Colores mágicos: capítulo 15 – ¿Eres tú mi Escolta?

colores mágicos

¡Yeaaah! al más puro estilo de Texas 😀 (y si no le encuentras sentido a mi saludo, no te preocupes).

Solo ha pasado una semana desde que no publico un capítulo y las ansias me estaban devorando (a veces creo que mi peor lectora soy yo misma >_<). Por cierto, quien no sepa qué película ver estos días, ¡muy mal!, que una servidora el domingo recomendó unas películas románticas japonesas de rechupete.

Y ahora vamos a ponernos serios. El que me siga por twitter, Facebook o google+ ya lo sabrá (el que no, debería hacerlo, porque a veces Clover sorprende y uno se pierde estas joyas de la naturaleza). Ayer recomendé el blog de Dreams Paper (¡desde aquí un beso para Fátima!). Un lugar maravilloso al que debéis hincarle el diente (yo estoy enamorada de su sección de mitología griega), pasaros por las WEBS MOLONAS (las + molonas de verdad) para saber más de su blog y del resto (y de paso os animo a participar :P).

Y después del bla bla bla, toca el pum pum pum, o lo que es lo mismo, el capítulo de los Colores mágicos (creo que el calor me está afectando las pocas neuronas cuerdas que me quedaban). ¡Que alguien nos saque de este maldito horno y nos lance contra un refrigerador!

¡¡Hasta el domingo!!

P.d: ¡Por fin agosto! Disfrutad de vuestras vacaciones a tope y a quien le toque trabajar, ¡mucho ánimo!

Colores mágicos

Capítulo 15- ¿Eres tú mi Escolta?

En la habitación donde supuestamente debía estar descansando Vanir, existía de todo menos paz. Desde que Reik había irrumpido como un huracán la tensión era palpable  y toda la harmonía de una agradable habitación destinada a la sanción, parecía haberse esfumado.

—Vanir —lo llamó Reik para cortar el incómodo silencio—. Ahora que ya has conseguido lo que querías —le dijo mientras se lamentaba porque Zale lo había dejado solo—. ¿Qué vas a hacer?

—Creo que eso debería preguntártelo yo a ti —le contestó Vanir con prepotencia a pesar que aún se encontraba tumbado en la cama turquesa.

—No te hagas el interesante conmigo. Tenías razón y yo estaba equivocado. ¿Estás satisfecho?

—Vaya, menuda revelación —le dijo clavándole sus ojos verdes—. Cualquiera diría que era tu vida la que estaba pendiente de un hilo.

—Sabes que a mí me gusta tan poco como a ti lo que está sucediendo, ¡no actúes como si fuera lo contrario!

—¡Claro! Aunque ahora podría recordarte todas las innumerables veces que desobedeciste sistemáticamente a Nathael para encubrir a tu padre —le dijo Vanir pronunciando esas palabras como si fueran veneno.

—¡Ya respondí por ello! —estalló enfurecido Reik porque aún después de todos esos años se sentía profundamente decepcionado consigo mismo. Él había cometido muchos errores, tantos, que aún no había encontrado la forma para poder perdonarse a sí mismo—. Era muy joven y estaba perdido.

—Y repentinamente te has encontrado. Las excusas no nos sirven entre los nuestros —le dijo. Inconscientemente la vista de Reik se deslizó hacia la rosa negra que llevaba tatuada su compañero en el pecho. Tenía razón, para las Rosas Doradas no había lugar para el error, la vacilación o la pérdida de perspectiva. Ellos eran meros cuerpos dedicados íntegramente a un bien superior así que todos los problemas que había provocado Reik por puro egoísmo eran sencillamente inadmisibles.

—¿Por qué me odias tanto? —le preguntó Reik algo angustiado porque Vanir lo había mirado por encima del hombro desde el primer día que se habían conocido.

—No te odio, sencillamente no me fio de ti. Sé que un día volverás a fastidiarlo todo y lo peor de todo es que tus ideas absurdas terminarán por matarnos.

—Creo que me estás dando más importancia de la que me merezco.

—Yo no, lo hace Nathael. Él te escucha demasiado y decidió llevarnos a todos ese lugar suicida, o mejor dicho, a casi mi muerte —Reik apartó la vista y se avergonzó por las palabras francas y sinceras de Vanir—. Tu padre te quiere con vida y por lo que sabemos ahora desea que tú seas su sucesor. No me mires con esta cara de pánico, Reik.  ¿No sería fantástico? Serías un terrenis más fuerte y capaz, incluso de lo que eres ahora.

—A mí no me importa toda esta mierda… ¡por algo me uní a las Rosas Doradas voluntariamente! —le gritó enfurecido, porque lo que más incomodaba a Reik era que Vanir siempre parecía encontrarse en el bando correcto.

—¿Jamás te has preguntado por qué tu padre no se interpuso a que formaras parte de las Rosas Doradas?

—¿Qué quieres decir? ¡Esto es absurdo! Yo tomé la decisión y él no pudo hacer nada.

—Las mentiras no van conmigo. Tú sabes tan bien como yo que si tu padre lo hubiera considerado un problema, jamás hubieras pertenecido a las Rosas Doradas.

—Él no puede controlarme tanto, ¡ya no! Te lo he demostrado y mi plan no ha sido un desastre por completo.

—¿Casi matarme lo consideras un éxito? —le preguntó Vanir.

—Me disculpo por ello. La verdad es que no creía que fuera a suceder tan rápido pero necesitábamos más tiempo para terminar de encontrar los planos.

—Claro, el deber es el deber.

—Hablas como si tú no fueras una Rosa Dorada y no entendieras nuestras normas.

—Lo soy —le dijo Vanir desafiándolo como si fuera él el que creyera lo contrario—. Hubiera dado mi vida en la Primera base con gusto, pero ahora no me pidas que mire hacia otro lado y actúe como si nada hubiera sucedido. Sabes que tú y Alysa ahora sois el objetivo.

—Eso es otro tema —le contestó. Vanir empezó a reirse de manera siniestra.

—¡Otro tema! —exclamó— Ese es tu problema, Reik. Nunca afrontas nada de frente. Sabes tan bien como yo que ahora estamos jodidos, tu padre te quiere más que nunca y la quiere a ella.

—¡Basta! Si se queda aquí no le sucederá nada.

—¿Y si hay que matar a tu padre?

—Ya te dije que lo haría con mis propias manos sin vacilar —le dijo con una mirada fiera.

—Bien —le contestó Vanir con cierto orgulloso en su mirada—. Necesitaba escuchártelo decir de nuevo.

—Ahora tengo que irme —le dijo Reik.

—¿Nos veremos esta tarde donde siempre?

—¿Seguro que ya estás listo? —le preguntó Reik sorprendido porque no esperaba que él retomara su entrenamiento tan pronto.

—¿Dudas de mí? Estoy listo para luchar —le dijo Vanir incorporándose de la cama y poniéndose una camiseta azul que descansaba encima de un sillón.

—Una última cosa, deja de llamarlo mi padre —le dijo Reik mientras sus ojos se oscurecían—. Para mí él es Kilian, un nombre que me gustaría olvidar.

—Pues no lo olvides —le contestó Vanir colocándole una mano encima del hombro—. Recuerda bien qué clase de despreciable hombre es tu padre.

Alysa acababa de recorrerse todos los pasillos de la pequeña base subterránea y a pesar que era modesta y poco profunda, era lo suficientemente caótica como para haberse terminado perdiendo varias veces.

—¡Dios mío, Nora! —la llamó mientras recuperaba el aliento— Llevo rato buscándote.

—Perdona —le contestó con la mirada perdida—. Necesitaba aclarar algunas ideas…

—¿Estás bien?

—Sí —le dijo titubeando—. Bueno, lo bien que podemos estar ahora.

—¡Te entiendo! —le dijo Alysa en un suspiro.

Ella también estaba inquieta, no solo por los terrenis que se habían quedado en la Primera base, sino por todo lo que estaba a punto de desatarse con las Rosas Doradas. Alysa sospechaba que detrás de todo el asunto del Proyecto Atenea había mucho más. Solo habían visto la punta del iceberg, una punta horrible y mortífera que podría serlo aún más.

—Por cierto, ¿sabes que Zale está en la mesa de allí contemplándote como si fueras un cuadro?

—¿Qué dices? —le preguntó Nora pegando un salto— No me está mirando a mí.

—Así que ya lo habías visto.

—Cuesta no verlo.

—Ya —le contestó sonriéndole.

—No me mires así, si tú no vas a contarme nada, yo tampoco.

—Yo no tengo nada que contarte, Nora, pero lo tuyo con él parece tener posibilidades.

—Es un mujeriego, desde que hemos llegado aquí lo he visto hablar con distintas mujeres.

—¿Hablar? ¡Dios mío, Nora! Menuda ofensa, ¡Zale habla con mujeres!

—No te burles, sabes lo que quiero decir —le dijo Nora frunciendo el ceño—. A mí no me gusta jugar con fuego pero él parece encontrarse en su elemento cuando lo hace.

—Es peligroso —le dijo Alysa.

—¡Ya empiezas de nuevo! Que sea un ónice no es lo que lo hace peligroso, sino otras cosas —como sus ojos ambarinos, su sonrisa perfecta o sus labios besándola, pensó.

—No me estaba refiriendo a sus poderes, pero ahora que lo mencionas, está perdiendo puntos.

—Te lo estás tomando a broma, ¿no?

—Nora, esto es lo único que no apesta entre tanto drama. ¿Qué demonios vamos a hacer nosotras aquí dentro? —le preguntó. Las dos miraron a su alrededor y Nora clavó los ojos en Zale.

—No lo sé, pero espero que quien sea se apiade de nosotras.

Un par de terrenis no dejaban de rebotar a través de una habitación cerrada y si no hubiera estado debidamente preparada para poder soportar semejantes golpes, esa habitación se hubiera doblegado con la misma facilidad que un castillo de naipes.

—Creía que serías mucho más… —provocó Gerald a Lilah mientras recuperaba algo de aliento.

—¡Cuidado con lo que vas a decir! —lo amenazó ella saltando para atacarlo.

—Iba a decir débil, pero veo que eres muy fuerte.

—Claro que lo soy.

Entonces Gerald aprovechó un desliz de Lilah para agarrarla por la cintura mientras ella no comprendía su extraño ataque. Gerald era tan alto que Lilah se sentía casi como una niña a su lado aunque a pesar de su gran tamaño y complexión musculosa, no le temía. Durante el entrenamiento él había luchado limpiamente, sin usar ni uno de sus poderes. Habían peleado mano contra mano y piel contra piel. Un ejercicio puramente físico que había ayudado a Lilah a desprenderse de toda su tensión acumulada.

—Esto solo hace preguntarme cómo será ser tu Escolta —le dijo en un susurro que la avergonzó.

—¡Cállate! —le gritó Lilah— Tú no entiendes nada —ni a mí ni a un topacio imperial, pensó para ella misma.

—¿Por qué te molesta tanto? Debería ser algo natural para ti.

—Natural será el día que encuentre mi Esolta. Pero querer presionarme así, me hace sentir como un objeto.

—¿Crees que quiero hacerte daño?

—No lo sé, no te conozco. Y lo poco que sé de ti es que estás obsesionado en ser alguien que no sé si puedes ser.

—¿Obsesionado? No tenía ni idea que pensaras eso de mí. Quizá he sido demasiado directo —le contestó Gerald rascándose la cabeza—. Discúlpame, a veces soy muy bruto.

—Pareces ser el tipo de hombre que siempre consigue lo que quiere a cualquier precio.

—Yo solo deseo lo mejor para los nuestros —le dijo sin titubear.

—Eso suena muy de una Rosa Dorada.

—Por si no te habías dado cuenta —le dijo con una sonrisa—. Yo soy una de ellas.

—Eso parece.

—Debo aprender a darte tu espacio —se disculpó Gerald ofreciéndole una botella de agua.

—Te lo agradezco.

—¿Nos vemos mañana? —le preguntó Gerald tendiéndole la mano para estrechársela.

—Mañana está bien —le contestó.

Ambos se dieron un fuerte apretón de manos para sellar su trato. La mano de Gerald era fuerte, grande y segura. Ese terrenis parecía encontrarse siempre en un lugar bastante confiable y a pesar que ella en un principio lo hubiese encontrado tosco y poco amable, empezaba a comprenderlo. Quizá Lilah se había mostrado tan arisca con él por su incapacidad como topacio imperial y había pagado toda su frustración con quien no debía. A lo mejor ese hombre que se estaba alejando por el pasillo solo quería ayudar a los suyos, en definitiva era una Rosa Dorada y había sido entrenado para eso, ¿no?

­—¡Por fin apareces, Lilah! —la llamó Nora— ¡Dios mío! ¿Estás sudando?

—Estaba entrenando con Gerald.

—¿Se puede saber que le ocurre contigo? —le preguntó Alysa.

—No lo sé.

—Quizá le gustas —propuso Nora.

—No es eso. Quiere ser mi Esolta.

—¿Tú qué? —le preguntó Nora con cara confundida.

—¿Es que no aprendiste nada en clase? —le recriminó Alysa haciendo alarde de sus conocimientos infinitos—. Como topacio imperial Lilah tiene el poder de transferir sus habilidades. Gerald quiere ser su recipiente.

—Entonces deja que lo sea —le dijo Nora.

—Ser mi Escolta exige mucha más confianza —le aclaró Lilah—. Significa darle prácticamente todo mi poder.

—¿Todo?

—El suficiente como para dejar mi vida a su merced.

—Suena terrorífico. ¡Mejor no le des nada! —le aconsejó Nora abrazándola.

—¿Y vas a hacerlo? —le preguntó Alysa algo preocupada— ¿Permitirás que Gerald sea tu Escolta?

—¡No lo sé! Son cosas que no decido conscientemente pero él está empeñado en lo contrario. Se lo he explicado mil veces pero no hay manera. ¡Es un cabezota!

—¿Y no te parece extraño que él quiera ser tu Escolta? —le preguntó Nora mientras acurrucaba su cabeza en el hombro de Lilah.

—Todo de él me parece extraño. Dice que un día va a necesitar mi poder.

—¿Para qué?

—Ni idea.

—¡Esto es tan frustrante! —se quejó Nora— No llevamos ni un día aquí y tenemos más preguntas que antes.

—Tómatelo con calma —le aconsejó Alysa abrazándolas a las dos—. Sospecho que por aquí son así siempre las cosas.

—¡Menudo fastidio! —se quejó Lilah mientras se fijaba que Gerald acababa de girar la esquina del pasillo— ¿Como demonios voy a confiar en él? Si siempre está serio y parece enfadado.

—Es algo reservado pero parece de fiar —le dijo Nora consolándola porque creía que ser de fiar era un atributo muchísimo mejor que ser un mujeriego.

—¡Claro! Quizá podría ser un psicópata pero como apenas habla, nunca lo sabremos.

—Contigo lo hace —la interrumpió Nora—. Hablar, quiero decir. Contigo habla mucho.

—Por este maldito poder mío —le contestó Lilah tirando de sus rizos en un tic nervioso—. Pero seguramente cuando vea que no puede ser mi Escolta me dejará en paz.

—No lo sé —le contestó. Nora se separó de sus dos amigas porque acababa de ver algo—. Allí va Reik con Nathael. ¿Los ves, Alysa?

—No estoy ciega —le dijo con aspereza.

—Y esa de allí es… ¡mi prima! Voy a saludarla.

—¡Espera! —la detuvo Alysa— Creo que va con ellos —le explicó mientras se fijaba que Amaranta seguía a Reik y Nathael como si fuera un perrito faldero—. Necesito enterarme qué están tramando.

—¿Qué vas a hacer? —le preguntó Nora que conocía la expresión de su amiga.

—Me largo a escucharlos. Después os lo cuento todo —le dijo.

—¿Dónde se ha ido? —le preguntó Lilah sorprendida porque acababa de esfumarse literalmente de su lado.

—Ni te molestes en buscarla —le explicó Nora—. Ella es así, un diamante impredecible.

Tanto Lilah como Nora se quedaron en el pasillo esperando a que su impredecible amiga les trajera frescas y novedosas noticias.

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Acerca de: Clover

Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

2 thoughts on “Colores mágicos: capítulo 15 – ¿Eres tú mi Escolta?”

  1. Fatima dice:

    ¡Holaa, guapa! 🙂
    Vaya, en primer lugar, me ENCANTA la imagen que has utilizado para esta entrada jiji que chico oye 😀
    Gracias de nuevo por incluir mi blog en las WEBS MOLONAS ^^ me hace mucha ilusión ♥♥♥
    Por cierto, me apunto “Colores mágicos” tiene buena pinta.. ¡ay! estoy hecha un lío porque quiero leer tanto y no puedo, bueno poco a poco 🙂
    Besitos, ¡nos estamos leyendo! ♥ 😉

  2. Clover Clover dice:

    ¡¡Pillinaaaa!! Con estas temperaturas tan altas creo que este cuerpazo es contraproducente (¡pero no importa!). Ya te dije que me encanta que la familia molona se esté expandiendo (al final conquistaremos el mundo jojojo).
    ¡Relax con las lecturas! que estamos en agosto y no queremos disgustos. Nahhhh, es broma, sabes que siempre eres más que bienvenida. ¡Nos leemos! (me encanta despedirme con estas palabras, suena muy a “blog”).

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