Colores mágicos: capítulo 2 – ¿El diamante es el mejor amigo del hombre?

¡Bienvenidos! ¿Cómo habéis empezado el día? (Lo sé, a veces cuesta mucho, mucho, mucho levantarse de la cama XD).

Hoy vengo la mar de contenta, nerviosa y emocionada a la vez porque por fin, os traigo otro capítulo de los Colores mágicos. Ojalá os estén gustando los terrenis, ¡creo que tienen su punto! Como ya sabréis los que me seguís habitualmente, estoy obsesionada con los nombres extraños y la magia, así que con esta historia ya os podéis hacer una idea de lo mucho que estoy disfrutando ^0^.

Sin más, mis queridos #cloveradictos, os dejo con el capítulo de hoy aún más mágico y con más personajes. ¡Besos!

Colores mágicos

Capítulo- 2: ¿El diamante es el mejor amigo del hombre?

Ganar lo es todo. Salir victorioso representa orgullo y honor hacia tu estirpe y un profundo sentimiento de superación. Vencer es en sí mismo lo verdaderamente importante, todo aquello por lo que un terrenis es llevado a este mundo y además, ganar es todo lo que los padres esperan de una hija cuando la mandan a estudiar a La Cruz del Sur.

«¡¡BUENOS DÍAS!! ¡¡A despertarse!!». Estas palabras exactas empezaron a colarse entre las paredes de La Cruz del Sur a unas horas intempestivas. Lilah se había levantado nerviosa por todo lo que deparaba el día así que estaba correteando por los pasillos descalza despertando a sus compañeras.

—¡Despertaros! —gritó mientras abría la puerta de la habitación de Alysa.

—¿¡Lilah se ha vuelto loca o qué!? —preguntó Alysa con mala leche desde su cama cubriéndose la cabeza con el edredón— ¡Dile que deje de gritar!

—Nadie puede detenerla —le contestó Nora saltando de la cama y observando a su compañera saltando por el pasillo— .Está histérica por la competición.

—¡Buenos días, chicas! —las saludó la causante de todo el alboroto. Su cabello rizado se encontraba desordenado y aún iba vestida con su infantil pijama de tonos pastel.

—¡Cállate un poco! —le gritó Alysa lanzándole su almohada, pero su compañera fue más rápida y cerró la puerta satisfecha al ver que había logrado su cometido y que pronto, podría conocer a los terrenis más guapos, sexis e inteligentes del mundo.

—A este paso alguien la matará —suspiró Nora mientras escuchaba los gritos de su amiga aún cuando se había alejado unos metros. Las dos se observaron unos segundos en silencio y empezaron a reírse por lo absurda, loca y descabellada que podía ser Lilah.

A las ocho en punto de la mañana el alboroto de los pasillos se detuvo en seco y todas las alumnas del último curso de La Cruz del Sur, se ordenaron en una fila en el pabellón de deportes.

—Hoy vamos a empezar las pruebas de selección —les informó el directo del centro— .Como ya les avanzamos, hoy realizaremos las pruebas físicas —con estas indicaciones el pabellón se llenó de incertidumbre y cuchicheos— .¡Silencio! Van a entrar a la sala de al lado en grupos de diez, cuando las llamen, preséntense rápidamente. Una vez dentro, les informarán de lo que tienen que hacer. Les recuerdo, señoritas, que estas prueban cuentan para su nota final —y no solo eso porque por la forma en que el señor Talos las estaba mirando estaba claro que esperaba mucho de cada una de ellas.

—¿Crees que tengo alguna oportunidad? —le preguntó Nora a Lilah echa un manojo de nervios.

—¡Claro! Solo tienes que dar lo mejor de ti misma —porque aunque Alysa no quería superar esas pruebas ni formar parte de esa cosa tan misteriosa llamada proyecto Atenea, sabía que su mejor amiga necesitaba sacar la mejor puntuación posible para poder aprobar el curso.

—¡Señorita Fleen! —las asustó la voz de su profesora de historia, y Nora se miró a su amiga un segundo preguntándose porqué de toda la cantidad de chicas allí reunidas, ella era de las primeras.

—¡Tú puedes! —la animó Alysa sujetándole las manos para darle valor y fuerza mientras su amiga se alejaba y se perdía a través de la puerta para hacer la prueba.

Alysa esperó en silencio mientras contemplaba la puerta cerrada y rezaba para que Nora lo hiciera perfecto. Entonces se distrajo cuando las voces de sus compañeras empezaron a gritar.

—¡Son tan guapos! —le dijo Erika pasando de largo a toda prisa y Alysa, se quedó en silencio contemplándolos con disgusto porque definitivamente todas tenían razón y los estudiantes de Las águilas doradas eran casi perfectos.

Al menos físicamente. Un grupo hermoso lleno de harmonía y carisma. Cada uno con sus particularidades a pesar que todos llevaban el mismo llamativo uniforme negro y dorado. Sus ojos se perdieron en el cabello oscuro como la noche de… ¿cómo se llamaba? ¡Reik! Él la miró con esa expresión molesta tan suya y Alysa no puedo esconder su sonrisa.

—¡Señorita Creisores! ¡Alysa Creisores! —y nada más escuchar su nombre, se dio la vuelta y se dirigió para hacer su prueba.

A pocos metros de esa misteriosa puerta, un grupo de terrenis luchaban contra una marabunta de jovencitas para poder llegar hasta el otro lado y poder asegurarse que las pruebas se estuvieran desarrollando según lo establecido.

—¡Por favor, señoritas! —intentó apaciguarlas Greg, el profesor que había acompañado a sus alumnos en su visita a La Cruz del Sur— .Ahora deben apartarse —les insistió mientras iba abriéndose camino para que sus preciados alumnos pudieran llegar a la puerta.

—No debería tensarse tanto —le aconsejó Zale que se encontraba como pez en el agua disfrutando de todas esa atención — .Ellas nos adoran —y mandó un besó al aire para sus recién estrenadas fans.

—¡Haga el favor de controlarse! —le ordenó al ver cómo se habían revolucionado las chicas— .Recuerde que si lo considero oportuno, puedo expulsarlo del proyecto.

—Lo sé —le contestó apretando la mandíbula— .Solo estaba bromeando —pero por el rostro amenazante de su profesor, a él le quedó claro que más le valía dejarse de bromas si quería seguir siendo uno de los mejores alumnos de su promoción.

Pero a pesar de lo descendido y gracioso que podía parecerle el asunto a Zale, para otros estudiantes de Las águilas doradas aquello

Para Reik ese colegio era un infierno, repleto de gritos, empujones y miradas indiscretas. Deseaba encerrarse de nuevo en su habitación porque no había nada allí que fuera de su interés. Entonces recordó a ese diamante tan peculiar que acababa de perderse en esa puerta.

—¿Qué hay en esa puerta? —le preguntó Reik a su profesor.

—¡Allí es donde deberíamos estar! Las pruebas ya han empezado —nada más escucharlo Reik se colocó delante de su profesor y sonrió todo lo que no había sonreído desde que había llegado a La Cruz del Sur.

—¿Podrían apartarse, por favor? —les preguntó a todas las jovencitas que se habían tirado a su pies. Todas ellas empezaron a apartarse algo avergonzadas mientras él avanzaba a toda prisa hacia la puerta.

—¿Se puede saber por qué ahora tienes tanta prisa? —le preguntó Zale manteniendo el ritmo de su amigo, pero él no le contestó, solo se limitó a llegar hasta esa puerta y abrirla.

Alysa no sabía qué hacer, acababan de explicar en qué consistiría exactamente su prueba cuando la puerta se había abierto de golpe y se había encontrado con Reik y el resto de terrenis tras él.

—Creía que ya no vendrían —los saludó la coordinadora de la prueba.

—¡Sus alumnas son unas indisciplinadas! —se quejó Greg, un hombre vestido de arriba abajo de negro que parecía poseer un carácter acorde a ese color.

—No puede culparlas —le contestó la coordinadora mientras se fijaba en los jóvenes que acababan de entrar y se dirigían a ocupar sus asientos.

—¿Ellos van a quedarse? —le preguntó Alysa algo inquieta.

—Sí, tienen derecho a supervisar todas las pruebas —Alysa estremeció por su mala suerte. Si solo hubieran tardado un poquito más y le hubieran dejado terminar la prueba en paz. ¿¡Por qué todo le salía mal!?— .Ahora entra en la sala —le indicó con amabilidad y Alysa, se metió en el cubículo mágico.

Entre esas cuatro paredes místicas podía suceder cualquier cosa. Su coordinadora simplemente le había advertido que esta vez analizarían su grado de supervivencia porque era un rasgo fundamental para el famoso proyecto Atenea.

—Alysa, ahora empezaremos —le informaron a través del altavoz.

Ella asintió mientras la sala se sumía en un silencio sepulcral. El reloj avanzó, sesenta segundos enteros sin escuchar ni ver nada anormal. Permanecía en el centro como una estatua preguntándose si esto era algún tipo de tomadura de pelo o una broma. ¡Espera! Un fogonazo incasdencente, un relámpago rojo se acercaba a ella con violencia. ¡Protección! Alysa convocó todos sus escudos y terminó mandando el relámpago bien lejos.

—Perfecto —escuchó la voz de su coordinadora por el altavoz— .Ya puedes salir —ella se quedó en shock unos segundos porque no había pretendido hacerlo perfecto— .Un ejercicio impecable, como se esperaba de ti.

—Gracias —le contestó frunciendo el ceño.

—¡Diamante! —la llamó Zale antes que se fuera. Alysa se giró y se encontró con ese terrenis que la estaba saludando con la mano y haciendo la señal de la victoria.

—¡Madre mía! —se quejó ella cerrando la puerta de un portazo. ¡Todo le estaba saliendo al revés!

—¿Se puede saber por qué está tan enfadada? —se preguntó Zale aún con el brazo levantado.

—Quiere perder a propósito —le contestó Reik.

—Pero si lo ha hecho perfecto, ¡ni se ha puesto nerviosa! —porque tal y como les habían explicado, ese ejercicio no servía solo para saber qué clase de escudo eran capaces de invocar sino que mostraba sus instintos más primarios ante la incertidumbre. Uno en situaciones de estrés, pánico o miedo se paraliza, se vuelve torpe y a veces, algo inútil e inservible pero nada de eso le había sucedido a ella. Alysa se había mostrado tan relajada y con tanto temple, que había resultado impresionante.

—Yo la comprendo —los interrumpió Vanir, el terrenis más bajito sentado en una esquina y que parecía ser el más inofensivo— .Yo tampoco quería participar en esto.

—¡Silencio! —le gritó Greg— .No vuelvas a repetirlo —y por su mirada, estaba claro que sus amenazas iban más allá de las meras palabras.

Nora le mostró una sonrisa de oreja a oreja a Alysa.

—¿Cómo te ha ido?

—Bien —le contestó con el rostro apagado porque la verdad, es que sin quererlo, lo había hecho perfecto.

—A mí también —le contestó Nora bailando— .He sido capaz de no ponerme nerviosa y he podido esquivarlo.

—¿Lo ves? ¡Podías hacerlo! —Nora la abrazó cariñosamente mientras ambas se alejaban del pabellón.

—¿Qué te parece si vamos a la cafetería? Esta mañana estaba tan nerviosa que no he comido nada.

—Vale, pero solo si vamos a comer al jardín.

—Hecho.

Nora y Alysa habían comprado un par de bocadillos y se habían sentado en un banco del jardín para disfrutar del sol, el triunfo de Nora y de su pequeño tentempié.

—¡Ahora haz un pez! —le ordenó Nora.

—Basta ya, estoy cansada.

—¡Hazlo! —le insistió haciendo un puchero. Alysa extendió sus manos, hizo un círculo en el aire y de él, salió una pequeña nube en forma de pez— ¡Es un pez muy feo! —se quejó.

—No soy experta en peces —se disculpó. Ambas observaron la nube deformada que estaba ascendiendo al cielo para reunirse con las demás.

—Perdonad que os interrumpa —les interrumpió una sombra saliendo de entre los arbustos. Nora se cubrió la boca al reconocer al terrenis rubio de sonrisa atractiva— .Creo que tu amiga quería esto —Zale extendió sus manos con gracia, hizo el mismo movimiento que Alysa y de ellas, salió un elegante pez.

—¡Qué bonito! —le dijo Nora, y él le sonrió mientras se sentaba con ellas.

—Esta mañana no te he visto en la prueba.

—He sido la primera en hacerla.

—Creo que llegamos tarde. ¿Cómo te ha ido?

—Perfecto —le respondió Nora sonriéndole.

—Ya me lo imaginaba —le contestó sujetándole su mano con delicadeza mientras de ella hacía brotar una bonita flor de color turquesa.

—Es preciosa —le dijo ensimismada.

—Tus ojos lo son más —le contestó Zale fijándose en sus ojos azules. Nora era un ser extremadamente delicado, algo tímido, menudo y con la tez pálida como la harina pero con un par de mejillas sonrojadas cuando se avergonzaba— .Tienes los ojos más bonitos que jamás haya visto —le confesó Zale en un arranque de sinceridad, porque algo en ese par de pozos cristalinos lo obligaban a comportarse algo mejor con ella.

Alysa se alejó en silencio y dejó a su amiga con Zale mientras se sonreían. Un poco cursi, pensó al ver la flor azul entre los dedos de Nora. ¿A quién quería engañar? En el fondo no podía negar que se trataba de un gesto la mar de bonito.

Mientras paseaba por el jardín pensando cómo sería vivir un momento así, escuchó un fuerte estruendo acompañado por una gran llamarada muy cerca de las habitaciones. ¿¡Fuego!?, se preguntó asustada corriendo. Al llegar donde había visto las llamas se encontró con tres terrenis vestidos con el uniforme negro y dorado. ¿Águilas doradas por aquí?

—¿Se puede saber qué hacéis? —les preguntó irritada porque dentro de su colegio estaba terminantemente prohibido practicar ese tipo de magia fuera de los lugares habilitados.

—Nada —le contestó un atractivo chico pelirrojo.

—¡Estabais convocando fuego! —les gritó enfadada más por el hecho que la estaban tomado por estúpida que por lo que habían hecho.

—Te equivocas —le contestó con chulería. Los tres empezaron a reírse. Alysa en ese instante empezó se fijó en la risa estúpida de ese chico pelirrojo, una sonrisa burlona, hiriente y tan repugnante que…

—Yo no me equivoco.

—Será mejor que te vayas, chiquilla.

—¡Estabais…! —le insistió ella.

—¡Lárgate! —y el compañero del pelirrojo, un chico de cabello largo oscuro, se acercó silenciosamente para empujarla.

—Eres tonta —le contestó mandándola al suelo— .Te has caído tú solita —ella los contempló desde el suelo mientras notaba cómo la ira le quemaba la garganta.

—Creo que me habéis malinterpretado —les contestó poniéndose de pie— .Me gustaría disculparme —y Alysa les sonrió mientras se acercaba a ellos.

—Aceptamos tus disculpas, ¡ahora lárgate! ¡Deja de molestarnos!

—¡No! —le contestó ella como en un gruñido, y en cuestión de segundos sus ojos se transformaron en un par de diamantes mientras invocaba su esfera blanca. Cualquier terrenis con estudios sabía lo que esa esfera significaba, una declaración abierta de guerra que muy pocos podían aceptar de parte de un auténtico diamante.

—Perdónanos —farfulló ese chico pelirrojo con el mismo tono de cachorro malherido—. Ya nos largamos —y en un suspiro esos tres desaparecieron de allí y Alysa se quedó sola con su esfera.

—¡Mierda! —se lamentó haciéndola desaparecer, pero se encontraba tan alterada que no era incapaz de cambiar sus ojos.

—¡Deberías pegarme! —le gritó alguien desde el camino, y en un chasquido un elegante terrenis vestido con el uniforme de Las águilas doradas apareció delante suyo— .Pégame —la provocó un chico algo bajito, de cabello castaño y ojos verdes pero que parecía estar muy seguro de lo que decía.

—¿Qué estás diciendo?

—Pégame y desahógate —le dijo cambiando sus ojos al rojo.

—También eres un rubí —le contestó ella ahogando una exclamación.

—¿También? —le preguntó Vanir— .Veo que ya conoces a Reik. Ahora pégame, sabes que no puedes dañarme —y esa frase tan chulesca por su parte, fue lo que la impulsó a pegarlo. Alysa sacó toda la frustración que había sentido por culpa de esas risas burlonas y terminó lanzando su esfera blanca contra ese chico de ojos rojos que no le había hecho absolutamente nada.

—¿Mejor? —le preguntó él que no se había movido ni un ápice.

—Creo que sí —y los ojos de Alysa volvieron a su color natural.

—Me alegro, me llamo Vanir, y esos tres son idiotas.

—Yo soy Alysa —se presentó ella— .Y creo que tienes razón.

—Te conozco, te he visto en la prueba, eres un diamante muy interesante.

—Gracias —le contestó ella algo avergonzada porque ella no se acordaba de él.

—Si me disculpas, ahora tengo que irme. Pronto nos veremos —y Vanir pegó un saltó delante de sus narices y desapareció como por arte de magia.

A Alysa le resultó sencillo darse cuenta de la amenaza que representaba Vanir. Los terrenis más poderosos usualmente se sentían atraídos entre ellos, pero algo en la forma de actuar de ese chico le había indicado que podía llegar a ser mucho más letal de lo que aparentaba.

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Acerca de: Clover

¡Bienvenida a mi mundo plagado de soñadoras! Llámame CLOVER, soy la autora de este cuaderno, una ovejita más del rebaño, #cloveradicta, escribo historias románticas sin parar, atípica por convicción y amante de la libertad por fanatismo. ¿Te unes al rebaño de las que soñamos despiertas? (¡Desde este lado el mundo es un poquito más bonito!).

One thought on “Colores mágicos: capítulo 2 – ¿El diamante es el mejor amigo del hombre?”

  1. Cynthia dice:

    Me quedó la curiosidad con Vanir, y eso que me cayó bien el chico. Reik se me hace un poco más molesto, pero no niego que es el tipo de personaje que termina gustándome después.
    Se va poniendo cada vez mejor.
    Seguiré leyendo.

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