Desconocidos: capítulo 14 – ¿Inesperadamente amable?

¡Hola mis soñadores! Espero que aunque sea miércoles estéis con el ánimo por las nubes XD. Los más observadores os habréis dado cuenta de los pequeños cambios en el blog y por supuestos, los Desconocidos no iban a ser menos y aquí tienen su nueva portada 🎊. Y después de esta mini actualización otoñal 🍁 🍂, vámonos al nuevo capítulo.

Si os acordáis, en el capítulo anterior Noel se declaró, ¡se declaró! (o bien hizo eso o fue una declaración de guerra, quién sabe). Así que para todos aquellos que se quedaron tan sorprendido como yo (aunque yo lo escriba también tengo derecho a sorprenderme, ¿ok?), ¡vamos a ver hasta dónde llega semejante locura! Besos ovejiles 🐑 jajaja.


DESCONOCIDOS

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Capítulo- 14: ¿Inesperadamente amable?

En una pequeña habitación de dormitorio de un piso del centro de la ciudad, tres mujeres adultas no dejaban de conversar agitadamente porque ninguna de las tres terminaba de entender qué había ocurrido en cuestión de horas.

—¡No puedo creérmelo! —no dejaba de gritar Adriana con el rostro encendido porque parecía que su cerebro era incapaz de procesar semejante información.

—Son novios —le contestó Sofía exasperada después de haber escuchado la explicación de Paula al menos veinte veces.

—¿Pero… tan rápido?

—¿Y qué esperabas? —le replicó porque Paula se había quedado sin argumentos y ya no sabía qué más decirle.

En realidad a Paula también le parecía todo la mar de lioso y estaba convencida que la próxima vez que se levantara de su cama por la mañana, nada de lo que estaban hablando habría sucedido. Así que, ¿cómo podía convencer a sus amigas que “eso” había sucedido si ni ella misma se lo creía? Porque claro, “eso”, era todo lo que Paula había deseado desde pequeña y por lo que había perdido toda esperanza de ganar.

—Felicidades, Paula —le contestó Adriana perpleja—.Es lo que deseas, ¿verdad?

—Sí —le respondió algo indecisa—.Pero ha sucedido tan de repente. ¿Cómo ha podido Noel preguntarme si quería salir con él como si nada? ¡No puedo creérmelo!

—No, lo que hubiera sido una locura hubiera sido seguir fingiendo —le contestó Sofía.

—¿Fingiendo?

—Noel últimamente ha estado celoso, cariño.

—Cierto —corroboró Adriana—.Pero jamás me hubiera esperado semejante rapidez por su parte.

—¿¡Rapidez!? —le preguntó Sofía con sarcasmo—Si a Paula le ha costado años de sufrimiento y cuando por fin parecía que iba a olvidarse de él…

—Bueno, Sofía. ¡Tampoco podíamos esperar un milagro! Estamos hablando de Noel —y Sofía asintió con la cabeza.

Parecía que Noel se había tomado toda una vida para notar todos los encantos de Paula y aunque siempre habían estado allí esperando pacientemente para él, su espera había dado sus frutos y por fin tendría lo que se merecía, ¿o no?

—¡Qué horror! —se quejó la reciente novia—¿Creéis que tendremos algún futuro? No recuerdo ni una sola vez que a Noel le haya durado una chica más de un mes —murmuró algo desanimada, porque tenía la sensación que de un momento a otro perdería al hombre que tanto le había costado atrapar.

Conocía lo suficiente de Noel como para saber que era sumamente impulsivo y cambiante, un chico poco arraigado a nada, demasiado libre y con una particular visión de las relaciones. Así que quizá Noel estaba poco predispuesto a anclarse en Paula por mucho tiempo.

—Yo recuerdo una chica que le duró un poco más… Pero creo que no superó los dos meses.

—¡Adriana! Tú encima anímala.

—Lo llevo claro —suspiró Paula cubriéndose el rostro con la almohada de su cama.

—Nosotras te ayudaremos —intentó tranquilizarla Sofía quitándole esa almohada—.Este pez no volverá al océano —y Paula se la miró sin comprenderla porque no tenía ni puñetera idea de pescar.

—Por cierto, ¿tú no habías quedado con Álex?

—“Había”, pero con semejante mensaje he cancelado nuestro café —y ella evitó mencionar nada más porque en ese momento solo le apetecía olvidarse de su lamentable existencia y de… ¡Olvídalo!

—Lo siento por haber alterado tus planes.

—¡Tonta! No te preocupes —le sonrió Sofía, porque en el fondo le había hecho un enorme favor. Si no hubiera sido por el mensaje de Paula, se hubiera pasado la tarde pensando en ese beso de Álex con esa atractiva mujer. Así que no, definitivamente Paula no tenía que lamentarse por nada porque ella solo podía agradecerle por ese bendito mensaje que ahora le parecía como caído del cielo.

Noel había dejado a Paula delante de su casa y le había mandado un mensaje a Sergio porque necesitaba un par de copas desesperadamente y no quería bebérselas solo.

—¿Qué diablos he hecho? —le preguntó a su amigo apurando su segunda ronda.

—Creo que acabas de ponerte la soga al cuello, amigo.

—¡Esto no tiene maldita gracia! ¿A caso estoy loco?

—¿Te arrepientes? —le preguntó Sergio haciendo oídos sordos.

—No, pero así tan de repente, no sé porqué lo he hecho.

—No tienes que tener un motivo para todo. Quizá te apetecía hacerlo sin más.

—¡Pero ella! —se lamentó—.De todas, ¡Paula!

—¿Qué te sorprende? Paula es una mujer fantástica, lista, guapa, cariñosa y que por alguna razón que se me escapa, a la que le gustas.

—¡Eso ya lo sé! —le contestó molesto—Pero Paula es… Paula —le dijo como si con ese argumento tan ilógico pudiera explicarlo todo.

Pero para Noel así era, porque Paula siempre había sido la amiga de su prima, la había visto crecer junto a Adriana así que prácticamente se había convertido en alguien de su propia familia. Pero desde que se habían acostado juntos esa noche, Noel había sido incapaz de verla con los mismos ojos del pasado. Si ya lo sabía él, acostarse con Paula había sido un impulso tonto y estúpido pues a partir de ese momento todo había empezado a ir de mal en peor.

¿Y por qué no? Se había preguntado maliciosamente su conciencia una y otra vez, hasta que al final no había podido aguantarlo más y había explotado. ¡Y tanto que lo había hecho! Y así había terminado preguntándole si quería ser su novia. A él no es que Paula no le hubiera gustado desde joven, porque uno tenía que estar ciego para no ver lo bonita que era, para ignorar sus sonrosadas mejillas cada vez que se avergonzaba o esos dorados ojos que en escasas ocasiones se cruzaban con los suyos. Porque Paula desde niña había apartado sus ojos de los suyos cuando Noel se la había mirado más de cinco segundos seguidos y eso solo había hecho que quisiera mirarla aún más. Quizá en el fondo a eso se resumía lo suyo, a las ganas incontrolables que sentía Noel por abrazar a Paula cada vez que se asustaba o en las ganas que sentía de infundirle valor a su espíritu cada vez que notaba que se le quebraba la voz por el miedo.

—Acaba de mandarme un mensaje mi prima —le dijo Noel a su amigo—.Va a terminar matándome —y Sergio cogió el móvil y leyó el mensaje de Adriana.

[Espero que vayas en serio. Ni se te ocurra hacerle daño o te mataré con mis propias manos. Te estaré vigilando. Adri]

—Creo que tu prima es muy capaz de hacerlo —le contestó Sergio mientras se reía a carcajadas.

—¿Qué parte del mensaje te parece tan gracioso? Porque no lo pillo.

—Todo en tu prima es gracioso.

—¡Corta el rollo! Y tú cúbrete las espaldas si no quieres terminar como yo.

—¡Ja! Dios me salve. No voy a terminar tan patético bebiendo en un bar —le contestó con una sonrisa—.Pero por ahora voy a apiadarme de ti y te invitaré a otra ronda —y ambos amigos se pasaron varias horas más en ese local intentando aclarar sus disparatadas vidas.

Pero ni aún después de haberse tomado algunas copas de más en ese bar ese par de hombres lograron aclararse un poco. El mundo de Noel y Sergio estaba literalmente patas arriba por culpa de dos mujeres y eso no iba a solucionarse jamás hasta que ambos aprendieran a ser completamente honestos con el otro.

Adriana metió todas sus prácticas en su gran carpeta de dibujo y salió disparada hacia la universidad. Sabía que si no se daba prisa iba a llegar muy tarde y no le iban a dejar entregar sus ejercicios.

—¡Mierda! —gritó mientras cerraba el portal de su casa porque se le acababa de caer la carpeta al suelo.

—Veo que hoy tienes un día estupendo —le contestó con sarcasmo la voz del hombre que no le apetecía escuchar el día que llegaba alarmantemente tarde.

—¿Qué haces tú aquí?

—Esperarte —y Sergio le recogió su carpeta del suelo.

—Siento desilusionarte pero no tengo tiempo para esto —y Adriana se la arrancó de entre sus dedos para dirigirse hacia la parada del autobús.

—No llegarás a tiempo —le informó maliciosamente Sergio.

—¡Eso ya lo sé! —porque Adriana necesitaba nada más y nada menos que una especie de milagro para que el autobús que pretendía coger llegara a tiempo.

—Tengo un coche allí esperando, ¿sabes? —y aunque ella sabía que si se subía ahora mismo en su coche podría llegar a tiempo a sus clases, no se permitió caer en su trampa.

—No me importa —le contestó con arrogancia.

—Tu orgullo puede acarrearte muchos problemas, encanto —y Sergio tiró de la carpeta de dibujo de Adriana para robársela y se dirigió a su coche.

—¡Eh! ¿Qué haces? ¡Eso es mío! Devuélvemela.

—No —le contestó metiéndola dentro de su deportivo.

—¡Mierda! Voy a llegar muy tarde —y Sergio le sonrió de una manera muy juguetona mientras sus verdosos ojos le brillaban de una forma especial.

—Entonces sube al coche, ¿no te parece?

¡Joder! Deseó gritarle, porque en ese momento el gato de ojos verdes acababa de cazar al ratón más tonto del mundo.

—Ahora dime la verdad. ¿Por qué estás aquí? —le preguntó mientras el deportivo salía disparado calle abajo.

—Paseaba por la zona.

—¡Claro, por mi portal!

—Exactamente.

—No te creo —le contestó analizándolo para ver si podía descubrir qué ocultaba.

—Es sencillo, tu primo me ha llamado.

—Aahhh, ya veo. Así que ahora eres su chico de los recados.

—Deberías mostrarte más dulce con aquellos que te están haciendo un favor —le replicó. Porque Adriana había llamado a Noel desesperada porque se había quedado dormida por culpa de un despertador que no le había sonado, pero su primo le había contestando que ya se encontraba en su puesto trabajo y no podía ausentarse.

—No pareces el tipo de hombre que haga las cosas desinteresadamente.

—Cierto, no lo soy. Pero no te preocupes, conmigo tampoco llegarás tarde —y Sergio aceleró aún más su deportivo.

—También me gustaría llegar viva.

—Claro, ¿sino qué sentido tendría ir a la universidad?

—No me refería a eso.

Ese día Adriana llegó a sus clases en un tiempo récord. ¡Maldito hombre perfecto! Y Sergio aparcó su coche en medio de la entrada del campus universitario como si fuera de su propiedad mientras se fijaba en la hora de su reloj de muñeca.

—Rápido, ¿verdad? —le dijo él saliendo del coche con un rostro de autosatisfacción.

—Y peligroso —le contestó—.Pero gracias por traerme —y Adriana le dio la espalda para salir corriendo hacia su clase.

—¿A dónde te crees que vas? —le preguntó Sergio agarrándola por la cintura.

—A clase —le contestó hecha un manojo de nervios porque no lo había escuchado acercarse.

—Debes agradecérmelo correctamente —y él la hizo girarse para mirarla—.Agradécemelo —le repitió acercándose a ella—.¿Sabes qué es eso? —y a ella le cayó la carpeta al suelo cuando entendió la forma de agradecimiento que ese hombre esperaba de ella.

Sergio la sujetó por la cintura y la besó de nuevo mientras a Adriana cada vez le resultaba menos incómodo y ajeno. Entonces él la acarició delicadamente con su firme mano la espalda y a ella esos dedos le parecieron la mar de familiares. Sergio en ese momento olía deliciosamente, no solo a su caro perfume de siempre sino a algo más, ¿quizá acababa de ducharse? Y esa imagen de Sergio desnudo en la ducha y mojado la encendió aún más. A ella besarlo delante de su universidad le parecía casi normal y entonces recordó que, ¡iba a llegar tarde de nuevo!

—¡Déjame! —le gritó apartándose y cubriéndose el rostro avergonzada.

—Lo dejaré así porque llegas tarde —le contestó entregándole la carpeta—.No te olvides de esto —y ella se alejó con su carpeta y el corazón desbocado.

—¡Adriana! —la llamó su pesadilla personificada en ese hombre—.Por fin te veo sonreír —le contestó engreídamente poniéndose sus gafas de sol. ¡Serás chulo, no estoy sonriendo! Pensó sin poder ocultar su sonrisa mientras algún que otro universitario que llegaba tarde se quedaba alucinando por ese deportivo que obstaculizaba la entrada.

Pero a Adriana en ese momento ese coche lujoso que costaba una fortuna no le importaba un pimiento, porque en ese momento no podía apartar sus azules ojos de ese hombre que la estaba volviendo chiflada: a veces tan frío, otras tan ardiente, a veces parecía la mismísima noche y otras el día, a veces lo odiaba y otras… ¡Otras veces ni se entendía ella misma! Y con ese mar de dudas encima de Adriana, se fue hacia la dichosa clase mientras escuchaba el deportivo de Sergio alejarse a toda pastilla de ella. Claro, suspiró al recordarlo, porque a veces Sergio parecía estar tan extremadamente cerca de ella pero otras, parecía un completo desconocido.

ADELANTO:

Paula se metió en la cama para leer un rato su libro preferido de literatura clásica y la pantalla de su móvil se iluminó.

[Tienes 1 mensaje de Noel]

¿Qué querría? Porque desde la tarde anterior en la que se habían hecho oficialmente novios, no habían hablado. Por eso Paula desbloqueó el móvil sin saber muy bien qué esperar de ese mensaje.

[¿Quedamos este sábado para ir al cine? Noel]

¿Al cine? Se preguntó sorprendida, porque ni en un millón de años se hubiera imaginado esa invitación por su parte. Bueno, ahora eran novios, así que tampoco era nada raro, ¿no? El problema estaba en que ella no terminaba de encajar muy bien en la figura de su “novia”, no, cuando el supuesto novio era Noel. ¿Realmente la quería tanto?

Próximo miércoles: ¡comenzará la primera cita entre Paula y Noel!

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Acerca de: Clover

¡Bienvenida a mi mundo plagado de soñadoras! Llámame CLOVER, soy la autora de este cuaderno, una ovejita más del rebaño, #cloveradicta, escribo historias románticas sin parar, atípica por convicción y amante de la libertad por fanatismo. ¿Te unes al rebaño de las que soñamos despiertas? (¡Desde este lado el mundo es un poquito más bonito!).

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