Desconocidos: capítulo 12 – Sospechas incoherentes

¡[email protected] lectores! ¿Cómo os va la semana? La mía con muchísimas ganas de traeros infinidad de capítulos más y relatos ^0^. ¿Qué os parece?

Hoy publico la última parte del extra titulado “Aventura en una casa rural” que aunque le haya puesto ese subtítulo, en realidad es la continuación de la historia de los Desconocidos (solo me apetecía darle un apartado especial a esta escapada romántica o “nada romántica” jajaja). En el próximo capítulo nuestros protagonistas deberán regresar a sus casas, aunque no nos precipitemos que eso ya lo veremos la siguiente semana (tiempo al tiempo).

Y con todo esto me despido por hoy. ¡Miles de abrazos cariñosos para vosotros! ¡Acordaros de ser felices!


DESCONOCIDOS

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Capítulo- 12: Sospechas incoherentes.

Las aguas regresaron a su calma la noche del sábado, en realidad más bien perdieron todo su cauce porque se quedaron sin Noel, el único que parecía disfrutar realmente de ese viaje.

Adriana a esas horas ya se había reconciliado con Paula, mutuamente habían expuesto sus propias frustraciones como dos buenas amigas y habían llegado a una tregua.

—Si en realidad todo fue una tontería —le decía Adriana en la habitación.

—Lo sé, pero mira cómo ha terminado. Ahora me siento fatal por tu primo.

—Tampoco exageres, seguramente está mejor en su casa —y lo que Adriana evitó decirle es que se imaginaba que esa noche  Noel saldría de fiesta y tampoco lo pasaría tan mal.

—Quizás —le contestó Paula sin tenerlo muy claro—.Pero en el fondo somos amigos.

—Han ocurrido tantas cosas últimamente —y al escuchar las palabras de su amiga, Paula recordó como si fuera ayer lo que le había ocurrido esa mágica noche en el mar.

Seguramente definirla como mágica era una descripción demasiado infantil y edulcorada, pues lo que realmente había ocurrido entre Paula y Noel en la playa, no tenía nada de eso. Ella en un principio se había imaginado demasiadas cosas, había dejado volar su imaginación hacia mundos poco reales y había terminado herida. Para su propia desgracia, frustración y tormento, había tardado demasiado tiempo en darse cuenta que lo que  esperaba Noel de ella para nada lo encontraría en un cuento de hadas. Él era un chico realista, con los pies en la tierra y demasiado práctico para todo, aunque a veces pareciera sacado de una maldita película no lo era, y en caso que así fuera, solo era un actor de segunda intentando llevársela a la cama.

—¿Y Sergio? —le preguntó Paula al darse cuenta que le había arrebatado a su amigo.

—En el salón, ¿por? —le contestó Adriana incómoda.

—No sabía si se había quedado o no.

—Para mi tortura, lo ha hecho —le contestó con un suspiro.

—Entonces salgamos para torturarte un poco más —y Paula agarró a Adriana del brazo para salir de la habitación.

La imagen que se encontró Adriana en el salón principal de la casa rural la dejó descolocada. Sofía se encontraba tarareando animadamente mientras preparaba la mesa para cenar mientras que Álex estaba en la cocina ayudando a… ¿Sergio?

—Este hombre es una caja de sorpresas —le susurró Paula a su amiga antes de dirigirse a la cocina—.¡Chicos! Esto huele genial —y Adriana se quedó espiando a Sergio mientras removía una olla colocada encima de la vitrocerámica.

Visto en esa perspectiva parecía una persona humana y todo. Se le veía muy familiarizado en la cocina y entonces se dio cuenta que él como cualquier persona necesitaría alimentarse. El problema estaba en que Adriana se había mostrado tan irascible con Sergio desde un principio, que no se había permitido conocer nada de él. ¿Qué sabía realmente de ese hombre? A parte que trabajaba con su primo y su peculiar forma de relacionarse con ella, no conocía nada más de ese misterioso que parecía cocinar estupendamente.

—¿Te apetece probarlo? —le preguntó Sergio a Adriana desde la distancia, y ella se sonrojó un poco al darse cuenta que se había quedado embobada mirándolo—Te juro que no es tóxico —y Álex le sonrió a su lado.

—Más te vale que esté bueno —le contestó él—.Es la primera vez que cocino algo.

—¿Cocinar? —le preguntó Paula—.Esto lo está haciendo Sergio. Déjamelo probar a mí —le pidió, y Adriana notó una sacudida en el corazón.

Sergio apartó la vista de la olla y miró maliciosamente a Paula con su cuchara mientras le sonreía. ¿Por qué le sonreía otra vez así? Parecía que con su amiga se transformaba en otro hombre, uno más sincero y humano, uno que a ella le apetecía también conocer un poquito.

—No seas impaciente —le dijo él, y Paula hizo un puchero mientras salía de la cocina masticando un trozo de pan.

—¿Te gusta? —le preguntó Sergio mirándola otra vez a ella.

—¿Qué es? —y Adriana se acercó orgullosamente a la cocina al sentir un sentimiento de triunfo.

Risotto de setas —le dijo.

—Nunca lo he probado.

—¿Nunca? —le preguntó sorprendido mientras lo removía—No sabes lo que te estás perdiendo.

A esas alturas Adriana empezaba a sospechar que indudablemente se estaba perdiendo algo, algo verdaderamente importante para ser exactos y que estaba siendo incapaz de descubrir por sí misma.

—Entonces déjamelo probar —le contestó observando el arroz.

—¿Segura? —y ella asintió mientras Sergio cogía una cuchara para llenarla de su risotto.

Mientras lo hacía, automáticamente se puso nerviosa y todos sus sentidos se tensaron porque ese acto tan común y familiar, le pareció sumamente íntimo. ¡Qué boba! Se lamentó al darse cuenta que se estaba poniendo muy nerviosa por una estupidez.

—Abre la boca —le susurró Sergio mientras soplaba para enfriar el risotto y se lo metía entre sus labios. Adriana se quedó petrificada mientras notaba la comida entrar en su boca, el risotto estaba templado pero sabía deliciosamente bueno—¿Te gusta? —le preguntó Sergio demasiado cerca de ella.

—Mucho.

—¿Si? —le preguntó él con una gran sonrisa y por primera vez, Sergio le regaló una sincera sonrisa exclusivamente para ella.

En ese momento Adriana se sintió violenta y avergonzada, tosió al atragantarse con un grano de arroz y no supo qué diablos contestarle a esa muestra de sinceridad repentina. ¿Este es Sergio? Se preguntó descolocada, porque ese hombre parecía muy, muy complicado y cada vez más enrevesado.

Sergio terminó de preparar su risotto de setas con la ayuda de Álex, apagó la vitro y se dio por satisfecho al catarlo. Dado los escasos condimentos que tenía en esa casa rural y los limitados ingredientes, no podía quejarse.

—Creo me voy a ir —le comentó a Álex mientras limpiaba un cucharón.

—¿Irte? ¿Ahora? —le preguntó bebiendo de la cerveza que acababa de sacar de la nevera.

—Vine aquí por Noel, así que…

—¡Pero si acabas de terminar la cena!

—Es lo mínimo que podía hacer —y en ese momento entró Sofía para robarle la cerveza a Álex y se indignó al escuchar a Sergio.

—¡No nos debes nada! —le contestó molesta, porque en definitiva ella era la que lo había invitado.

—No creo que sea una buena idea quedarme aquí.

—¿Buena idea el qué? —le preguntó Paula recogiéndose su melena para llevarse la cena a la mesa.

—Quiere irse —le contestó Sofía.

—¿Pero de qué hablas? Si vamos a cenar —le dijo cogiendo la cazuela del risotto—.Tú te quedas a cenar con nosotros. ¡Adri! —llamó a su amiga mientras salía de la cocina—Dile a Sergio que debe quedarse.

—¿Qué?

—Quiere irse a su casa —le susurró a su amiga—.¡Sergio! Adri quiere decirte algo —y le mandó una elocuente mirada a su amiga. ¡Serás traidora! Se lamentó Adriana mientras él las contemplaba en silencio.

—Como has preparado la cena deberías quedarte —le contestó Adriana—.Además, ¿quién nos llevará a casa?

—Puedo regresar mañana —le insistió él.

—Irte solo por la carretera a estas horas sería muy peligro —puntualizó Paula con insistencia, y Sergio se quedó callada mirando a Adriana.

¿Por qué me miras así? Se preguntó sin poder apartar sus ojos de ese precioso verde brillante, y entonces se dio cuenta que Sergio estaba esperando que le dijera algo.

—Tiene razón, Paula, es demasiado peligroso —y él en ese momento asintió.

—Me alegro que te preocupes por mí —y Sergio se sentó en la mesa mientras Adriana empezaba a albergar la extraña sensación que Sergio acababa de jugar con ella. ¿A caso eso había sido solo un juego de los suyos? Pero no logró seguir pensando en eso porque todos empezaron a cenar.

Esa noche cenaron una comida riquísima que Adriana no logró creerse del todo que hubiera sido preparada por ese atractivo hombre que se sentaba enfrente de ella. ¿Se le daría algo mal a ese hombre?

El risotto de setas se evaporó en un abrir y cerrar de ojos. Los cinco quedaron encantados y Paula no pudo evitar, ni con la barriga llena, desprenderse del sentimiento de culpa porque le había negado esa riquísima cena a Noel.

—Una cena perfecta, Sergio —le dijo Álex frotándose la barriga.

—Tú también has ayudado —y él le sonrió porque había hecho poco. Solo se había limitado a acatar las órdenes del cocinero buscando todo lo que le pedía.

—¿Y ahora? —preguntó Sofía.

—Ahora a dormir —le contestó Paula bostezando.

—¿Dormir? ¡No! —le contestó su amiga con ganas de fiesta.

—¡Di que sí! —exclamó Álex levantándose—¿A quién le apetece una copa?

—A mí —contestó Sergio—.Te acompaño.

—Paula y yo también queremos una —les dijo Adriana, porque la cara de aburrimiento de Paula era un poema y necesitaba animarla cuanto antes.

—¿Me dejas que te prepare algo especial? —le preguntó Sergio.

—¿¡También sabes hacer cócteles!? —le preguntó sin poder creerse que encima supiera preparar bebidas.

—Sé hacer muchas cosas —le sonrió—.¿Puedo?

—De acuerdo, pero que sepas que soy una catadora implacable —y cuando Sergio se fue a la cocina para preparar su bebida, Paula suspiró y apoyó su rostro en la mesa.

—Yo también quería probar esa bebida especial. ¿Por qué no me la ha ofrecido a mí? —pero Adriana no le contestó, solo empezó a reírse como una loca. Aunque sabía que en ese momento estaba siendo un poco egoísta, no pudo evitar sonreír como una estúpida por ser la única que recibiría esa bebida especial.

Después de pasarse una noche tranquila en la casa rural tomándose los cócteles de Sergio, todos decidieron encerrarse en sus habitaciones para dormir. Sergio tuvo que irse solo a su habitación mientras Adriana y Paula compartían la suya. En realidad, en honor a la verdad, todos, lo que se dice todos, no estaban durmiendo pues Sofía y Álex se habían encerrado en su habitación con muchas ganas de hacer cosas.

Ella se encontraba debajo del cuerpo de Álex mientras se besaban, Sofía se había tumbado en la cama vestida únicamente con una de las camisetas de él y Álex no había podido evitar saltar encima de ella como un animal salvaje.

—Creo que te sobra algo —le susurró él mordiéndole la oreja mientras ella se reía.

—¿Sobrarme? —le preguntó ella con fingida inocencia—¡No sé qué podría ser! —y Álex le empezó a hacer cosquillas en la barriga.

—Shhh…no hagas ruido —le reprochó él porque se estaba riendo demasiado alto, y entonces volvió a acercarse a ella y la besó dulcemente en los labios.

Álex era extremadamente bueno en eso, la besaba de una forma única y sabía lo que hacía. Le gustaba ese aspecto despreocupado, divertido y alegre de su personalidad, ese en el que a su lado siempre parecía que todo iba bien. Y aunque se habían conocido en unas circunstancias horribles y accidentales, desde el comienzo habían conectado de una forma muy genuina y franca.

Para ella él era un gran amigo ya, uno en el que podía confiar para todo y salir de fiesta con espontaneidad. Seguramente Álex era de los pocos chicos con los que podría mantener esa relación sin serlo y con el que se sentiría tan relajada. Porque él entendía esa parte tan complicada de ella misma y era alguien que sabía dar con sinceridad sin pedirle nada a cambio ni presionarla.

—Tiempo de quitarte esto, preciosa —le dijo quitándole su camiseta por la cabeza y ella le sonrió seductoramente al quedarse desnuda bajo su cuerpo.

—¿Mejor? —le preguntó Sofía clavándole sus ojos castaños.

—¡Eres tan directa! —le contestó él contemplando su cuerpo abiertamente—Que me encanta —le dijo acariciándole el abdomen en círculos mientras se acercaba a sus pechos desnudos.

Ese juego erótico empezó a hormiguear el cuerpo de ella mientras notaba los curiosos dedos de él recorrerle cada milímetro de su piel. Los dedos de Álex parecían de fuego, un fuego que estaba empezando a prender en el cuerpo de ella.

—Creo que deberíamos estar en igualdad de condiciones —le susurró Sofía mientras le sacaba su camiseta, y se maravilló de nuevo al contemplar la piel tostada de Álex. Era tan terriblemente sexy ese hombre de aspecto voluble, que no pudo dejar de sentirse inquieta y terriblemente ansiosa por estar con él de nuevo.

Por eso, Sofía imitó el juego de Álex y paseó sus delicados dedos a través de su torso musculado mientras él empezaba a ponerse nervioso y se le agitaba la respiración.

—Si haces esto… —empezó a decirle Álex, pero se calló cuando escuchó su móvil—¿Es el mío? —y ella asintió porque ese no era su tono—¡Mierda! Qué oportunos —y saltó de la cama para contestar su móvil mientras ella se sentía un poco desilusionada porque había esperado que no lo hiciera.

—¿Si? —preguntó Álex colocándose su móvil cerca de la oreja—.Aah, eres tú —y a Sofía le pareció escuchar una voz femenina—.No puedo, no estoy en la ciudad—y después él se quedó callando escuchándola un rato y suspiró—.Hoy es imposible, lo siento —fuera quien fuera a Sofía le quedó claro que se trataba de una mujer insistente—.¡No puedo! Adiós —y colgó el teléfono mientras suspiraba.

—¿Alguna de tus conquistas? —le preguntó ella en broma.

—Exacto —le contestó Álex con un tono demasiado serio y cortante.

—¿Problemas? —volvió a insistirle.

—Más o menos, mi “ex”.

—Ui…eso suena desagradable —y Sofía se percató que eso de “ex” era un tema espinoso y complicado, y con una densa historia detrás que parecía más bien de terror.

—Lo es. Mejor nos olvidamos de eso —pero a ella no le resultaría nada fácil olvidarse de esa llamada, y menos cuando había visto en Álex una sospechosa reacción y una contestación tan poco natural—¿Por dónde íbamos? —le preguntó él con una sonrisa.

Aunque Sofía sabía que no estaba saliendo con Álex, precisamente por eso mantenía ese juego tan extraño y enrevesado con él, no podía evitar preocuparse y sentirse inquieta. Ellos dos eran dos seres libres con una mentalidad parecida que se compenetraban a la perfección pero por alguna razón, le había cabreado escuchar la voz de su “ex” hablando con él. ¿Somos solo amigos, no? Se preguntó Sofía mientras se ponía su pijama, ¿por qué demonios le molestaba tanto entonces? ¿Solo era una mera cuestión de ego? Quizá.

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Acerca de: Clover

Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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