Conspiraciones ocultas: capítulo 8 -Resurgir del lodo.

Hi, ¿cómo os está tratando la semana? La mía estupendamente (mucho mejor que la anterior) y para celebrarlo os traigo el capítulo ocho de Conspiraciones ocultas. Por fin sabremos qué ocurrirá entre Gea y Neeb ahora que han llegado a una especie de “trato” (un trato un tanto peculiar, peligroso y explosivo). Leed mucho esta semana y nos vemos el próximo domingo con un nuevo capítulo de El lienzo, ¿os apetece? BESOS.


CONSPIRACIONES OCULTAS

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Capítulo- 8: Resurgir del lodo.

Gea tomó la mano de Neeb casi a la desesperada y lo siguió a través de la calle abajo hasta llegar a su deportivo negro. Allí, mientras él le abría la puerta de atrás de su coche empezó a albergar dudas. ¿Es que estaba loca? ¿De verdad se subiría en ese coche con su secuestrador? Contempló la puerta del vehículo sin atreverse a entrar y Neeb pareció comprenderla cuando le colocó una mano encima de su hombro y le susurró.

—No te ocurrirá nada —le dijo mientras a ella esa frase le hacía gracia porque parecía una maldita broma viniendo de él cuando hacía tan solo unos minutos había intentado suicidarse por su culpa.

Pero como en esos momentos aún se sentía temblorosa, herida y llena de dudas, se limitó a entrar en el coche donde se encontró con James sentado en el asiento de copiloto. Éste se sorprendió un poco al verla pero no le dijo nada, de hecho Neeb entró en el coche y los tres permanecieron en silencio mientras el deportivo arrancaba y la llevaban de nuevo a ese espantoso lugar.

Esta vez Gea llegó allí abajo completamente consciente así que en caso que quisiera traicionarlos, recordaría perfectamente el camino de vuelta. Neeb la acompañó hasta la que ahora sería su “habitación” y para su tremenda sorpresa, le ofreció una pequeña habitación con una cama, armarios, sábanas limpias y lo más importante, una puerta sin cerradura.

—Descansa un poco, vendré a avisarte a la hora de comer y te presentaré al resto –ella no se atrevió a formularle las miles de preguntas que albergaba ni a quién se refería exactamente con al resto. Desde que se la había llevado de su propia casa quería preguntarle ¿por qué? Por qué hacia eso, por qué la trataba así ahora y por qué ya no la veía como una amenaza en tan solo cuestión de minutos.

Esa soleada mañana se sentía tan inquieta que no logró dormirse, cada vez que intentaba tumbarse en su nueva, cómoda y confortable cama, miles de imágenes sin sentido se abalanzaban en ella: la forma en que la habían tratado allí abajo en el pasado, cómo se habían reído de ella y esos ojos de Neeb, tan fríos e inexpresivos. Así que después de una hora sin lograr dormir, Gea se levantó sobresaltada dispuesta a irse de allí y alejarse de ese grupo de locos. Abrió su puerta metálica con fuerza y se sorprendió al escuchar el clic de la cerradura abrirse, ¿por qué de repente confiaban tanto en ella? Mientras abría la puerta metálica se detuvo en seco al escuchar a un par de voces conversando cerca de su habitación.

—¿A qué viene esto? —preguntaba James.

—Iba a suicidarse —le contestaba Neeb.

—Eso a nosotros qué nos importa. Tú mismo dijiste que la usarías hasta volverla loca y que la matarías.

—Ella no sabe nada.

—¡Basta! —le gritó su amigo—.Ella intentó matarnos.

—No fue ella, fueron los Sin Nombre.

—¿A caso hay diferencia? Trabajaba para ellos —se hizo un incómodo silencio—.Ahora sabe dónde nos escondemos.

—No va a decir nada.

—¿Y cómo podemos fiarnos?

—Porque te lo dice tu jefe —le contestó Neeb—.No te olvides que aquí el que manda soy yo —se hizo otro incómodo silencio.

—Ella va a traicionarnos y el día que nos maten, te recordaré tus palabras, amigo —le escupió James con amargura. Entonces Gea escuchó unos pasos alejarse y abrió un poco más su puerta metálica para irse. Para su sorpresa, se topó de bruces con Neeb sentado en el frío pasillo y con la vista perdida.

—Hola —lo saludó ella al ser descubierta.

—Creo que deberíamos presentarnos de nuevo, soy Neeb, el líder de los Daga Afilada —él se levantó del suelo y le tendió la mano. Ella se la estrechó y esta vez no la notó fría como en su casa, se sentía muy cálida.

—Yo soy Gea, y ahora exactamente no pertenezco a ninguna organización —ambos se miraron y sonrieron un poco por la ironía de sus palabras y así fue como de la mano de Neeb, Gea empezó a conocer a todos los miembros de los Daga Afilada.

Agotada, después de pasarse todo el día arriba y abajo conociendo a todas las personas que vivían en ese refugio, Gea se sentía muy cansada. A penas había podido comer un poco ya que todo el mundo se mostraba ansioso y curioso por conocerla. No dejaban de explicarle las normas y reglas que regían su organización, cómo funcionaban las cosas y por supuestos, las miles de acciones que a partir de ahora tendría prohibidas. En un principio le pareció una privación de libertad desmesurada pero con perspectiva, se daba cuenta que esas mismas normas las había llevado a cabo con los Sin Nombre así que a la práctica, no le costaría lo más mínimo adaptarse a ellas.

Esa noche, mientras se encontraba en la cafetería cenando un sándwich con un refresco en la soledad más absoluta, empezó a preguntarse qué esperaría Neeb de ella.

—Hola —la saludó James entrando por la puerta. La incomodaba la forma en que la miraba como si en cualquier momento fuera a traicionarlos.

—Hola —lo saludó mientras él tomaba un bocadillo de una bandeja y se sentaba en frente de Gea.

—Te estaré observando, no me fío de ti —le dijo abiertamente con sus ojos azules.

—Me parece justo —le contestó ella masticando su sándwich.

—Aquí todos odiamos a tú “querida” organización.

—Yo ya no pertenezco a ella.

—Sigues apestando a su orgullo —en realidad, Gea siempre había sido orgullosa por naturaleza, algo que rápidamente tuvo que aprender a esconder con los Sin Nombre.

—No…—pero antes que pudiera replicarle, Gea vio por el rabillo del ojo que Neeb entraba en el comedor para tomar su cena y James se levantaba rápidamente para irse.

—¿Qué te ha dicho? —le preguntó Neeb mientras pedía un sándwich idéntico al suyo.

—Nada que no sepa ya.

—Necesita tiempo, como todos.

—¿Y tú? —le preguntó Gea sin poder evitarlo—¿Por qué no lo necesitas? —él se rió un poco.

—Yo también lo necesito pero sé fingir mejor —entonces se sentó en la mesa junto a Gea y se pasó su mano a través de su larga melena castaña.

—¿Por qué odias tanto a los Sin Nombre? —le preguntó ella muy seria.

Neeb dejó su sándwich y la miró a los ojos, en ese momento no le parecieron inexpresivos ni fríos sino dolidos y tristes, muy tristes. Se le veían tan claros bajo la luz de la cafetería, con un tono marrón apagado que a ella la sacudió un poco por dentro.

—Porque nos destrozaron la vida —sentenció él antes de levantarse y dejar su sándwich intacto en la mesa. Y algo en la forma de hablar de Neeb desató un sentimiento en Gea que se levantó empujada por lo incontrolable y lo agarró del brazo para que no se apartase de ella, no te vayas, suplicó. Solo necesitó ver esos ojos tan triste para saber que le estaban diciendo algo que no llegaría a entender a no ser que escuchara toda la historia. Neeb le había abierto una puerta desconocida y por supuesto, ella no quería rechazarla.

—Neeb —le dijo con calma agarrándole el brazo con fuerza, y en ese momento se dio cuenta que era la primera vez que lo llamaba por su nombre—.Quiero escucharlo todo, cuéntamelo, por favor —en ese momento empezó a ponerse nerviosa ante el intenso silencio de él y temió que de una vez por todas él se cerrase en banda.

—Aquí no, nos veremos dentro de una hora en mi habitación. Trae café —le contestó antes de dejarla sola.

A la hora acordada Gea se encontraba ante la puerta de Neeb con dos grandes tazas de café humeante. Llamó a la puerta con el pie, y al momento la puerta se abrió y apareció ante ella Neeb. Estaba recién duchado y su larga melena castaña se encontraba completamente mojada y ondulada. Iba vestido de sport, con unos pantalones azules largos y una camiseta blanca que se le ajustaba deliciosamente al cuerpo. Él tomó su taza y la dejó entrar cerrando la puerta a su espalda.

—Creo que nadie me ha visto —le contestó ella algo nerviosa.

—No te preocupes — le dijo él señalándole la cama para que se sentara. Él se quedó de pie en la habitación y empezó a contarle su historia mientras daba tumbos sin estar quieto. Sin duda, era un hombre nervioso, enérgico y repleto de vitalidad, solo hacía falta verlo en ese momento para darse cuenta que el elemento de la tranquilidad no casaba con él.

—Primero voy a explicarte lo que me pasó a mí, cuándo conocí a James y cómo se fundó la organización. Nos tomará toda la noche —le advirtió él tomando un sorbo de café.

—No te preocupes, puedo ir a por más café —le contestó ella.

—Tú nunca te rindes —le sonrió Neeb y ella deseó que volviera a sonreírle de esa forma tan afectuosa.

—Nunca —le dijo con firmeza refiriéndose al hecho de volver a verlo sonreír de esa manera—.Te escucho.


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Acerca de: Clover

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Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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