Colores mágicos: capítulo 13 – Una nueva, ¿amiga?

¡Feliz domingo! (y si no es así, quedaros con lo mejor del día y deshaceros de lo malo). “Amaranta”, así es como deseaba titular el capítulo de hoy en un principio pero me pareció un título tan obvio, que al final decidí centrar la historia en otro punto: la amistad. Los que me seguís de otras historias, conoceréis mi obsesión insana por los nombres extraños (juro que cuando escribo me aparecen por la mente nombres estrafalarios antes que David, María o Ana U_u). Aunque pensándolo mejor, nadie puede negarme que Amaranta suena a mujer interesante, bonita y dulce (¿o solo me lo parece a mí?). De cualquier forma, no os quiero anticipar nada (shhhhh). Con el capítulo de hoy conoceremos a una nueva terrenis con un nombre tan extraño que… No sé si odiaréis o amaréis (¡qué emoción!). Bienvenidos a este nueve lugar de las Rosas Doradas, un lugar poco convencional con gente asombrosa. ¡Nos vemos el miércoles!

Abrazos soñadores para todos y acordaros de sonreír SIEMPRE.

Colores mágicos

Capítulo 13– Una nueva… ¿amiga?

Mientras el coche seguía avanzando por insospechados los caminos de tierra, Alysa no píoda creerse que Reik y Zale fueran miembros de la Rosa Dorada. Parecían dos jóvenes normales, demasiado descarados y caprichosos como para formar parte del cuerpo de seguridad más importante de los terrenis. Una institución legendaria, con sus tradiciones, secretos y plagada de terrenis respetables, valientes y honorables. ¿Cómo demonios podían ser ellos miembros? Entonces chasqueó la lengua cabreada con quien hubiera tomado esa decisión de aceptarlos mientras se fijaba en Nora y Lilah que dormían plácidamente a su lado como si no le temiesen a nada.

—¿No puedes dormir? —le preguntó en ese momento Reik que acababa de escucharla gruñir por lo bajo.

—Podría preguntarte lo mismo a ti —le dijo con desgana fijándose en el rostro de Zale dormido.

—Yo no necesito dormir tanto —le dijo él mientras no apartaba sus ojos de los de Alysa y ella, asintió porque le sucedía lo mismo. Los terrenis más poderosos necesitaban descansar menos que el resto para recargarse y eso significaba menos horas de sueño y más tiempo para pensar—. ¿Estás preocupada?

—Según tú, no debería estarlo, ¿verdad?

—Si no lo estuvieras, sería extraño. Es lógico que lo estés.

—Sí —le contestó con fastidio—. Aquí todo es tan lógico y racional que resulta espeluznante.

—Desde que nos hemos encerrado en este coche tengo una duda —le susurró Reik cambiándose de sitio y acercándose a ella—. No sé si estás más cabreada porque acabas de enterarte que soy de la Rosa Dorada o porque estoy prometido.

—¿¡De qué hablas!? —le preguntó elevando tanto el tono de voz que Nora se removió un poco del asiento y ella tuvo que susurrarle que todo estaba bien y que volviera a dormirse— Por supuesto me cabrea lo primero, ¡detesto que me hayáis mentido tan descaradamente!

—Era una cuestión de vida o muerte —le contestó Reik haciéndose el misterioso.

—Como sea, aquí todos vais por libre.

—Tú también lo haces —le dijo—. Vas a largarte, ¿no? Cuando paremos el coche seguramente escaparás.

—¿Por qué estás tan seguro de eso? No lo haré, no soy una hipócrita. Primero necesito escuchar a los tuyos y ver qué está ocurriendo. Jamás dejaría al resto de los terrenis allí dentro desamparados —le reprochó para que supiera que ella jamás los hubiera abandonado de esa forma si hubiera tenido otra opción.

—Eso te honra —le contestó él masajeándose las cervicales—. Pero quizá tu nobleza te lleve a una muerte prematura.

—¡Cállate! No sabes nada sobre mí además, soy más dura de lo que aparento.

—Un poco te conozco. Te he visto luchar.

—¿Eso? Casi me matas una vez, pero no volverá a repetirse. Aprendo rápido las lecciones —le dijo. Reik le sonrió satisfecho y volvió a apoyar su espalda en el asiento mientras Gerald seguía conduciendo en silencio.

¿Cuándo llegarían a ese maldito lugar?, se preguntó Alysa, porque empezaba a impacientarse y a estar hasta las narices de estar allí encerrada. Entonces se acurrucó en su asiento, cerró los ojos e intentó imaginarse cómo serían las cosas a partir de ahora. Durante el trayecto Reik siguió fingiendo que descansaba mientras no podía apartar la vista de la nuca de Alysa. A estas alturas ya conocía el tono exacto del castaño de su melena y la forma en que le caía tan lacia como si fuera una cascada de agua.

—Lo has hecho a propósito —le susurró Zale con los ojos cerrados.

—¿De qué me estás hablando?

—Alysa, la has molestado a conciencia. Recuerda que ya no somos dos estudiantes irresponsables, debes empezar a madurar.

—¿Y tú me hablas precisamente de madurar? —le preguntó con sarcasmo.

—Lo que haga en mis ratos libres es mi problema, pero ahora mismo estamos trabajando.

—Trabajando —repitió Reik en voz baja mientras comprobaba la hora de su reloj—. Esto es más que un trabajo —le dijo, y ambos guardaron silencio de nuevo.

Hasta la mañana siguiente no fueron capaces de llegar donde se suponía que sería el nuevo hogar de Alysa, Nora y Lilah. Habían necesitado cambiar un par de veces de coche por precaución y en todo ese largo y ajetreado trayecto, el único conductor había sido Gerald que había seguido dándole al acelerador sin quejarse.

—Así que este es el misterioso sitio —le dijo Lilah a Gerald mientras se fijaba en el aparcamiento con las luces apagadas— .¡Menudo asco!

—¿Qué esperabas? ¿Confeti y globos? —le preguntó sacando su mochila del maletero.

—No tenemos tiempo que perder —las apresuró Reik—. Vamos dentro —les dijo indicándoles una puerta que llevaba a unas escaleras de cemento.

—Podríais poner ascensor aquí —se quejó Lilah mientras subía los peldaños grises.

—Esta base es bastante improvisada, así que dispone de lo mínimo —le explicó Zale.

—¿Lo mínimo qué es? —le preguntó Alysa para empezar a mentalizarse.

—Ya lo descubriréis —le dijo Zalec mientras las tres esperaban que fuera comida, una cama y aseo.

Después de más de treinta escalones se detuvieron enfrente de una puerta cerrada donde uno a uno tuvieron que poner sus manos en una pequeña pantalla azul para que se las escanearan.

—Ahora estáis registradas —les dijo Zale—. Para siempre.

—¡No nos asustes! —se quejó Nora.

—Era broma, solo es por seguridad. Así no os pasará nada —le dijo guiñándole un ojo mientras ella le sonreía. Al otro lado de la puerta se encontraron con otro frío y solitario pasillo que a Alysa le recordó a la Primera base.

—¿Qué demonios te ocurre con Zale? —le preguntó Alysa a Nora mientras seguían andando.

—Nada, solo es divertido.

—Claro, ¿solo eso? —le preguntó Lilah metiéndose en la conversación— ¿Y no tendrá nada que ver lo guapo que es? —Nora volvió a sonreír de esa manera tan extraña en la que últimamente lo hacía mientras las mejillas se le sonrojaban.

—¡No estamos aquí para nada de esto! —le gritó Alysa.

—Relájate —se quejó Lilah.

—¡No! Esto es serio y grave, haced el favor de centrar vuestras cabezas huecas.

A Alysa no le gustaba ocupara ese papel de gruñona, pero alguien tenía que detenerlas. Estaban allí por algo muchísimo peor y peligroso, y entonces, solo pudo pensar en los pobres terrenis que aún se encontraban en la Primera base y en Vanir, el cual estaría sufriendo muchísimo.

—Hemos llegado —les informó Gerald abriendo la puerta del final del largo pasillo—. Aquí es donde vivimos.

La entrada de la base era un lugar luminoso, con las paredes pintadas de un azul claro y decorada con muebles cálidos y agradables. No era ni muy sofisticada ni muy moderna, sencillamente era un lugar reconfortante donde uno rápidamente podía sentirse como en casa. En ese momento un par de terrenis vestidos con unos uniformes azules se encontraban en el vestíbulo conversando.

—¿Tú también te vistes así? —le preguntó Lilah a Gerald porque le costaba imaginárselo con ese uniforme.

—No, yo siempre voy informal.

—Claro —le dijo ella sonriéndole—. Te pega más.

—La base no es muy grande —les explicó Zale mientras les indicaba dónde se encontraba cada cosa—. Queda prohibido salir de aquí sin un permiso.

—¿Y a quién debemos pedírselo? —le preguntó Alysa.

—A mí —le dijo Reik con cierto tono de superioridad.

—Aquí es donde se come —les siguió explicando Zale—. Está abierto las veinticuatro horas. Por este lado están las oficinas y más abajo las habitaciones. Después os diremos dónde dormiréis. A mano izquierda daréis con el gimnasio y justo al lado, tenéis varias salas de entrenamiento.

—¿Parecidas a las de la Primera base? —le preguntó Nora en su ignorancia porque ninguna de las tres tenía ni idea cómo entrenaban las Rosas Doradas.

—A grandes rasgos, sí.

Mientras Zale seguía explicándoles cómo era la base donde ahora vivirían, Alysa se despistó por el sonido de unas pisadas. Eran muy contundentes y sincronizadas, como si estuvieran interpretando una melodía o marcha. Alysa se apartó del grupo para ver de dónde salía semejante sonido. En ese momento se fijó en el grupo de mujeres y hombres uniformados  que se estaba acercando. Como una bola compacta, se movían en uno con total naturalidad. Las chaquetas de todos eran azul celeste, muy entalladas por la cintura y con unas medallas doradas que les colgaban del pecho. A conjunto, los pantalones eran del mismo tono azul con unas franjas doradas en sus laterales y a ella le pareció la ropa más elegante e imponente que jamás hubiera visto. Todos erguidos y con la vista al frente mientras permanecían en riguroso silencio. En ese momento Alysa se quedó impactada por semejante visión: responsabilidad, orgullo y coraje. Entonces siguió contemplando a ese grupo y  se sorprendió al darse cuenta que en el medio, justo en el centro de la bola, había una chica mucho más joven que el resto y que no se movía con la misma gracia ni contundencia. Tampoco llevaba ese uniforme azul sino que iba con un corto vestido violeta y con su larga melena castaña suelta.

—¡Amaranta! —la llamó Nora nada más reconocerla, y ambas se miraron con los ojos emocionados porque a pesar que habían pasado tantos años, aún podían reconocerse.

—¡Nora! —gritó la chica del vestido violeta fundiéndose en un abrazo. Alysa se quedó congelada porque la prima de Nora era mejor incluso de lo que se había imaginado. No solo era increíblemente poderosa y única entre los suyos sino que encima, era preciosa. Una terrenis serena, dulce y calmada, que al contrario de ella que parecía un animal salvaje, era todo elegancia.

—Buenos días, han llegado antes de lo esperado —los saludó un hombre vestido con un impecable uniforme blanco saliendo de detrás del pelotón—. Supongo que usted es Lilah, la señorita que está abrazando a Amaranta es Nora y falta…

—Alysa —se presentó ella misma saliendo de la esquina donde se había quedado.

—No la había visto —le sonrió tendiéndole la mano para darle un formal apretón y Alysa se quedó muda— ¡Cuanto tiempo! —la saludó con una sonrisa cuando se percató que acababa de reconocerlo.

—¿Jairo? —le preguntó sin poder creérselo.

—Soy el General de esta base, puedes llamarme Nath.

—Nathael —lo corrigió Reik—. Es el General Nathael.

—No hace falta ser tan estrictos con ellas —le replicó su general—. Ellas no son Rosas Doradas.

—Quién sabe, señor —le contestó Zale mientras se fijaba en Nora y Amaranta que no dejaban de llorar y balbucear—.Quizá algún día lo sean.

—Por supuesto —le contestó él con una sonrisa—. Pero esa decisión les pertenece a ellas tomarla. Cuando terminen de ponerse al día, las veo en mi despacho. Creo que tenemos una larga conversación pendiente —se despidió Nathael marchándose con el resto de terrenis uniformados.

—¿Cómo pudo estar un general en la Primera base como si nada?

—Él lo quiso —le contestó Reik—. Aquí dentro hay más Rosas Doradas que podían haberlo hecho, pero él quiso infiltrarse personalmente.

—¿Por qué? —le preguntó Alysa sin comprenderlo.

—Porque yo se lo pedí —le contestó Reik. Entonces se acercó a ella y su voz titubeó—. Tú y yo pudimos haber perdido el control en innumerables ocasiones. De hecho, casi llegamos a perderlo por completo.

—¿Pero cómo hubiera podido Nathael ayudarnos?

—Es un general de la Rosa Dorada, eso hace que me hubiera podido matar sin dar explicaciones si hubiera sido necesario —entonces Alysa lo miró a los ojos y por primera vez se dio cuenta que Reik era de verdad un miembro de la Rosa Dorada. En sus ojos se encontraba esa convicción ciega, el juramente que todos hacían, el anteponer los intereses de todos a su propia vida.

—¡Reik! ¡REIK! —lo llamó Zale— Tu prometida te está buscando.

—Ahora voy —le contestó Reik apartándose de Alysa para ir a saludar a Amaranta.

Nora no podía creérselo, después de todos esos años, ¡acababa de reencontrarse con su prima! La única persona que de verdad la había querido siempre y compartía su sangre.

—Aquí no va a sucederte nada malo —le dijo Amaranta a Nora con tono maternal.

—¡Creía que jamás volvería a verte! Cuando te fuiste, fue todo tan repentino.

—Éramos unas crías —le dijo ella recordando el pasado—. Siento mucho lo que tuviste que pasar tu sola —le dijo abrazándola.

—Ahora tengo buenas amigas, Alysa es como mi hermana —le explicó Nora limpiándose las lágrimas de su rostro.

—¿Es ella? —le preguntó señalando hacia donde Alysa se encontraba.

—Sí, voy a presentártela. ¡Alysa! —la llamó Nora, pero ella fingió no escucharla— ¡Alysa, ven! Ella es Amaranta, mi prima.

—Un placer —la saludó Amaranta sonriéndole—. Gracias por cuidar de mi prima todos estos años.

—El placer es mío —le contestó Alysa sin sentir del todo las palabras que estaba pronunciando. En realidad, Alysa volvía a sentirse tremendamente mal porque Amaranta parecía ser todo bondad y buenas palabras cuando ella se sentía todo falsedad y malicia. Entonces esa chica del vestido violeta se acercó a ella y la abrazó cariñosamente mientras ella se quedaba rígida y sin saber qué hacer con tantas muestras de afecto.

—Mi prima es muy cariñosa —le explicó Nora con una sonrisa.

—Ya veo.

—Ahora si me disculpáis —les dijo Amaranta apartándose de ellas—. Me gustaría hablar con Reik.

—¿Se puede saber por qué tienes esta cara de amargada? —le preguntó Nora cuando se quedaron a solas.

—¿¡Por qué!? —le preguntó ofuscada, y como Alysa desconocía el motivo o más bien, no estaba dispuesta a aceptarlo, se puso a la defensiva— ¿Crees que puedo perder el tiempo con tu estúpida prima mientras está sucediendo lo peor en la Primera base?

—¡Sin ofender! Ella no es estúpida y lo que está pasando no es su culpa.

—¿Y qué? —le dijo cansada y harta de tantos formalismos— No podemos fingir no saberlo, ahora mismo me voy a hablar con Nathael. No puedo estar más tiempo sin saber qué diablos está sucediendo. Vosotras podéis quedaros aquí sin hacer nada y perdiendo el tiempo.

Alysa se marchó hecha una furia mientras le preguntaba a un miembro de la Rosa Dorada que acababa de cruzar el pasillo dónde demonios se encontraba el despacho de su general.

—No sé qué le ocurre a Alysa —le confesó Nora a Zale.

—Solo está preocupada por ti —intentó tranquilizarla—. ¿Estás contenta de haber encontrado a tu prima?

—Mucho —le dijo Nora mientras se fijaba en su prima que había crecido tanto— .Supongo que a Alysa le incomodan los cambios, pero cuando se dé cuenta cómo es Amaranta, le caerá bien.

—¿Estás segura? Amaranta es una terrenis tan poderosa como tu amiga.

—¿Y qué? Alysa no es así, a ella no le importa eso.

Porque si alguna vez le hubiese importado, jamás hubieran llegado a ser mejores amigas. A Alysa le interesaban otras cosas, y a pesar que todos parecía que lo único que veían en ella era ese diamante que se estaba puliendo, Nora sabía que detrás de eso, había una terrenis con sentimientos y emociones. A Alysa le gustaban las cosas más simples y sencillas del mundo, una chica despierta, amante de la naturaleza y que siempre se preguntaba el cómo y el porqué de todo. Quizá por culpa de esa curiosidad genuina había terminado siendo la primera de su clase. Pero todo en su vida no había sido un camino de rosas porque la presión y envidia habían enturbiado su espíritu y la había metido en una espiral donde estudiar y seguir siendo la primera había terminado convirtiéndose en su rutina.

—Quizá ahora que tiene una rival, no quiera perder —le contestó Zale.

—Ya te he dicho que no le interesa ser la número uno.

—No me refiero a eso —le dijo señalando a Amaranta—. Quizá quiere otra cosa —le dijo moviendo su mano para señalar a Reik.

—Estás insinuando que… —se atragantó. Nora se quedó muda mientras se cubría la boca con su mano— ¡Imposible! —le dijo mientras empezaba a dudarlo. ¿Por eso ella había estado tan irritada y arisca con Amaranta?—. Zale, tengo que irme ahora mismo.

—¿A dónde?

—A buscar a Alysa, ¡cosas de mujeres!

—Entonces prefiero no saber nada más.

Lilah vio como Nora acababa de salir corriendo después de que Alysa hubiera hecho lo mismo y se preguntó qué mosca les habría picado para semejante comportamiento idiota entonces, antes que ella pudiera arrancar a correr para perseguirlas y preguntárselo personalmente, notó como alguien le ponía una mano en su hombro y la detenía.

—Quiero que vengas conmigo —le ordenó Gerald—. Quiero que me enseñes esa cosa que hacéis los topacios imperiales.

—¿De qué me estás hablando? —le preguntó enrojeciendo.

—Ya sabes —le dijo Gerald—.Darme tú…

—¡Cállate! —le gritó antes que pudiera decírselo, y lo empujó para apartarlo pero esa masa de músculo no se movió ni un ápice— No puedo hacerlo contigo, ¿eres idiota? Necesito confiar en esa persona.

—Entonces será mejor que nos demos prisa y que empieces a confiar en mí.

—Es algo que no puedo controlar, ¡si ni siquiera sabes cómo funciona!

—Quizá un día te necesite, Lilah.

—¿A mí?

—A ti en mi cuerpo —ella se sonrojó porque entendía lo que le estaba pidiendo. Ceder todo su poder de esa forma era impensable, tan complicado, que no estaba segura que hubiera podido cedérselo a nadie en toda su vida.

—Eso no puedo decidirlo yo —le dijo ella para justificarse.

—¿Entonces quién?

—No es quién, sino qué —le explicó colocándole una mano en su corazón mientras Gerald la miraba sin comprenderlo—. El corazón, estúpido. Eso solo puede decidirlo mi corazón.

Ese hombre alto, fuerte y de cabello corto, solo pudo contemplar a Lilah en silencio sin comprender qué era lo que se suponía que debía hacerle a su corazón. ¿Qué tendrían que ver sus poderes con su corazón? Pero lo que ni en un millón de años podía haberse imaginado Gerald, es que en realidad, un topacio imperial dependía más que nadie de él.

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Acerca de: Clover

Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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