Colores mágicos: capítulo 20 – Rompiendo moldes

¡Hola a [email protected]! ¿Vamos a por un día repleto de magia?

Si el domingo pasado aparecía por aquí con un espíritu guerrero y reivindicativo (si no leíste mi publicación sobre cosas que no soporto en las novelas quizá te gustaría hacerlo), hoy reaparezco con una actitud mucho más pacífica y conciliadora. Hablar de paz cuando hablamos de los Colores mágicos parece casi una contradicción (son seres peligrosos y sometidos a mucha presión), pero entenderéis que ese es “su mundo” y que así deben ser “sus” cosas. Si no entiendes el motivo por el que os digo esto seguramente sea porque no habéis empezado a leeros su historia, aquí más abajo en “sinopsis” encontraréis el primer capítulo (sentíos libre de hacerlo).

Y ahora sí, me voy revoloteando hacia otro lugar maravilloso.  ¡Abrazos mágicos con destellos luminosos para todos! (Así de rara soy yo X_x). Hasta el miércoles.

Colores mágicos

Capítulo 20- Rompiendo moldes

Cuando Zale logró atar todos los cabos sueltos de su plan respiró aliviado. Si bien ahora necesitaba arrancarlo cuanto antes baja expresa amenaza de Nora, y esa era la parte más compleja y delicada, adentrarse junto a Reik en la boca del lobo le brindaba una posibilidad de éxito.

—No necesitas bajar conmigo —le insistió de nuevo Zale a Reik, porque desde que había tenido esa conversación con Nora, su amigo parecía profundamente afectado.

—Si vas a correr el riesgo, yo te acompaño. Esto es en parte por mi culpa.

—¡No es así! —le contestó molesto. Reik le colocó una afectuosa mano en el hombro para darle las silenciosas gracias por sus palabras.

Reik entendía la visión y preocupación de Zale al dedillo, pero como ambos habían tomado la decisión a la par, era justo como miembros de la Rosa Dorada que eran, que acarrearan también juntos las consecuencias de sus actos tanto para lo uno como para lo otro.

—Acuérdate de cerrar la puerta cuando entres —le recordó Reik mientras sacaba su teléfono del bolsillo y tecleaba un código para poder controlar las cámaras de seguridad.

—Lo sé, está controlado —le contestó Zale con el rostro serio. Él mejor que nadie sabía lo difícil que podría resultarle darle el teléfono a Alysa. Ser una sombra invisible dentro de una de una base custodiada por las Rosas Doradas parecía una utopía y gracias a dios, Reik había conseguido convencer a Amaranta para que los ayudara y poder tener así unos minutos de absoluta ceguera visual.

—Amaranta me acaba de mandar el mensaje —le informó Reik metiéndose el móvil dentro del pantalón.

—Perfecto.

Zale cambió en un segundo el color de sus ojos al negro más absoluto tal y como lo habían acordado. Sus ojos eran de un tono incluso más profundo del de la noche más cerrada que pudiera existir; una noche sin luna, luz ni estrellas.

—Me largo primero —le susurró Zale cuando la puerta que tenían delante se abrió, y arrancó a correr pasillo abajo mientras confiaba plenamente en Reik y Amaranta.

Zale era plenamente consciente que el más mínimo error por su parte significaría que lo descubrieran todo, no solo significaría un expediente abierto, miles de preguntas inoportunas y grandes problemas, sino que si llegaban a la raíz de sus motivos podrían incluso acusarlos de traición. Por eso, se movió lo más ágil y sigilosamente que pudo a través del pasillo repitiendo estratégicamente el camino mental que se había hecho. Cuando Zale llegó al lugar donde sabía que debía encontrarse la Rosa Dorada que custodiaba la puerta de Alysa la expresión seria y concentrada de Zale se transformó en una sonrisa despreocupada. Esa era la máscara que él siempre usaba ante los demás, su disfraz de que las cosas le iban de lujo cuando no lo hacían o que era sencillamente un tonto bobo que no se enteraba de nada cuando en realidad, para su propia desgracia, se enteraba absolutamente de todo.

—Buenas noches —saludó cortésmente al hombre de media melena que iba perfectamente uniformado y se lo miraba con recelo—. Amaranta desea hablar con usted.

—Ahora mismo no puedo moverme de aquí, señor —le contestó con voz monótona. Zale le sonrió mientras le entregaba su teléfono móvil.

—No hace falta —le contestó mientras lo contemplaba y esperaba pacientemente. Zale solo necesitó esperar unos segundos para que Amaranta hiciera aquello que mejor se le daba y ese terrenis alto, fuerte y de mirada feroz, terminara cayendo al suelo como si fuera una pluma. Entonces Reik apareció con sus ojos rojos y cogió rápidamente el teléfono del suelo para hablar.

—Gracias, te debo una —le dijo a su prometida en un tono afectuoso y le entregó el teléfono a su amigo.

—Entro yo, tú quédate en la puerta por si acaso —le ordenó Zale mientras Reik inspeccionaba al Rosa Dorada que descansaba inconsciente a sus pies.

—Antes deberíamos apartarlo de aquí.

—¿Dónde quieres meterlo? —le preguntó. Reik señaló la habitación donde debía estar Alysa.

—¿Con ella? —le preguntó Zale.

—No va a matarla, solo está cumpliendo órdenes —le explicó. Ambos cogieron a ese hombre que se encontraba durmiendo en el suelo y Reik se lo cargó encima de su hombro derecho—. Ábreme la puerta —le ordenó a Zale señalando la puerta donde debía estar Alysa.

Alysa se encontraba exhausta, ya no sabía cuántos días habían pasado desde que no había visto la luz del sol, había hablado con alguien o se había alimentado con algo más que esas insípidas comidas que supuestamente eran la mar de nutritivas pero que sabían fatal. Encerrada en ese habitación empezaba a experimentar claustrofobia, ella jamás había temido a nada, pero ahora cada vez que cerraba los ojos necesitaba abrirlos para asegurarse que no se encontraba enterrada bajo tierra. Mientras luchaba para intentar descansar a pesar de sus constantes sobresaltos, la puerta de su habitación se abrió de un golpe y un hombre cayó  a sus pies. Horrorizada, no tardó ni medio segundo en percatarse que se encontraba muerto y automáticamente todas sus alarmas se dispararon y sus ojos cambiaron al inmaculado blanco.

—¿Alysa? —la llamó alguien desde el otro lado de la puerta— Soy Zale —le dijo ese chico entrando en la habitación. Entonces ella lo analizó rápidamente y se dio cuenta que efectivamente era él. Se encontraba como siempre, con su cabello rubio algo despeinado, sus ojos azules brillantes y una sonrisa encantadora en su rostro. Vestía ropa deportiva oscura y parecía algo más maduro y agresivo que de costumbre.

—¿Qué le has hecho? —lo acusó señalando al hombre del suelo.

—No es lo que parece —se excusó—. Solo está inconsciente.

—Pero…¿Cómo? —le preguntó. Esta vez no le contestó él sino el segundo hombre que lo acompañaba y que acababa de entrar en la habitación.

—Amaranta nos ha ayudado —le explicó Reik que para sorpresa de Alysa llevaba puesto el uniforme de las Rosas Doradas. Esos tonos negros y dorados le sentaban excepcionalmente bien. Parecía que su cuerpo hubiera nacido para llevar ese tipo de trajes elegantes y por la forma en que inconscientemente se erguía, parecía que a él le complacía.

—¿Qué queréis?

—Toma —le dijo Zale acercándose rápidamente a ella y mostrándose su teléfono—. No tenemos mucho tiempo. Nora necesita saber que te encuentras bien.

—¿Ella está bien? —le preguntó Alysa más preocupada por su amiga que por ella misma.

—Está preocupada —le contestó Zale mientras le sujetaba la mano para entregarle el teléfono—. Habla con ella. ¿Sabes dónde puedes guardarlo sin que te lo encuentren? —Alysa asintió—. Ahora debemos marcharnos.

—¡Esperad! —les gritó Alysa— ¿Sabéis por qué estoy aquí? ¡No entiendo nada! —les confesó algo confundida y avergonzada.

—No lo sabemos —le mintió Zale mientras tiraba de la chaqueta de Reik para que saliera por la puerta—. Adiós.

Sale cerró la puerta de la habitación de Alysa y suspiró para expulsar toda la tensión que había estado acumulando. Al final lo habían logrado, Alysa ya tenía el teléfono para hablar con Nora y nadie se había percatado de nada. Pero cuando Zale empezó a andar para regresar a su habitación cuanto antes e irse a dormir, notó que la puerta de la habitación de Alysa se abría de nuevo.

—¿¡Qué haces!? —le preguntó a Reik horrorizado.

—No te preocupes, vete a dormir. Tú ya has cumplido con tu palabra.

—Pero, ¿estás loco? ¡Va a despertarse pronto y te descubrirán!

—No lo harán, sé lo que me hago —le dijo. Zale dudó de sus palabras porque eso era imposible—. Tienes que ir a decírselo a Nora, seguramente ella te está esperando.

—Más te vale que te encuentre esta noche en tu cama —lo amenazó Zale que estaba a punto de explotar, acto seguido salió disparado para contárselo todo a Nora y olvidarse del tema.

En cuestión de segundos Reik se quedó solo en el pasillo mientras entraba de nuevo en la habitación y Alysa se sobresaltaba.

—¿Qué haces aquí de nuevo? —le preguntó sin recibir respuesta. Reik se limitó a coger el terrenis del suelo y a sacarlo fuera como si fuera una bolsa de basura. Entonces entró de nuevo allí dentro y cerró la puerta.

—Te debo una disculpa —le dijo él mirándola muy serio—. Estas aquí por mi culpa —se sinceró. Para sorpresa de Reik ella le sonrió mientras cruzaba sus brazos.

—Lo sé, te dije que si no recibo las respuestas adecuadas soy capaz de encontrarlas por mi misma.

—¿Te crees muy lista, verdad? —le preguntó acercándose a ella mientras Alysa no se dejaba amedrentar por ese exquisito uniforme negro y dorado que la estaba cegando.

—Sé a qué has venido —le contestó levantando su rostro para retarlo.

—¿Vas a ayudarme sin protestar?

—Explícame en qué consiste tu plan y ya veremos —le contestó mientras se recogía su melena en un moño algo despeinado.

—Si eres tan lista deberías saberlo ya —le replicó él tirando de la goma con la que se acababa de atar su cabello y éste le caía en cascada por su espalda.

—Creo que estás utilizando el tono equivocado —le dijo ella—. Un “por favor” ahora sería adecuado.

—Yo no soy adecuado —le confesó él que se estaba divirtiendo más de lo que lo había hecho durante todos esos días, y como ella dio un paso dubitativo hacia atrás, Reik sintió la necesidad de atraparla y presionarla un poco más. Él saltó hacia Alysa y entonces, ella se cubrió instintivamente con sus brazos mientras sus ojos blancos afloraban.

—¿Quién te ha hecho esto? —le preguntó él inmóvil mientras contemplaba las marcas rojas de sus muñecas.

—Nadie —le dijo tirando nerviosamente de su camiseta para esconderlas.

—¿Qué han hecho contigo? —le insistió Reik acercándose tanto a su rostro que ella solo podía contemplar sus oscuros ojos.

—Aquí cuesta no perder el control —le confesó ella. De hecho, Alysa había estado tan agitada durante las últimas horas, que la habían tenido que atar porque la medicación parecía haber dejado de hacerle efecto.

—¡Esto tiene que terminar! —exclamó Reik mirándola fijamente mientras ella no sabía si se lo había dicho a ella o a sí mismo. Entonces Reik se levantó de un salto y alargó una mano hacia ella.

—¿Qué haces? —le preguntó Alysa poniéndose de pie sin su ayuda.

—Tienes que salir de aquí.

—¿Irme? —le preguntó sorprendida porque un miembro de la Rosa Dorada estuviera aconsejándole que se fugara.

—Irnos —le matizó Reik mientras la agarraba de la mano con fuerza y el color de sus ojos cambiaba al rojo. Entonces tiró de ella y la cargó como si no pesara nada. Automáticamente Alysa recordó aquella vez que Reik la había cargado de la misma forma llevándola de nuevo a la escuela de La Cruz del Sur para que participara en el proyecto Atenea aunque ahora parecía estar haciendo justamente lo contrario y eso, solo la confundió aún más. No terminaba de comprender en qué bando se encontraba ese chico, parecía estar en el suyo propio y ser fiel a sus propias normas y principios.

—No me mires así —le dijo Reik mientras se la llevaba de allí—. Sabes que te necesito —le dijo. Cuando Reik pronunció esas palabras tan sinceras y personales lo hizo apretando un poco más la mano de Alysa como si realmente sintiera que la necesitaba  su lado.

Zale llegó a la habitación de Nora y llamó a su puerta, rápidamente ella apareció agitada y con los ojos enrojecidos y supo que había estado llorando.

—Toma—le dijo dándole un teléfono—. Ella te llamará cuando sea seguro. Así sabrás que está bien.

—¿Cómo lo has conseguido? —le preguntó sujetando ese teléfono como si no se creyese que con él pudiera escuchar la voz de su amiga de nuevo.

—¿A caso eso importa? He cumplido con el trato. Buenas noches.

—Gracias —le dijo ella mientras sujetaba el teléfono contra el pecho—. Muchas gracias —exclamó Nora tirando del bajo de la camiseta negra de Zale para que no se fuera.

Entonces Zale se dio la vuelta y se encontró a Nora, a esa pequeña y dulce terrenis extremadamente fuerte y noble que parecía no amedrentarse ante las adversidades por muy poco poderosa que pudiera llegar a ser. Su convicción la hacía más fuerte, capaz de alcanzarlo todo sin necesidad de ningún ojo de color. Los suyos tal y como eran resultaban preciosos.

—Sé que la echas de menos.

—Estoy muy sola sin ella —le dijo pegando su rostro a la camiseta de él.

—No estás sola, Amaranta y Reik me han ayudado.

—¿Ella también? —le preguntó sorprendida porque había estado buscando a su prima desesperadamente por la base y no la había encontrado.

—Es tu prima, sois familia.

Escuchar esa palabra, familia, derritió a Nora por dentro como si fuera una vela de cera y en ese momento sentía que toda la cerca calienta que iba cayéndose al suelo la iba uniendo más y más al chico que estaba abrazando. Zale se quedó consolando a Nora mientras la notaba temblar bajo sus brazos. Ella era tan pura y noble que hacía destacar la parte más corrupta y desalmada de él mismo. Pero por extraño y contradictorio que pareciera eso, no podía evitar sentirse atraído por semejante explosión de luz blanca. Nunca había conocido a una persona así, tímida pero extremadamente valiente cuando su fin lo justificaba, con las ideas tan claras y con el bien y el mal tan bien perfilados que todos sus principios con las Rosas Doradas parecían palidecer a su lado. Entonces Zale empezó a dudar si realmente el lugar apropiado para Nora sería estar con ellos, si bien ella estaba prácticamente sola en el mundo, era lo suficientemente fuerte como para poder forjarse, con el tiempo, una nueva familia a su manera. Los Rosas Doradas no siempre respondían a las códigos éticos de Nora, y Zale empezó a sospechar que perturbar sus ideales de esta forma tan fría terminaría por rasgarla.

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Acerca de: Clover

¡Bienvenida a mi mundo plagado de soñadoras! Llámame CLOVER, soy la autora de este cuaderno, una ovejita más del rebaño, #cloveradicta, escribo historias románticas sin parar, atípica por convicción y amante de la libertad por fanatismo. ¿Te unes al rebaño de las que soñamos despiertas? (¡Desde este lado el mundo es un poquito más bonito!).

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