Desconocidos: capítulo 15 – Un duro camino comienza

¡Hello! ¿Listos para afrontar el miércoles? ? Si os sentís cansados o desanimados, os mando toda mi  energía y vitalidad, ¡ánimo!

Los Desconocidos hoy tratarán sobre citas (entre otras muchas cosas). Es un tema que me interesa bastante a la hora de escribir y me parece gracioso porque creo que todos guardamos en nuestro currículum alguna primera cita “desastrosa”. Y es que en esa primera cita queremos hacerlo todo tan bien y perfecto que al final, terminamos pareciendo medio tontos (¡sé que a ti también te ha pasado, no me lo niegues! ?). Pero para vuestra más absoluta tranquilidad os confesaré que no seréis ni los primeros ni los últimos que les sucederá tal ridículo. ¡Si es que cuando nos gusta alguien nos volvemos idiotas! (En el buen sentido de la palabra, claro). ¡Besos a todos los sufridores de esas primeras citas tan memorables (yo incluida). 


DESCONOCIDOS

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Capítulo- 15: Un duro camino comienza

Paula salió del portal de su casa a las siete en punto de la tarde de aquel sábado y se sorprendió al encontrarse con Noel apoyado en su coche esperándola con una hermosa sonrisa en su rostro. ¿Y cómo no iba a parecerle a ella precioso? Si desde que lo había conocido apenas siendo una niña, no había logrado olvidarse de él.

—Estás guapísima —la saludó nada más acercarse, y Paula se sonrojó tanto por su comentario que sus mejillas adoptaron el mismo tono salmón de su blusa.

—Muchas gracias —aunque en realidad lo que le hubiera gustado contestarle es que él también estaba muy elegante con su camisa de cuadros y sus pantalones negros.

—¿Qué película prefieres ver? —le preguntó Noel mientras se encerraban  en su coche.

—No lo sé, cualquiera.

—¿No te apetece ir al cine? —le preguntó con el ceño fruncido.

—Sí, pero cualquiera que elijas tú estará bien.

—No —le contestó—.Deberías elegir la película que realmente te apetezca ver—.¿Qué tipo de películas te gustan?

—Me gustan las películas de acción —y evitó decirle que también le gustaban las románticas.

—¿De verdad?

—Sí —le contestó mientras Noel parecía descojonarse.

—¡Jamás me lo hubiese imaginado! Ahora hay una película de acción en cartelera que me encantaría ver —y en ese instante a Paula le pareció que se acababa de acercar peligrosamente al conductor de ese coche blanco.

Noel se mostró la mar de relajado en su trayecto en coche y no dejó de hablarle sobre esa misteriosa película que le apetecía tanto ver y sobre las maravillosas reseñas que había encontrado por internet sobre ella. A su lado, sentada en el asiento de copiloto, Paula no logró prestarle atención porque solo podía preguntarse en qué momento loco su destino, milagro o lo que fuera, había decidido cruzar a ese hombre casi perfecto en su camino. Fuera lo que fuera ese sin sentido, ella estaría eternamente agradecida, así que no pudo hacer otra cosa más que sonreír.

—¿Te hace gracia? —le preguntó él después de explicarle una escena de acción algo violenta.

—Me parece interesante —y evitó confesarle que en realidad, no había escuchado nada de lo que acababa de contarle. ¡Lo siento!

Después de haber comprado las entradas en el cajero de ese gran cine y de haber hecho la cola correspondiente para comprar palomitas y una bolsa de chuches enorme para Noel, ambos entraron por fin en su sala para disfrutar de su violenta película de acción que parecía realmente prometedora.

—¿Quieres una? —le preguntó Noel tendiéndole una golosina en forma de huevo frito.

—No, gracias, con las palomitas tengo suficiente —y él le sonrió mientras se la metía en su boca—.Pareces un niño —le dijo ella al ver la forma en que Noel se estaba zampando toda la bolsa.

—Me encantan, no puedo evitarlo —y entonces apartó las palomitas del regazo de Paula y se acercó a ella—.¿Sabes otra cosa que me encanta hacer?

—¿Qué? —le preguntó inocentemente, y Noel la beso mientras se apagaban las luces de la sala.

El beso de Noel a ella le supo a chuches, a unas chiches tan dulces y azucaradas, que Paula empezó a marearse por ese sabor y aroma tan fuerte. Su lengua parecía ser de fresa con un punto ácido y pícaro, aunque era más húmeda y se movía demasiado rápido para tratarse de una simple golosina.

—Noel —le susurró ella, y Paula se alegró que hubiera sido lo suficientemente previsor como para quitarle la bolsa de palomitas de su regazo.

—Esto es mejor que las chuches.

—Tienes razón —se atrevió a decirle a oscuras.

—Ahora disfrutemos de la película —y él le colocó otra vez el cubo de palomitas encima de sus piernas y le agarró su mano con fuerza—.Paula, recuerda que ahora eres mi novia —le susurró en su oído como si pudiera leerle sus pensamientos y dudas, y ella solo pudo sonreírle por esa frase tan malditamente perfecta. ¡Tu novia!

Sofía apagó su teléfono móvil y lo guardó en el cajón de su escritorio porque no le apetecía nada hablar con Álex, no, desde que lo había pillado besando a esa mujer mayor. Lo que más la cabreaba de esa situación es que él no le hubiese contado nada y que hubiese jugado al escondite con ella. Se suponía que Álex y ella eran dos amigos “especiales”, ¿no? Desde el principio se habían entendido y coordinado a la perfección así que no podía entender porqué no se lo había contado. ¿A caso confiaba tan poco en ella?

Por eso, como Sofía no podía seguir así y estaba muy, muy enfadada, decidió salir un rato de su casa para dar una vuelta y ver si se despejaba un poco. Pero las casualidades o la mala leche, ¡quién sabe! Decidieron por ella y nada más poner un pie en la concurrida calle, se cruzó con un atractivo motero que acababa de aparcar. ¡Mierda! Pensó sacando con rapidez la llave de su casa para esconderse.

—¡Sofía! —lo llamó el motorista con el casco puesto, y ella en ese instante abrió la puerta para huir—.¿Se puede saber qué diablos te ocurre? —y Álex empujó la puerta con fuerza para cerrarla e impedirle el paso.

—Nada —le contestó sin atreverse a mirarlo.

—¡Me tomas el pelo! —y Álex se quitó su casco—¿Por qué no me has contestado las llamadas? ¿Qué diablos te ocurre?

—Estaba ocupada.

—¿Y ahora estás tan ocupada que ni me miras? —y Álex tiró de ella para que le prestara atención.

—¿¡Qué haces!? —le preguntó Sofía intentando deshacerse de su mano—¡Déjame!

—No, estoy cansado. Háblame de una vez y cuéntame qué pasa.

—Ya te lo he dicho, estoy bien.

—¡Mientes!¿A caso te crees que te conozco tan poco? Me importas, ¿sabes?

—Realmente me pregunto si te he importado alguna vez.

—¿¡Qué!? —exclamó Álex mientras la contemplaba con sus ojos que parecían más azules que nunca—¿Qué diablos te he hecho? —y Sofía en ese momento se sintió como llevada por una marea de emociones y se lo soltó todo.

—Te vi la semana pasada —le explicó con el rostro encendido por los celos—.Con esa mujer mayor tan sofisticada en el portal de tu casa.

—¿Marlene? —y Álex dejó el casco en el asiento de su moto y agarró a Sofía—¿Por qué no me lo habías contado antes? —le preguntó en un suspiro.

—¡Eres tú el que tenía que contármelo! —y ella se apartó hacia atrás—¡No confías en mí! —lo acusó.

—No es así, Marlene es una amiga.

—Claro, una amiga como tú y yo, ¿verdad? —y Álex titubeó un poco.

—Es una amiga algo distinta, pero ya no hay nada entre nosotros.

—¿Te crees que me interesa? —le preguntó Sofía ofendida al ver que se había expuesto—Tú y yo no somos nada.

—Mientes —le contestó cortante—.Tú y yo somos algo más que nada.

—Ahora mismo no me apetece escucharte.

—Somos más que amigos, Sofía —le repitió y como vio que ella no le hacía caso se molestó—.¡Ya está bien de fingir otra cosa!

—¡Yo no finjo nada! —le gritó ella.

—Lo haces constantemente, ¿sabes porqué lo sé? Porque yo también lo hago.

—¡Estás loco!

—¿A caso no lo ves? —le preguntó con fiereza Álex—.Desde que te conozco, he empezado a… —pero algo en el rostro de Sofía lo detuvo. Quizá fue ver su cara de rechazo o ese orgullo que desprendían sus ojos y que sabía que nunca serían capaces de admitir lo que sentían por él—.¡Déjalo! No sé ni para qué diablos te estoy contando esto si tan poco te importo —y Álex cogió su casco de encima el asiento para irse.

—¡Un momento! Ahora termina lo que me estabas diciendo.

—¿Para qué quieres saberlo? ¿Te interesa?

—Sabes que sí, así que haz el favor de…

—¿O sino qué harás? —lo provocó él, y Sofía en ese momento tiró con fuerza de la chaqueta de Álex y se lo acercó para besarlo. Fue un beso rápido, fugaz y muy enérgico, que parecía plasmar a la perfección la bipolaridad a la que se estaba enfrentando Sofía. Por un lado le encantaba besar a Álex pero por otro, no podía evitar sentirse terriblemente dolida con él.

—Eres tan orgullosa —le contestó Álex con una sonrisa—.Pero incluso esa parte de ti me gusta. El otro día Marlene se despidió de mí, le dije que ya no quería estar más con ella, porque ahora solo me apetece estar con una chica.

—¿Y esa chica quién es? —le preguntó sujetándolo por la solapa de su chaqueta.

—No disimules, por supuesto que eres tú. Ni siquiera sé en qué momento me ha ocurrido esto, pero esta semana sin ti ha sido…

—¿La peor semana de tú vida? —le preguntó ella con una sonrisa difícil de ocultar.

—No exageres y ponte el casco. ¿Te vienes a dar un paseo conmigo?

—Pero antes contéstame, ¿cómo ha sido esta semana sin mí?

—No voy a contestarte —le dijo Álex subiéndose la cremallera de su chaqueta—.No hasta que tú me contestes a mí. Dime, ¿estabas celosa de Marlene? —y Sofía hizo un puchero mientras se montaba detrás.

—Eso es jugar sucio —se quejó—Por cierto, deja de nombrarla —y él no le hizo más comentarios, solo se rió mientras se ponía el casco y Sofía se sujetó a Álex para dar una vuelta en moto.

Esa tarde ambos habían admitido más de lo que jamás se hubiesen imaginado, y aunque aún les quedaban muchísimos quilómetros por recorrer si querían llegar a ser sinceros al cien por cien, lo que habían llegado a confesarse esa tarde, al menos por parte de Álex, era lo suficiente revelador como para haber dado un paso agigantado en su “peculiar” relación que cada vez parecía ser más normal. Quizá Sofía y Álex en el fondo, no eran tan especiales ni extraños, y lo que sencillamente buscaban era a una persona que lograse comprender sus imperfecciones, ¡quizá!

Después de una trepidante película que había hecho honor a todas sus buenas críticas, zamparse una bolsa llena de palomitas y una cena en un restaurante italiano de categoría, Paula y Noel no podían dejar gemir porque habían comido demasiado.

—¡No puedo más! —le dijo ella mientras apuraba su copa de vino con la falsa esperanza que la ayudase a digerir la comida.

—Estaba tan bueno todo —y ambos se dirigieron hacia el aparcamiento para coger el coche.

—¿Quieres ir a mi casa? —le preguntó Noel mientras abría el coche—Aún es temprano.

—Vale —le contestó ella llevada por las copas de vino que se habían tomado y su incipiente indigestión.

De camino al apartamento de Noel, Paula recordó que aunque no era la primera vez que pisaba su lujosos piso de soltero, sí que era la primera vez que lo hacía sin Adriana. Normalmente Paula había acudido allí con algún pretexto familiar así que encontrarse sola ante el peligro, por así decirlo, la incomodó un poco aún después de todo ese vino que se le había subido a la cabeza.

—¿Te apetece tomar algo? —le preguntó Noel haciendo gala de su cortesía como anfitrión.

—No, gracias. Si bebo algo más creo que voy a caerme al suelo —y él le cogió su fina chaqueta y se la colgó en la entrada.

—Quiero enseñarte algo, pasa —y Noel la condujo hasta el salón—.Espérate aquí un momento —y Paula esperó pacientemente sentada en su sofá de cuero negro mientras se preguntaba qué estaría buscando Noel.

Su casa a ella siempre le había parecido muy masculina y fría, parecía un piso de anuncio y no un lugar donde pudiese vivir alguien. El apartamento gris, blanco y negro, poseía todo lo imprescindible para vivir pero no parecía acogedor ni creativo. Tenía demasiados aparatos extraños esparcidos por el salón que ella no sabía ni qué eran aunque ella no podía imaginarse viviendo allí. ¡Espera un momento, Paula! ¿Qué estás imaginando? ¿Vivir con Noel? Y ella se ruborizó solo de imaginarse viviendo con él como una pareja de enamorados.

—Toma —la sorprendió por la espalda, y ella se levantó de un salto.

—¿Qué es esto? —le preguntó cogiendo una pequeña caja de terciopelo violeta.

—Ábrelo —y Paula hizo exactamente lo que le pidió y se encontró con un delicado colgante en forma de “N” con un pequeño corazón brillante.

—¿Te gusta? —le preguntó Noel algo nervioso, y ella lo contempló sin comprenderlo—Es mi inicial —y como ella no le decía nada, lo malinterpretó—.Es ridículo, lo sé —y le quitó la cajita de entre sus dedos para guardársela de nuevo.

—¡Me gusta! —le dijo al fin algo ruborizada y nerviosa—.Dámelo, quiero ponérmelo.

—¿Segura? —y Paula tendió su mano para que le entregase su collar.

—Quiero llevarlo siempre —y esa respuesta tan sencilla le gustó tanto a Noel que le entregó de nuevo su cajita violeta.

—Me alegro mucho que te guste —le susurró ayudándola a ponerse el colgante, y después él se palpó por debajo de su camisa y se sacó una cadena más gruesa que llevaba una “P” colgando.

—Esto es de…

—Paula —le susurró Noel mientras la agarraba para besarla—.Quiero llevarte siempre conmigo.

Ella se dejó besar mientras se daba cuenta que ese momento parecía demasiado bueno. Todo parecía sacado de una maldita película romántica y no pudo evitar sentir miedo. Paula siempre había sido una miedosa, demasiado cobarde para confesarse a Noel y demasiado poco atrevida para intentar seducirlo, así que ella se había resignado a ser una mera espectadora en la vida de ese hombre que ahora llevaba su inicial colgando de su cuello. ¿Cómo iba Paula a amoldarse a su nuevo status de novia?

—Este color te queda tan bien —le susurró Noel subiéndole su camisa salmón y ella se congeló al notar sus dedos haciéndole cosquillas mientras subían vertiginosamente hasta alcanzar sus pechos.

—Noel —lo llamó ella intentando apartarse.

—Shh… tranquila —pero en ese momento Paula no podía estar tranquila.

Desde que había empezado a desabrocharle su camisa, Paula no había podido evitar recordar esa fatídica noche en la playa. En realidad, lo que no podía evitar recordar una y otra vez, había sido todo el dolor que había sentido después. ¿Y si Noel solo quería jugar con ella?

—No puedo —le dijo Paula cubriéndose con su camisa—.No… —y entonces se sintió muy ridícula cuando se encontró con los ojos sorprendidos de Noel. ¿Qué diablos no podía hacer? Era una adulta y ya se había acostado antes. ¿Por qué ahora se bloqueaba de esa forma?

—No pasa nada —le contestó él abrazándola—.Lo entiendo —pero ella no fue capaz de comprender como Noel podía entender algo que ni ella misma entendía—.Cuando nos calmemos, voy a llevarte a casa. Hoy ha sido una tarde fantástica, Paula —y él se quedó abrazándola mientras Paula no podía dejar de odiarse por haber sido una maldita cobarde.

Vas a perderlo, se dijo a sí misma. Porque Paula sabía que si no mejoraba su autoestima rápidamente lo perdería, ¿cómo demonios  lograría que Noel la amara si ella misma no se quería ni un poco? Así que ahora que por fin había ganado la exclusividad de Noel, no podía equivocarse tanto, ¡ni en broma!

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Acerca de: Clover

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Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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