Colores mágicos: capítulo 16 – No soy una muñeca

colores mágicos

¡Buenos días! Hoy voy a empezar sin excusas y os voy a contar la verdad: ¡soy un completo desastre! Os quiero pedir mil disculpas por el retraso, sé que este capítulo debería haber estado colgado ayer pero como soy, repito, ¡un completo desastre!, hasta hoy no he podido publicarlo.

Esto solo es una prueba más (sumadas a todas las que ya tengo), de lo mucho que aún me queda por aprender. Y aunque me encantaría que mi cabeza y mi corazón siempre remaran hacia la misma dirección, hay días (o semanas enteras), que esto resulta imposible. Por ello no voy a excusarme más, solo os dejo con este capítulo nacido desde mis entrañas para compensaros (aunque solo sea un poquito).

¡Gracias por vuestra infinita paciencia! Estaré por aquí el domingo con un nuevo capítulo. ^0^

Colores mágicos

Capítulo 16- No soy una muñeca.

Alysa espiaba a Amaranta, Reik y Nathael mientras se dirigían hacia una de las salas más alejada de la base. Entonces Amaranta se detuvo en seco y se dio la vuelta y Alysa tuvo que saltar hacia el otro lado del pasillo para esconderse y esperar a que siguiera andando. ¿Realmente esa chica era la prometida de Reik? Porque ambos no parecían encajar. Amaranta era como una muñeca de porcelana, con su melena ondulada perfectamente peinada y su vestido violeta brillante, en cambio Reik, era un chico rudo y con malas formas. En ese momento Alysa se descubrió a sí misma comparándose con la prima de Nora y se rio. Alysa era una diamante puro y por muy poderosos que fueran los poderes de Amaranta, la fina muñeca de porcelana terminaría rota si se atrevía a meterse con ella.

 —Creo que deberíamos hablarlo en otro lugar —les dijo en ese momento Amaranta con nerviosismo.

—¿No te encuentras bien? —le preguntó Nathael.

—No es eso —le contestó.

Alysa aprovechó el fugaz intercambio de palabras para colarse en la habitación que se encontraba al final del pasillo antes que pudieran verla. Entonces echó un rápido vistazo a su entorno y decidió esconderse en uno de los múltiples armarios que había.

—Aquí estaremos seguros —le dijo Reik a Amaranta mientras entraban en la habitación. Ella contempló su entorno como si no lo tuviera tan claro mientras Alysa contenía la respiración. Quizá el don de la clarividencia no era el único poder excepcional que poseía esa terrenis y quizá poseía cierta sensibilidad especial para notar los espías.

—Ahora que las hemos traído aquí, ¿sigues viendo lo mismo? —le preguntó Nathael cerrando la puerta.

—Necesito tiempo —le explicó Amaranta—. Sabes que mis visiones no son exactas.

—Avísame si cambian —le contestó. El rostro de Nathael le causó un mal presentimiento a Alysa. El general parecía haber visto muchísimas cosas horribles, ¿qué podía ser tan malo que lo estuviera preocupando tanto?

—Todo va a cambiar para mejor —le dijo Reik que se encontraba tecleando unos códigos en una especie de caja metalizada metida dentro de uno de los armarios blancos.

—No lo sabremos hasta que suceda —le dijo Nathael mientras esperaba que la caja se abriera.

Cuando Reik terminó de introducir el largo código la caja de más de metro y medio de altura se abrió sin hacer ruido. Él metió su mano sin pensárselo y sacó un papel.

—¿Es esto? —le preguntó a su prometida. Amaranta se acercó y tocó con sus manos el papel mientras sus ojos se transformaban en dos esferas rosadas brillantes. ¡Así que realmente ella es una piedra de luna!, pensó Alysa, y no pudo evitar sentirse algo fascinada y emocionada porque era la primera vez que veía una en acción.

En ese momento a pesar que Amaranta tenía los ojos abiertos se encontraba muy lejos y estaba experimentando algo terrible que la estaba dañando. Su rostro empezó a ponerse rígido, su ceño fruncido y después de haber apretada la mandíbula con fuerza unos segundos, pegó un grito agudo que los asustó a todos.

—¡Amaranta! —la llamó Nathael en ese momento. Reik la sujetó cariñosamente antes que pudiera caerse al suelo. Alysa observó la escena con incredulidad y escepticismo porque no podía creerse que él la estuviera sujetando de esa forma tan protectora y cariñosa como si fuera una muñeca de cristal. ¡La quiere!, pensó mientras no podía dejar de espiar a ese hombre que sujetaba a su prometida con tanto amor.

—Ya está, Amaranta. Estás aquí conmigo —le susurró Reik en un tono tan dulce y tierno que Alysa creyó imposible. Ese no se parecía para nada al hombre frío, inteligente y luchador que había conocido y entonces, ella recuperó el color natural de sus ojos y le sonrió a él mientras le sujetaba las manos.

—Estoy bien —le dijo Amaranta cuando pudo desprenderse de todo lo que había estado viendo—. Este es el mapa auténtico —les confirmó, y entonces, Nathael dio una palmadita al hombro de Reik y le sonrió.

—¡Sabía que lo lograrías! Ahora podemos empezar a prepararlo todo.

—Pero… —dudó Amaranta— ¿Y si mis visiones no cambian?

—Cambiarán —le contestó Reik con el rostro serio.

—Debemos tener fe, Amaranta —le aconsejó su general guardando el papel dentro de la caja.

—Confío en vosotros —les dijo sonriéndoles.

—¿Nos vamos? —les preguntó Nathael.

—Adelantaos —les contestó Reik—. Yo necesito hacer algo primero.

—Recuerda reunirte con nosotros más tarde —se despidió su general marchándose con Amaranta.

Reik esperó quedarse solo para ir al armario del fondo y abrirlo de repente. Entonces se encontró a Alysa acurrucada en la esquina mientras lo observaba con sus ojos blancos.

—No voy a matarte. No hace falta que estés a la defensiva —le dijo. Ella automáticamente cambió el color de sus ojos.

—¿Sabías que estaba aquí? —le preguntó porque no parecía para nada sorprendido.

—¿Creías que no me daría cuenta? Infravaloras mis poderes.

—Pero… ¿desde cuándo sabes que estoy aquí?

—Desde el principio, no eres muy silenciosa que digamos —ella se ofendió porque siempre lo había sido.

—¿Y por qué no les has dicho que estaba aquí? —le preguntó Alysa saliendo de su escondite.

—No tenemos nada que esconderte aunque tú parece que sí lo tienes.

—¿Que esperabas? Necesito respuestas.

—¡Por supuesto! La señorita más lista de La Cruz del Sur necesita tenerlo todo bajo control.

—¿Ahora a qué viene esta actitud conmigo? ¿Te crees que porque eres un miembro de la Rosa Dorada estás por encima? Te recuerdo que yo no he querido estar metida en este embrollo.

—Sí, en eso tienes razón.

—Me alegra que lo veas así —le contestó algo sorprendida porque no había esperado semejante muestra de honestidad por su parte.

—¿Y has aprendido algo metida allí dentro?

—Solo que tu prometida es excepcional.

—Lo es —le contestó dándole la razón sin dudarlo—. Pero creo que tú buscabas algo más.

—Quiero saber qué es ese mapa y qué es lo que Amaranta vio en sus visiones.

—¡Vaya! No te andas por las ramas. Al menos tienes el coraje de preguntármelo directamente.

—No te equivoques —le dijo ella poniendo las manos en las caderas—. Si no me respondes buscaré yo misma las respuestas.

—Eso no lo dudo —le dijo Reik como si se estuviera divirtiéndose. Alysa no pudo evitar pensar que a pesar que Amaranta y él parecían quererse, ella era demasiado pasiva para él.

—Sigo esperando tu respuesta —le exigió ella que estaba perdiendo la paciencia.

—Creía que preferías buscarla por ti misma. ¡Busca!

—Lo haré si no me convencen tus explicaciones.

—Entonces me quedaré callado —le contestó Reik pasándose una mano por su cabello mientras se lo despeinaba un poco—. Quiero ver hasta dónde eres capaz de llegar.

—Soy muy capaz de llegar hasta el infinito —lo provocó ella.

—No sé por qué eso no me sorprende en absoluto —le dijo Reik mirándola a los ojos. Él los seguía teniendo oscuros y brillantes pero por un segundo le parecieron rojos—. ¿Deberíamos empezar a descubrir dónde se encuentra tu límite?

—Quizá —le contestó ella mientras los ojos de Reik cambiaban rápidamente al rojo fuego y la empujaba contra uno de los armarios blancos. A pesar que él se había movido enérgicamente y la había pegado contra la puerta de uno de esos armarios producidos en serie, no le había hecho daño. Reik solo había querido capturarla para demostrarle quién era el más fuerte de los dos pero algo que no esperaba ese rubí, es que un diamante posee una tenacidad de acero.

—¿Debería estar asustada? —le preguntó Alysa con sarcasmo mientras cambiaba sus ojos al blanco.

—Deberías —le dijo con una sonrisa malvada mientras sus dos esferas rojas que tenía por ojos no dejaban de brillar con intensidad. Reik entonces acercó su rostro al de Alysa y cuando ella notó la respiración de él en su cuello, lo agarró con fuerza por la garganta y lo estampó contra la puerta del armario donde había estado escondida.

—¡Mierda! —gritó él cuando se dio cuenta que acababa de romper la puerta y que la cabeza le estaba sangrando un poco.

—Deberías aprender a controlarte —lo sermoneó mientras Reik se masajeaba la cabeza—. A tu prometida no le gustaría enterarse de esto y a mí, me resulta vomitivo.

—Esto es… —le contestó él mientras contemplaba la sangre de su cabeza.

—¡Es sangre! —le dijo ella que no podía creerse su cara de espanto por algo tan simple como sangre.

—No, lo que acaba de ocurrir.

—Es por esa mierda de experimento —le contestó Alysa sin darle la menor importancia.

—¿Lo sabes?

—Te lo he dicho, soy capaz de enterarme de las cosas por mis propios métodos. Sé que ese día nos hicieron algo. Tú te mostraste tan impresionado como yo por nuestro descontrol.

—Esto puede ser peligroso para los dos —murmuró Reik mientras se arrancaba una de las mangas de su camiseta para taponar la herida.

—Lo sé, mientras no nos pongamos nerviosos creo que podemos controlarlo.

—Escúchame, Alysa, no puedes decírselo a nadie.

—¿Por qué?

—Porque creen que no nos afectó.

—¿No se lo has contado a ellos? —le preguntó señalando la puerta— ¿Ni a Nathael?

—No —le contestó con vergüenza.

—¿Y si se enteran?

—Entonces te aislarán. Tú y yo somos un peligro. Si se enteran van a apartarme de esto y yo…

—Es algo que necesitar hacer —le dijo Alysa recordando todo lo que le habían contado sobre su padre.

—Hay mucha mierda de mi familia en esto. Así que necesito hacerlo yo mismo.

—Lo entiendo. Ahora mismo no te envidio, y yo que creía que mi familia apestaba —le dijo Alysa—. Déjame ver la herida —le dijo apartándole el trozo de camiseta que ya se había empapado de sangre—. Tengo que ir a buscar algo para curarte, voy a ir un momento a la habitación de Vanir —le dijo Alysa—. No tardaré ni dos minutos. ¿Me esperarás? —le preguntó presionando el trozo de tela contra su cabeza.

—¿Por qué haces esto por mí?

—Porque comprendo lo que te ocurre. A mí me sucede lo mismo y sé que llegado el momento, tú serás el único capaz de ayudarme.

—¿Crees que si te descontrolas yo podré pararte?

—Sé que no dejarás que suceda nada malo. Ahora me voy o terminarás dejando la habitación perdida.

—¡Espera! —la llamó Reik antes que Alysa pudiera salir de allí—. Te estaré esperando aquí, pero que sepas que creo que eres mucho más fuerte. Tú podrás controlarte.

—¡Gracias! —le contestó ella saliendo como una flecha de la habitación.

Alysa llegó a la habitación de Vanir y se sorprendió cuando se la encontró vacía. Apenas había pasado unas horas desde que lo había visto allí tumbado y ahora ya no estaba allí. ¡No es momento para despistarte!, se reprochó recordando la herida de Reik, y así empezó a coger todo lo que se encontró por los cajones de la habitación que le pudiera servir para curarlo. Pero cuando Alysa ya había cogido todo lo que había podido y estaba satisfecha, la sorprendió el ruido seco de la puerta abriéndose de repente.

—¡Reik! —lo llamó ella asustada mientras se le caía todo al suelo.

—Cualquier diría que acabas de ver un fantasma.

—No sabía quién eras.

—Tardabas demasiado —se excusó—. ¿Se puede saber por qué ibas a hacer con todo esto? —le preguntó fijándose en el montón de material sanitario desperdigado por el suelo.

—Soy mala en estas cosas, no sé.

—Está bien —le contestó rindiéndose por la expresión avergonzada de Alysa—. Ahora muéstrame tus habilidades.

—¡Te estás burlando! —se quejó recogiendo un paquete de gasas.

—No, lo digo muy en serio.

—¿Seguro? —Reik asintió mientras se sentaba en la cama donde antes había estado Vanir— Pero yo no me hago responsable de tu camiseta rota —le advirtió Alysa. Reik empezó a reírse mientras ella le gritaba que se estuviera quieto o no podría curarlo.

¿¡Está mal de la cabeza!? Se preguntó Nora, porque llevaba más de media hora retenida en las garras de Zale.

—¿Qué estáis tramando? —le repitió con fiereza mientras los ojos del color del ámbar de Zale se volvían más oscuros.

—¡Nada! —le explicó Nora por vigésima vez— Solo estaba con Lilah charlando.

—¿Y Alysa?

—Ella es mayorcita y libre.

—Sois como uña y carne —le dijo contemplando sus ojos azules—. ¿Seguro que no estáis tramando algo?

—Te lo he dicho, ¡no! —Nora levantó las manos en señal de rendición.

—Cuando me entere que…

—¿Y por qué te preocupa tanto? —le exigió— ¿Qué crees que estamos pensando?

—No es de tu incumbencia.

—Ahora no puedes quedarte callado. ¡Dímelo! —le ordenó Nora mientras se acercaba a él para desafiarlo a pesar que Zale era más grande.

—No sé si queréis quedaros aquí —le confesó mientras a Nora se le abría la boca.

—¿¡Crees que queremos fugarnos!? —le preguntó gritando.

—Shh…. —le susurró Zale cubriéndole la boca— No grites así —le susurró pegado a su oreja mientras ella notaba como sus rubios cabellos le hormigueaban su mejilla—. ¿Te parece raro? Hace nada que habéis conocido nuestra verdadera identidad, no sé qué pensáis.

—Yo no puedo hablar por Alysa o Lilah, pero puedo garantizarte que yo no soy así. Respeto las Rosas Doradas y respeto lo que estáis haciendo.

—Entonces, ¿qué significa?

—Que si tuviera en mente largarme de aquí, te lo diría.

—¿Prometido? —le preguntó. Nora asintió— Parecías tan seria antes en la cafetería —le recordó Zale—. No sabía en qué pensabas.

—Dime, ¿por qué te preocupa tanto que nos larguemos? ¿Es por la visión de Amaranta?

—Sí —le dijo él mientras repentinamente se ponía nervioso.

—¿Y qué ha visto?

—No te lo puedo decir.

—¿Tan malo es? —le insistió Nora.

—Lo es, pero gracias a que estáis aquí, no va a suceder.

—¿Cómo puedes estar tan seguro?

—Porque aquí todos tenemos confianza en lo que hacemos, sino esto sería un caos.

—Sois muy fuertes —le dijo Nora mientras se fijaba en una Rosa Dorada uniformada que acababa de pasar por su lado—. Y este uniforme es tan bonito.

—Tú estarías preciosa con él —le contestó Zale mientras intentaba imaginársela con esa ropa elegante.

—¿Yo? —se burló Nora— Estaría ridícula —le contestó. Zale la contempló con el rostro serio y le acarició la mejilla con sus dedos.

—Estarías preciosa, Nora —le repitió mientras Nora se fijaba en la triste sonrisa de Zale.

—¿Te ocurre algo? Te noto raro.

—Solo estoy cansado —le mintió—. Creo que deberíamos irnos a dormir.

—Eso me recuerda que aún no sé dónde están nuestras habitaciones.

—Eso tiene fácil solución, voy a mostrártela.

En ese momento Nora no se atrevió a preguntarle nada más. Zale parecía más apagado y perdido de lo habitual, como si ella misma le recordara momentos dolorosos de su pasado. Entonces se preguntó qué podría esconderse detrás de un hombre tan bello que siempre se escondía tras una sonrisa.

Sin duda él no podía encontrarse constantemente feliz ni podía haber vivido una vida idílica. ¿Cuán grande sería la máscara que ocultaba los verdaderos sentimientos de Zale? ¿Desde cuándo? Y mientras ella seguía contemplándolo con preocupación con sus ojos azules, él le sonrió de nuevo.

—¿Qué ocurre? ¿Tengo algo en la cara?

—Lo siento —le contestó Nora colocándole una mano cálida y afectuosa en su mejilla que a él le hizo temblar. Entonces Zale se apartó rápidamente de ella porque se estaba sintiendo incómodo y se preguntó qué diablos le estaba haciendo esa terrenis.

—Debo irme —se despidió él sin mirarla—. Buenas noches.

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Acerca de: Clover

Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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