Colores mágicos: capítulo 22 – ¡Marionetas!

colores mágicos

¡Feliz día! Y si no lo estáis teniendo, no os preocupéis, que mañana seguro que vuelve a salir el sol. ¡Ánimo!

Los domingos siempre me han gustan especialmente por muchos motivos: es día festivo, tengo comida familiar, y lo más importante, es día de publicación. Pero este domingo de hoy me gusta especialmente porque os traigo los Colores mágicos, historia que tengo que obligarme a dejar de escribir o me pasaría las noches con ella (¿se necesitan más pruebas de lo mucho que me gusta lo que hago?).

Explicar lo que siento cuando escribo me resulta complicado, de hecho, aún no he encontrado ninguna frase que logre captar la esencia de lo que os estoy diciendo al 100%, pero hay una especie de “click” en mi cabeza (no podría definirlo mejor) que hace que cuando me siento delante de mi portátil (o cuando estoy con una libreta y un bolígrafo) me transporte a otro lugar. Espero que vosotros también hayáis experimentado semejante sensación de casi perfección, si no es así, ¡seguid buscando! La felicidad puede estar a la vuelta de la esquina, ¡nunca se sabe!

Y ahora me despido de este escenario y os dejo con los terrenis en plena acción. ¡Hasta el miércoles! Besos.

Colores mágicos

Capítulo 22 – ¡Marionetas!

Nora abrió sus ojos mientras notaba como si acabaran de sacudir cada una de las células de su cuerpo, entonces se sorprendió al darse cuenta que se encontraba de pie. Nunca en toda su vida se había quedado dormida frente a una maldita puerta… ¿Qué demonios? Y acto seguido recordó que la última persona con la que había estado había sido Amaranta. ¿A caso ella le habría hecho esto? No lo dudó ¡había sido ella! Solo Amaranta poseía semejante poder.

Un amargo sentimiento de decepción y traición volvió a sacudirle el pecho y no pudo evitar sentirse dolida de nuevo por su maldita culpa. Amaranta, Amaranta, Amaranta… repitió sin cesar su cabeza mientras contemplaba sus manos aún dormidas y se sentía como una marioneta en sus manos. Un maldito títere que no se había percatado de sus hilos hasta que Amaranta había entrado en su mente y la había dormido para acallarla. ¿Podría haber cambiado tanto en todos estos años como para hacerle esto? Porque a juzgar por todas las horas en que Nora se había quedado dormida estaba claro que sí. Entonces se enfureció por haber sido tan inocente y haber caído en su trampa y tomó una firme determinación. Si a partir de ahora su prima pretendía hacer las cosas de esta forma, que así fuera. Por su parte Nora no volvería a acudir a su prima para pedirle ayuda, pero más le valía a Amaranta que la próxima vez que intentara manipularla estuviera bien preparada. De hecho, Nora no le permitiría una “próxima” vez. ¡Por encima de mi cadáver!, pensó con resignación sentándose en la cama para terminar de despertarse.

Zale estaba de los nervios, desde que Amaranta se había encerrado en su habitación no había vuelto a saber nada más de ella. Ahora él se encontraba delante de su puerta como un perrito faldero manteniendo una incesante guardia hasta que ella se dignara a salir. Pero parecía que Amaranta era incapaz de encontrar lo que había ido a buscar allí dentro. Y si bien sabía que ella lo estaba haciendo por el bien de todos, y precisamente por eso no había entrado como un huracán, no podía evitar pensar que cuanto más tiempo pasara, más lejos estaría su amigo.

Ante tal desolador panorama, Zale solo podía seguir esperando y esperando mientras esa agonía le estaba resultando eterna. Tranquilízate, se había repetido cada vez que se había alterado más de lo normal o cuando se había cruzado con alguno de sus compañeros de las Rosa Dorada. Todos al verlo allí parado le habían preguntado qué hacía y entonces, él les había contestado con una sonrisa despreocupada en sus labios que estaba esperando a un compañero. ¿Delante de la puerta de Amaranta?, le habían insistido, y él se había acercado a ellos para susurrarles que era Reik encontrándose furtivamente con su prometido. Entonces todos sus compañeros se habían reído ante esa interesante visión y habían seguido su camino sin hacer más preguntas. Pero sus excusas se estaban acabando, no lograría repetir la misma excusa uno y otra vez sin levantar sospecha, y lo peor de todo es que Nathael podría aparecer de un momento a otro y preguntaría por Reik.

¡Mierda!exclamó mientras revisaba el pasillo para asegurarse que se encontraba despejado. Entonces clavó su oído en la puerta de la habitación de Amaranta con la esperanza de escuchar algo. Nada, se decepcionó después de unos segundos sin escuchar nada más que su leve respiración junto al crujido de alguna pared, y cuando estaba a punto de retirarse y volver a su posición de inicio, notó que algo se movía y que se iba acercando. En cuestión de segundos Zale se percató que acababan de abrir la puerta y que su cuerpo se estaba cayendo hacia el suelo y entonces, pegó un salto hacia atrás y terminó dando una voltereta que lo llevó a aterrizar de pie en el suelo.

—¿¡Se puede saber qué estabas haciendo!? —le preguntó Amaranta con los ojos abiertos como platos porque se había asustado.

—Estaba intentando… —pero cambió rápidamente el tema de conversación cuando se fijó en el rostro visiblemente pálido de ella. En realidad Amaranta nunca había sido demasiada morena, su piel siempre se encontraba unos tonos por debajo del tono de Zale, pero le llamó particularmente la atención que en ese momento estuviera bastante más blanca de lo usual con un ligero tono morado— Oye, ¿te encuentras bien?

—¿Lo dices por mi cara de muerta? —le preguntó sacándole importancia al asunto—. Solo algo cansada. Me ha costado mucho encontrarlos.

—¿Los has visto?

—No lo sé, no ha sido como siempre —le contestó algo confundida mientras se apoyaba contra el marco de la puerta y se apartaba su melena castaña de los hombros.

—¿A qué te refieres?

—No he tenido la misma sensación de siempre. Parecía como si estuviera viendo un sueño o algo más improbable.

—Pero tus visiones son siempre eso, probabilidades.

—Lo son, pero cuando las tengo las siento como reales. Es difícil de explicar con palabras, pero nunca había tenido visiones tan poco “reales”.

—Entonces, ¿sabes qué puede significar este cambio?

—Puede que sea solo la realidad de uno, que no sea la verdad. Pero tampoco estoy muy segura.

—Si alguien puede entender tus visiones eres tú —le contestó Zale acercándose a ella para tranquilizarla—. Ahora dime dónde están —le insistió pasándole un brazo por el hombro porque parecía que de un momento a otro fuera a caerse.

—Los he visto acercándose a la Primera base.

—¡Lo sabía! —exclamó Zale maldiciendo la cabezonería de Reik.

—Quieren liberar a los terrenis que siguen metidos allí, al menos es lo que he visto en los pensamientos de Alysa.

—¿Y los de Reik? —le preguntó mientras ella tomaba aire como si el mero hecho de respirar fuera un sacrificio.

—De él solo he visto a fragmentos, ideas contradictorias y sin sentido. Esto es muy raro, Zale, conozco a Reik y es al que menos he visto.

—¿Crees que nos quiere ocultar algo? —le preguntó. Amaranta abrió sus ojos color caramelo y se quedó mirando los de Zale unos segundos.

—Puede, pero sé que si nos está ocultando algo es por un motivo —se excusó sintiendo la necesidad de proteger a su prometido.

—¿Y ahora qué crees que debemos hacer?

—Hay que… —pero entonces cerró sus labios morados de repente.

—¿Qué? —le insistió Zale, y al momento se tensó al notar una mano en su hombro.

—Sé que Reik se ha largado —le susurró Vanir antes que Zale pudiera darse la vuelta para afrontarlo.

—No es así —le mintió él mientras Amaranta se escondía detrás de Zale como si ese terrenis de cabello rubio fuera un escudo protector.

—¡Venga, hombre! Si pretendes engañarme deberías sonar más convincente —le respondió con tono provocador Vanir mientras se ajustaba el cuello de su uniforme negro y dorado.

—No tengo nada que hablar contigo, si nos disculpas, esto es una conversación privada.

—No voy a chivarme —le insistió ese rubí como si pudiera leer los pensamientos de Zale—. Sé que lo ha hecho para ir a salvar a los terrenis que Nathael ha dejado allí.

—Cuidado con lo que dices —le contestó Zale—. Cualquiera diría que estás insinuando traición —un pecado gravísimo entre las Rosas Doradas que se pagaba con la vida.

—¿Yo? —le preguntó Vanir con fingida sorpresa— Solo sé más de lo que Nathael desea saber —le explicó mientras Zale y Amaranta guardaban silencio porque sabían que hacía referencia a su episodio en la Primera base donde casi pierde su vida.

—¿Cómo sabes tú que Reik quiere ir a buscarlos? —le preguntó en ese momento Amaranta.

—Porque me lo dijo.

—¿A ti? —le preguntó Zale con una mezcla de escepticismo y ofensa porque su mejor amigo hubiera confiado antes en él.

—Yo soy menos problemático que tú, no me interpongo en el camino suicida de los demás —le dijo. Escuchar esas palabra provocó un escalofrío helado en el cuerpo de Amaranta—. Solo quiero ayudaros.

—¿Y por qué deberíamos confiar en ti?

—Porque intenté convencerlo para que me dejara ayudarlo, pero parece empeñado en hacerlo todo por libre. Sé que tú no lo dejarás solo así que déjame acompañarte. Tampoco es que tengas muchos más Rosas Doradas a los que acudir.

—¿A cambio de qué? —le insistió Zale acercándose tanto a él que pudo ver cada uno de los tonos color tierra de los ojos de Vanir—. Me cuesta verte fugándote de aquí y quebrantando alguna de las normas.

—Eso déjamelo a mí —le contestó muy serio—. Mis motivos son míos.

—¡Claro! Una respuesta muy lógica que me deja mucho más tranquilo —le contestó con sarcasmo.

—Tienes pocas opciones, ¿no? O aceptas mis condiciones o cada uno va a la Primera base por su lado.

—¿Tan empeñado estás en ir al matadero? —le preguntó. Vanir asintió sin decirle nada más— Está bien, supongo que dos son mejor que uno —aceptó Zale mientras Amaranta se acercaba a él para preguntarle.

—¿Estás seguro de esto?

Zale no le contestó, no lo sabía, solo se quedó contemplando a su compañero y rezó para que no le acarreara más problemas de los que ya tenían.

Cuando Nora se despertó por completo, aprovechó para salir de su habitación e ir a buscar a Zale. Dado que su mejor amiga, Alysa, no había contactado con ella cuando supuestamente iba a llamarla, le debían una explicación. Antes que pudiera llegar a encontrar a Zale, se cruzó con un destello turquesa y se dio cuenta que esa era su prima vestida con otro de sus resplandecientes vestidos. Sus vestidos destacaban en una base repleta de uniformes negros y dorados. Eran como una explosión de flores primaverales dispuestas a fertilizar cualquier rincón con vida. Esta vez usaba uno que le llegaba hasta las rodillas y llevaba su melena castaña recogida en un elaborado moño. Ella la contempló con rabia contenida sin saber muy bien si gritarle o ignorarla y ceñirse a lo que verdaderamente importaba: su amiga Alysa. Al final, esa espina que tenía clavada dentro de Nora pudo más que el resto y se convenció que tampoco importaba demasiado si antes de ir a buscar a Zale descargaba un poco de la tensión que había estado acumulando.

—¿¡POR QUÉ ME LO HICISTE!? —le preguntó Nora gritando tanto, que a pesar que ella se encontraba en el otro lado del pasillo, Amaranta se detuvo y se giró— ¿¡Por qué!? —le insistió mientras el rostro de su prima se contraía. Amaranta se quedó muda. Esa muñeca delicadamente vestida no le contestó, solo la miró con lástima y eso fue el límite para Nora— Todos tenían razón —le escupió mientras sus ojos se nublaban por el rencor—. Eres una mala persona. Hay algo malvado en ti.

Amaranta la escuchó en silencio mientras se iba acercando a ella, pero como esa muñeca parecía decidida a mantenerse callada, Nora aprovechó para soltar todo lo que quiso; le gritó, la insultó y le dijo aquello que estaba segura iba a hacerle más daño.

—Vete —le susurró Amaranta a su lado en un tono muy bajo casi imperceptible—. Vete —le repitió.

—¿Se puede saber qué dices? —le preguntó Nora. Amaranta la empujó nerviosamente hacia la derecha— ¿Qué haces? —le insistió mientras Amaranta le ponía una mano encima de su boca para que se callara.

—Por lo que más quieras, Nora, sigue este pasillo y no mires atrás —le aconsejó. Como los ojos de Nora parecían tan perdidos y enfurecidos aún, ella tuvo que encontrar las palabras exactas para hacerla entrar en razón—. Zale y Vanir van a ir buscar a Alysa. Se ha fugado con Reik para ir a liberar a los terrenis que dejaron en la Primera base. Nadie más lo sabe aún, pero es cuestión de tiempo.

—¿Alysa está afuera?

—No puedo ayudarte más que esto, puedo llevarte con ella —le contestó llorando—. Lo siento por todo.

—Gracias —le contestó Nora a punto llorar porque en el fondo Amaranta seguía siendo su fiel amiga.

—No hay tiempo. Abre esa puerta —le dijo indicándole la puerta del final del pasillo—. El tercer armario a la izquierda. Métete dentro y da cinco golpes en el suelo.

—¿Y después?

—Alguien te abrirá, no le preguntes nada ni lo mires. Solo sigue el pasillo hasta el final. Allí estarán Zale y Vanir. Pero acuérdate de correr mucho, Nora, ellos no te esperan.

—¿Y si no llego a tiempo?

—Entonces deberás encontrar la Primera base por ti misma.

—Está bien —le dijo Nora mientras le daba un beso en la mejilla—. Perdóname tú a mí por ser una estúpida.

—Siempre hemos sido amigas —le dijo Amaranta como si eso pudiera justificar las imperdonables palabras que Nora le acababa de decir.

—Volveremos a vernos pronto —le prometió Nora. Acto seguido salió disparada por el pasillo en busca de ese armario para dar los cinco golpes en el suelo.

Zale y Vanir acababan de salir por una puerta que pocos Rosas Doradas conocían. De hecho, ni ellos mismos habían conocido de su existencia hasta que Amaranta les había hablado de ella. Ella era una terrenis muy poderosa para los suyos, llena de conocimientos secretos que llegaban a resultar abrumadores. Por eso, como arma letal y perfecta que era, la mantenían en un estricto control. Para Amaranta salir de esa base era imposible, se encontraba constantemente vigilada y controlada por Nathael y el resto así que sabía que no podría ayudar a sus amigos desde fuera por muy preocupada que estuviera. Y a estas alturas ella lo estaba, no solo por los terrenis que aún se encontraban en la Primera base o por su prometido, Zale, Vanir o Alysa, ahora también lo estaba por sus visiones confusas, por esas “cosas” que no entendía su cabeza, una cabeza acostumbrada a entenderlas todas.

Ahora Zale con el aire fresco de cara y el sol calentándole la piel no podía dejar de escuchar esa pregunta que le había hecho Amaranta antes de partir con Vanir: ¿estás seguro de esto?, y la verdad es que no le estaba en absoluto.

—Deberíamos ir por allí —le indicó Vanir que ya se había cambiado de ropa y se había puesto unos cómodos pantalones marrones y una camiseta verde militar.

—No hace falta que me lo digas —le contestó molesto porque lo tomara por idiota—. Déjame un momento.

—No tenemos tiempo —le insistió Vanir analizando el terreno con ojo crítico—. Sabes que cuatro terrenis desaparecidos en menos de veinticuatro horas hará saltar todas las alarmas.

—Creo que nos estamos olvidando algo.

—¿Algo? —le preguntó él sin pestañear.

—Es una sensación.

—Déjate de paranoias. Estar con Amaranta te ha vuelto loco. Vámonos ya, ¡venga! —le insistió dándole prisa.

—¡Espera! —exclamó Zale fijándose en la puerta por donde habían salido— Mierda, esto se está moviendo.

—¡Joder! —jadeó Vanir mientras cambiaba sus ojos al rojo e intentaba colocarse en un lugar estratégico. Zale hizo lo mismo con sus ojos y en un momento se colocó cerca de la puerta dispuesto a atacar a quien quisiera salir de ella. Entonces nada más abrirse esa puerta contuvo el aliento y esperó que asomara el Rosa Dorada que pretendía capturarlos. Una sombra en movimiento le indicó que iba a salir mientras Zale saltaba a su encuentro y lo inmovilizaba contra el suelo. Cuando él estaba a punto de colocarse su mano derecha en su cabeza para hacer eso que sabía hacer tan bien como ónice, se fijó que esa cabellera castaña de un tono claro le era sumamente familiar.

—¿Nora? —le preguntó apartándole el cabello del rostro.

—¡Casi me matas! —le gritó ella como si fuera un animalillo salvaje enjaulado.

—¿Se puede saber qué haces aquí?

—Amaranta me lo ha explicado, ella ha sido la que me ha mostrado este camino.

—¡Mierda! —masculló Zale mientras se lamentaba porque Amaranta hubiera decidido ser una bocazas en el peor momento— No puedes acompañarnos.

—¿Por qué no? —le preguntó molesta— Me prometiste que Alysa iba a llamarme y no ha sido así.

—De eso no tengo la culpa —le dijo mientras la seguía manteniendo aprisionada contra el suelo—. Si tu amiguita ha decidido fugarse…

—¡Tiempo muerto! —los interrumpió Vanir— Os levantáis ya para marcharnos o en menos de dos minutos estamos muertos —les advirtió, y como ninguno de los dos le contestó, Vanir se impacientó— ¿Cuánto tiempo creéis que van a tardar en darse cuenta que faltan cinco terrenis?

—No hay tiempo —reaccionó Zale poniéndose de pie mientras le daba la mano a Nora.

—No soy inútil —le contestó ella levantándose sola.

—Eso ya lo sé, solo quería esto —le contestó señalando el pequeño puñal que le había colocado en la garganta y que ahora estaba en el suelo.

—Vaya —le dijo Nora enrojeciendo.

—¡Vamonos! —les gritó Vanir arrancando a correr. Tanto Zale como Nora lo siguieron en silencio mientras ninguno de los tres estaba muy seguro de lo que iban a buscar. De hecho, cada uno de ellos tenía sus propios motivos, algunos ocultos y otros expuestos, que decidieron mantener así. Quizá las razones de cada uno eran difíciles de entender por los demás, pero fueran las fueran de lo que sí estaba seguro Zale, es que las suyas iba a mantenerse inalterables. Iba a correr tras su mejor amigo aunque le costase la vida, tras ese terrenis rubí al que jamás le había podido pagar todas las veces que había dado la cara por él.

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Acerca de: Clover

¡Bienvenida a mi mundo plagado de soñadoras! Llámame CLOVER, soy la autora de este cuaderno, una ovejita más del rebaño, #cloveradicta, escribo historias románticas sin parar, atípica por convicción y amante de la libertad por fanatismo. ¿Te unes al rebaño de las que soñamos despiertas? (¡Desde este lado el mundo es un poquito más bonito!).

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