Colores mágicos: capítulo 18 – El dorado me deslumbra.

¡Hola! A pesar que venga con cierto retraso, ¡sigue siendo miércoles!

Últimamente estoy poniéndome las pilas con ciertos tema de internet (el saber no ocupa lugar) y la verdad es que estoy alucinando. Por cierto, si no me seguís por las redes sociales no sé a qué estáis esperando (prometo estar más activa por allí ahora que empiezo a entender cómo funciona el tema >_<).

Y si seguimos hablando de cosas nuevas que he aprendido, no os podéis ni imaginar todo lo que he descubierto sobre las piedras preciosas escribiendo los Colores mágicos. Siempre os animo a que las busquéis por internet (yo siempre escribo con una fotografía de ellas a mi lado), pero es que viéndolas en una fotografía los terrenis me parecen algo más reales. ¿Os pasa?

Me despido revoloteando hacia otro lado. Nos vemos el domingo, ¡abrazos!

Colores mágicos

Capítulo 18- El dorado me deslumbra.

Cualquier tipo de plan, estrategia o maniobra no terminaba de cuajarse en la mente de Alysa. No sabía exactamente qué era lo que le estaba fallando pero parecía que dentro de su cabeza se le estaban atontando las neuronas. Poseía indicios suficientes para sospechar que algo muy raro y peliagudo se encontraba detrás de las secretas acciones de las Rosas Doradas, las visiones de Amaranta y sus objetivos entonces, ¿por qué a estas alturas estaba tan perdida?

—¿En qué piensas? —le preguntó Nora mirándola sin pestañear mientras se recogía su melena en un moño.

—¿No te parece raro que aquí nadie esté haciendo nada para ayudar al resto de los terrenis? —le preguntó Alysa sacando uno de los pantalones deportivos blancos de una de las bolsas que había traído Lilah.

—Tampoco sabemos qué están haciendo exactamente. Podrían estar sacándolos de allí ahora mismo.

—No termino de creerme la historia que nos contó Nathael. Creo que lo hizo para que nos mantuviéramos al margen y calmadas.

—¿Crees que nos explicaron una mentira? —le preguntó Nora.

—No una mentira completa, pero sí que omitieron parte de la verdad. Partes bastante esenciales, diría yo.

—¡Eso es tan propio de su conducta!

—¿Y si su propósito no es salvar al resto de terrenis? —le preguntó Alysa asustada.

—¿Insinúas que podrían dejarlos allí? ¡Su deber es protegernos a todos! —exclamó Nora indignada a la par que nerviosa.

—Pero quizá exista un —le contestó Alysa acercándose a Nora—. Conflicto de intereses.

—Si eso es cierto, sería terrible —le dijo notando un escalofrío.

—Hay tantas cosas terribles por aquí.

—Ahora explícame cómo puedo ayudarte en lo que estás tramando —le dijo Nora.

—¿Cómo sabes que estoy pensando en algo?

—¡Venga ya! Te conozco mejor que tus padres —le dijo con una sonrisa.

Si bien esa frase era sumamente sencilla de cumplir porque sus padres jamás se habían preocupado en conocerla, Alysa comprendió lo que quería decirle. Nora la conocía mejor que nadie en el mundo incluso, a veces lo hacía mejor que ella misma. En cambio sus padres, la conocían más bien poco. En algún momento de su adolescencia Alysa se había distanciado tanto de ellos, que había terminando sospechando que su mera existencia había sido algún tipo de mera formalidad, un trámite más a realizar en su idílica y programada vida, que no un ser vivo con voz, pensamientos propios y sueños digno de ser escuchado.

—Necesito que hables con Amaranta —le dijo Alysa—. Debemos enterarnos qué vio exactamente y porqué todos parecen mostrarse tan nerviosos al respecto. Quizá si descubrimos el motivo por el que necesitábamos estar aquí, podremos enterarnos de algo.

—¿Y si no quiere decírmelo?

—Empezaremos con medidas diplomáticas —le dijo Alysa—. Sino, pasaremos a métodos más agresivos.

—¡Estás hablado de mi prima!

—Lo sé, pero esto es algo muy grave, Nora. No voy a quedarme aquí con los brazos cruzados cuando sé que están tomando decisiones importantes sin nosotras.

—Solo te pido que tengas cuidado. Amaranta puede meterse en problemas si la presionamos.

—¿Qué quieres decir?

—Sé que ella vino aquí contra su voluntad, y a pesar que ahora parece bastante adaptada, estoy segura que tiene un buen motivo para hacerlo —le explicó. Alysa resopló ante las palabras conciliadoras de su amiga.

—Parece muy bien adaptada, va a casarse con Reik. ¿No te parece eso suficiente?

—¿Y qué? Una cosa no implica la otra —le contestó Nora molesta porque Alysa siempre se ponía a la defensiva cuando hablaban de Amaranta—. Ella quizá quiere ayudarnos pero no puede.

—¡No lo sabemos con certeza! Intenta hablar con ella a ver qué te cuenta y si no te dice nada, después puedes sermonearme todo lo que quieras.

—Sabes que tengo razón —le dijo Nora dándole un abrazo mientras se fijaba en la puerta de su habitación que se estaba abriendo.

—¡Estoy agotada! —exclamó Lilah apareciendo con el cabello mojado después de su ducha y con un montón de ropa entre sus manos.

—¡Te tengo dicho que llames! —le reprochó Nora— ¿Qué llevas allí?

—Ropa sucia —le dijo mostrándole su pijama sudoroso.

—Pues busca un sitio mejor para dejarlo. ¡Apesta!

—¡Podrían habernos dicho dónde se lava la ropa! —gritó Lilah agotada por tanto caos. Últimamente vivía al límite, casi al minuto, y ya no sabía cómo afrontar más minutos sin que su sistema nervioso se sintiera a punto de colapsar.

—A lo mejor ellos no ensucian —le dijo Alysa con sarcasmo porque empezaba a estar harta de que las trataran como unas idiotas.

—Sí, claro, como si fueran dioses —le recriminó Lilah con sarcasmo— ¿Y qué se supone que debemos hacer aquí? Porque lo único que hago yo es ir a entrenar con Gerald como si se estuviera acercando el fin del mundo.

—Al menos tú haces algo —le dijo Alysa tumbándose en la cama mientras el estómago le gruñía—. Tengo hambre.

—Deberíamos ir a desayunar —le contestó Nora que también notaba el estómago vacío.

—Desayunar y lavar la ropa —les recordó Lilah mientras las tres salían de su habitación con el pijama apestoso.

Vanir acababa de llamar a la puerta de la habitación donde supuestamente debían encontrarse Alysa, Nora y Lilah descansando, pero nadie le había abierto. Por eso, como no escuchaba ningún ruido dentro, decidió entrar.

—¿Hola? —preguntó metiendo un pie dentro de la habitación. Vacío, aquí dentro no había nadie, ¿dónde podían haberse ido las tres a estas horas de la mañana? ¿Quizá se habían ido a desayunar?

De camino a la cafetería Vanir tuvo la necesidad de ajustarse varias veces los botones de su uniforme negro y dorado mientras tiraba de sus puños. Hacía tantas semanas que no había llevado esa chaqueta tan cerrada hasta el cuello, que ahora le resultaba algo incómoda y extraña. Últimamente se había limitado a llevar ropa cómoda y holgada que en nada se parecía a su traje entallado, pero a pesar que estaba sintiendo cierta incomodidad, le gustaba el uniforme. De hecho, para Vanir era una seña de su identidad, un símbolo permanente de lo que representaba y hacia dónde debían ir dirigidas todas sus acciones. Mientras éste seguía andando con paso rápido hacia la cafetería saludó a un par de compañeros que le preguntaron amablemente cómo se encontraba. Mejor, les había contestado con sinceridad, porque gracias a dios o a quien fuera, todo el asunto de la Primera Base se había quedado en un mero susto. Un gran sobresalto que por un momento, incluso él, un rubí experimentado, había temido que hubiera podido acabar con su vida.

En el fondo sabía que nada tenía que reprocharle a Reik y a los demás, habían actuado según el código de las Rosas Doradas, dando prioridad a lo verdaderamente importante: su misión, y no dejándose llevar por sentimientos que pudieran entorpecerla. Gracias a ello y a su determinación habían logrado encontrar el mapa que habían estado buscando desesperadamente, ese mapa que los llevaría al epicentro del problema y donde podrían terminar con él. Pero a pesar que Reik hubiera actuado diligentemente y de acuerdo a sus reglas, Vanir no podía dejar de sentirse incómodo. Su compañero no era de fiar del todo, en el pasado los había traicionado, y sabía que este asunto en el que Reik estaba tan implicado emocionalmente, podría terminar haciéndolo dudar. Ahora comprendía porqué Nathael se había mostrado tan interesado en que fuera Reik específicamente el que entrara en la Primera Base con ellos pues gracias a sus lazos familiares, habían logrado cumplir su misión.

Reik representaba una pieza clave para Kilian. El Proyecto Atenea precisaba de un poderoso rubí en lo más alto y ahora comprendía que no podía ser uno cualquier. Tanto Vanir como Reik habían sido sometidos a la misma medicación, y por alguna razón que escapaba a sus conocimientos, solo Reik había mostrado algún tipo de reacción. Cuando Vanir se había seguido encontrado igual de bien que siempre, Reik había empezado a mostrarse más excitado, nervioso y con sus ojos constantemente prendidos en llamas. Por eso seguramente habían querido borrar a Vanir del mapa y le habían empezado a suministrar toda clase de fármacos sin control. Él ya no les era útil para nada en cambio Reik y Alysa, formaban el binomio perfecto para ellos. Ahora lo sabían, el Proyecto Atenea iba principalmente de eso, de su Atenea, que no era otra que la terrenis que se encontraba en ese momento en la cafetería comiendo un gran bocadillo con ganas.

—Buenos días —la saludó Vanir acercándose a su mesa mientras Alysa lo miraba sin dejar de masticar y le costaba reconocerlo.

—¿Vanir? —le preguntó con incredulidad porque no se parecía para nada al Vanir que recordaba. Ahora tenía el rostro lleno de vida y sonrojado, con su cabello negro brillante y una potente mirada verde. Además se había vestido con el precioso uniforme de las Rosas Doradas y con él, parecía algo más alto e imponente.

—¿Tan pronto te has olvidado de mí? —le preguntó sentándose en la misma mesa que ella.

—¿Vienes por algo en especial? —le preguntó Alysa pegando otro mordisco a su bocadillo.

—En realidad quería hacerte unas preguntas.

—¿A mí? —le preguntó sorprendida porque era ella la que quería preguntarle un montón de cosas.

—Me gustaría hablar en privado contigo —le dijo mandando una sutil mirada hacia sus dos amigas.

—Vale —le contestó. Alysa se levantó y ambos se fueron a conversar en el otro extremo de la cafetería.

—¿Cómo te encuentras?—le preguntó Vanir.

—Bien, aunque creo que debería ser yo quien te lo preguntara.

—Ya estoy recuperado, los rubíes somos fuertes —le dijo mientras tiraba del cuello de su uniforme como si lo molestara—. ¿Sigues sintiéndote tan descontrolada como en la Primera Base?

—¿Qué quieres decir?

—La angustia, las visiones… —le explicó mientras la mandíbula de Alysa se tensaba al recordar el pacto de silencio con Reik.

—¿Qué tratas de decirme?

—Intentaron hacerme lo mismo que a ti pero no les funcionó —entonces Alysa se preguntó si su lamentable estado de salud se había debido a meros efectos secundarios o a que sencillamente habían decidido deshacerse de él.

—No te preocupes, ya me he calmado por completo.

—Ya veo —le dijo Vanir—.Y sabes si Reik también…

—Está bien —le mintió mientras aún recordaba cómo se había descontrolado la tarde anterior—. Supongo que él también ha logrado dejarlo atrás.

—Me alegro —le contestó Vanir—. Si os descontroláis podría ser muy peligroso.

Alysa tragó saliva con dificultad mientras notaba los ojos de Vanir fijos en los suyos. ¿Quizá se había dado cuenta de su mentira? Siempre se le había dado bien leer las reacciones de los demás, anticiparse a los hechos y amortiguar daños colaterales, pero con los Rosas Doradas parecía que sus habilidades se habían vuelto algo torpes y poco refinadas. ¿Cómo no iban a serlo? A esos terrenis se les entrenaba para esto y para cosas mucho peores así que estaba segurísima que si seguía hablando, Vanir terminaría por descubrirla.

—No te preocupes —le dijo Alysa para zanjar el tema—. ¿Ahora puedo pedirte un favor?

—Lo que sea.

—Dime dónde podemos lavar nuestra ropa —Vanir la miró sin pestañear—. ¿Nunca lavas tu ropa? —le insistió.

—Claro —le contestó asintiendo—. Me has sorprendido.

Alysa le sonrió mientras expulsaba el aire que había estado reteniendo y se alegró de haberlo dejado lo suficientemente trastocado como para haberlo dejado sin palabras.

Nora acababa de interceptar a su prima justo a la salida de la cafetería, y a pesar que ella se había mostrado algo sorprendida al principio, después le había sonreído con cariño y simpatía.

—¿Podemos hablar? —le preguntó Nora sin poder olvidarse de las palabras de Alysa.

—Ahora tengo algo de prisa…

—Solo será un momento —le insistió—. Sé que han pasado muchos años —empezó a decirle sin saber muy bien cómo debía continuar la delicada conversación—. Pero para mí, nuestros recuerdos son imborrables.

—Para mí también —le dijo con delicadeza su prima—. No debes preocuparte por eso.

—Sé que no tengo derecho a pedírtelo, pero…

—¿Quieres que te cuente lo que vi? —Nora no se sorprendió en absoluto por la franqueza de Amaranta. Ella siempre había sido sumamente intuitiva y capaz de darse cuenta de todo, antes incluso que uno mismo lo viera.

—Solo lo referente a Alysa, Lilah y a mí —le explicó.

—Entonces debería explicarte demasiado —le contestó Amaranta con una sonrisa triste.

—¿Tan malo es?

—Es delicado y peligroso. A pesar que parezca algo bueno ver el futuro, puedo ser devastador.

—¿Crees que si no nos lo cuentas nos estás protegiendo?

—Sé que cuanto menos sepáis de esto, menos probabilidades habrá que suceda algo malo.

—Entonces por qué Zale, Reik y Vanir saben de…

—Es diferente.

—¿¡Por qué son Rosas Doradas!? —le preguntó ofendida. Porque una cosa era respetarlos y otra, que consideraran sus vidas u supervivencia menos importante.

—No es por eso. Ellos son los únicos que pueden salvaros.

—¿Salvarnos de qué?

—Ya te he dicho demasiado —le dijo Amaranta mientras se fijaba en una Rosa Dorada que acababa de saludarla con la mano—. Debo irme, lo siento —se despidió en un tono cálido de disculpa entremezclada con nostalgia. En ese momento Nora no supo diferenciar si había detectado cierto temor, culpa o qué en sus palabras, solo que la había dejado completamente preocupada y que definitivamente, no le había contado nada. ¿Métodos más agresivos?, se preguntó cuando vio a Alysa salir de la cafetería.

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Acerca de: Clover

Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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