Colores mágicos: capítulo 10 – Mortalmente confundida

¡Holaaaa pequeños soñadores! (pero sin duda muy grandes de espíritu?). ¿Os está tratando bien la semana? 

Para que os resulte algo más placentera, aquí os traigo otro pedacito de los terrenis más sexis del mundo mundial (¡si pudierais meteros en mi cabecita y verlos con mis ojos! ¡Madre mía!?). Hoy os revelaré un secreto, cuando escribo historias de fantasía lo hago pensando que son muy reales (¡en mi cabeza lo son!). Por ejemplo, en los Colores mágicos se abarca temas tan poco fantasiosos como la soledad, la competitividad, el egoísmo, la superación personal y la lucha. Así que creo que leyendo esta historia todos podemos sentirnos un poquito reflejados en ella, no solo por sus dosis románticas sino porque al igual que todos los terrenis, hemos experimentado el miedo o la pérdida de una forma u otra. Seres excepcionales pueden sufrir tanto o más que nosotros.

¡Os espero el próximo domingo por aquí! Abrazos de esta ovejita soñadora. ? P.d: ¡Feliz San Juan! Disfrutadlo a tope. 

Colores mágicos

Capítulo 10- Mortalmente confundida.

El silencio, sensación hueca y helada que paradójicamente ensordece a uno cuando le atrapa. Con el silencio todo parece más intenso, nítido y claro, porque con el silencio uno es capaz de concentrarse en lo que ve, en lo que siente y nota. Por eso, cuando el silencio de la habitación de Alysa fue sustituido por un seco chasquido, su corazón se aceleró y le pegó una fuerte sacudida mientras tesperaba que esos dos terrenis de Las águilas doradas terminaran de hacer lo que fuera que estuvieran haciendo.

—¿Alysa? —la llamó entonces el chico que había intentado matarla hacía apenas veinticuatro horas y del que no terminaba de fiarse.

—¿Si?

—Ya puedes salir de la cama —le dijo desde la puerta.

—¿Y esto? —le preguntó señalando las cámaras de vigilancia de su habitación.

—Por eso no te preocupes —le contestó Zale asomándose por la puerta—.Debemos marcharnos ya. Tenemos poco tiempo.

—Algún día debéis explicarme cómo lo habéis hecho —les dijo Alysa saltando de la cama.

—Algún día —le contestó con tono burlón Zale.

—Nora está en la habitación de arriba —les dijo Alysa mientras se fijaba que el pasillo estaba vacío.

—Lo sé —le contestó Zale que ya se encontraba enfrente la habitación de su amiga. Entonces, rebuscó algo dentro de su bolsillo y sacó una tarjeta que la pasó por el pomo y la puerta se abrió.

—¿Tenéis llaves maestra de todas las habitaciones? —le preguntó Alysa a Reik mientras éste solo mantenía una enigmática sonrisa. Entonces,Nora salió de la habitación con una expresión asustada en el rostro.

—¿No habrá problema con las cámaras? —les preguntó ella mientras los chicos resoplaban.

—¿Tan estúpidos creéis que somos? —les preguntó Reik mientras Zale se acercaba a la habitación de Lilah y la abría.

—No lo sé —les contesto Alysa mientras se sentía frustrada porque normalmente siempre era la que tenía las respuestas a todo.

—¿Se puede saber por qué soy la última? —les preguntó Lilah algo mosqueada al percatarse que ya todos habían salido de sus habitaciones.

—Shh… silencio —le ordenó Zale poniéndole un dedo encima los labios de ella lo que la silenció de golpe.

—¿Y ahora qué hacemos? —les insistió Nora mientras contemplaba el pasillo.

—Vamos a ir al otro lado —le informó Reik—. Pero tenemos poco tiempo.

—¿Cuánto es poco tiempo? —le preguntó Alysa que ya empezaba a impacientarse por sus respuestas ambiguas.

—Poco —se limitó a contestarle.

Alysa se lo miró con una mueca de disgusto mientras Reik pasaba por su lado y los guiaba. Cuatro terrenis lo siguieron en silencio hasta que llegaron a la esquina más alejada de sus habitaciones. Ese era el último lugar al que habían llegado desde que habían sido encerrados, ¿lo habrían ellos cruzado? Entonces Zale les hizo una señal con la mano para que se detuvieran.

—Hay que saltar —les dijo sin más, y las tres se lo miraron sin comprenderlo—. Hasta el otro lado, esa de allí es imposible de controlar —les dijo señalando un pequeño agujero negro del techo que intuyeron que sería una cámara.

—¿Pretendes llegar hasta allí de un salto? —le preguntó Nora atragantándose.

—¡Claro! —le dijo Zale acercándose a ella mientras sus ojos se transformaban en negros. Entonces, cogió a Nora como si fuera un cojín de plumas y se la llevó de un salto al otro lado— ¿Lo ves? —le preguntó Zale mientras aún la sostenía entre sus brazos y le mostraba una sonrisa preciosa. Nora podía notar la fuerza del ónice contra su cuerpo, el cabello rubio se le había despeinado un poco y sus ojos negros la miraban a ella con muchísima intensidad aunque no estaba del todo segura qué estaban viendo realmente.

—Para ti es fácil —le contestó sintiéndose una completa inútil.

—Tú tienes otras virtudes —le contestó. Antes que pudiera preguntarle cuáles eran esas virtudes exactamente porque desde pequeña las había estado buscando, Lilah los sorprendió apareciendo a su lado.

—¡Esto cada vez es más emocionante! —les dijo con una sonrisa en su rostro mientras sus ojos pasaban del naranja al castaño.

—¡Chicos! —los llamó Zale a Reik y Alysa que parecían anclados en la esquina del otro lado— Es para hoy —se quejó mientras parecía encontrarse la mar de cómodo manteniendo a Nora entre sus brazos. Entonces Reik se miró a Alysa con la intención de ayudarla pero por supuesto, esa terrenis automáticamente se sintió ofendida y saltó sola hacia el otro lado donde sus amigos la estaban esperando. Nada más aterrizar en el suelo Alysa notó algo duro contra su espalda y unos brazos que le rodeaban la cintura con demasiada libertad.

—¡Cuidado! —le susurró Reik mientras se pegaba más a su espalda— Podrías hacerte daño.

Alysa empujó las manos de Reik con rabia y se apartó de un salto mientras sus ojos seguían tan blancos como las nubes y los de Reik ya se habían calmado. Entonces ella suspiró mientras se fijaba en su ropa negra y dorada que lo hacían verse casi como un príncipe cruel y sanguinario. ¡Ese tío sin duda se creía superior a ella!, y para su más absoluto fastidio ese soberano caprichoso le sonrió abiertamente mientras nadie lo entendía.

—Ahora tendremos que llegar hasta esa sala —les informó Zale que parecía el único centrado en dos cosas: sostener a Nora y seguir con la misión.

—¿Qué hay allí? —le preguntó Lilah.

—Pruebas, esperemos —le contestó. Zale dejó a Nora en el suelo y rápidamente la cogió de la mano para que no se apartara de su lado. Ella lo miró un instante sorprendida pero tuvo que apartar la mirada porque acababa de sonrojarse muchísimo.

—Vosotros iréis a esa sala —les explicó Reik señalando una habitación con una puerta negra—. Tenéis menos de cinco minutos para buscar lo que sea que pueda ayudarnos.

—¿Y qué haremos con eso? —le preguntó Nora— ¡Ni siquiera sabemos qué buscamos!

—Necesitamos información para huir —le dijo—. Allí dentro podéis encontrar planos que nos ayudarán a escapar.

—¡Joder! —estalló Alysa que ya no podía aguantarse más— Nos vas a mandar allí y ni siquiera nos has contado nada.

—No es así —la desafió Reik—. Tú y yo no vamos a ir allí.

—¿A dónde iremos?

—A buscar a tu amiguito —le dijo Reik con una mirada de desprecio.

—¿Vanir? —le preguntó bastante sorprendida.

—¡Claro! ¿Crees que dejaremos que lo maten?

—¡Un momento! —los interrumpió Lilah— ¿Por qué matarlo?

—¿Es que creéis que esto es una maldita casa de muñecas? —les preguntó Zale mientras apretaba la mano de Nora— Aquí pueden jodernos de verdad, si se enteran que…

—¡Basta! —lo interrumpió Reik—. No necesitan saber nada más.

—¡Claro que sí! —estalló Alysa— No sabemos nada.

—Entonces busca otro momento, se nos acaba el tiempo —le contestó Reik. Zale se llevó a Nora mientras Lilah los seguía hacia la puerta oscura.

—¡Juro que no te soporto! —le gritó Alysa acercándose a Reik.

—Pues ahora sigue a este insoportable y pisa donde yo pise —le dijo.

Los ojos de Reik se transformaron en dos rubíes antes de saltar de un lado para otro de ese pasillo para llegar al final de todo. Allí, se detuvo unos segundos y miró su reloj de su pulsera mientras Alysa esperaba a su lado mordiéndose el labio para no hablar.

—¡Vamos! —le ordenó Reik cuando consideró que había llegado el momento oportuno. Él pegó una patada al techo y se abrió una pequeña escotilla por donde entró—. Tenemos dos minutos —le dijo activando el temporizador de su reloj.

—¿Dos minutos para qué?

—Para salir por esta puerta. Si no llegamos a tiempo, nos quedaremos atrapados —le dijo, y Alysa no se atrevió a preguntarle qué les pasaría después.

Ambos empezaron a moverse como dos serpientes a través del estrecho túnel que a pesar que se encontraba completamente a oscuras para ninguno de los dos supuso un problema real. Entonces comprendió porqué Reik la había elegido a ella para acompañarlo, de todos, ella era la que poseía mejor visión nocturna así que era la más indicada para ayudarlo. Después de haber avanzado más de veinte metros en completo silencio y sin hacer ruido, Reik se detuvo y palpó las paredes del lugar de donde arrancó una pequeña pieza y la dejó a un lado. Reik se acercó a la pequeña brecha de la pared que había dejado y miró. Alysa se quedó a su lado completamente tumbada mientras solo era capaz de escuchar sus respiraciones acompasadas y entonces, un grito ensordecedor la sorprendió tanto, que Reik tuvo que sujetarla para que no empezara a gritar.

—Mira —le susurró Reik pegándose a la oreja de Alysa. Ella miró tal y como le había indicado a través dl pequeño agujero y casi se le escapa un grito cuando se encontró a Vanir allí tumbado conectado a miles de máquinas como si fuera un muñeco de trapo. ¡Dios mío!, pensó mientras sus ojos de diamante se debatían entre la tristeza o la venganza. Vanir en ese momento acababa de moverse un poco y a pesar que físicamente no tenía ninguna herida visible, se le veía muy debilitado. Su cuerpo estaba pálido y mucho más delgado, y ese tono tan mortalmente blanquecino contrastaba con su ropa negra y su cabello oscuro. En ese momento Alysa tampoco supo de qué color tenía sus ojos porque los mantenía cerrados mientras respiraba con dificultad. Metido allí dentro parecía menos que nada, reducido a una simple sombra de lo que había sido. Enjaulado en una minúscula habitación llena hasta arriba de máquinas completamente desconocidas para Alysa. Entonces se fijó mejor en el cuerpo debilitado de ese terrenis rubí tan poderoso que hacía apenas unos días la había retado. ¡Él desde el principio no había querido estar allí dentro!, de hecho, Vanir la había intentado ayudar para que huyera y ahora… ¡Todo estaba perdido! Esto no puede ser, se dijo, y Alysa colocó su mano contra el pequeño agujero y empezó a presionarlo con fuerza con la intención de abrirlo y sacarlo de una vez de allí.

—¿¡Se puede saber qué haces!? —le preguntó Reik cerrándole la mano con la suya mientras luchaba para apaciguar su fuerza— ¿Estás loca? —le dijo.

—¡Va a morir! —le gritó haciendo más fuerza para intentar abrir el diminuto agujero y poder colarse por él. En ese momento tan desesperado para Alysa, Vanir abrió sus ojos y la miró. Sus ojos en eran verdes, de un verde tan pálido que parecían casi blancos. Alysa se entristeció cuando no encontró ningún rastro de rojo en ellos. ¡Se ha ido!, pensó entristecida, porque Vanir estaba perdiendo sus poderes de rubí a pasos agigantados.

—Debemos irnos ya —le ordenó Reik, pero Alysa estaba tan obsesionado en poder salvarlo, que no lo escuchaba. Reik se desesperó y tuvo que tirar con tanta fuerza del cuerpo de Alysa que terminó estampándose en el otro lado del estrecho pasillo donde ella quedó protegida por el cuerpo de él—.¿Eres idiota? —le preguntó mientras notaba un agudo dolor en su espalda. Alysa no le contestó y él aprovechó para empujarla hacia el agujero. Alysa se cayó al suelo del pasillo y Reik cerró la escotilla del techo. Reik respiró aliviado cuando vio a Zale, Nora y Lilah al otro lado del pasillo—.¡Vamos! —le ordenó a Alysa mientras tiraba de ella porque parecía como si se hubiera olvidado de andar.

Alysa se encontraba desorientada, desde que había visto a Vanir allí tumbado casi al límites de sus propias fuerzas solo había querido lanzarse a él para salvarlo, pero alguien, más bien un rubí llamado Reik, la había arrancado de allí y se la había llevado. Ahora recordaba porqué lo había hecho él, esa escotilla iba a cerrarse y con ella quedarían todos sentenciados.

—¿Estáis bien? —les preguntó Zale. Alysa quería decirle que solo estaba impresionada pero en ese momento Reik se cayó al suelo.

—¿Qué le ocurre? —le preguntó Nora a Zale con preocupación.

—Está exhausto, solo eso —le respondió, aunque Alysa no estaba del todo segura si se lo había dicho para dejar de preocuparla o porque realmente fuera solo eso—. Tenéis que iros ahora, las cámaras volverán a funcionar pronto. Podréis entrar en vuestras habitaciones sin problemas.

—¿Y tú? —le preguntó Nora.

—Yo me llevaré a Reik a su habitación.

—¡Pero van a sospechar! —le dijo Alysa.

—No lo harán.

—¿Por qué estás tan seguro? ¡Si lo encuentran en este estado sabrán que ha hecho algo!

—¡Cállate! —le dijo Zale recogiendo a su amigo del suelo— Largaros ya, ¡esto es peligroso! —se despidió.

—Ven conmigo, Nora —le dijo Alysa cogiéndola de la mano.

—¿Qué le ha ocurrido a Reik? —le preguntó Nora a Alysa.

—Hemos encontrado a Vanir.

—¿Y? —le preguntó Lilah.

—Lo tienen en una cama atado y está muy pálido.

—Por pálido te refieres a….

—Sus ojos casi no tienen color —matizó Alysa.

—¡Esto es un infierno! —exclamó Nora horrorizada.

—¿Y vosotros? ¿Habéis encontrado algo?

—Lilah ha encontrado unos papeles.

—En realidad eran unos planos —le explicó Lilah—. Zale parecía muy interesado en encontrar los planos de la Sala AT, aunque no tengo ni idea de qué es eso.

—¿Y qué ponían?

—No lo se —le dijo—. Zale me los ha arrancado de las manos.

—¡Mierda! ¿Qué demonios nos estrán ocultando esos dos?

—Ellos saben lo que se hacen —saltó Nora defendiendo a su nuevo protector—. Si no fuera por ellos…

—¡De momento no han hecho nada! —le contestó Alysa— Nos han prometido mucho pero por ahora, solo nos han tratado como si fuéramos estúpidas.

—Tienes razón —sentenció Lilah—. Nosotras somos poderosas también pero ellos parecen estar siempre un paso por delante.

—Esto huele fatal —les dijo Alysa—. Vámonos a la cama ya, no tengo ni idea de hasta cuándo controlarán las cámaras ese par.

—Buenas noches —les dijo Nora que parecía la menos adversa a esos dos.

—Lilah —la llamó Alysa disimuladamente cuando se aseguró que Nora se había alejado—. Debemos tener cuidado, ya sabes.

—Lo sé —le dijo guiñándole un ojo para después encerrarse en su habitación.

Alysa se metió en el pequeño baño de su habitación y se quedó unos segundos en silencio antes de empezar a llorar. No tenía muy claro porque lloraba pero sabía, que gran parte de sus lágrimas eran por Vanir y por lo que había visto. Entonces, empezó a recordar a Reik tumbado en el suelo inconsciente y empezó a preguntarse si acaso él había colapsado por su culpa. Alysa se había descontrolado al ver a Vanir en semejante estado y seguramente Reik había tenido que usar gran parte de su poder para controlarse a sí mismo y controlarla a ella. ¡No pienses en eso!, se dijo ella. Reik y Zale sabían más de lo que querían contarles, en realidad, parecían encontrarse sospechosamente familiarizados en la base. ¿Por qué iba a confiar en quiénes no confiaban en ella?

Zale dejó a su amigo y compañero en su cama y éste, abrió sus ojos levemente.

—Gracias —le susurró con la voz muy débil.

—Cállate y descansa —le contestó mientras lo acomodaba.

—Ella ya lo ha visto —le dijo Reik con una sonrisa débil.

—¿No me digas? Por tu estado cuesta imaginarlo. Ahora duérmete y deja que tu plan suicida siga su curso.

—¿Lo han encontrado?

—Lo tengo —le dijo Zale mostrándole el plano—. Ahora me largo, las cámaras volverán a reactivarse en pocos minutos.

—Descansa —le dijo Reik.

—Descansa tú, amigo, te ves horrible.

Zale se fue de la habitación para fingir que nada había sucedido. Cogió el plano y lo memorizó antes de destruirlo con sus manos. “No dejar rastro”, esa había sido desde siempre la primera norma del plan suicida de Reik.

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Acerca de: Clover

Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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