Desconocidos: capítulo 11 – Mi juguete

¡Feliz gran día! Porque a mi modo de entender la vida, cualquiera día puede ser un gran día (o al menos deberíamos despertarnos con esa actitud y ganas, ¡venga!).

La verdad que desde la semana pasada que publiqué la primera parte del extra “Aventura en una casa rural” (ya sé que no fui nada original en el título ni nada de eso U_u’ perdonadme ), me moría de ganas de traeros esta segunda parte. Y como aquí se trata de cumplir sueños y pequeñas satisfacciones, tachán, segunda parte publicada. Ánimo durante esta semana (para los de Cataluña será más corta ya que el viernes es festivo :P). ¡Besos!


DESCONOCIDOS

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Capítulo- 11: Mi juguete

Después de una barbacoa más que decente en un ambiente calmado y bastante agradable, todo a partir de ese momento empezó a empeorar estrepitosamente. No fue ni por culpa de Sofía ni de Álex pues ambos no dejaron de abrazarse y mostrarse la mar de afectuosos juntos mientras el resto intentaba escapar de una inevitable tempestad sin éxito.

—¿Tienes cosquillas por aquí? —le preguntó Álex agarrando a Sofía por la cintura.

—¡Te he dicho que sí! —y ambos empezaron a reírse mientras el resto miraba para otro lado—Vale, ¡ya basta! —y ella se levantó de su regazo para irse a su silla.

—Estás poco juguetona —le contestó Álex mientras intentaba provocarla de nuevo  y Sofía empezaba a chillar.

El resto del grupo suspiró por enésima vez, ¿a caso dejarían ese par de parecer unos tontos? Desde que habían llegado allí parecía que estuvieran en una maldita luna de miel, ¿qué era eso?

—Voy a lavar los platos —les informó Noel que estaba a punto de tirarse por un barranco, y su amigo Sergio lo acompañó encantado por poder perder de vista a esa lamentable pareja.

—¡Chicos, creo que deberíamos jugar a algo! —exclamó Álex emocionado, y en ese momento Adriana evitó contestarle que ella tenía clarísimo qué clase de juego le apetecería jugar a Álex con Sofía—.Podríamos jugar al juego de la verdad —y solo bastaron esas pocas palabras para que la bomba de relojería se pusiera en marcha.

—No creo que sea buena idea —le contestó Sofía dándole un codazo.

—¿Por qué? Un poco de diversión no nos hará daño —pero lo que Álex desconocía es que la “verdad” entre ellos sí podía hacerles daño, ¡y mucho! Se guardaban tantos secretos entre ellos y medias verdades, que nada bueno podría salir de aquello después de destaparlos en una casa perdida en medio del bosque.

—¡Yo paso! —contestó Adriana, porque no le apetecía contar su vida enfrente de los demás y especialmente delante de Sergio.

—Creo que puede ser interesante —saltó Noel mientras fregaba los vasos con ritmo. ¡No! pensó Sofía al ver el rostro de Paula, porque sabía que se iba a liar y gorda.

—Yo tampoco quiero jugar —contestó Paula recogiendo los platos que quedaban.

—Por supuesto que no quieres —le dijo Noel—.Eres una aguafiestas.

—Nadie te ha preguntado —le contestó irritada entregándole los platos y mandándole una mirada que en nada se parecía a la mirada dulce y habitual de Paula.

—A mí me parece un juego infantil —y Sergio se limitó a sonreírle a Adriana mientras iba secando los vasos con un trapo.

—Entonces deberíamos buscar algo divertido para hacer —contestó Álex inocentemente para animar un poco el ambiente mientras seguía jugueteando con Sofía.

—Tienes razón —sentenció Noel—.Esto es un muermo, si solo la compañía fuera algo más animada —y Paula se sintió aludida.

—¿Qué esperabas encontrarte en una casa rural? —le preguntó ella con acritud porque estaba harta de sus constantes dardos envenenados.

Ellas habían planeado ese fin de semana exclusivamente para chicas, y ya que ellos al final se habían apuntado sin ser invitados, bien podrían callarse y aguantarse un poco.

—Supongo que esto es lo que uno se encuentra cuando pasa el fin de semana con una empollona —le contestó Noel fregando un plato.

—¡Basta! —le gritó ella—.¿Para variar un poco podrías callarte?

—¿Callarme? —le preguntó impactado mientras se secaba las manos—¿¡Esperas que todos seamos mudos como tú o qué!?

—Joder, primo, ¡déjalo ya! —saltó Adriana incapaz de contenerse más—Paula no tiene la culpa —y ella se colocó al lado de su amiga como si fuera una leona protegiendo a su cachorro.

—Pues que no me diga lo que tengo que hacer, ya soy mayorcito y creía que ella lo era también.

—¡Alucino! —estalló Paula reprimiendo todo lo que la estaba reconcomiendo.

—¿Qué problema tienes conmigo, señorita empollona? —le insistió Noel para picarla.

—¡Déjalo! —le gritó Sergio apartando a su amigo de la cocina—No es momento para esto, lavaré yo los platos.

—¿Tú también estás con ellas? —le preguntó Noel ofendido.

—Yo no estoy con nadie, pero estás haciendo el idiota, olvídalo.

—¡No voy a olvidarlo! —y se deshizo de Sergio para regresar a la cocina—No te he hecho nada, Paula. ¿Qué diablos te ocurre?

—¿Qué me ocurre? ¡Que no dejas de ser una molestia!

—¿Yo?

—Sí, ni siquiera sé porqué estás aquí.

—Estoy aquí porque me habéis invitado —le contestó herido.

—¡Yo no te he invitado! Más bien obligaste a Sofía a hacerlo. Ojalá no nos hubieras acompañado.

—¿Realmente piensas eso?

—¡Sí! ¡Ojalá desaparecieras de aquí ahora mismo! —le gritó, y él se la miró impactado y sorprendido por la forma en que ella le había levantado la voz. En ese momento los ojos color crema de Paula parecían casi negros y se la veía tan alterada y agitada, que Noel no fue capaz de comprenderla.

—Tranquilicémonos —intentó calmarlos Adriana—.No creo que ahora mismo estemos pensando con racionalidad y estamos soltando muchas tonterías.

—¡No! —la cortó su primo—Creo que Paula se ha expresado con claridad. Sé retirarme cuando molesto —y así, Noel se dirigió hacia su habitación para recoger sus cosas mientras Sergio lo perseguía.

—¿Qué diablos estás haciendo? —le preguntó a su amigo mientras lo veía colocar toda su ropa en la maleta.

—Pirarme, me pone enfermo. ¡No puedo quedarme aquí!

—Cálmate. Seguro que cuando te tranquilices lo verás todo distinto, solo ha sido un malentendido —intentó serenarlo.

—Ella me odia, y yo ya no quiero estar aquí. Esto ya no es divertido.

—¡Noel! —lo llamó Adriana entrando en la habitación. ¿Es que no podían dejarlo solo cuando estaba cabreado?—No puedes irte.

—¿Ahora me dices esto después de haberte puesto de su lado?

—No me puse de ningún lado, pero en ese momento la estabas provocando tú. Al final ella también se ha equivocado mucho.

—Pues la felicito, se me han quitado las ganas de quedarme.

—¡No hagas esto! —le insistió su prima.

—¿Y qué te importa? Tú tampoco nos querías aquí —y ella se lo miró en silencio porque tenía razón.

—No es lo mismo, no seas injusto.

—¡Me voy! —le dijo él saliendo de la habitación mientras Adriana lo observaba sin poder ayudarlo.

Joder, al final este fin de semana será horrible, pensó mientras escuchaba el coche de Noel alejarse de la casa rural a toda pastilla.

En el salón, Sofía abrazaba a su amiga Paula en el sofá mientras Álex las contemplaba en silencio sentado en la silla. Él había decidido no inmiscuirse en esa pelea de amigos porque conocía lo suficiente de su delicada relación como para saber callarse. ¿Callarse? Se lamentó, si solo hubiera mantenido la puñetera boca cerrada esa tarde no hubieran llegado a esto.

—Creo que te has pasado —le decía Sofía a Paula.

—¡Cállate! —porque Paula era incapaz de comprenderse a sí misma y lo que le acababa de ocurrirle.

—Él te ha picado, pero es Noel al fin y al cabo —y era cierto, porque Noel siempre había sido así, alguien que se había metido constantemente con ella llamándola empollona aunque en el fondo nunca lo había hecho con maldad.

—Estoy cansada que me trate como si tuviera ocho años.

—¿Ocho años? —le preguntó Adriana acercándose a una de las ventanas—Creo que se te acaba de ir la pinza, Paula —y ella observó por la ventana el vacío que había dejado el coche de su primo—.¿Era necesario echarlo?

—Bueno, ahora no puedo hacer nada más —le contestó avergonzada.

—¿Disculparte, por ejemplo? —le preguntó Sofía.

—¡Disculparme! —exclamó molesta—Ni de coña.

—Joder Paula, de verdad, ¡me estás poniendo de mala leche! —estalló Adriana colocando la cortina de la ventana de muy malas maneras.

—¿Y qué te ocurre a ti ahora? —le preguntó Paula la cual ya se encontraba bastante al límite de todo como para empezar otra batalla con su amiga.

—¿Qué me ocurre? Todos tenemos problemas pero intentamos sobrellevarlos —y era cierto, por el bien de todos necesitaban que los problemas no les afectasen más de lo que ya hacían sino, muy pronto serían incapaces de hablarse y después, ¿qué? ¿Dejarían de verse?

—Aaah claro. Perdóname por impedir que fueras tú el único centro de atención.

—¿Cómo? —le preguntó Adriana sin entender nada—Esto no se tratara de mí.

—¡Pues claro que no! No se trata de ti, pero parece que no lo entiendes, no siempre era la protagonista, Adriana, ojalá te dieras cuenta.

—Pero…

—¡Tiempo muerto! —gritó Sofía—Es mejor que nos calmemos o empezaremos a sumar más tonterías a todo esto.

—Tienes razón, no me apetece aguantar más historias —y Adriana salió de la casa rural para tomar un poco más de aire y dejar que Paula se calmara porque en el fondo, estaba segurísima que su amiga se arrepentiría de todo lo que estaba a punto de decirle.

Sofía se había llevado a Paula a su habitación para consolarla pues desde que Adriana había salido por la puerta, ella había empezado a llorar sin control.

—¡Soy idiota! —se lamentaba en brazos de Sofía.

—Solo un poco, pero te queremos igual.

—No sé porqué le he dicho semejantes tontería a Adri.

—Estabas alterada, además ella no te lo tendrá en cuenta, se ha ido para no empeorar las cosas, ya verás como te perdona esta misma noche.

—¿Y si no lo hace? —pero su amiga le sonrió.

—Lo hará, somos mejores amigas, cariño —y le brindó un beso en la frente mientras le daba un pañuelo—.Ahora cuéntame qué pasa con Noel.

—Nada.

—¿Y qué ha sido lo que ha ocurrido en el comedor?

—Actúa como si me conociera y pudiera mandarme.

—Y eso te molesta.

—¿A ti qué te parece? Desde que sabe que estoy con Raúl no me deja en paz y ya no sé qué más hacer.

—¿Hacer para…?

—Para olvidarlo, Sofía. ¡Quitármelo de la cabeza! ¿Cómo me lo quitaré de la cabeza si no deja de perseguirme?

—Y eso te irrita realmente o…

—¡Me molesta! Yo ya he decidido cerrar esa puerta y no volveré a abrirla. Noel se ha terminado, ¡fin!

—Bueno, a él siempre le ha gustado marear a las chicas. Supongo que esto es una muestra más del tipo de diversión morbosa que le apasiona.

—Si soy yo la víctima no le encuentro la gracia.

—La verdad es que él no parecía estar divirtiéndose mucho —y Sofía guardó silencio mientras pensaba en ello.

Noel esa tarde se había mostrado especialmente irascible y temperamental con Paula, ambos habían estallado como dos polvorines, así que estaba clarísimo que por ambas partes aún les quedaban muchísimas cosas pendientes.

Adriana había salido de la casa rural porque necesitaba refrescar su mente y aligerar sus ideas, el ambiente allí dentro se había transformado en algo demasiado denso y pesado, especialmente por parte de Paula, así que un poco de naturaleza le había sentado estupendamente para sus sensibles emociones. Tampoco es que Adriana su hubiera enfadado realmente con Paula, solo se había alterado un poco por su actitud egoísta aunque sabía que en el fondo solo se lo había dicho por puro resentimiento. Paula estaba irritada y confundida por culpa de Noel, porque le estaba costando mucho deshacerse de ese amor casi idealizado que había forjado durante todos esos años, y que su primo quisiera acompañarla en todo lo que hacía últimamente como una maldita sombra, no la estaba ayudando en absoluto.

Y quizá salir un rato había resultado ser una buena idea para Adriana, aunque el aire era fresco y húmedo, la tarde se mostraba preciosa. El cielo estaba despejado sin una nube y el sol brillaba intensamente a través de las verdes montañas, ¡qué bonito! Y se entristeció al pensar que todo eso se lo estaban perdiendo por tonterías.

—¿No crees que aquí afuera se está bastante solitario? —y Adriana se tensó al darse cuenta que se trataba de la voz de Sergio.

—Estoy bien, gracias.

—Deberías entrar.

—Solo unos minutos más y entraré —y para su sorpresa, él se sentó a su lado—.¿Qué haces?

—Solo unos minutos más —le repitió de la misma forma en que lo había pronunciado ella mientras contemplaba el paisaje.

—Creo que entraré —le contestó incómoda porque no le apetecía estar a su lado en un momento tan delicado.

—¿Sigues enfadada? —le preguntó él antes que pudiera abrir la puerta, y ella se lo miró sin saber a qué se debía su pregunta—Con tu primo —le aclaró.

—No, solo es un bocazas.

—No lo digo por lo de esta tarde, sino por lo del otro día en tu casa —y ella recordó que se refería al día que se había presentado en su casa para hablar con su madre.

—No puedo enfadarme con él cuando solo quiere ayudarme.

—Eso es bueno, Adriana, a veces uno tiene que saber cuando debe dejarse ayudar.

—Lo sé —suspiró ella y por un momento, una fracción de segundo, estuvo a punto de hablarle sobre su madre, su complicada vida y sus problemas. ¿¡Estoy loca!?—.Tú tampoco pareces la clase de persona que se deja ayudar demasiado —y él le sonrió un poco mientras ella recordaba automáticamente la sonrisa de Sergio cuando había estado conversando alegremente con Paula. ¿Por qué recordaba eso ahora?

—No lo soy —y Sergio siguió observando el cielo y susurró—.Es un paisaje precioso —y Adriana se lo miró sorprendida porque no esperaba que un hombre como él pudiera disfrutar de algo tan simple y sencillo. Por supuesto que las vistas eran magníficas, el campo, las montañas, el cielo azul y el brillo del sol, pero verlo allí tan relajado y contemplándolo con tanta sinceridad la impresionó—.¿Adriana? ¿Te ocurre algo?

—Nada —le contestó avergonzada por lo que estaba pensando—.Voy a ir a disculparme con Paula.

—¿Ella te ha contado algo?

—¿A mí? Nada —le contestó sin pestañear.

—Ya veo —se limitó a decirle.

—¿Qué debería haberme contado? —le preguntó algo molesta porque estaba claro que le estaba escondiendo algo y encima, no podía sacarse de la cabeza la imagen de esos dos en el sofá riéndose.

—¿Te interesa saberlo? —le preguntó Sergio acercándose a ella—¿O estás celosa? —y él la empezó a mirar fijamente con sus ojos verdes mientras ella se sentía cada vez más y más pequeña.

—¡No estoy celosa de nadie! —le contestó irritada.

—Ya veo. Para tu tranquilidad te diré que para mí eres la primera —y Sergio agarró a Adriana de la cintura con ambas manos y se la acercó para besarla.

Ese gesto a ella la encendió de alguna forma y empezó a hacerla sentir inquieta. Siempre le ocurría lo mismo con él, solo necesitaba captar su aroma de esa intensa colonia que usaba, sus manos tan posesivas y firmes, o sus ojos que no vacilaban ante nada, para sentirse perdida en un pozo fascinantemente verde. Y en ese instante su mente también recordó lo que acababa de decirle, “primera”. ¿!Primera para qué!? Se preguntó sin comprenderlo mientras Sergio la besaba con mucha suavidad y dulzura con unos labios que cada vez le apetecía más probar. Esa era la primera vez que la besaba de una manera calmada casi dulce, y le pareció captar otras facetas de Sergio. Quizá él también podía ser un hombre confiable, agradable y atento del que… ¿¡CÓMO!? ¿Lo estoy pensando en serio? ¡DESPIERTA!

—¡PARA! ¿Qué demonios…? —y ella se avergonzó tanto por haberse mostrado tan abiertamente cooperativa con ese beso que se odió aún más.

—Eres mi juguete favorito —le susurró Sergio antes de meterse dentro de la casa rural con una sonrisa de autosatisfacción y victoria por lo que había logrado.

Adriana contempló la puerta cerrarse detrás de ese hombre que la estaba volviendo loca y decidió esperarse unos minutos más allí porque se sentía a punto de explotar. Cada día que pasaba ese manipulador nato conseguía jugar más y más con ella, y lo hacía de una manera tan impecable, que ya no sabía qué pensar. ¿Soy su juguete favorito?

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Acerca de: Clover

Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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