Desconocidos: capítulo 13 – Maravillosamente imperfecto

Hi, cloveradictos. Hoy vamos a comernos el miércoles, ¿vale? Y de paso el jueves y el viernes XD.

En este capítulo vamos a hablar sobre reconciliaciones, ¿os gustan? Supongo que es un tema bastante recurrente en la temática romántica y sinceramente me encantan, pero como todo en esta vida depende del momento y del lugar.

Cuando escribo, si algo no lo veo muy claro le doy mil vueltas hasta estar 100% satisfecha (o casi) así que después de mucho meditar y darle a la cabecita aquí está el capítulo.

¡Muchas gracias por vuestras visitas! Solo os pido una cosita, recordad siempre ser fieles a [email protected] mismos en primer lugar (y nada de acobardarse, ¡eh!).

¡Besos para todos y más para aquellos que hacen caso de mis clover-consejos! Nos leemos.


DESCONOCIDOS

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Capítulo- 13: Maravillosamente imperfecto.

[Lo siento mucho. Me gustaría hablar contigo. Paula]

Paula revisó su móvil antes de subirse al coche de Sergio y se lamentó porque no tenía nada, ni un simple mensaje ni una llamada perdida. La noche anterior le había mandado un mensaje a Noel para disculparse pero parecía que a él no le apetecía hablar. De hecho, tampoco podía culparlo del todo porque el sábado por la tarde le había gritado barbaridades y había estado tan fuera de sí que ni ella misma se había reconocido. Paula había empezado irritándose un poco por los comentarios de Noel y como si en ese momento un monstruo horripilante la hubiese poseído empezó a ofuscarse y terminó soltándole de todo.

En el fondo, en ese momento se había enfadado más con ella misma que con Noel, porque por más que había estado luchando con uñas y dientes para olvidarlo, que los acompañara en ese viaje le había resultando una maldita tortura. Noel le gustaba, eso era un hecho constatado y por más que intentaba aparentar que era inmune, la verdad es que le seguía afectando. ¿Cómo no hacerlo si Noel era tal y como a ella siempre le había gustado?

Noel seguía siendo guapísimo, usando esas camisas que le quedaban perfectas, practicando deporte para estar en forma y riéndose de esa manera tan encantadora. Cómo no podía estar perdidamente loca por él cuando la miraba con esos ojos avellanados y rasgados, se pasaba una mano inconscientemente por su corto cabello al hacerle una broma o siempre terminaba escuchando lo que Paula con su dulce y bajita voz tenía que decirle.

Porque desde pequeños, aunque él siempre se hubiera metido con Paula por ser demasiado estudiosa y aburrida, la había animado indirectamente a ser mucho más valiente. A veces Noel había pedido que sus amigos se callaran un poco cuando Paula había sido demasiado cobarde para levantar la voz o la había alentado a arriesgarse un poco más en sus decisiones para poder alcanzar sus metas.

Para Noel la vida siempre había resultado ser una refrescante competencia donde cuantos más rivales se cruzaban en su camino, más emocionante le resultaba la lucha. Él siempre había sido tan malditamente valiente, justo al contrario de cómo había sido siempre ella. Por eso Paula sabía que en el fondo él jamás había querido dañarla ni insultarla, no cuando había sido su más fiel apoyo.

El lunes al salir de su universidad y antes que pudiera coger el metro para irse a casa, Paula se fijó en el BMW blanco que se encontraba mal aparcado enfrente de la puerta y no pudo evitar pensar en Noel. Ese era el mismo modelo de su coche, un coche espléndido para un hombre que lo era aún más. Resignada pasó de largo de ese coche porque no tenía nada que ver con ella al igual que sucedía con su conductor.

—¡Creo que me estabas buscando! —le gritó la voz de un hombre, y Paula se giró instintivamente para encontrarse con Noel apoyado contra ese coche.

—¿¡Tú!? —le preguntó rodeada por los estudiantes que estaban saliendo de sus clases.

—Vamos, sube antes que me pongan una multa —y Paula no supo si fue por esa amenaza o quizá por su sonrisa, pero se acercó a toda prisa a su coche para irse con él.

—¿Impresionada? —le preguntó Noel mientras arrancaba.

—No me lo esperaba —se limitó a decirle ella algo nerviosa mientras se ataba el cinturón que era incapaz de cerrarse. ¡Malditos nervios inútiles!—¿Estás enfadado? —le preguntó Paula consciente que necesitaban solucionar sus problemas cuanto antes.

—¿Te parezco enfadado? —le preguntó Noel sonriéndole, y la verdad es que desde que lo había visto le había parecido el mismo de siempre.

—Lo siento mucho —se disculpó Paula.

—Eso ya lo sé. No me pongas esa cara tan triste, no pasa nada.

—¡Sí que pasa! —se molestó ella—No estuvo bien, no tenía derecho a echarte de allí. ¡Menuda vergüenza!

—Venga, venga… A veces también es bueno dejar de ser tan perfecta.

—No te entiendo.

—Siempre haces lo correcto, Paula. Por una vez permítete ser un poco egoísta —pero ella en realidad no podía dejarse ser ni por un segundo egoísta porque si lo hacía, empezaría a ser muy injusta con él.

—¿Me perdonas? —le preguntó Paula.

—No tengo que perdonarte nada. Yo te he dicho cosas peores. ¿Me perdonas tú?

—Te conozco y sé que no me lo decías a mal.

—Posees tú más confianza en mí que yo mismo —y Paula se sonrojó mientras se fijaba que Noel se había desviado del camino.

—¿No me llevas a casa?

—No, me he enterado que Sergio os cocinó una cena deliciosa así que me debes una comida —y Paula enmudeció al darse cuenta que iba a comer con Noel. La última vez que había cenado con él todo se había complicado y habían terminado en esa playa del demonio haciendo locuras. Quizá esta vez si era capaz de rechazar el vino nada volvería torcerse y serían capaces de empezar una sincera amistad. ¡Quizá!

Paula intentaba comerse su plato mientras luchaba contra el nudo de su estómago y el de su garganta que le impedían hablar mientras Noel se encontraba al otro lado de la mesa y se la miraba descaradamente sin decirle nada.

—¿No te gusta? —le preguntó cuando casi se había terminado su plato y Paula apenas había empezado.

—Está delicioso —pero él se quedó mirando el plato sin comprender cómo podía estar tan buen y a la vez que no lo hubiera casi probado.

—No tengo mucho apetito —se disculpó.

—¿Te encuentras mal? —y ella deseó contestarle que sí, que se encontraba fatal por culpa de sus tonterías.

De hecho se encontraba enferma de la cabeza porque era incapaz de olvidarlo, y solo comer a solar con Noel había sido suficiente para que se le cerrase el estómago de esa manera.

—Paula —la llamó Noel con delicadeza—.Mírame —pero ella clavó sus ojos dorados en el plato y se negó a obedecerlo—.Paula —la llamó de nuevo mientras alargaba su mano para tocarla y ella como acto reflejo retiró sus manos mientras lo obedecía. En ese momento a ella se le aceleró la respiración al darse cuenta que Noel se estaba preocupando por ella. ¡Deja de mirarme así!

—Estoy bien —le contestó, pero en realidad ella estaba fatal.

Paula contempló las mesas de su alrededor y a toda esa gente del restaurante que parecía disfrutar de una animada comida. Eso la hizo sentir tremendamente estúpida y pequeña. ¿Qué estoy haciendo aquí? Y se levantó rápidamente sintiéndose fuera de lugar.

—No puedo, lo siento —le dijo a Noel antes de salir de allí a toda prisa mientras escuchaba que él la estaba llamando.

Paula no podía seguir por ese camino, ¡estaba claro! No cuando jamás encontraría en él lo que estaba buscando. Necesitaba regresar al punto de inicio del problema, deshacer eso que estaba repitiéndose en bucle de nuevo y olvidarse de él de una vez por todas.

—¡Paula! —la llamó Noel saliendo del restaurante—¡Espera! ¿Qué te ocurre?

—Nada, necesito irme.

—¿Ahora? —le preguntó sin comprenderla.

—Sí, perdóname.

—No puedes irte —le soltó él como en una orden, y en ese momento Noel abrazó a Paula para que se quedara.

En realidad eso había sido un acto impulsivo por parte de Noel porque cuando la había visto tan perdida y asustada, había deseado protegerla como si fuese su delicada flor.

Paula se dejó abrazar por ese hombre que no se esperaba y empezó a sentir el calor corporal de él en su propio cuerpo. Él siempre había olido estupendamente y sus brazos resultaban tan malditamente reconfortantes.

—¡Señor! —los interrumpió un chico joven que parecía ser un camarero del restaurante, pero el chiquillo se mostró confuso al ver que había interrumpido una reconciliación amorosa—Perdone, pero la cuenta —se excusó mostrándole un papel.

—Ah, claro —le contestó Noel sacándose la cartera con una mano y tendiéndole unos cuantos billetes sin dejar a Paula—.Quédese con el resto, una comida excelente.

—Gracias —y el incómodo camarero entró de nuevo al restaurante mientras los dos se quedaban abrazados.

Noel acarició la espesa melena de Paula mientras ella iba relajándose a su lado y su respiración se volvía cada vez más calmada.

—Ahora vas a contarme qué te ocurre —le susurró él, y por primera vez en toda su vida Paula logró ser sincera consigo mismo.

—No puedo olvidarme de ti, ni de esa playa —le dijo cubriéndose el rostro con la camisa de él—.¡No puedo! —y ella luchó con todas sus fuerzas para no llorar más mientras Noel la abrazaba aún más fuerte al notar que temblaba como una hoja.

—Yo tampoco, Paula —le dijo en un tono bajo en su oído—.No puedo olvidarte —y ella se apartó de repente mirándolo a los ojos sin comprenderlo.

—¡Mientes! —lo acusó incapaz de creerlo. Eso era imposible, él no podía estar diciéndole esas palabras en serio, no podía estar dándole esas falsas esperanzas, ¡no!

—No puedo olvidarte —le repitió Noel muy serio mientras la agarraba por la cintura y la besaba.

Paula se quedó quieta cuando Noel depositó sus labios con delicadeza encima los suyos. A ella ese beso no le recordó a ningún beso del pasado, porque ese era un beso tan dulce como una caricia que empezó a romperle su autocontrol. Noel no podía quererla de esa forma, no podía, ¡eso era imposible! Y Paula no pudo evitar notar cada una de las sacudidas que su corazón le mandaba mientras él la estaba besando con tanto amor.

—Paula —le susurró él mientras se apartaba un poco de ella y podía notar su aliento en sus mejillas—.¿Quieres salir conmigo? —le preguntó mirándola con sus ojos rasgados.

—¿Qué? —y ella casi estuvo a punto de caerse al suelo si no hubiera sido porque Noel aún la estaba abrazando.

—Si quieres ser mi novia —le aclaró como si nada.

—¿Novia? —preguntó ella como si fuera incapaz de procesar esa idea.

—Sí, mi novia —le contestó con una sonrisa—.¿Aceptas? —y ella se lo miró sin comprenderlo mientras no podía evitar sonreírle. ¡Su novia! Deseó gritarle como una loca al mundo entero y en ese momento solo pudo contestarle lo que más había deseado desde pequeña.

—Acepto —le susurró muy bajito.

—No te escucho.

—¡Que acepto! —le gritó Paula demasiado alto y él empezó a reírse mientras Paula se ponía roja como un tomate.

—Tengo una novia encantadora —le susurró él antes de besarla de nuevo.

Novia, pensó Paula de camino a casa. No podía creerse que en cuestión de minutos hubiera cambiado de no ser nada para Noel a ser su novia. ¿Realmente él quería tenerla a ella de novia? Paula era una chica normal en todos los sentidos y aunque estaba segurísima de lo que sentía por Noel, no lo estaba tanto a la inversa.

—Gracias por traerme a casa —le dijo antes de salir del coche.

—¿A dónde te crees que vas?

—A mi casa —le contestó señalando la puerta.

—Primero despídete en condiciones de tu novio —y ella pensó que a Noel le había resultado demasiado fácil llamarla “novia” cuando ella aún era incapaz de llamarlo “novio”.

Como Paula en ese momento parecía entumecida, desorientada y en una nube, él aprovechó para desabrocharle el cinturón de seguridad y se acercó a ella mientras le apartaba su melena castaña para cogerla con suavidad por la nuca. Los dedos de él en su cuello le hicieron cosquillas y le aceleraron en cuestión de segundos su pequeño corazoncito, pero eso no fue nada comparado con lo que sintió cuando Noel la miró con una hermosa sonrisa a escasos centímetros de sus labios y se acercó para besarla de nuevo.

Esa tarde ambos se habían besado bastante aún así, ella no pudo evitar volver a ponerse nerviosa e inquieta. Paula lo correspondió como pudo y deseó que ese beso fuera eterno. Le encantaba la forma que tenía Noel de besarla aunque tampoco pudo evitar recordar que él había besado a muchas a lo largo de toda su vida.

—Te mandaré un mensaje, ¿vale? —le susurró Noel—Espero que me contestes pronto —y ella salió del coche bastante acalorada mientras escuchaba el claxon del coche de Noel antes de irse calle abajo.

Al llegar a la puerta de su casa Paula deseó gritar. ¿¡Eran novios!? Y entonces mandó un mensaje a sus dos mejores amigas. ¡Madre mía!

Sofía había salido de sus clases de interpretación y se dirigía a la casa de Álex para tomar un café. Últimamente se había convertido en una práctica habitual entre ellos y cuando no lo hacía, sentía que le faltaba algo.

Pero Sofía no tuvo tiempo de llegar al portal de la casa de Álex cuando se fijó que de él salía una mujer sofisticada, de larga melena oscura, vestida muy elegantemente y detrás de ella lo seguía…¿¡Álex!? Sorprendida Sofía se detuvo en seco y se escondió un poco para ver mejor esa escena. Ella parecía mayor, aunque iba muy arreglada con un vestido ajustado y unos altos tacones, se notaba que pasaba de los treinta y quizá llegaba a los cuarenta, ¿sería un familiar suyo? Pero entonces ambos le respondieron todas sus dudas cuando la mujer se acercó a Álex para abrazarlo y ante el asombro de Sofía se besaron en medio de la calla. ¿¡Cómo!?

En ese momento ella no entendió nada y la pareja se separó mientras Álex volvía a meterse dentro de su portal y la mujer empezaba a andar calle abajo hacia su dirección. Sofía en ese momento disimuló con su móvil mientras no podía evitar espiarla, era una mujer mayor de casi cuarenta años aún así, tuvo que admitir que era muy atractiva. Tenía una melena negra exuberante y sus rasgos eran muy exóticos. ¡Mierda! Se lamentó al darse cuenta que Álex también tenía a otra, y aunque lo suyo no era en absoluto una relación convencional le dolió un poco enterarse que la estaba mintiendo. ¿Por qué no se lo había contado? Y Sofía suspiró al darse cuenta que seguramente lo había hecho por esto, porque ahora ella estaba enfadada y solo quería matar a esa mujer.

Por ello, Sofía decidió que no podía ver a Álex esa tarde, no cuando sabía que solo necesitaría verlo para ponerse de mal humor. Así que le mandó un mensaje inventándose cualquier excusa y se dio cuenta que su amiga Paula le había mandando otro.

[Estoy saliendo con Noel. Paula]

—¿¡QUÉ!? —gritó Sofía en medio la calle mientras la llamaba—¿Qué es este mensaje? —le preguntó sin saludarla.

—Estoy en casa de Adri —le contestó Paula mientras Sofía abría su coche.

—¡Esperadme, en cinco minutos estoy allí! —y Sofía se dirigió a casa de Adriana para que Paula le contara ese mensaje. ¿¡Novios!? ¡Eso era imposible! ¡Si se habían peleado como dos locos en la casa rural!

Sois unos tontos, murmuró para sí misma al comprender su inusual pelea, habéis tardado tanto en daros cuenta.

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Acerca de: Clover

Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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