Colores mágicos: capítulo 11 – ¿Soy estúpida?

Bienvenidos por el cuaderno, hoy os doy un cálido recibimiento junto al título más loco que se me ha ocurrido (¿quién en sus santos cabales se pregunta si es estúpida?).

Aunque parezca una pregunta extraña (si pensamos que está formulada en serio y sin sarcasmos) a veces nuestro “entorno” puede llegar a marearnos tanto que llegamos a cuestionarnos si las locas, estúpidas o quizá “raras” somos nosotras mismas. Por eso, este me a parecido el título más adecuado para un capítulo donde el “entorno” de las terrenis es más extravagante y caótico que nunca. Vivir en su mundo de magia y competitividad es duro (realmente exige grandes sacrificios) pero aún lo es más vivir en su mundo a ciegas y con unas reglas poco claras… ¡imaginaros! Y ya no solo eso sino que para rematar este pastel cargado de contratiempos, en el capítulo anterior se abrió ante Nora, Lilah y Alysa todo un calvario, especialmente para esta última que tuvo que presenciar aquello que jamás hubieran querido ver. Pero, ¡calma soñadores!, no vayamos a tirarnos de nuestras melenas antes de tiempo y a ponernos dramáticos, la estupidez dicen que se cura y además, la cosa no será irreversible cuando hablamos de tres grandes mujeres dispuestas a aprenderlo todo de un mundo tan poco claro.

¡Os deseo una semana estupenda acompañada de muchísimas cosas buenas y bonitas! Aquí me encontraréis el domingo con otro capítulo bajo el brazo. ¡Viva!

Colores mágicos

Capítulo 11- ¿Soy estúpida?

Una melodía que debería ser eterna va frenándose, un compás que indica vida se escapa, una nota aguada que empieza a temblar bajo unos torpes dedos y de fondo, un pequeñísimo latido de un ser poderoso que cada vez lo es menos. ¿Qué es ese sonido tan caótico? Ese es un latido miserable, el latido de un corazón cansado que apenas ha empezado a rendirse.

Un primer latido confuso te despierta como si acabaras de escuchar las puertas del mismísimo infierno abriéndose. Un segundo latido te demuestra que no te lo has imaginado y que ese sonido tan horrible, es de hecho mucho más espeluznante y aterrador de lo que te había parecido en un principio. Un tercer latido termina paralizándote de miedo porque sabes que se acerca el final y entonces, un cuarto latido acompañado por un par de ojos rojos apagándose te muestra cual grotesca puede llegar a ser la fotografía de la muerte. ¿Y el quinto latido? Ese te parece escucharlo pero no es cierto, después del cuarto solo hay silencio y una tenue repetición ficticia en tu mente del cuarto que te reafirma lo que no te atreves a creer. Porque algo en tu cabeza te impulso a no aceptarlo y a seguir repitiendo en bucle ese latido del principio. Una y otra vez vas tarareando la melodía precisa, firme y potente que sabes que debería tocar ese rubí en lugar de quedarse estático. ¡Ahora ya es tarde!, te grita la parte más cuerda y racional de ti mismo, tan terriblemente tarde que esa fotografía teñida de muerte yace a tu lado junto a un par de ojos incoloros y tú no sabes qué demonios hacer con ellos.

La Primera base se encontraba en una impensable calma después de la ajetreada noche anterior, y aunque parecía que ninguno de sus profesores se había percatado de nada y seguían con sus rutinas y horarios establecidos, tanto Alysa, Nora como Lilah no podía disimular su preocupación durante el desayuno.

—¡No sé qué vamos a hacer a partir de ahora! —se quejaba Lilah mientras mordisqueaba una manzana sin hambre— Aquí van a matarnos.

—¡Cállate! —la reprendió Nora metiéndole la manzana en la boca— ¿Pretendes que nos descubran?

—Necesitamos hacer esto bien —les dijo Alysa a sus dos amigas mientras paseaba sus ojos castaños por la cafetería y se fijaba en Reik. Parecía que ese terrenis vestido con su chándal negro y dorado se encontraba bastante recuperado a pesar que la última imagen que había tenido de él había sido la de un chico inconsciente mientras su mejor amigo se lo llevaba a su habitación—. Al menos él parece estar recuperado —les dijo sintiéndose algo más aliviada porque los remordimientos no la habían dejado descansar.

—¡Eso no importa! —estalló Lilah que en ese momento estaba más preocupada en salvar su trasero y el de sus amigas que en el de los demás. Rápidamente cerró su boca cuando se fijó que su profesora Catherin se estaba acercando.

—¡Silencio! —las regañó su profesora.

—Con esta actitud no vamos a ir a ninguna parte —les dijo Alysa en un susurro acercándose a ellas—. Necesitamos largarnos de aquí cuanto antes. Con lo que vi ayer, está claro que estaremos más seguras en cualquier sitio.

—Me juego el pescuezo que ellos tienen un plan —le dijo Nora señalando la mesa de Zale y Reik.

—¡Por supuesto! —replicó Lilah con sarcasmo— Un plan secreto y misterioso del que no sabemos nada de nada.

—Tienes razón —suspiró Alysa—. Hoy intentaré hablar con Reik, pero si no me cuenta nada lo haremos por nuestra cuenta.

—¿Y Vanir? —le preguntó Nora.

—Los problemas de uno en uno —le contestó Alysa, aunque la verdad es que si no tenía ni la más remota idea de cómo podría salvarse a sí misma, no sabía qué podría hacer por un terrenis terriblemente herido.

En un día de engañosa tranquilidad donde las sombras y máscaras de ese lugar lúgubre y poco natural parecían ocultar la realidad mejor que nunca, el profesor de Alysa y Reik, acababa de retarlos a un nuevo ejercicio.

—¿Pelear con palos? —le preguntó Alysa sin captar la idea de Jairo.

—Sí, sujétalo —le dijo lanzándole un palo de metro y medio mientras seguía explicándoles los beneficios de semejante ejercicio—. Así sabremos quién es el más rápido y ágil de los dos.

—Eso es fácil —le replicó Reik que desde que había empezado el entrenamiento se había limitado a  sujetar ese palo como si fuera una especie de salvavidas—. Empecemos de una vez —le dijo desafiándola mientras cambiaba su color de ojos.

—¡Excelente! —exclamó Jairo al ver la cooperación de sus alumnos.

Jairo pretendía descubrir hasta qué punto ese par podían ser rápidos y ágiles a pesar que ambos le habían asegurarlo serlo en exceso. Nada de golpes fuertes ni letales, les había aclarado. Solo pequeños toques al cuerpo del adversario para ver quién era el más preciso. Pero a juzgar por la forma en que ambos estaban danzando por la sala, saltando de aquí para allá y atacándose a la vez que se defendían, bien podría decirse que solo Alysa parecía ser una excelente bailarina. Reik se limitaba a esquivar torpemente cada una de las embestidas de ella y Alysa, a pesar que no era ni demasiado dura ni implacable con sus estocadas, parecía que iba ganando terreno a pasos agigantados.

—¡Mierda! —gritó el rubí frustrado después de más de una hora de pelea lamentable.

—Reik, tranquilízate e intenta concentrarte —le aconsejó Jairo—. Hoy estás inusualmente lento —le dijo mientras le entregaba el palo que se le había caído al suelo.

—Lo siento —se disculpó mientras apretaba el palo con tanta fuerza que sus nudillos empezaron a quedarse blancos.

—¿Seguro que te encuentras bien? —le susurró Alysa  que no se tragaba su inusual falta de concentración.

—Perfectamente. Sigamos —le ordenó de nuevo con sus ojos rojos.

Alysa, a pesar que ya se lo había preguntado unas veinte veces, había recibido la misma mentira como respuesta: perfectamente. Él seguía fingiendo como si no le ocurriese nada aunque estaba clarísimo que la noche anterior se había hecho más daño del que estaba dispuesto a admitir. Por ello, Reik seguía alargando su agonía mientras se ponía al límite de sus capacidades. Pero Alysa después de un par de horas ya no podía más, ¡estaba harta! Cansada de verlo tan mal, lento y torpe cuando él era mucho mejor que todo esto. Cada vez que ella había visto como a Reik se le había caído ese palo al suelo, le había dolido a ella también, porque sus ojos rojos le habían palpitado de auténtica frustración y sabía que Reik estaba empezando a dudar de sí mismo y de su propio potencial.

—¡Eres un mentiroso! —le gritó ella saltando hacia él.

—¡Cállate y sigue entrenando!

—¡Mentiroso! —le replicó cubriéndose con el palo para bloquear un lento ataque de Reik— Tú no eres así —le insistió ella, y Alysa terminó por tirar su palo al suelo mientras sus ojos pasaban del blanco al marrón.

—¿Qué haces? —le preguntó él.

—¿Alysa? —se sorprendió Jairo cuando vio que su alumna se alejaba de Reik— ¿Ocurre algo?

—Necesito un descanso —le dijo— ¿Podemos dejarlo por hoy?

—Por supuesto —le contestó su maestro sin terminar de comprender el repentino cambio en ella cuando hacía apenas unos minutos le había parecido que se encontraba perfectamente— ¿Está todo bien?

—Sí, solo estoy un poco cansada. Hacer esto agota más de lo que parece.

—Tienes razón. Por hoy habéis tenido suficiente —les dijo Jairo con una sonrisa de satisfacción—. Iros a dar una ducha y comed algo. Nos vemos mañana.

Apenas Jairo se despidió de ellos Alysa se largó de esa sala de entrenamiento que apestaba a todo lo que más detestaba. En ese momento se sentía tal furiosa y frustrada por culpa de ese estúpido terrenis cabezota, que estaba segura que podría perder el control. Su mundo era un completo caos, como si un malvado mago hubiera lanzado todas las cartas de su destino al aire y se estuviera divirtiendo a su costa con el esperpéntico resultado. Lo peor de todo aquello y lo que más la hacía arder era saber lo estúpida que estaba resultando allí dentro encerrada junto a sus amigas en un juego que terminaría matándolas si no las convertían en algo peor. Por eso, no podía seguir fingiendo en ese entrenamiento con ese maldito palo donde Reik se encontraba tremendamente mal por su culpa y por… ¡Vanir! Y todos los problemas se abalanzaron encima de Alysa mientras sujetaba el pomo de la puerta de su habitación para encerrarse allí dentro y pensar su plan de huida.

—¿¡Qué crees que estás haciendo!? —le preguntó Reik pegando un fuerte golpe con sus nudillos en la puerta de su habitación y tirando de ella para que se quedara en el pasillo.

—¿Y tú? —le preguntó desafiándolo mientras notaba que sus ojos estaban a punto de cambiar de color. Entonces Reik se acercó a su oreja y ella pudo notar su cuerpo sudoroso y su respiración agitada por todo el ejercicio que acababan de hacer.

—Fingir —le contestó—. Te advertí que no fueras una estúpida pero veo que eres lenta captando las cosas.

—¡No lo soy! —le contestó ella mientras notaba la respiración de él en su hombro—. Está claro que hoy no te encuentras bien, tú…

Reik la sujetó por los hombros y la empujó contra la pared mientras le clavaba sus dos ojos rojos en llamas.

—Déjame decidir a mí si me encuentro bien o no. ¿No crees que ya soy mayorcito?

—Entonces deja de comportarte como un niño idiota —lo encaró ella sin acobardarse—. ¿No lo entiendes? ¡Necesitamos largarnos de aquí ya!

—¿Tú no aprendes, verdad? —le preguntó con cierta impaciencia como si ya se hubiera cansado de ella. Entonces Reik le cubrió sus labios con su mano mientras revisaba ambos lados del pasillo para asegurarse que nadie estuviera escuchándolos. En ese momento Alysa se sintió presa de la frustración más absoluta y luchó para abrir su boca mientras le mordisqueaba la mano como si fuera un animal salvaje— ¡Joder! —se quejó él cuando notó un dolor punzante en su mano— ¿Qué diablos haces? —le preguntó apartando su mano mientras se fijaba en la marca de los dientes que le había dejado.

—No voy a callarme más. ¡Tienes que contármelo todo! O lo haces o te juro que nos largamos y…

—¡Cállate! —le gritó él, y antes que Reik pudiera poner su otra mano encima de su boca para silenciarla, Alysa se la sujetó con fuerza mientras lo desafiaba con sus ojos blancos. Él se quedó contemplando ese para de diamantes que le recordaban tanto a su madre mientras no podía moverse. Reik aún se encontraba demasiado débil y Alysa estaba demasiado empeñada en seguir llevándole la contraria mientras sus labios enrojecidos por haberlo mordido empezaron a obsesionarlo. Entonces quiso silenciarla y castigarla a la vez, devolverle toda esa lástima y compasión con la que ella lo estaba abofeteando y demostrarle que solo ella era la verdaderamente estúpida de los dos. Esa chica estaba haciendo lo que le daba la gana y estaba seguro que terminaría fastidiándolo todo si no cerraba su puñetera boca de una vez. ¿Es que estaba loca? ¿No se suponía que era lista? ¡Esa base estaba llena de cámaras y micrófonos! Él y Zale se habían tomado muchas molestias para hacer lo que habían hecho la noche anterior, muchos cabos sueltos que habían hilado para terminar creando un plan perfecto o casi, porque Reik había terminado medio inconsciente en su cama con un horrible dolor en el cuerpo.

—¿Reik? —le preguntó ella después de callarse unos segundos— ¿Hola? —le insistió. Para su más absoluta sorpresa él se acercó a Alysa mientras ella se fijaba en ese par de llamas rojas que tenía por ojos. ¿Qué demonios le ocurría¿ Y, ¿por qué la miraba de esa forma tan rara? Entonces le pareció a Alysa como si él se estuviera sonriéndole, solo un leve movimiento de las comisuras de sus labios y entonces, rápidamente se los pego a los suyos sin que ella pudiera apartarse. Reik le sujetó las manos con fuerza aprovechando su sorpresa y en unos segundos se cambiaron sus posiciones y Alysa terminó siendo sujetada por él. Los labios de Reik eran exigentes, ni amables ni afectuosos, más bien como si Reik quisiera demostrarle algo a ella, a sí mismo o al mundo entero. Alysa se quedó rígida como una barra de metal mientras se negaba a sentir nada por un beso tan distante y helado, y entonces, cuando él se sintió satisfecho porque había logrado controlarla, se apartó de ella y sus ojos recuperaron su habitual tono oscuro.

—Esto… —empezó a decirle ella, y como notó su respiración tan agitada y su voz tan temblorosa se enfadó consigo misma. ¡Díselo con más agallas!— ¿¡Qué acabas de hacer!?

—No te emociones tanto —le contestó Reik pasándose una mano por sus labios como si quisiera borrar el beso de sus labios—. Esto me lo enseñó Zale, parece que funciona mejor de lo que pensé.

—¿Funcionar? —le preguntó sintiéndose una idiota— ¿Esto es un juego para ti?

—Claro, no esperabas que quisiera realmente besarte —le dijo en un tono burlón.

—¡Eres un imbécil! —le soltó ella mientras empezaba a sentirse mejor. Ahora las cosas estaban claras, tan claras como el agua asquerosa de un pantano. No debía haber sentido remordimientos por un idiota que no se los merecía y ahora, por fin Alysa veía que Reik no le traería nada bueno.

—¡Reik! —lo llamó en ese momento la profesora Catherin que lo había visto todo desde el otro lado del pasillo— Es mejor que te vayas ya, si el señor Greg aparece, no podré mentirle —le dijo. Alysa se miró a Reik sorprendida mientras él le guiñaba un ojo.

—Lo siento señora Catherin, deme solo un minuto para despedirme —ella asintió y se dio la vuelta—. Esta noche, Alysa —le explicó mientras ella captaba un cambio en el tono de su voz —. Cuando suene la alarma mira debajo de tu cama.

—¿La cama?

—Recuérdalo, pero sobre todo, espérate a que suene la alarma.

—Entonces esto que has hecho era…

—¡Reik! —la llamó Catherin que parecía decidida a que nadie atrapara a ese par de amantes.

—Debo irme, esta noche lo entenderás todo —le dijo Reik antes de irse.

—Tu novio es muy valiente —le dijo Catherin a Alysa mientras le sonreía.

—Él no es…

—No debes negármelo, os he visto besaros. No se lo diré a nadie, pero si Greg se entera no será tan comprensivo. ¿Comprendes?

—Sí —le contestó ella, aunque en realidad no comprendía nada. La profesora Catherin podía ser aún más terrorífica sonriendo.

Reik siguió andando por el pasillo con calma mientras esperaba cruzarse con alguien, entonces lo vio salir de una de una de las salas y le hizo un leve movimiento de cabeza que él le correspondió. En ese momento Reik respiró aliviado porque ese misterioso chico de cabello corto y extremadamente alto lo había logrado.

—Ahora solo queda esperar —lo sorprendió Zale saliendo de otras de las salas.

—Eso es lo más jodido —se quejó Reik el cual nunca había sido demasiado paciente.

—¿Ella lo sabe? —le preguntó Zale.

—Sí, ¿y las otras?

—Todo está controlado, aunque intuyo, que esta noche tendremos a tres gatitas rabiosas —le advirtió—. Ahora me largo, tengo trabajo —le dijo. Reik asintió mientras veía alejarse a su amigo. Entonces ese rubí malherido se apoyó en la puerta de su habitación y suspiró, esta noche sería una auténtica locura suicida. Ya habían llegado demasiado lejos como para echarse atrás. Reik también intentó imaginarse qué cara pondría Alysa cuando leyera su carta y se estremeció, su tigresa estaría echa una furia por todo lo que le había estado ocultado y se alegró de estar a bastantes metros de ella.

Alysa, esta noche vamos a largarnos. Tú has visto con tus propios ojos lo que le están haciendo a Vanir y el poco tiempo que le queda, así que vamos a sacarlo de aquí. Puedes acompañarnos junto a Nora y Lilah si lo deseas, pero medita bien tu decisión.

Acompañarnos te ofrecerá la libertad que tanto has ansiado pero será también una decisión irrevocable que te enfrentará a la Primera base y a todo lo que ella representa. Allí afuera encontrarás más respuestas a tus interrogantes pero no será nada sencillo y deberás tomar decisiones que no te gustarán. Yo no estoy solo en esto, me debo a mi gente y y a todos los que han confiado en mí, por ello, me he mostrado tan poco comunicativo contigo. A veces proteger a los demás es demasiado complicado y me temo, que es algo que aprenderás muy pronto cuando salgas de aquí.

Esta noche la puerta de tu habitación se abrirá, decide si salir o no nada más la escuches. Si finalmente decides unirte a nosotros, dirígete donde te llevé la noche anterior. Allí te estaremos esperando. Sé rápida y silenciosa, la vida de todos depende de ello.

Por si lo estabas dudando, nosotros luchamos para ser unos terrenis libres y no meros títeres en manos de unos seres que se creen legitimados a manosearnos. Y a pesar que somos plenamente consciente de que ninguno de nosotros podrá disfrutar de esa libertad al completo porque terminaremos muertos, seguimos luchando. Dime, ¿crees que somos estúpidos?

Alysa terminó de leerse la carta y la arrugó, ¿¡qué mierda era esta!? ¿La vida de quiénes? ¿Y quién demonios era su gente? Entonces se cabreó aún más con Reik porque la había tomado por idiota y le había ocultado un maldito mundo entero. ¿Cómo iba a tomar la decisión más importante de su vida sin tener más información que una patética carta que no decía nada? ¿Y yo soy estúpida?, se preguntó Alysa ante el espejo del baño, porque aún sin saber nada más de ellos ni saber quiénes eran, estaba dispuesta a largarse de allí con ellos. Nada podía ser peor que la Primera base, ¿verdad?

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Acerca de: Clover

Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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