Desconocidos: capítulo 10 – Un fin de semana…

¡Hola! ¿Cómo os encontráis cloveardictos? ¿A tope de energía, optimismo y ganas para comeros el mundo? Decidme que empezaréis el septiembre a tope o sino tendré que ponerme seria con vosotros, ¡eh!

Hoy os traigo un nuevo capítulo de los Desconocidos pero esta vez es algo especial porque es la primera parte del extra que he titulado “Aventura en una casa rural”. Así que ya sabéis, si os apetece descubrir qué ocurrirá en esta mini-aventura de seis chicos perdidos por una casita en medio del bosque, ¡a leer todo el mundo! Besos para todos con aroma a flores y a bosque (adoro la naturaleza), ¡yupi!


DESCONOCIDOS

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Capítulo- 10: Un fin de semana… ¡catastrófico!

Un estupendísimo fin de semana se planteaba para Adriana, Paula y Sofía, a no ser por el hecho que solo Sofía parecía estar contenta y de buen humor, y eso no era para menos pues de las tres era la única que parecía que había conseguido una apetecible compañía para ese fin de semana.

—¡No puedo creerme que permitierais que Sergio se saliera con la suya! —les recriminaba Adriana estirando las piernas después de aquel trayecto insoportable.

—Ei, a mí no me mires —le contestó Paula bajándose del coche de Noel—.Recuerda que yo también he sido una víctima y me he pasado el vaje con tu primo.

—¡SOFÍA! —la llamaron las dos irritadas, y su amiga se bajó de la moto de Álex y fue a saludarlas.

—¡Chicas, buenos días!

—Eso, tú encima recréate. ¿Se puede saber qué demonios ha ocurrido con la distribución de los coches?

—Noel y Sergio se ofrecieron para llevar sus coches.

—Pero si tu ibas en moto, ¿para qué dos coches? —le preguntó Paula, que se había pasado todo el trayecto en el coche escuchando música y sin poder hablar.

—Eso no es cosa mía, fueron ellos —contestó señalando a esos dos hombres que en ese momento parecían muy interesados en la moto de Álex. Los tres, no dejaban de dar vueltas alrededor de esa moto deportiva, negra y roja y con una pinta tremendamente desafiante.

—Álex, ¡menuda pasada de moto, tío! —lo saludó Noel contemplándole las ruedas mientras se quitaba las gafas de sol.

—Gracias, me encantan las motos.

—Es una Harley preciosa —le dijo Sergio colocándose a su lado.

—¿Te gustan las motos a ti también?

—Las que tienen tanta clase, sí —y los tres se rieron mientras observaban esa maravillosa obra creada por el hombre. Una obra, que parecía muy bonita y práctica pero que las tres mujeres del grupo no entendieron del todo.

—¡Los tíos son tan simples! —resopló Adriana abriendo el maletero del deportivo de Sergio para sacar sus cosas.

—Álex solo ha necesitado esa moto para ganarse el respeto de Noel y Sergio —le contestó Sofía sintiéndose muy orgullosa de su chico—.Parecen tres niños pequeños aunque ahora no nos hacen ni puñetero caso —e hizo un pequeño puchero porque había perdido el monopolio de Álex.

—¡Bienvenida al club! —le contestó Paula sin importarle lo más mínimo si Noel la miraba a ella o no porque le había quedado clarísimo que para él era invisible.

—Cuanto más lejos los tenga este fin de semana, mejor —le dijo Adriana—.Ahora ayudadme a sacar las cosas del coche.

—¡Así se habla! —le contestó Paula agarrando la maleta por el otro lado—.Te llevo esto dentro —y así las tres como unas hormiguitas, empezaron a meter su equipaje en esa casa rural de madera.

Adriana antes de entrar cerró el maletero del coche de Sergio y se enfadó, si esos hombres no iban a colaborar un poco con ellas, ¿para qué habían acudido allí? Ya que se habían acoplado de mala manera, ¡bien podrían hacer algo útil y ayudarlas un poquito!

—Te dije que tuvieras cuidado —la sorprendió una voz masculina cerrando el coche con su llave—.Este coche es caro, ¿sabes?

—Y a mi qué me importa —le soltó agarrando su maleta.

—Deberías empezar a valorar más las cosas que tienes delante de tus narices —le contestó él, pero como llevaba las gafas de sol puestas no logró ver su expresión.

—Y tú deberías empezar a ser más amable.

—¿Amable?

—Aah…claro, no sabes ni lo que significa —y ella se encerró en la casa indignada.

Al entrar en el pequeño hogar rústico que habían alquilado para ese fin de semana, Adriana se alegró que fuera mucho mejor de lo que se había esperado. Era una pequeña pero acogedora casita construida a base de piedras y madera con una cocina completamente equipada. El salón poseía cierto encanto rural, con un sofá grande, un televisor y una mesa para poder comer los seis.

—¡Es mejor de lo que pensaba! —le contestó con emoción a Paula que no dejaba de abrir y cerrar todos los cajones.

—Sí, vayamos a elegir nuestra cama —y las dos se agarraron del brazo para inspeccionar las tres habitaciones.

En la primera, se encontraron con una cama de matrimonio así que decidieron que esa se la dejarían para Sofía y Álex, y en las otras dos, había dos camas individuales en cada una. Ellas decidieron elegir la habitación que se encontraba más cerca del baño y se adueñaron de sus camas.

—¿Cómo te ha ido el viaje? —le preguntó Paula tumbándose en la cama de Adriana.

—¡Insoportable! No sé porqué diablos Sergio está aquí.

—Yo tampoco lo entiendo. Si te sirve de consuelo yo también me he pasado el trayecto escuchando música y rezando para que llegáramos cuanto antes.

—Pobrecita, te entiendo —le contestó Adriana abriendo su maleta para sacar sus cosas.

—¿Y esto? —le preguntó Paula agarrando un atractivo conjunto de ropa interior de encaje—.¿Qué esperas que ocurra?

—¡Nunca se sabe! ¿Y si me cruzo con mi príncipe azul por el bosque?

—¿La princesa seducirá a su príncipe con esto? —le preguntó meneando el tanga por el aire.

—Soy una princesa moderna —y las dos empezaron a reírse—.Ahora devuélveme esto —le dijo agarrando el pequeño tanga—.Yo creo que es muy bonito —le dijo examinándolo mejor—.¿No te parece? —pero Paula no le contestó, solo miró hacia la puerta con los ojos muy abiertos y se quedó muda.

—A mí me parece la mar de interesante —le contestó Sergio apoyándose contra el marco de la puerta, y Adriana automáticamente hizo una bola con él y lo escondió en su maleta—.Vamos a ir a comprar algunas cosas para comer, ¿qué os apetece? —pero a ella en ese momento no se le ocurrió nada.

—¿Y si hacemos barbacoa? He visto una en el jardín —contestó Paula en su nombre, y aquella idea a todos les pareció estupenda.

Así que mientras Paula y Adriana preparaban las cosas para la barbacoa, Noel y Sergio bajaron al supermercado para comprar toda la comida y bebida necesaria para pasar esos dos días. Por su parte, Álex y Sofía intentaban hacer algo la mar de productivo en privado y en la intimidad de su habitación.

—Creo que deberíamos ir a ayudarlas —le decía Sofía algo preocupada.

—Shhh…cuando llegue la comida me encargaré de la barbacoa, ahora quédate un poco más así —le susurró Álex besándola en esa cama de matrimonio—.Ven —le dijo atrayéndola para que ella se sentara encima de él.

—Vale —aceptó Sofía sin protestar mucho, porque tampoco le apetecía nada salir de esa habitación.

—Así me gusta —le dijo con una voz ronca, y Álex le agarró la camiseta para subírsela—.Así me gustas más —le dijo contemplándola con solo el sujetador turquesa puesto, y Sofía se rió por su atrevimiento—.Y así —le susurró mordisqueándole la tira del sujetador mientras se lo desabrochaba—.Mucho más —y se lo quitó para que se quedara con los pechos expuestos.

—Eres muy travieso —y ella lo besó en los labios mientras Álex no dejaba de meterle la lengua—.Ahora es mi turno —le dijo ella tirando de su roja camiseta para quitársela, pero no tuvo tiempo de subírsela del todo cuando empezó a sonar su móvil.

—Déjalo, ya llamarán más tarde —le contestó Álex quitándose la camiseta.

—Y si… —pero no pudo terminar su frase porque se quedó embobada contemplando el cuerpo desnudo de Álex. Era tan atractivo, con una piel tan morena, tersa y musculada, ¡que la volvía loca! Sofía colocó una mano encima de sus pectorales y empezó a acariciárselo pero ¡el dichoso móvil no dejaba de sonar!—.¡Joder! —masculló cabreada, porque se moría de ganas de seguir haciendo lo que estaba haciendo con Álex—Un momento —y se bajó de la cama para contestar al teléfono.

—¿Diga? —preguntó Sofía un poco agitada y acalorada porque Álex no dejaba de intentar provocarla con su lengua lamiéndole la nuca—.Sí —y entonces, ella lo apartó con su mano para que Álex parara—.Lo entiendo —y su tono de voz se apagó mientras colgaba y se vestía de nuevo.

—¿Qué ocurre? —le preguntó él preocupado.

—Nada.

—Te has puesto muy seria de repente.

—Solo el drama habitual de mi vida —le contestó.

—¿Malas noticias?

—Más o menos.

—Puedes contármelo —le dijo agarrándola para que Sofía dejara de moverse nerviosamente por la habitación.

—Trabajo, ¡otra audición a la mierda!

—¡Venga! No puedes desanimarte, si son idiotas y no son capaces de ver tu talento —le contestó él sentándose en el borde de la cama.

—¿Talento? Deja de burlarte, ya ni recuerdo cuando me dieron un buen trabajo —y Sofía se calló al recordar lo poco que había conseguido en los últimos años.

—Una chica tan guapa como tú seguro que triunfará muy pronto.

—Yo no lo creo.

—Ven aquí, sé como ayudarte a hacerte sentir mejor —le dijo tendiéndole una mano para que se la agarrase.

—¡Ahora no me apetece! —le contestó Sofía, pero Álex no le hizo caso y tiró de ella para que se sentara en la cama. Entonces la abrazó suavemente y le colocó su rostro en su pecho desnudo. Sofía en ese momento pudo escuchar el corazón acelerado de Álex y notó a través de su mejilla su piel que estaba muy caliente.

—¿Qué haces? —le preguntó ella sin saber qué pretendía.

—Abrazarte —le contestó como si fuera obvio—.¿Qué demonios creías que te iba a hacer? —y ella no pudo evitar reírse mientras se le resbalaban algunas lágrimas traicioneras.

—Gracias —le susurró con el rostro pegado a su piel, Álex era tan malditamente reconfortante y cálido—.Muchas gracias —le dijo.

Adriana y Paula ya habían preparado todos las cosas para su barbacoa, también habían lavado la vajilla y habían preparado la mesa. Ahora solo les faltaba cocinar lo que esos dos hombres trajeran para poder comer y darían por inaugurada su aventura en esa casa rural.

—Creo que acaban de llegar —le informó Paula espiando a través de la ventana.

—Entonces aprovecharé para ir a dar una vuelta por los alrededores.

—¿Y la comida?

—¡Estás de broma! Nosotros hemos hecho nuestra parte, que se las apañen ellos —y así abandonó la casa rural antes que Sergio llegase.

—¡Ya estamos aquí! —exclamó Noel con una gran sonrisa y cargado con la comida—.¿Dónde están todos?

—Sofía y Álex están allí dentro metidos, y tu prima acaba de salir a dar una vuelta.

—Entonces creo que me tocará cocinar a mí —le contestó Noel metiendo la carne en la nevera y cogiendo el carbón para salir al exterior a preparar la barbacoa.

Ella lo contempló sin decirle nada y se relajó cuando la dejó sola en el salón, últimamente era incapaz de cruzar más de dos frases seguidas con Noel por eso intentaba evitarlo a toda costa. Bueno, al menos ahora estaría algo más tranquila y entonces, se sentó en el sofá para contemplar el maravilloso paisaje verde que se apreciaba por la ventana, ¡era precioso!

—¿Hola? —y la tranquilidad de Paula le duró solo unos minutos.

—¡Sergio! —lo ayudó ella agarrándole algunas bolsas.

—¿Estás sola?

—Sí, la parejita se ha encerrado allí dentro y los otros están fuera —le contestó dejando las bolsas en la cocina.

—Ya veo —y ambos ordenaron la compra y se sentaron de nuevo en el sofá.

—Noel nos dijo que habías vivido en Londres.

—Sí, fui allí para estudiar pero me he criado en Roma.

—¿¡Qué dices!? —exclamó Paula emocionada.

—¿Qué pasa?

—¡Me encanta Roma! Por eso estudio historia clásica.

—Vaya, así que eres una empollona.

—Noel siempre me llama eso y lo detesto.

—Lo siento.

—No te disculpes, sé que lo has dicho sin maldad.

—Sí, te aseguro que no era mi intención. Y dime, ¿qué te gusta de Roma?

Y así, ambos empezaron a enfrascarse en una animada conversación donde no pudieron evitar reírse mientras se explicaban su vida. Paula lo contempló asombrada y fascinada por partes iguales por esa era una gran revelación, Sergio no era un monstruo ni un mal educado, de hecho si quería podía ser la mar de amable y dulce, y también podía reírse de una manera preciosa.

Adriana no había logrado ir muy lejos porque desde que se había alejado de la casa rural, había empezado a sentir miedo. Se había dejado el móvil en la casa y tenía miedo que allí en medio del bosque y sola, le pudiera ocurrir algo. Así que no tardó más de diez minutos en regresar a la casa rural con la cola metida entre las patas.

—¡Primo! ¿Qué haces? —le preguntó mientras Noel intentaba encender la barbacoa.

—Adri, estoy preparando esto.

—¿Crees que serás capaz?

—Claro, soy un hombre.

—Ja, ja…qué gracioso.

—Ve a buscarme la carne, está en la nevera —y ella abrió la puerta de la casa y se encontró con su amiga Paula conversando animadamente con Sergio.

Él parecía encantado con su amiga y no dejaba de reírse y contarle anécdotas sobre no sabía qué cosas. Solo era capaz de escuchar ciertos nombres en italiano y algunas frases que ni entendía ¿era latín? Adriana entonces se dio cuenta que no sabía prácticamente nada de Sergio, nada de su vida, ni quién era, ni…. ¿Y qué? ¡No deberías querer preguntarle nada a ese tío! Porque a ella no le importaba un pimiento Sergio, ni quién era ni nada.

—Ohh…¡Adri! —la llamó Paula cuando la escuchó abrir la nevera—.¿Necesitas que te ayude?

—No hace falta —le contestó bastante mosqueada cerrando la nevera de mala gana—.Puedo yo sola —y tampoco quiero molestaros, susurró para sí misma. Así que tomó la bandeja de carne y salió pitando hacia el exterior.

¿Por qué Sergio no dejaba de reírse con Paula? ¿Y de dónde había salido esa sonrisa y ese rostro amable? ¿¡Y por qué con ella se había mostrado tan idiota!? ¿¡Por qué!?

—¡ADRI! —la llamó su primo por última vez—.Jesús, ya puedes dejar la bandeja aquí.

—Aah…vale, lo siento —pero ella ya no lo escuchaba, solo espiaba a su amiga y a Sergio a través de la ventana. Él se veía tan relajado, feliz y atento con su amiga que se preguntó porqué con ella nunca se había comportado así, ¿qué tenía de malo? ¿Malo? Él sí que era lo peor, lo peor.

—¡LO ODIO! —estalló en medio de su crisis existencial.

—¿A quién odias? —le preguntó Noel metiendo la carne en la parrilla.

—¿A ti qué te importa? —y Adriana volvió a alejarse de esa casa rural para centrarse un poco.

Noel entonces observó a su prima alejarse por el camino y comprendió perfectamente porqué estaba tan mosqueada. Desde que él había salido para preparar la barbacoa, no había podido quitarle el ojo a esos dos que se encontraban en el sofá charlando como si nada. Paula parecía muy contenta y animada con Sergio, justo lo contrario que le sucedía cuando él estaba a su lado.

Noel sabía perfectamente que en el fondo, la decisión de acompañarlas a esa casa rural había sido una pésima idea y más, cuando era obvio que ni su prima ni Paula querían estar con ellos. Pero verla ahora tan animada y con esa sonrisa preciosa lo alegró, y aunque no pudo dejar de sentir envidia por Sergio, por ser él el causante de tal felicidad, sonrió un poco y se relajó al comprobar que su pequeña Paula podía sonreír de nuevo y hacerlo de verdad.

Paula y Sergio se habían pasado un buen rato hablando sobre Roma y de todo lo que más les gustaba de la gran ciudad, pero cuando ella se fijó en que Adriana se alejaba de la casa hecha una furia, decidió interrogarlo.

—Está bien, Sergio. Ahora cuéntame qué diablos te ocurre con Adriana —porque estaba claro que ese chico podía comportarse de manera decente y no como el capullo que parecía con su amiga.

—¿Adriana? —le preguntó él con una sonrisa.

—No te hagas el tonto, sé que te gusta.

—¡No me gusta! —le contestó ofendido—.Me parece interesante.

—Ya, pues eso. Te parece interesante, ¿y? —y Paula se quedó boquiabierta cuando escuchó la respuesta de Sergio.

Próximo capítulo…

¿Preparados para una noche en una aislada y silenciosa casa rural? Parece que por las noches las pasiones son más intensas, o eso dicen. ¿Serán capaces nuestros chicos de guardar sus pasiones escondidas bajo llave o verán por fin la luz? El próximo miércoles una segunda ración del especial “Aventura en una casa rural”. ¡Gracias!


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Acerca de: Clover

Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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