Colores mágicos: capítulo 3 – Un ónice muy peligroso

¡Buenos días! ¿Qué tal estáis? Tal y como os avisé en el último capítulo (el último hasta la fecha de los Desconocidos), hoy toca equiparnos nuestras alas Y ponernos los sombreros mágicos para irnos hacia un lugar lleno de Colores mágicos.

Esta historia me emociona muchísimo escribirla, no solo porque soy una apasionada de la fantasía, sino porque en ella, hay tantos colores como personas. Existe gente muy buena en algo que parece destinada a dedicarse a eso y otros no tan buenos, que necesitan luchar muchísimo para alcanzarlo. De eso precisamente trata esta historia (de esto y de amor XD) porque cada uno a su ritmo y a su manera, siempre intenta buscar su propia felicidad. Así que mi consejo del día de hoy es que seáis felices y que cuidéis y miméis ese sentimiento único e irremplazable. ¿De acuerdo? Besos para todos mis #cloveradictos.

Colores mágicos

Capítulo- 3: Un ónice muy peligroso

La cualidades innatas de una persona son precisamente eso, fortuitas, y como tal son tan puramente aleatorias que uno no sabe ni porqué ni cómo ha terminado adquiriéndolas. Pero de capacidades, poderes y aptitudes La Cruz del Sur siempre se ha encontrado bien servida. No solo por el hecho que entrar en la escuela es casi un milagro en sí mismo sino que para seguir en ella, uno debe demostrar su valía día tras día. Para algunas terrenis puede resultar sencillo si poseen cualidades excepcionales desde su nacimiento, proceden de unos padres talentosos y encima, sin haber llegado a la mayoría de edad, ya son muchísimo más asombrosas que ellos, pero para otras, la palabra fracaso acecha en su nuca y solo está esperando el más mínimo error para mandarlo todo a la basura.

….

—Lo siento mucho, Megan —intentaban consolarla Lilah.

—¡Mis padres van a matarme! —se lamentó entre sollozos.

—¡No es justo! Has hecho lo que has podido —le dijo su amiga abrazándola.

Por mucho que Lilah intentara amortiguar la tempestad, sabía que el mazo de los progenitores de Megan sería implacable. Los padres de todas las estudiantes de La Cruz del Sur provenían de grandes familias, con apellidos aún más pesados y seria convicciones. Y aunque siendo realistas no todas eran igual de aptas ni cualificadas, ninguno de sus padres de esas estaba dispuesta a admitirlo, al menos públicamente.

—Es inadmisible —se quejó Megan mientras hundía su rostro en la almohada.

—No te preocupes, pronto me eliminarán a mí también —le contestó Lilah mientras le arrancaba la almohada para que dejara de llorar.

—¡Yo quería conocerlos! —le insistió Megan al recordar todo lo que había perdido.

—Alysa los conocerá por todas y nos los presentará —le dijo pícaramente Lilah mientras le mandaba un beso al aire a la número uno de la clase.

—A mí no me metáis en esto —les contestó Alysa cerrando el libro que había intentado estudiar entre los sollozos de Megan—. Estos idiotas no me interesan lo más mínimo.

—¡Eres una aguafiestas! —le contestó Lilah frunciendo el ceño dramáticamente.

—¡Dejadme en paz de una vez! —les gritó Alysa saliendo de la habitación.

Ya hacía días que la escuela se le estaba haciendo más cuesta arriba que nunca porque a esas alturas del curso creía que ya casi se habría librado de su suplicio. Pero parecía que fuera quien fuera que estaba controlando su destino estaba dispuesto a torturarla hasta el último día de su graduación. Para Alysa, desde el primer día que había puesto los pies en La Cruz del Sur lo había sentido, esta escuela no estaba hecha para ella y los poderes con los que había nacido eran un error. Equivocados porque en todos los años no había hecho otra cosa que detestarlos, odiaba la envidia de los demás, los aplausos vacíos y falsos de sus superiores y la frase más común que no dejaban de repetirle sus profesores: “como se esperaba de ti, Alysa”. ¿A caso ella era un robot? ¿No se le estaba permitido fallar? Porque por más que lo había intentado en los últimos días, su boicot en las pruebas no estaba dando resultado y seguía entre las diez primeras. ¿Se atreverían a mandarla a ese proyecto del demonio incluso si fallaba?

—No te va a resultar sencillo, Alysa —le dijo su amiga Nora que la había seguido hasta el pasillo.

—Lo sé, pero necesito salirme de esto.

—¿Por qué?

—Quiero que sepan que no soy perfecta.

—Pero lo eres —le contestó sonriéndole Nora—. No puedes huir de lo que eres.

—¿Y qué soy? —porque ella empezaba a creer que era solo un nombre: diamante. Nadie veía más allá de sus ojos blancos y de su apellido, nadie intentaba ponerse en su lugar ni comprenderla, nadie…nadie no, Nora lo hacía—. Perdona, no quería preocuparte —suspiró—. Suerte que te tengo a mí lado.

—Tonta, solo me preocupo porque te ves cansada.

—Y cambiando de tema. ¿Qué tal te fue con Zale?

—No ocurrió nada, no sé porque tuviste que dejarnos a solas —pero por la forma en que se lo estaba diciendo Nora, ella sospechaba que se alegraba que les hubiera dejado un momento de intimidad—. Charlamos un poco, dice que es un ónice.

—¿Ónice? —le preguntó Alysa con preocupación—. Ten cuidado —le recomendó, porque todo el mundo sabía que los ónice eran los terrenis conectados a los poderes más oscuros.

—Zale no parece un ónice —le contestó Nora mientras recordaba su rostro alegre y sus ojos ambarinos.

—No es lo que parece sino lo que es en realidad.

—No te pongas tan seria, Alysa. Tendré cuidado.

—Más te vale —la amenazó su mejor amiga mientras las dos se perdían en el jardín de la escuela.

Un hilarante día amaneció en La Cruz del Sur, un día lleno de terrenis nerviosas y ajetreadas porque se someterían a una prueba física muy dura donde deberían ponerse al límite.

—¡No puedo creérmelo! —exclamó Lilah con la boca abierta mientras se fijaba en la cadena de obstáculos que necesitaba sortear.

—Esta gente está loca —suspiró Alysa sin ánimo porque las pruebas eran tan rocambolescas que solo hacían más que darle la razón.

—Vamos a morir aquí —exclamó Lilah. Entonces se fijó en el grupo de chicos sentados cómodamente a la izquierda—. ¡Podemos hacerlo! —se animó en tan solo un segundo— ¡Vamos a por ello, chicas! —y todas contemplaron a los terrenis perfectamente alineados que acababan de iluminar su oscuro camino y asintieron con algo más de valor.

Los alumnos de Las águilas doradas llevaban más de cuarenta minutos sentados en sus sillas de plástico mientras observaban a una veintena de jovencitas corretear, saltar y caer.

—Me parecen gatitas —murmuró Zale mientras centraba sus ojos castaños en una menuda joven—. Son muy graciosas.

—Esto es ridículo —le contestó Reik que les estaba dando la espalda mientras seguía leyendo su libro.

—No seas así —le contestó su amigo quitándole el libro de entre sus manos—. Mira a tú diamante, está de las últimas.

—Lo está haciendo a propósito —los interrumpió Vanir que no había dejado de contemplar a Alysa desde el momento que había empezado la carrera de obstáculos.

—Lo sé —le replicó Reik algo molesto por el interés que estaba mostrando Vanir en ella. Normalmente a este terrenis no le interesaba nada: ni los estudios ni el proyecto, pero en cambio ahora, parecía bastante atraído por ella.

—Es lista —se limitó a contestarle obviando la poca cordialidad de Reik.

—Si fuera lista, sería la primera —los contradijo Zale.

—No todos queremos ser el número uno —le dijo Vanir en un arranque de sinceridad. Y siguió contemplando a Alysa en silencio.

Alysa llevaba más de cincuenta minutos fingiendo ser quien no era, pero por extraño que pareciera todo este asunto, por primera vez se sentía más ella y viva que nunca. Eso de no llegar la primera, caerse, de no tener que preocuparse por nada y de seguir sencillamente el camino sin prisa, le estaba encantando.

—Creo que deberías esforzarte un poco más —le dijo su compañera de clase Elisa.

—Ya me esfuerzo.

—¿Nos tomas por idiotas? —le preguntó enfadada mientras intentaba alcanzar la cima de esa pared vertical sin caerse— Obviamente quieres perder, lo cual resulta insultante para nosotras.

—No era mi intención.

—¿Y qué esperabas? Nosotras nos estamos esforzando y tú, pavoneándote por aquí solo nos humillas más.

—¡Yo no…! —le contestó Alysa indignada.

—Eres una cobarde —le contestó Elisa furiosa—. ¡Una cobarde! —y empujó a Alysa con tanta fuerza, que ésta terminó cayendo por el precipicio por el que había estado trepando.

Alysa voló descontroladamente por el aire hasta llegar al suelo. Por supuesto, no estaba tan loca como para estamparse contra él así que usó sus excelentes reflejos para caer lo más delicadamente que pudo y fingir que se había lesionado.

—¡Esto es tan ridículo! —se quejó ella mientras se fijaba en Elisa que acababa de alcanzar la cima. Porque en el fondo, su compañera tenía parte de razón. Ella nunca había querido ser tan buena, ni rápida ni ágil pero, ¿qué podía hacer para no serlo?

—Levántate —le ordenó una voz masculina desde su espalda y entonces, asomó una mano delgada y grande por encima de su hombro derecho.

—¡Tú! —exclamó Alysa al encontrarse con Reik que la estaba mirando con el rosto muy serio.

—¿Se puede saber qué demonios estás haciendo?

—No te importa —le contestó levantándose por su propio pie.

—Esto puedes hacerlo con los ojos cerrados —le dijo Reik señalando la gran pared vertical mientras se acercaba más a ella—. No puedes escapar, Alysa.

Por un momento ella se sintió metida en una cárcel oscura donde unos ojos rojos no dejaban de aprisionarla. ¿Escapar? ¡Había deseado tantas veces huir de su encierro!

—¡Apártate de mi camino! —le contestó nerviosa mientras notaba como sus ojos se transformaban por culpa de las provocaciones.

—Vas a unirte a nosotros —le insistió él sin apartarse—. Eres un diamante —le dijo en el mismo tono que le hablaba su padre.

—¡Soy más que eso! —le contestó empujándolo con rabia y Reik, sonrió satisfecho al ver su poderosa reacción.

—¡Defiéndete! Ellos van a dañarte si fallas —le advirtió él recuperando el tono oscuro de sus ojos.

—¿Y qué diablos significa lo que me estás diciendo?

—Ya sabes de quién te hablo —Reik se acercó a la oreja de Alysa y le susurró—. De tu familia.

—¿¡Cómo!? —le preguntó ella asustada, pero antes que pudiera atraparlo par preguntárselo de nuevo, él ya había desaparecido de su lado. ¿De qué conocería Reik a los Creisores?

Después de una intensa jornada de prubas, todas las estudiantes de La Cruz del Sur se encontraban agotadas y algunas más alegres que otras.

—¡Por fin ha terminado esta tortura! —se alegró Nora mientras bebía su refresco.

—¡Lo hemos hecho de lujo! —la felicitó Lilah porque ambas habían logrado clasificarse por los pelos.

—Yo no diría tanto —le contestó humildemente Nora mientras iba a buscar a Alysa entre la multitud.

Su amiga, la primera de la clase y número uno de toda la escuela había llegado inexplicablemente la última, y como era un hecho insólito e inaceptable, el señor Talos la había cogido por banda.

—Sé que puede suponer mucha presión —le decía él—. Pero no puede dejarse llevar por sus nervios, ¿qué pensarán de nosotros si la mejor estudiante llega la última?

—Lo siento —se disculpó Alysa.

—Bueno, haremos una excepción esta vez y permitiremos que siga con las pruebas. Tanto usted como yo sabemos, que reúne las cualidades para ser parte del proyecto.

—Pero he fallado —le insistió ella.

—No hace falta que sea tan modesta, usted tiene las mejores notas. Por supuesto que un mal ejercicio no supondrá nada para un expediente impecable como el suyo.

—Muchas gracias —le contestó Alysa bastante cabreada porque su plan no había surtido efecto.

—A la próximo lo hará mejor —le dijo el director, y con una palmadita de ánimo en la espalda que no necesitaba, se despidió.

—¡Menuda mierda, Nora! —se descargó Alysa con su amiga.

—¿Qué ha ocurrido?

—Sigo en la clasificación.

—Felicidades —le contestó Nora.

—Déjate de historias, ¡no quiero esto!

—Pues empieza ha hacerte a la idea.

—¡Que no! —le gritó, y Alysa se apartó de ella hecha una furia.

A pocos metros de ellas dos terrenis masculinos no dejaban de conversar sobre el insólito final de la clasificación.

—¡No puedo creérmelo! —le decía Zale a Reik— Nuestro precioso diamante ha quedado la última.

—No importa —le contestó Reik con una sonrisa—. Aunque ha intentado perder, sigue estando en la clasificación —porque lo quisiera o no, que fuera una diamante era motivo más que suficiente para formar parte del proyecto.

Después de una larga ducha y de haber intentado silenciar su mal humor, Alysa se encontraba regresando a su habitación para encerrarse entre sus libros de magia y lamentaciones.

—No deberías desanimarte —la sorprendió un chico no muy alto apoyado en la puerta de su dormitorio.

—¿Vanir?

—El mismo —le contestó con una sonrisa mientras cruzaba sus brazos—. Yo te apoyo.

—¿En qué?

—En tu boicot para perder las pruebas.

—Yo no…

—Shhh —le dijo Vanir levantando un dedo en señal de silencio—. No hace falta que me digas nada, comprendo tus motivos y sinceramente, si hubiera podido yo… —pero entonces él se calló como si se le hubiera escapado algo que no quería contarle.

—Creo que eres el único que lo entiende.

—No todos somos como el resto, pero no te va a resultar fácil conseguirlo.

—Eso ya lo sé.

—Como ya te habrán dicho, eres demasiado buena.

—Demasiado, esa es la palabra infernal.

—Y aunque la gran mayoría de los alumnos de esta escuela darían casi cualquier cosa para poder ser como tú, tú solo deseas huir.

—¡Exacto! —le contestó Alysa asombrada por lo mucho que ese terrenis entendía sus sentimientos.

—Entonces es mejor que huyas —le dijo Vanir—. Desaparece para que nadie pueda encarcelarte —le dijo sin pestañear ni alterar su tono.

Alysa se quedó paralizada por las palabras de Vanir, ese terrenis de mirada profunda que parecía mucho más joven le acababa de proponer un plan peligroso. Huir de la prueba significaba dejar toda su vida atrás; la escuela, la familia y sus amigas.

—Pero, ¿a dónde? —le preguntó sin terminar de comprenderlo.

—Eso debes descubrirlo tú —le contestó él—. Pero deber irte ya o será demasiado tarde.

—¿Y por qué no huyes si tanto desprecias estar aquí? —la expresión entristecida de Vanir fue el detonante para Alysa.

—Ya te lo he dicho, es demasiado tarde para mí.

<CAPÍTULO ANTERIORÍNDICECAPÍTULO SIGUIENTE>

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Acerca de: Clover

¡Bienvenida a mi mundo plagado de soñadoras! Llámame CLOVER, soy la autora de este cuaderno, una ovejita más del rebaño, #cloveradicta, escribo historias románticas sin parar, atípica por convicción y amante de la libertad por fanatismo. ¿Te unes al rebaño de las que soñamos despiertas? (¡Desde este lado el mundo es un poquito más bonito!).

2 thoughts on “Colores mágicos: capítulo 3 – Un ónice muy peligroso”

  1. Cynthia dice:

    Ok, ahora ya no me cae tan bien Vanir. Hay algo raro en él, por más empatía que sienta hacia Alysa. Y me llama la atención eso de los ónices.
    He quedado con ganas de más, así que espero el próximo capítulo.
    ¡Besos!

  2. Clover dice:

    ¡Hi! Vanir es un chico “curioso” (y eso no sé si es bueno o malo >_<). Creo que no deberás esperar demasiado para el siguiente capítulo (¿quizá mañana? jojojo). ¡¡Gracias por apoyar esta historia!!

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