Desconocidos: capítulo 17 – Luchando contra uno mismo

¡Buenos días! El otro día con los nervios de empezar a publicar se me olvidó desearos un feliz diciembre. ¿Os gusta este mes navideño? A mí sí, aunque solo sea por las luces de colores y por esa “aura” mágica que parece que todo adopta, es un mes que me apasiona bastante. ?

Después de muchísimo tiempo sin publicar los Desconocidos (tanto que necesité ojearme mis “chuletillas”) os tengo que decir que este barco ya tiene capitán, timón y rumbo establecido. Todo está preparado para los seis protagonistas así que solo falta que disfrutéis de ellos cuando os plazca (esperando el metro, tomando un café, en la cama antes de acostaros, de buena mañana, ¡qué sé yo! Si para mí estos seis son ideales para todo el día). Y después de una muestra de filosofía de vida de una persona “que está mal de la cabeza y que se cree que sus personajes son llaveros que pueden pasearse por el mundo”, aquí va el capítulo. ¡A ver qué os parece! (nervios ?).

¡BESOS muy cálidos para combatir el frío! Hasta el miércoles.


DESCONOCIDOS

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Capítulo- 17: Luchando contra uno mismo.

Noel contempló el collar roto en su palma de la mano con su inicial y supo que tenía un problema, en realidad, era completamente consciente que lo suyo era muchísimo peor que un simple grave problema.

—¿Qué te ocurre? —le estaba preguntando su amiga Ángela—Estás muy serio —porque desde que Sofía le había entregado ese collar, parecía que el mundo de Noel se había congelado.

—Nada, estoy algo cansado de toda la semana —y ese hombre abatido disimuladamente se despidió de ella mientras notaba cómo se le clavaba esa “N” en la palma de su mano—.Me marcho —les informó a sus amigos que acababan de llegar.

—Pero si aún no hemos pedido nada —le contestó Adriana.

—Da igual, estoy cansado —y Noel empujó un hombre que acababa de cerrarle el paso para salir del Dandi cuanto antes. Ese pub lo estaba estrangulando, sentía como si allí dentro esa fina cadena brillante le estuviera apretando la garganta tan fuerte que en cualquier momento estaba seguro que terminaría cayéndose en redondo al suelo.

—¡Joder! —se lamentó mientras intentaba llamarla—Coge el maldito teléfono, Paula —pero Paula se negó a contestarle—¿Qué diablos acaba de ocurrirnos? —y entonces Noel se releyó el último mensaje que le había mandado con la esperanza de descubrirlo.

“Nos vemos esta noche en el Dandi.

Lo siento mucho, yo también deseo verte.”

 

Deseo verte, se repitió odiando lo mucho que le había emocionado ese estúpido mensaje cuando lo había recibido porque ahora estaba claro que no lo deseaba en absoluto.

—¡Noel! —lo llamó Sergio que acababa de llegar con su coche—.¿Qué haces aquí?

—Nada —le contestó molesto porque últimamente parecía que esa era su especialidad, ¡no hacer nada!

—Vamos dentro, venga —le dijo su amigo pasándole una mano por encima del hombro.

—Me voy a casa.

—¿¡Por qué!? ¿No está Paula esperándote? —y nada más escuchar su nombre, Sergio vio el cambio en las facciones de Noel—.¿Qué ha ocurrido?

—No lo entiendo —y entonces le mostró el collar.

—Muy cursi —le contestó Sergio.

—¡Me lo ha devuelto! —se quejó—.¡A mí! —le gritó en estado de shock mientras la ira iba invadiendo su cuerpo porque a Noel le parecía imposible que precisamente a la única que le había regalado semejante idiotez ahora lo estuviera rechazando.

—Es lista, no puedes quejarte por eso.

—¡Dios! Está roto.

—¡Vega, ya! Puedes permitirte muchos collares como este.

—Tú no lo entiendes —le contestó Noel antes de alejarse para ir a buscar su coche—.Necesito hablar con ella —porque esto no era una cuestión de ego o de dinero sino que ese collar roto simbolizaba algo irremplazable que por primera vez en toda su vida, Noel había deseado entregarle a alguien.

Cuatro adultos se encontraban ocupando una mesa del pub a las tantas de la noche para disfrutar de una noche de sábado aunque a juzgar por sus rostros, estaba claro que sus cabezas se encontraban algo dispersas.

—Paula se ha pasado esta vez —les decía Sofía—.Devolverle su regalo, es demasiado —y suspiró porque la noche les estaba resultando deprimente.

—No te precipites —le contestó Álex—.Tampoco sabemos qué ha hecho Noel.

—Paula no es impulsiva —le contestó su amiga que la conocía mejor.

—Y Noel no es de los que va regalando collares con sus iniciales —le replicó Sergio mientras Adriana se lo miraba muy seria.

—Tienes razón —aceptó Adriana—.Mi primo no es de esos, por eso creo que no deberíamos entrometernos.

—Pero ya estamos  entrometidos —se quejó Sofía.

—Venga, déjalo ya —la intentó animar Álex antes de levantarse de la mesa—.Ven a bailar conmigo —y ese chico rubio la mar de tentador se acercó a Sofía mientras no dejaba de mirarla con sus penetrantes azules ojos—.¿Te he dicho que hoy estás muy sexy con este vestido?

—¿Solo hoy? —le preguntó ella abrazándolo.

—Hoy más —y ambos se perdieron a través de la pista para divertirse.

—Creo que mi primo está asustado —le dijo Adriana a Sergio mientras se fijaba en cómo bailaba Sofía—.Por eso, necesito pedirte un favor.

—¿A mí? —le preguntó él mirándola con un brillo especial en sus ojos verdes.

—¡Deja de reírte así! Es por el bien de Paula.

—Vale, si es por ella te escucho.

—Realmente puedes dejar de ser un idiota con ciertas mujeres —le contestó al ver su cambio de actitud.

—¿Esto te pone celosa?

—¡Me pone enferma! Pero necesito que controles a Noel.

—Creo que tu primo ya es mayorcito.

—No tiene ni idea de lo que es una relación y menos con Paula.

—También creo que tu amiga Paula puede apañárselas sola.

—Lo sé —lo contestó ella sin dudarlo—.Pero puede sufrir mucho por el idiota de mi primo. ¡No puedo permitirlo! ¡Antes lo lanzo al mar!

—También podrías clavarle un cuchillo en el corazón.

—No, eso sería demasiado rápido, necesita… —y ella se calló cuando vio que Sergio se estaba desternillando de la risa a su costa.

—¿Te hace gracia? —le preguntó furiosa—¡Esto es serio! ¡Escúchame!

—Me vuelves loco, de verdad que me superas —y Sergio le colocó una mano tras la nuca y tiró de ella para acercársela.

—¿¡Qué haces!? —pero antes que ella pudiera apartarse Sergio acercó su rostro y la besó.

—Loco, Adriana—le repitió lamiéndole sus labios y la besó de nuevo con más profundidad.

—¿Y por qué haces…? —le preguntó Adriana a escasos centímetros de su rostro porque él no la quería liberar del todo.

—Necesitaba que te callaras, me estabas dando dolor de cabeza.

—Serás… —pero no pudo terminar de insultarlo porque Sergio se acercó de nuevo para besarla con esa mezcla tan excitante de delicadeza y fuerza.

Adriana se quedó otra vez prendida por toda la energía ardiente de Sergio y por toda esa explosión de sentimientos que acababa de despertarle con ese fortuito beso en medio de esa oscura mesa del pub. Mientras los dos no dejaban de besarse sin decirse nada más, ella no pudo evitar recordar una y otra vez a Sergio riéndose de esa forma tan mágica mientras se estaba volviendo loco por ella y no pudo dejar de desear que ese hombre que la sujetaba con fuerza, terminase perdiendo completamente su cabeza por ella. ¡Piérdela! 

Noel se plantó delante de la casa de Paula y empezó a llamarla por teléfono hasta que ella decidió apagar su teléfono móvil. Entonces se bajó del coche y contempló su piso que tenía las luces ya apagadas.

—¿Por qué me ignoras? —le preguntó a través de la noche porque lo estaba apartando de su vida.

En ese momento Noel deseaba romper la ventana del piso de Paula y entrar como en una estampida en su habitación para que le confesara qué demonios le ocurría. No entendía qué había sucedido en las últimas horas para que su relación se torciera de esa forma. ¡No lo entiendo!, pensó encerrándose de nuevo en su coche para irse a su casa, ¡tú no puedes rechazarme!, y Noel temió de regreso a casa, que no fuese el hombre perfecto para Paula.

Paula se encerró en su habitación y empezó a llorar desconsoladamente mientras se sentía el ser más insignificante del planeta. Entonces se acercó a la ventana de su habitación y le pareció distinguir a un coche idéntico al de Noel que se marchaba. No puede ser él, pensó mientras se limpiaba el rostro mojado con un pañuelo, ¡él está con esa! Y bajó la persiana de su habitación con rabia y deseó golpear cualquier cosa con todas sus fuerzas porque Paula se estaba consumiendo de impotencia. ¡Mierda!

El lunes para Paula fue como si volviese a nacer, atrás había dejado todas las lágrimas y lamentaciones, y ahora se sentía más fuerte que nunca. Notaba cómo el abrasador fuego de la indiferencia recorría sus venas y algo muy próximo al rencor le hacía levantar su cabecita con cierto orgullo y le prohibía derramar más lágrimas por ese innombrable. ¡Se acabó!

—¿Qué diablos le ocurre a Paula? —le preguntó Sofía a Adriana.

 —Yo que sé, esta mañana ya estaba así.

—Creo que necesitamos hablar con Noel, esto se está desmadrando —y Adriana asintió.

—Sí, de hecho yo hablé con…—pero no pudo llegar a contarle todo lo que había hablada con Sergio la noche del sábado porque Paula acababa de aparecer con una sonrisa espeluznante.

—¡Chicas! ¿Nos vamos de compras esta tarde? —y sus dos mejores amigas alucinaron porque en contadísimas ocasiones era a Paula a la que le apetecía ir de compras.

—¿Te refieres a ir a comprar ropa? —le preguntó Sofía.

—Sí, claro —y ellas se la miraron como si fuera un bicho raro porque no comprendían en qué momento les habían cambiado a su amiga del pasado, esa que prefería gastar su dinero en libros por otra Paula que quería gastárselo voluntariamente en ropa.

—¿Vamos? —y Sofía asintió.

—Yo no puedo —se disculpó Adriana mientras veía el coche negro que acababa de pararse en doble fila en la entrada del campus—.He quedado.

—¿Con quién? —le preguntó su amiga que solo necesitó alargar la vista y ver ese cochazo deportivo de la entrada para descubrirlo—¡Sergio! —exclamó Sofía riéndose.

—¡Cállate! No es lo que parece.

—No te he dicho lo que parece.

—Me lo imagino —porque de las tres, Sofía era la que siempre corría como una bala directamente hacia la cama de los hombres.

—¡Hasta mañana, chicas! —y Adriana se alejó de sus amigas haciéndole señas a Sofía para indicarle que más tarde la llamaría.

Adriana se acercó al coche de Sergio y se exasperó por lo teatral que resultaba siempre ese hombre. ¿Qué necesidad tenía de poseer un coche tan llamativo?

—Ya puede ser importante lo que tengas que decirme —le soltó ella nada más lanzar su carpeta de dibujo dentro del coche.

—Claro, te dije que te ayudaría, ¿no? —y ambos salieron hacia la carretera para pensar en una solución que desenredara todo ese embrollo infinito.

Después de una infernal tarde de compras donde Paula había querido probarse absolutamente todo a pesar que según el acertado criterio de Sofía, no era para nada su estilo, ¡ya no podía más! Por eso Sofía se llevó a esa desquiciada desconocida con la apariencia de su amiga a una cafetería y allí empezó a sermonearla.

—¿Qué diablos te ocurre?

—Estoy perfectamente —le contestó sonriéndole—.¡Mira qué blusa más bonita!

—No me importa —le dijo apartándola—.Estoy preocupada y no soy la única. ¿Qué ocurre? —le preguntó Sofía con insistencia.

—Me… —intentó confesarle Paula que necesitó dejar de mirar a los oscuros ojos de su amiga para confesárselo—.Me ha engañado.

—¿¡Cómo!?

—Lo vi en el Dandi la otra noche.

—¿Lo viste cómo?

—Pegado a una chica muy guapa.

—¿Solo eso? —le preguntó recordando a ese tal Ángela excompañera de trabajo de Noel y seguramente examante.

—¡No creo que sea una tontería!

—¿De verdad? —y Sofía cerró sus ojos y se masajeó las sienes. Paula mejor que nadie conocía el currículum de Noel, su pasado mujeriego y todo lo capullo que había llegado a ser con todas. ¿Realmente lo dejaría por una sospecha?—.No puedo creérmelo. Me siento tan idiota. ¡Casi me da un ataque al corazón por tu culpa!

—Lo siento.

—¿Sabes lo preocupados que hemos estado? ¿Sabes cómo está Noel? —y Paula le clavó sus marrones ojos.

—A él no le importo.

—¡Espabila! Eres mi amiga pero tu actitud me está poniendo enferma.

—¿De qué hablas? Si tienes que enfadarte con alguien hazlo con él —le contestó ofendida porque parecía que a su amiga no le importaba lo más mínimo que su novio la estuviera engañando.

—Al menos deberías tomarte la decencia de asegurarte que tus acusaciones son ciertas. Es tu novio, no el mío —le contestó antes de levantarse.

—¿Te marchas? —y Paula se miró a su amiga sin comprender su furia.

—Me voy porque estoy muy cabreada. Pero te advierto que si yo hubiera luchado tanto por alguien como tu has hecho por Noel, no lo me permitiría perderlo por un estúpido malentendido.

—¡No es un malentendido!

—¿Estas segura? —le preguntó Sofía mientras dejaba un billete de cinco euros encima la mesa—.Ni siquiera lo sabes porque no has hablado con él —y su amiga Sofía la dejó sola en esa cafetería con ese montón de bolsas que contenían ropa de lo más absurda.

Paula tenia clarísimo lo que había visto esa noche en el pub: a Noel con una bella mujer riéndose, abrazándola y… ¿¡Y qué más!? ¡No había visto nada más!, porque nada más verlo se había arrancado el collar del cuello y había escapado de allí con la intención de lanzarlo en el primer contenedor de basura que encontrase. Ella solo se había dejado llevar por la situación, ni siquiera le había ofrecido el beneficio de la duda, ¿era ese tipo de relación con la que había fantaseado tener con él?

Ese era el problema, Noel ahora era real, de carne y hueso, y no un estúpido príncipe infantil. Lo suyo necesitaba ser una relación normal con sus problemas reales y no una maldita obra dramática donde la protagonista no dejara de huir constantemente en cada escena. En ese momento Paula se tocó inconscientemente su garganta con la mano y no encontró nada, ni la “N” de Noel ni su maldito sentido común. ¿Qué me está pasando?, se preguntó mientras observaba esa ropa que no era para nada de su estilo y una sola palabra apareció en su mente: “malentendido”.

Próximo capítulo…

Sin duda los temores y la baja autoestima obstaculizan cualquier relación pero por otro lado, es admirable ver la forma en la que Paula les está haciendo frente. Eso de tener al hombre de tus sueños para ti solita abruma (y mucho). Por cierto, ¿os habéis dado cuenta del nacimiento de una insólita alianza?


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Acerca de: Clover

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Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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