Conspiraciones ocultas: capítulo 7 – La parte más débil

Hola, ¿os apetece un nuevo capítulo de Conspiraciones ocultas? Os confesaré uno de mis propósito de año nuevo: terminar las historias pendientes del blog para publicar nuevas. Algo que puede parecer muy simple y lógico pero que a veces resulta bastante complicado (soy muy inquieta de mente ^o^). Esta semana también he estado añadiendo algunos cambios en el blog: imágenes, iconos y el menú creo que por fin funciona correctamente (aplausos). Poquito a poco esto va mejorando, sed pacientes conmigo. Sin más dilación os dejo con el capítulo, hasta el miércoles, besos.


CONSPIRACIONES OCULTAS

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Capítulo- 7: La parte más débil.

Gea se quedaba sin tiempo, observaba sentada en la fría mesa de la cocina su reloj de pared que no dejaba de recordarle con cada segundo lo cerca q1ue se encontraba su final. El tercer día había llegado sin rastro alguno de los Daga Afilada como tampoco de los Sin Nombre, ambos la habían olvidado como si fuera el ser más insignificante del planeta hasta que tomara una decisión.

Estaba histérica, no solo se trataba de su propia vida, en ese caso ya podían haberla matado el mismo día que la capturaron y la metieron en esa celda sucia y vieja, pero sus abuelos, aunque eran ya mayores merecían un final mejor. Así que al final se resignó, observó el sobre blanco que descansaba en la mesa y con manos temblorosas lo recogió. Besó su adverso como si se tratase de un ángel capaz de volar muy lejos de ella para traerle algo de paz. Quizá ese sobre lo haría, pensó entristecida, eso es lo que más necesitaba a esas alturas, paz para un cuerpo demasiado atormentado. Salió de su casa con la esperanza depositada en ese precioso sobre y lo metió en su buzón, y antes de encerrarse de nuevo en su hogar observó el cielo, un día espléndido y sin una triste nube que empañara el azul más claro e intenso que jamás hubiera visto, mejor, pensó sonriendo un poco, hoy sería un gran día.

Gea se encerró en su habitación y abrió su armario apartando su ropa colgada. En el fondo descansaba una caja fuerte, colocó su mano encima del lector digital y espero que se abriera, de ella extrajo una pistola, esa sería su esperanza. Volvió a recolocar la ropa consciente que aquello resultaba una completa estupidez pero no pudo evitarlo, si se iba de este mundo lo haría con una casa ordenada. Se sentó en su cama y observó por última vez la foto de sus abuelos, adiós, les dijo notando como sus ojos empezaban a empeñárseles por las lágrimas. Se limpió el rostro y se intentó animar, debería hacerlo por ellos, si Gea desaparecía no les serviría de nada matar a sus abuelos. Cogió su pequeña pistola con firmeza y se apuntó directamente en la sien, adiós, no dejó de repetirse apretando el gatillo.

Neeb se encontraba sentado en su deportivo negro cerca de la casa de Gea, ese era el tercer día y estaba completamente seguro que ella al final saldría cumpliendo el pedido. La habían estudiado a conciencia, era alguien sin apenas familia ni amigos, muy apetecible a primera vista para cualquier organización, pero su único punto flojo eran sus abuelos, esos dos ancianos que vivían a varios quilómetros de allí. En un principio, les costó localizarlos, oficialmente aparecían fallecidos y sus nombres estaban cambiados, pero después de múltiples investigaciones habían dado con ellos. A eso se dedica Neeb ya hacía varios años, a buscar los puntos débiles de las personas. Así que no le sorprendió en absoluto cuando bien entrada la tarda vio a Gea salir de su casa con un sobre blanco entre sus manos.

—James, mira, ya sale —le dijo a su compañero que se encontraba tomándose un café en el asiento de copiloto.

—Perfecto —se rió observándola. Se la veía algo seria y asustada, algo bastante normal en su posición. Desde que la habían soltado de su secuestro no habían dejado de amenazarla y advertirla con notas que la estaban vigilando, seguramente apenas comía ni dormía. Eso irrazonablemente lo incomodó un poco pero intentó apartar el sentimiento de culpa. Neeb notó que iba vestida extrañamente elegante, nunca antes la había visto así, en realidad la primera vez que se habían encontrado iba vestida de lo más informal: con unas mallas y una sudadera deportiva. En cambio ahora llevaba un precioso vestido floreado en tonos turquesa y con su melena suelta y debidamente peinada, sin duda era guapa y más allá de eso le resultó atractiva. Gea dejó algo en el buzón de su propia casa y volvió a encerrarse en su hogar no sin antes pararse un momento en el umbral de su puerta y observar algo en el cielo que Neeb no supo identificar.

—Quédate en el coche, voy a buscar el sobre —Neeb salió del coche con la esperanza de coger su sobre blanco, irse de allí y haber completado su misión con éxito. A partir de ese momento habían decidido dejarla en paz, ella ya no conservaba conexión alguna con los Sin Nombre y sabía perfectamente que en todos esos días Gea había intentado desesperadamente contactarlos. Así que Neeb entendió que se habían deshecho definitivamente de ella y ya no podría brindarles mucha más información. Para los Sin Nombre ahora Gea también era una amenaza así que jamás volverían a hablar con ella. Neeb llegó al blanco buzón de la casa de Gea y cuando se aseguró que nadie lo observaba le dio un golpe seco para que se abriera, tomó el sobre blanco y volvió a cerrarlo. De camino al coche lo abrió y le extrañó que sólo ocupara una hoja de papel, su código cifrado debería ser mucho más largo y complejo. Empezó a leer:

[Si has encontrado esta carta significa que yo ya no estoy viva, solo os pido una cosa, entregadle esta nota a mis abuelos…]

Neeb dejó de leer, se le cayó el sobre en el suelo y salió a la carrera hacia su casa con la certeza que Gea iba a suicidarse en ese preciso momento. Se recriminó por no haber pensado antes en ello antes. Ahora comprendía su tristeza en su rostro, ese vestido floreada y su melena al viento, estaba preparándose para su propia muerte. Pegó varias patadas a la puerta sin éxito, aquella maldita puerta era como su dueña, tan rígida como infranqueable. Entonces decidió romper el cristal de su ventana y entró a la carrera en esa casa ajena con la esperanza que aún estuviera con vida.

—¡Gea! —gritó en la cocina corriendo hacía la única puerta que encontró cerrada—.¡Gea! —volvió a gritar abriendo súbitamente la puerta de lo que le pareció sería su dormitorio. La encontró sentada en su cama encima de un edredón azul, tan azul como el cielo. Ella lo observaba sorprendida y con el arma apuntando a su sien. —¡Detente! —le exigió él horrorizado.

—No puedo —le dijo ella apartando la vista de sus ojos color chocolate. Dios, se suicidaría ante sus ojos, pensó atemorizado. Claro que lo haría, la había conocido allí encerrada, Gea era valiente, tan condenadamente noble y valiente que se suicidaría antes de mandar a sus propios abuelos a un infierno.

—Gea —le dijo él completamente quieto sin atreverse a acercarse.

—Vete por favor, necesito estar sola —a Gea empezó a temblarle un poco el pulso y su respiración era más irregular.

—Perdóname —le dijo él a la desesperada.

—¿Crees que eso me importa ahora? —le contestó ella con rabia. Ya no lo miraba, solo contemplaba una foto que descansaba encima de esa colcha azul.

—Te prometo que no les pasará nada a tus abuelos pero no hagas esto.

—No os puedo dar el código para descifrar los mensajes.

—Lo sé —le contestó él sin importarle, ahora esos códigos, números y letras no le importaban lo más mínimo. Ella vaciló un poco sorprendida y volvió a mirar a Neeb a la cara.

—¿Por qué haces esto?

—No lo sé, lo siento tanto —le dijo él con el rostro entristecido. Por primera vez Gea encontró emociones en Neeb. Parecía cansado y harto, como si la carga de esa insoportable amargura lo estuviese ahogando—.Te dije que deberías aferrarte un poco más a tu vida —le reprochó con rabia cuando vio que Gea bajaba el arma. Él se acercó a ella y se la quitó de las manos. Neeb estaba frío, de hecho sus manos estaban heladas. Ella lo miró a los ojos casi llorando, empezó a temblar y le dijo antes de romperse.

—No tengo a donde ir —pero él le sujetó su mano temblorosa y le dijo.

—Voy a llevarte conmigo.

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Acerca de: Clover

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Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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