noel se giró para darle la espalda en el momento justo que Sergio apareció con su tónica y acaparó toda su atención. Eres guapo… pensó distraídamente y automáticamente se frotó el rostro. ¿Qué estoy pensando?

—¿Cómo te ha ido?

—Fatal.

—Anímate, sabes que Noel necesita su tiempo —y ella le sonrió con tristeza porque temía que precisamente fuera todo ese tiempo que él necesitaba el que fuera el causante de su ruptura definitiva.

—¡Chicos! —los llamó Noel contemplando su móvil—.Acabo de… —y empezó a reírse como un loco.

—¿Qué te ocurre? —le preguntó Sergio—¿Estás borracho?

—¡No! Acabo de hablar con Paula.

—¡Paula! —gritó Adriana.

—Quiere disculparse, está en camino —y Noel sacó su cartera del abrigo—.¡Estáis invitados! —y se fue directo hacia la barra para pagar su cuenta.

Adriana contempló a su primo que desde que había recibido esa llamada de Paula no había dejado de sonreír como un tonto. Ahora parecía encontrarse tan estúpidamente contento que era incapaz de dejar de sonreírle a todo el mundo como si todos sus problemas acabasen de evaporarse con un simple chasquido o una llamada de “ella”.

—¿Y a ti qué te ocurre ahora? —le preguntó Sergio sentado a su lado.

—El amor te vuelve imbécil —le contestó ella fijándose en el cambio de actitud tan radical de su primo.

—Por eso yo no voy a enamorarme jamás —y Adriana sonrió al ver cómo Noel no dejaba de mirar impacientemente su reloj mientras silbaba.

—A mí me encantaría ser una imbécil enamorada —y ella se perdió en sus propias fantasías antes de llamar a Sofía y darle las gracias porque fuera lo que fuera que le hubiera dicho por la tarde a Paula, sin duda había sido el causante de su reconciliación.

Sergio se quedó observando a Adriana mientras le explicaba a Sofía por teléfono que Paula acababa de llamar a Noel para solucionar las cosas. Mientras lo hacía, Sergio no pudo dejar de contemplar la sonrisa emocionada de esa chica y en la forma despreocupada en que se apartaba un rubio mechón de su rostro. ¿Qué estoy haciendo?, se preguntó levantándose de la mesa y entonces, le arrancó el teléfono y le colgó la llamada. ¡Deja de hablar y reírte de esta forma!

—¿Qué haces? —le preguntó Adriana con indignación.

—Me voy a casa, si quieres que te lleve, vámonos ya.

—Ya decía yo que hoy habías estado demasiado amable. Al final ha terminado saliendo el maldito petulante que eres.

—¿Crees que soy amable? No soy nada de eso, que te quede claro que solo lo he hecho por Paula y Noel.

—Ya lo sé —le contestó ella cortándole el paso y colocándose frente a él para que captara que no le tenía miedo—.Dame mi teléfono.

—Solo si me prometes no llamar a nadie durante el trayecto.

—¿Y a ti qué te importa?

— Mi coche, mis reglas.

—¿Tus reglas?

—Te lo advertí, tu parloteo me da dolor de cabeza.

—¡Estúpido! —le gritó Adriana antes de salir de ese bar cabreada de nuevo.

—Estúpido, eso es lo que soy —suspiró Sergio mientras se despedía de Noel y se iba con esa rubia que estaba logrando que por primera vez en su vida pensara como un imbécil.

Sofía se guardó el teléfono móvil con una gran sonrisa en su rostro porque Adriana acababa de darle una gran noticia y porque su amiga Paula parecía que acababa de recobrar todo el sentido común que le había estado faltando durante un par de días.

—¡Veo que hoy estás muy feliz! —le gritó un atractivo chico que acababa de aparcar su moto—.Me alegra saberlo.

—¡No te lo vas a creer, Álex! —y Sofía se acercó a él para besarlo.

—De ti me creo cualquier cosa —y ella se lo miró a los ojos mientras veía su rostro bronceado y algo enrojecido por el sol.

—Paula y Noel van a reconciliarse.

—¿Cómo ha sucedido semejante milagro?

—No lo sé, pero Paula acaba de llamar a Noel para disculparse y quiere verlo. ¡Qué bien! Me sentía fatal.

—¿Tú? No deberías preocuparte tanto.

—No es eso, pero esta tarde he estado algo borde con Paula.

—¿Borde o directa?

—Es lo mismo —y Sofía suspiró.

—No lo es —y Álex la abrazó mientras le acariciaba la espalda y bajaba su mano hasta…

—¡Qué atrevido! —le soltó ella dejándose tocar por esa mano audaz por encima de sus tejanos.

—Ves, eres una mujer directa y, ¿sabes qué? —y por esa sonrisa pícara y por la forma en que le estaba acariciando su trasero era sencillo darse cuenta.

—Déjame descubrirlo —lo provocó ella desabrochándose el primer botón de su camisa para mostrarle su generoso escote—.Te encanta.

—No, Sofía, es más que eso —le dijo empujándola hacia el portal de su casa para esconderse de los transeúntes de la calle.

—Álex —lo llamó mientras él le besaba su escote.

—Dime —le susurró con una voz ronca mientras Sofía notaba como la respiración de Álex le abrasaba la garganta.

—Mi casa está vacía —le dijo, y él se apartó de repente y se la miró muy serio.

—¿Y qué diablos estamos haciendo aquí como un par de tontos? —y él cargó a Sofía y se la llevó hacia el ascensor como si fuera una princesa a pesar que allí dentro iban a suceder cosas que uno jamás encontraría, al menos no literalmente, escritas en esos libros infantiles.

Para Paula el trayecto en taxi hasta ese bar que no había pisado en su vida, le resultó espantoso. No había podido dejar de sentir remordimientos por su actitud infantil y por todas las estupideces y bobadas que había hecho. ¿Qué voy a decirle?, se preguntó mientras pagaba al taxista y contemplaba la puerta de entrada del bar. ¡Se sincera y honesta!

Pero Paula todo resultó ser mucho más sencillo que eso porque solo necesitó mirar un par de segundos el hombre que le sujetaba la puerta del bar, para que todas sus dudas, temores e incertidumbres se evaporaran. Como si todas sus preocupaciones acabasen de transformarse en una fina niebla Paula notó como poco a poco desaparecía y nada, a excepción de Noel, se quedaba en su mundo.

—Hola —lo saludó él bastante más nervioso de lo habitual.

—Gracias por esperarme —y él le señaló la mesa más alejada para que pudieran hablar tranquilamente.

—Quiero disculparme —le dijo ella con absoluta sinceridad—.Me he equivocado en todo, tengo que confesarte que me sentí celosa.

—¿Por qué?

—Cuando llegué al Dandi te encontré en una actitud muy cariñosa con una mujer muy guapa. No lo sé… parecíais tan felices que yo…

—¿Ángela? ¡Dios mío! ¿Fue por eso? ¡Ni en un millón de años lo hubiera descubierto! —y la reacción tan honesta de Noel hizo que aún se sintiera más ridícula.

—Perdóname.

—Paula, ¿te das cuenta de lo que parecemos?

—Lo siento.

—No me importa si te enfadas o te molestas, si a veces eres injusta o caprichosa conmigo. Sé que yo no soy ni mucho menos perfecto, pero tú indiferencia, eso ha sido peor. No vuelvas a excluirme de esta manera de tu vida.

—No sabía que te importaba tanto.

—¿Importar? ¿Cuándo vas a gravártelo en tu cabecita? —le preguntó acariciándole la mejilla—.Tú eres mi novia.

—Y tú mi novio —le contestó ella sonriéndole mientras le acariciaba la mano que jugueteaba con su mechón oscuro.

—Puedes enfadarte todo lo que quieras conmigo pero no vuelvas a dejarme de lado. Tú no, Paula.

—Me asusté, sé que no es una excusa. Te juzgué mal y no confié en ti, ¡soy lo peor! Pero para ti es fácil, eres una persona que gusta a todos y yo… —y ella dejó de mirarlo y bajó su vista avergonzada.

—En realidad, creo que todos me odiarían.

—¿Qué estás diciendo? Tú siempre eres popular allí donde vas.

—Si supieran como soy —y Noel enmudeció mientras Paula se lo miraba sin miedo porque en ese momento sentía que ella debía ser la fuerte de los dos a pesar que a lo mejor no era ni lo suficientemente valiente ni para ella misma.

—¿Y cómo eres, Noel? Yo quiero saberlo —pero en ese momento, el rostro de su novio se iluminó repentinamente en una gran sonrisa.

—Tú, de todos en el mundo, eres a la única que puedo mostrárselo sin miedo —y Noel se acercó a Paula para besarla—.No quiero que me dejes —le susurró mientras sacaba algo de su bolsillo—.Y si no te gusta este estúpido collar te regalaré otro que te guste más.

—No, este collar me encanta. ¿Puedes entregármelo de nuevo?

—Está roto, pero puede arreglarse —y ambos siguieron besándose en ese bar.

Un collar que llevaba la inicial de Noel sería restaurado de la misma forma que su relación acababa de ser salvada, y a pesar que esos dos habían pasado unos días angustiosos y horribles, a ninguno de los dos les importaba lo más mínimo. Tanto Paula como Noel acababan de olvidarse de todo lo malo y no era porque fueran unos ilusos ignorantes, sino más bien todo lo contrario, porque ahora eran más conscientes que nunca de todo lo que habían estado a punto de perder y no querían tener que arrepentirse más.

Próximo capítulo…

Una sombra entorpecerá el camino de uno de los Desconocidos, otros parecerán más felices que nunca y Sergio, empezará a perder el control que siempre ha tenido frente a todos. Todo ello el próximo domingo. ¡Gracias!

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Acerca de: Clover

Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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